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SBPC

Científicos unidos

En los años de posguerra, investigadores fundaron en São Paulo la asociación que signó el comienzo de la ola de creación de instituciones de ciencia

Rocha e Silva (en el centro del grupo) en la cena de la 1ª Reunión Anual de la SBPC, en Campinas (1949)

Reproducción del jornal Unesp

Las referatas, tal como se les denominaba a los animados encuentros de los viernes entre los científicos del Instituto Biológico de São Paulo con otros intelectuales, artistas y un público general para departir sobre las novedades de la ciencia y la cultura, no bastaron. Por eso, en 1948, en busca de espacios más amplios para promover la circulación de ideas, se fundó la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC). Con prioridad para la comunicación entre investigadores, la asociación fue ganando espacio a la par de instituciones de investigación científica o de apoyo a la ciencia que emergieron en la década de 1950 en Brasil y definieron las formas de producción del trabajo científico que aún en la actualidad están vigentes en el país.

“La SBPC fue una forma de autoafirmación para los científicos de São Paulo”, dice la historiadora de la ciencia Maria Amélia Mascarenhas Dantes, profesora sénior del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP).

Folhapress El físico César Lattes en 1948, a su regreso de la Universidad de Berkeley, en Estados UnidosFolhapress

La capital del país era Río de Janeiro y ostentaba mayor visibilidad científica. Sin embargo, São Paulo tenía mucho para mostrar. En varios edificios diseminados por la ciudad, ya funcionaban la USP, fundada en 1934, y el Instituto Biológico, en 1927, que por entonces era uno de los centros de investigación más importantes del país. Ahí había científicos egresados del Instituto Oswaldo Cruz, de Río de Janeiro, tal como es el caso del médico Henrique Rocha Lima (1879-1956), director científico del instituto, que había trabajado con Oswaldo Cruz (1872-1934), Adolfo Lutz (1855-1940) y Carlos Chagas (1879-1934), e identificó a la bacteria  Rickettsia prowazekii como la causante del tifus cuando estuvo en Alemania. En 1948, uno de los fundadores de la SBPC, el médico y farmacólogo Maurício Oscar da Rocha e Silva (1910-1983), que entonces trabajaba en el Instituto Biológico, junto a su colega Wilson Teixeira Beraldo (1917-1998) de la USP, identificaron la molécula de la bradiquinina, un poderoso vasodilatador que luego se empezó a usar en medicamentos para el control de la hipertensión arterial.

“Los científicos de São Paulo anhelaban contar con un espacio propio, porque notaban que no tenían cabida en la Academia Brasileña de Ciencias [ABC], que sólo recibía a los científicos excelsos”, dice Mascarenhas. Así como la ABC, fundada en 1916 en Río de Janeiro era elitista, la SBPC se propuso ser popular, abriéndose para cualquier interesado en la ciencia. “No se exigía ninguna calificación técnica para ser admitido como socio, sino solamente que tuviera el deseo de contribuir de algún modo para el progreso de la ciencia en el país”, dijo la socióloga Ana Maria Fernandes (1948-2018) en el libro intitulado A construção da ciência no Brasil e a SBPC (Editorial de la UnB, 1990), al analizar la creación de la institución.

Pese a su origen paulista, la nueva asociación arrancó con 256 socios fundadores de todo el país. Al año siguiente ya eran 352 asociados, “aunque la composición de los miembros se hallaba restringida casi por completo a investigadores de las ciencias exactas y naturales”, dijo Fernandes. En la actualidad, la SBPC cuenta con alrededor de 5 mil miembros, luego de haber llegado a una cifra de 16.700 en la década de 1980. La Asociación Americana para el Progreso de la Ciencia (AAAS, según su sigla en inglés), una de las fuentes de inspiración de la SBPC, se fundó en 1849 con 78 miembros y actualmente agrupa a unos 120 mil.

Archivo SBPC El biólogo Paulo Sawaya, docente en la USP y uno de los fundadores de la SBPCArchivo SBPC

En una primera reunión, en mayo de 1948, el biólogo Paulo Sawaya (1903-2003), de la USP, Rocha e Silva y el médico José Reis (1907-2002), del Instituto Biológico, resolvieron invitar a sus colegas científicos para fundar una asociación inspirada en agremiaciones similares del Reino Unido, de Argentina y de Estados Unidos. Rocha e Silva había visto cómo se organizaban los científicos de Estados Unidos e Inglaterra, cuando trabajó en esos países, entre 1940 y 1946. El grupo había crecido cuando se volvieron a reunir, un mes después, en la Asociación Paulista de Medicina, y formaron una comisión para redactar los estatutos.

El 8 de julio se aprobó el estatuto y se formalizó la nueva asociación, con la presidencia del abogado y docente de la USP Jorge Americano (1891-1969). Rocha e Silva asumió como vicepresidente, Sawaya como tesorero y Reis como secretario general. Los primeros documentos definían la misión de la SBPC: defender la ciencia y la independencia del científico brasileño, aumentar la cooperación entre los equipos de los centros de investigación y facilitar la comprensión de la ciencia para los especialistas de otras áreas, por medio de publicaciones, cursos, intervenciones junto a los gobiernos y encuentros entre científicos y el público en general.

En 1948, la situación de la investigación básica en Brasil “era claramente desfavorable, en comparación con la de las ciencias aplicadas, esto es, la medicina y la tecnología, por ejemplo”, comentó Rocha e Silva en un discurso que impartió para la apertura de la 10ª asamblea anual de la SBPC, que se llevó a cabo en junio de 1958 en el edificio de la USP de la calle (rua) Maria Antônia, en el centro de la ciudad, y en el campus de Butantã. “Los escritores, los artistas, los poetas, y hasta los médicos y los metalúrgicos, todos contaban con congresos bien organizados”, dijo. “Los científicos eran indiferentes a los trabajos de sus colegas, que sólo eran recordados a la hora de la polémica, para despedazarse entre sí”.

Archivo José Reis/ Casa de Oswaldo Cruz/ Fiocruz El médico José Reis, investigador del Instituto Biológico, también figuraba entre los creadores de la entidadArchivo José Reis/ Casa de Oswaldo Cruz/ Fiocruz

No obstante, las circunstancias jugaban a favor de la ciencia. “Después de la Segunda Guerra Mundial, principalmente en Estados Unidos, la ciencia empezó a verse como una forma de seguridad nacional”, dice el filósofo e historiador de la ciencia Antonio Augusto Pasos Videira, docente en la Universidad del Estado de Río de janeiro (Uerj). “Los militares y políticos brasileños estaban convencidos de que no habría cómo garantizar la soberanía nacional sin desarrollo científico”. Como ejemplo de ese interés, el mariscal Henrique Lott (1894-1984), cuando trabajaba como agregado militar de la embajada brasileña en Washington, de 1946 a 1948, enviaba informes al gobierno sobre las estrategias de Estados Unidos para afrontar la Guerra Fría, que incluía la valorización de la ciencia y la tecnología.

“Estados Unidos impulsó la formación de físicos y los científicos en general comenzaron a ser vistos como mano de obra necesaria para el país”, dice Videira. “El apoyo de los militares a la ciencia, en particular, a la energía atómica, explica la rapidez con que se crearon las instituciones de apoyo a la ciencia”. La física nuclear estaba en el candelero. En Brasil, la gran estrella de la época era el físico César Lattes (1924-2005), que en 1948 participó en el hallazgo de la partícula elemental denominada mesón pi (pion), que le granjeó fama mundial (lea más información sobre Lattes en la entrevista con Igor Pacca y en Pesquisa FAPESP, edición nº 110). El interés por esa área facilitó la creación del Centro Brasileño de Investigaciones Físicas (CBPF), en Río de Janeiro, en enero de 1949; y en agosto de ese mismo año comenzó a funcionar la Escuela Superior de Guerra, también en Río.

En 1948, no prosperó un proyecto de ley que preveía la creación de un consejo nacional de investigación. En los años siguientes, como resultado de la articulación promovida por la ABC y por el almirante Álvaro Alberto da Mota e Silva (1889-1976), empezó a cobrar forma un organismo para administrar inicialmente la política gubernamental de energía atómica, el Consejo Nacional de Investigación. Formalmente instituido en 1951, más tarde fue renombrado como Consejo Nacional de Investigación y Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), tal como relata la historiadora Ana Maria Ribeiro de Andrade, investigadora jubilada del Museo de Astronomía y Ciencias Afines (MAST), en un artículo que salió publicado en 2001 en la revista Parcerias Estratégicas. En 1951 también comenzó a funcionar la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), creada por el educador Anísio Teixeira (1900-1971).

Centro de Memoria del Instituto Biológico Instituto BiológicoCentro de Memoria del Instituto Biológico

El historiador Heráclio Duarte Tavares, investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), sostuvo en un artículo de 2015 en la revista Contemporânea que el apoyo de los militares, incluyendo a Lott, también fue importante para la creación del Instituto de Física Teórica de São Paulo (IFT), que comenzó a funcionar en junio de 1952 y luego fue incorporado a la Universidade Estadual Paulista (Unesp). En agosto de ese año se creó en Río de Janeiro el Instituto de Matemática Pura y Aplicada (Impa).

Nacionalismo
“La SBPC intentó demostrar que la ciencia, así como la cultura, debería formar parte de la identidad del país, tal como los pueblos de origen germánico al final del siglo XVII demostraron que la ciencia, la cultura y la lengua constituían elementos de unificación nacional”, dice Videira. Él resalta otro aspecto del contexto histórico y científico de la creación de esas instituciones: “Los científicos notaron que, aparte de ciencia, tenían que hacer política”. Maria Amélia Mascarenhas, de la USP, reitera: “La generación de científicos fundadores de la SBPC eran profundamente nacionalistas y optimistas, y estaban convencidos de que la ciencia debería colaborar para mejorar el país”.

A partir de 1949, con la primera de las sucesivas asambleas anuales, que se llevó a cabo en Campinas, y la publicación de la revista Ciência e Cultura, la asociación de científicos comenzó su labor de divulgación científica para públicos amplios. En forma similar, desde 1935, el Instituto Biológico publicaba la revista mensual O Biológico, redactada por los propios investigadores, en lenguaje sencillo, y dirigida a los productores rurales. Varios artículos ya revelaban por entonces el placer por la escritura que sentía José Reis, quien más tarde ganó visibilidad con su columna en el periódico Folha de S.Paulo.

Éste primero de los cuatro reportajes sobre los 70 años de la SBPC.
El próximo artículo de esta serie abordará las luchas de la SBPC en defensa de la ciencia brasileña.

Artículos científicos
SILVA, M. R. e. Dez anos pelo progresso da ciência. Ciência e Cultura. v. 10, n. 4, p. 197-203. 1958.
ANDRADE, A. M. R. de. Ideais políticos. A criação do Conselho Nacional de Pesquisas. Parcerias Estratégicas. v. 11, p. 221-42. jun. 2001.
TAVARES, H. D. O Centro Brasileiro de Pesquisas Físicas e o Instituto de Física Teórica sob a ótica militar. Contemporânea. v. 6, n. 6, p. 67-82. 2015.

Libro
FERNANDES, A. F. A construção da ciência no Brasil e a SBPC. Brasilia: Editorial de la UnB, 2ª ed. 2000.

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