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MEMORIA

Por la salud de las plantas y los animales

El Instituto Biológico, fundado hace 90 años, se consolidó como un centro de investigaciones en sanidad animal y vegetal en Brasil

Reproducción Centro de la Memória del Instituto Biológico Dibujo artístico del edificio elaborado por el ingeniero Mário WhatelyReproducción Centro de la Memória del Instituto Biológico

Al comienzo de los años 1920, en el apogeo de la caficultura paulista, una plaga irrumpió en los cafetales. Un escarabajo diminuto, cuya larva acometía la cáscara de los granos, succionándoles la pulpa, dejando los frutos huecos y asolando las cosechas. Era necesario desarrollar mecanismos de combate al denominado barrenador del café, y para eso el gobierno paulista formó una comisión de investigadores, encabezada por el médico y entomólogo Arthur Neiva. El resultado fue una acción precursora del control biológico, por medio de una avispa traída desde Uganda, en el continente africano. La labor de la comisión abrió el camino hacia la creación de una institución de fiscalización y control que realizara en forma permanente la definición y la divulgación de medidas de combate al barrenador, asegurándose que las haciendas implementaran las medidas definidas. El Instituto Biológico de Defensa Agrícola y Animal, creado hace 90 años y actualmente conocido simplemente como Instituto Biológico, se convirtió entonces en un centro de excelencia en investigaciones enfocadas en la sanidad animal y vegetal, uno de los principales polos de debates científicos de Brasil y una referencia para científicos del país y del exterior.

La creación del Instituto Biológico es fruto del espíritu inquieto de Arthur Neiva (1880-1943), el primero en asumir el cargo de director de la institución. Neiva nació en la ciudad de Salvador (Bahía) e inició sus estudios superiores en la Facultad de Medicina de Bahía, concluyéndolos en Río de Janeiro, en 1903. Discípulo del médico higienista Oswaldo Cruz (1872-1917), comenzó a trabajar con éste en el Instituto Seroterapéutico, el actual Instituto Oswaldo Cruz. En 1910 se embarcó rumbo a Washington, Estados Unidos, para estudiar entomología médica. Tres años después, en 1913, describió una nueva especie de Triatoma, el coleóptero que transmite el Trypanosoma cruzi, causante de la enfermedad de Chagas, en Buenos Aires, Argentina. Retornó a la capital porteña en 1915 para instalar y dirigir la Sección de Zoología Animal y Parasitología del Instituto Bacteriológico de aquel país, en donde permaneció durante dos años antes de regresar a Brasil para asumir el cargo de director del Servicio Sanitario del Estado de São Paulo.

Reproducción Centro de la Memória del Instituto Biológico Presentación del Biológico al presidente Getúlio Vargas y a Ademar de Barros (con bigote) en 1945Reproducción Centro de la Memória del Instituto Biológico

Cuando se fundó el Biológico, Neiva asumió su dirección y les dio continuidad a las estrategias de control del barrenador del café propuestas en el informe elaborado por la comisión que comandó. Pocos meses después el instituto amplió su campo de incumbencias a otras áreas. En la época, varias casas, distribuidas en diferentes domicilios, fueron alquiladas para repartir entre ellas los laboratorios que integraban las secciones de Parasitología, Virología, y Ornitopatología y Bacteriología. En este último, los médicos José Reis (1907-2002) y Paulo da Cunha Nóbrega (1907-1974), expertos en ornitopatología, trabajaban en el diagnóstico de enfermedades que afectaban a las gallinas, tratando de atender a los requerimientos de los productores locales. “El trabajo estaba bien organizado”, explica el ingeniero agrónomo Antonio Batista Filho, actual director del Instituto Biológico. “El productor traía al animal, vivo o muerto, les relataba los síntomas y los investigadores, luego de estudiar el caso, ofrecían una solución de tratamiento o de manejo de la producción”, describe.

Los estudios experimentales eran constantes en los laboratorios de Ornitopatología y Bacteriología: se aislaba al agente etiológico de la enfermedad y se reproducía la misma para un estudio pormenorizado. El conocimiento elaborado era entonces difundido por José Reis entre las cooperativas y otros sitios del interior de São Paulo por medio de conferencias orientativas sobre la salud de sus animales para los productores. La mera satisfacción y también debido a su capacidad para explicar conceptos científicos a un público más amplio lo indujeron a redactar libros en un lenguaje accesible, no científico, como así también una duradera columna de divulgación científica en el periódico Folha de S.Paulo.

A medida que la institución crecía, se hizo necesario aglutinar todos los laboratorios en un sitio único. Neiva negoció la donación de un predio municipal en la zona de Vila Mariana, en la región sur de la ciudad de São Paulo, para la construcción de la sede del Instituto Biológico. El lugar escogido era un terreno de escaso valor, un humedal repleto de aves y pequeñas lagunas. Ocupaba un área de aproximadamente 240 mil metros cuadrados, extendiéndose por donde hoy se encuentra el Parque Ibirapuera. Las obras comenzaron en 1928. El proyecto, desarrollado por el arquitecto paulista Mário Whately (1885-1943), contemplaba la construcción de un imponente edificio de estilo art déco, que asumía formas geométricas influenciadas por movimientos vanguardistas, tales como el cubismo y el constructivismo. En tanto, el diseño de los parques y jardines de su entorno, reservados a los campos experimentales con plantaciones de cafetos y frutales, fue proyectado por el paisajista belga Arsène Puttemans (1873-1937). La planta original, sin embargo, nunca se ejecutó en su totalidad. Las obras del edificio se concluyeron en 1945.

Reproducción Centro de la Memória del Instituto Biológico El médico Arthur Neiva, primer director, entre 1927 y 1931Reproducción Centro de la Memória del Instituto Biológico

Ocupaciones militares
Durante la Revolución de 1930, el edificio fue utilizado por tropas gaúchas [enviadas desde el estado de Rio Grande do Sul]. El 17 de noviembre, Whately le informó al secretario de Vialidad y Obras Públicas acerca de la ocupación del Biológico por 800 combatientes del 5º Batallón de Ingeniería. “Los soldados están durmiendo en el propio edificio en construcción y, en el primer piso, cocinan las raciones para los soldados”, advirtió el ingeniero en una misiva recuperada que actualmente es preservada por la bióloga Márcia Rebouças, colaboradora del Centro de la Memoria del instituto, cuyo patrimonio alberga una colección de alrededor de 340 mil documentos, entre periódicos, artículos, ilustraciones científicas, fotografías, etc. En abril de 1932, durante la Revolución Constitucionalista, el edificio fue nuevamente ocupado. En esa ocasión, por soldados del 2º Batallón de Ingeniería, que se aprestaban a combatir contra las tropas constitucionalistas. “Las sucesivas ocupaciones aceleraron el traslado de los laboratorios al edificio, aún incompleto”, relata Rebouças.

Un año antes del inicio de las obras, Neiva había invitado al patólogo y microbiólogo carioca Henrique da Rocha Lima (1879-1956) para que asumiera la dirección de la División Animal de la institución. Rocha Lima se graduó en la carrera de medicina de la Facultad de Medicina de Río de Janeiro en 1901 y, al igual que Neiva, trabajó también en el Instituto Seroterapéutico, donde conoció a Oswaldo Cruz. La convivencia con el médico salubrista alteró el rumbo de su carrera, alejándolo de la clínica y acercándolo a las actividades científicas.

Reproducción Centro de la Memória del Instituto Biológico Durante la Revolución de 1930, el biológico, aún inconcluso, fue ocupado como campamento militar por los soldados del 5º Batallón de IngenierosReproducción Centro de la Memória del Instituto Biológico

Rocha Lima se embarcó rumbo a Alemania en 1901 para realizar una pasantía en el Laboratorio de Microbiología y Anatomía Patológica del Instituto de Higiene de Berlín. En el exterior, construyó una sólida carrera internacional como anatomopatólogo y bacteriólogo, cuyo cénit lo constituyó el descubrimiento del agente causante del tifus exantemático en 1916 (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 190). Durante ese período, trabajó en la Universidad de Jena y en el Instituto de Afecciones Tropicales de Hamburgo. “Rocha Lima alcanzó un sitial infrecuente para un científico sudamericano dentro del sistema académico alemán”, refiere el historiador André Felipe Cândido da Silva, investigador de la Casa Oswaldo Cruz, en la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), y autor de la tesis doctoral sobre la trayectoria del brasileño y las relaciones científicas entre Brasil y Alemania durante la primera mitad del siglo XX. “Como era poco probable que alcanzara puestos de mayor prestigio, y debido a otras circunstancias de su vida privada, aceptó la invitación de Neiva para trabajar en el instituto recién creado en São Paulo”.

Políticamente bien relacionado, Neiva se alejó del Instituto Biológico en 1931, cuando Getúlio Vargas lo invitó para desempeñarse como interventor en la ciudad de Salvador. Rocha Lima asumió el cargo de director del Instituto Biológico en 1933, en medio de controversias acerca de la sucesión, provocadas por la conturbada revuelta civil que ocurriera en São Paulo el año anterior. “En cierta instancia, el médico bahiano acusó al bacteriólogo de aprovecharse de las circunstancias para incitar animosidades de los miembros del Biológico contra él para quedarse con la dirección”, relata Cândido da Silva.

Reproducción Centro de la Memoria del Instituto Biológico Cartel de difusión de las medidas para combatir al barrenador que se distribuyó entre los productoresReproducción Centro de la Memoria del Instituto Biológico

Bajo el liderazgo de Rocha Lima el Instituto Biológico se transformó en un centro de investigación de renombre internacional, privilegiando la interfaz entre la investigación básica y aplicada y el diálogo  con los productores locales. En esa época, la institución amplió sus actividades de combate al barrenador del café por medio de la cría de la avispa traída de Uganda en sus laboratorios. Entre los meses de junio y agosto de 1936, se enviaron 228 mil ejemplares de avispas a 270 productores. En 1939, más de 2 millones de esos insectos habían sido distribuidos en diversas regiones del país. Durante la década de 1930, el instituto también invirtió en la contratación de científicos brasileños y extranjeros para desempeñarse en áreas diversas, entre ellos, el alemán Karl Martin Silberschmidt, quien pasó a trabajar en la organización del departamento de Fisiología Vegetal del Biológico.

Consciente de la importancia de la difusión del conocimiento, Rocha Lima lanzó en 1935 la revista O Biológico que, junto con la revista Arquivos do Instituto Biológico, creada por Neiva en 1928, divulgaban textos destinados a los agricultores y productores del campo, así como artículos científicos para la comunidad de investigadores, respectivamente. En otro frente, instituyó reuniones que se llevaban a cabo los días viernes, conocidas como “las reuniones de los viernes”, en las cuales los científicos del Biológico y de otras instituciones discutían sobre artículos científicos relevantes. “El Instituto Biológico fue uno de los centros pioneros del debate científico en el estado de São Paulo”, afirma Antonio Batista Filho. Además de Rocha Lima, en esas reuniones participaban investigadores tales como José Reis y Zeferino Vaz, el ideólogo de la Universidad de Campinas (Unicamp), fundada en 1966 (lea en la edición Especial Unicamp 50 años, de la revista Pesquisa FAPESP). “Fue en el marco de esas reuniones que se comenzaron a concebir la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) y la Sociedad Brasileña de Entomología”, relata Márcia Rebouças.

Reproducción Centro de la Memoria del Instituto Biológico Henrique da Rocha Lima (con chaleco) y el anatomista italiano Alfonso Bovero (con anteojos y corbata de moño) durante una de las reuniones de los viernesReproducción Centro de la Memoria del Instituto Biológico

Por esa época también se creó el Servicio de Planificación y Documentación Científica, que constaba de las secciones de Planificación de Experimentos, Fotomicrografía, Biblioteca y Diseño. Esta última cumplió un rol destacado en el Biológico. En total, había 17 dibujantes que produjeron entre las décadas de 1930 y 1970 vastas ilustraciones de plantas, animales y sus enfermedades para darle visibilidad a la investigación, formando parte de artículos científicos, cátedras, folletos de propaganda, entre otros (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 238). Las ilustraciones retrataban con abundancia de detalles y rigurosidad científica figuras de insectos, ácaros, larvas, órganos de animales, vegetales, plantas y sus patologías, registrando, traduciendo y complementando las observaciones y los experimentos científicos desarrollados en el Biológico.

En 1942, Rocha Lima creó una División de Biología, encargada de las investigaciones básicas para apuntalar la labor de agrónomos y veterinarios en la lucha contra las plagas y las enfermedades. También se crearon las divisiones de Defensa Sanitaria Vegetal y Defensa Sanitaria Animal, además de las de Educación y Documentación Científica. Años más tarde, en 1947, el Departamento de Biología fue dividido en dos partes, el de Biología Animal y el de Biología Vegetal. “Esa fue una época extremadamente prolífica en el Biológico”, comenta Márcia Rebouças. “El Instituto comenzó a fabricar más de 30 productos diferentes enfocados en la sanidad animal en todo el país, firmando contratos con empresas de farmacología ganadera”, comenta.

Reproducción Centro de la Memoria del Instituto Biológico La planta del proyecto paisajístico ideado por Arsène Puttemans abarcaba a los parques y jardines del entorno del edificioReproducción Centro de la Memoria del Instituto Biológico

Presión bajo control
Al final de la década de 1940, el Biológico logró otro hito importante. Los médicos Maurício Rocha e Silva (1910-1983), Wilson Teixeira Beraldo (1917-1998) y Gastão Rosenfeld (1912-1990) identificaron el denominado Factor de Potenciación de la Bradiquinina a partir de la globulina del plasma del veneno de la yarará. La sustancia, tal como se verificó más tarde, relajaba los músculos y los vasos sanguíneos, y por eso se la consideró como un potencial regulador de la presión arterial. El descubrimiento condujo a una comunicación publicada en 1949 en el número inaugural de la revista Ciência & Cultura, editada por la en ese entonces recién creada SBPC. Al año siguiente se publicó una versión ampliada del estudio en la revista American Journal of Physiology. Tiempo después, la bradiquinina fue usada como principio activo en medicamentos contra la hipertensión.

Rocha Lima se jubiló en 1949, al cumplir 70 años. En su lugar, asumió el cargo el ingeniero agrónomo Agesilau Antonio Bitancourt (1899-1987), quien hasta entonces dirigía la sección de Biología Vegetal. Durante su gestión, entre 1949 y 1953, Bitancourt creó tres cursos anuales de formación en fitopatología, entomología agrícola y patología animal, atrayendo a profesionales de todo Brasil.

Reproducción Centro de la Memoria del Instituto Biológico Cada año, durante el mes de mayo, se realiza en el Biológico el evento Sabor da Colheita, que marca en forma simbólica el comienzo de la zafra en São PauloReproducción Centro de la Memoria del Instituto Biológico

En la década  de 1970 el instituto amplió sus trabajos de desarrollo de plaguicidas gracias a un convenio firmado con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que posibilitó la adquisición de equipamientos y la mejora de las instalaciones, como fue el caso de la construcción del Centro Piloto de Desarrollo de Fórmulas  de Herbicidas, en La Finca Experimental Mato Dentro, en Campinas. En 1988 se llevó a cabo la primera Reunión Anual del Instituto Biológico (Raib), que congregó a investigadores  y estudiantes de las áreas de sanidad animal y vegetal, protección ambiental, además de profesionales del agronegocio, entre otros, para discutir los problemas de la agricultura en el país.

El Biológico sufre actualmente por la fuga de científicos hacia las universidades, empresas e institutos federales, como así también por la falta de reposición de mano de obra calificada. De cualquier modo, sigue siendo uno de los principales centros de diagnóstico fitosanitario y zoosanitario de Brasil. Posee uno de los dos laboratorios brasileños que producen inmunobiológicos para el diagnóstico de la brucelosis y de la tuberculosis animal, distribuyendo esos productos en varios estados brasileños y en países de América Latina. También atiende al 90% de los Centros de Inseminación Artificial de Brasil, efectuando análisis de diagnóstico de enfermedades de la reproducción animal. Ofrece 350 tipos de análisis en las áreas animal, vegetal y de residuos en alimentos, realizando en promedio 500 diagnósticos diarios, aparte de participar en campañas sanitarias contra la fiebre aftosa, la rabia, la tuberculosis, la brucelosis, el cancro cítrico y la clorosis variegada de los cítricos.

En 2007, la institución comenzó a dictar carreras de maestría y, a partir de 2013, de doctorado. Recientemente, comenzó a invertir en eventos educativos, acercándole al público las actividades desarrolladas por medio de programas tales como Biológico de Puertas Abiertas y Planeta Insecto, en el Museo del Instituto Biológico, donde se llevan a cabo las famosas carreras de cucarachas, en un circuito al que se conoce como Cucarachódromo [Baratódromo, tal el nombre original en portugués]. Cada año, el instituto también lleva a cabo el Sabor da Colheita, un evento que marca simbólicamente el inicio de la temporada de cosecha del café en el estado de São Paulo. “Los participantes son invitados a cosechar los frutos del café entre los más de 1.500 ejemplares plantados en las dependencias del Biológico”, comenta Antonio Batista Filho.

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