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Entrevista

Magdalena Skipper: La labor de difundir la ciencia

La nueva editora en jefe de la revista Nature se refiere al reto de superar la crisis de reproducibilidad y analiza el crecimiento del acceso abierto

Ian Alderman Magdalena Skipper está abocada a una agenda de desafíos con miras a mantener la relevancia de la revista em medio de las nuevas tendencias editorialesIan Alderman

Desde que asumió el cargo de editora en jefe de la revista científica Nature, en el mes de junio, la genetista inglesa Magdalena Skipper se dedica a atender una agenda de desafíos que se le vienen planteando a la publicación, una de las más prestigiosas del mundo. En uno de los frentes, ella explora estrategias tendientes ampliar la transparencia en la producción y difusión de resultados de investigaciones, estimulando a los autores a que divulguen no solo los datos brutos de sus experimentos, sino también los códigos y software empleados para procesar tales informaciones. Simultáneamente, debe vérselas el ascenso creciente del acceso abierto como modelo de publicación científica. En septiembre, el Reino Unido, Francia, Italia y otros 10 países europeos lanzaron lo que se denominó el Plan S, según el cual todas las investigaciones científicas con financiación pública deberán publicarse en acceso abierto a partir de enero de 2020. Nature adopta un modelo híbrido, incompatible con la propuesta europea, en el cual cobra suscripciones, pero también permite que los autores paguen para ofrecer sus artículos libremente en internet.

Con doctorado en genética otorgado por la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, Skipper se transformó a sus 49 años en la primera mujer que asume el comando de la revista Nature, en reemplazo del astrofísico británico Philip Campbell. En el marco de una entrevista que le concedió a Pesquisa FAPESP en la ciudad de Berlín, Skipper comentó de su esfuerzo para mantener la relevancia del periódico científico en medio de un panorama de cambios y nuevas tendencias editoriales. Ella estuvo en la capital alemana entre los días 7 y 9 de noviembre e integró el jurado del Falling Walls Lab, una competencia internacional en la cual los participantes disponen de tres minutos para exponer su investigación, proyecto, plan de negocio o iniciativa social y convencer a los jurados acerca de su importancia e innovación.

Usted es la primera mujer al mando de la revista Nature. ¿Cuál es la importancia de ser pionera y cómo le está resultando esta experiencia?
Esa es una pregunta difícil de responder. Puedo decirle lo que significa ser una mujer desempeñando este cargo, pero no dispongo de otros parámetros como para comparar. Dentro del grupo Springer Nature las mujeres ocupan cargos editoriales importantes, de manera tal que el punto no debiera ser el hecho de que yo sea mujer, sino cuáles son los aportes que tengo para hacer. Eso está relacionado con mi trayectoria como investigadora y editora y con mi experiencia profesional. Queda claro que mi nombramiento es importante desde el punto de vista de la diversidad y de la inclusión femenina, para que cada vez haya más mujeres en puestos destacados dentro y fuera del ámbito académico. Por suerte, las mujeres están dejando de ser minoría en los puestos de liderazgo. Pero hay otros aspectos en los cuales aún debemos seguir trabajando.

A su juicio, ¿qué podría hacerse para aumentar la cantidad de mujeres que alcanzan puestos de liderazgo?
Hay dos puntos, uno está relacionado con la educación y el otro con lo social. Siempre estamos hablando de la importancia de capacitar a las mujeres para su acceso a carreras superiores ligadas a las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, y estimularlas para que permanezcan en esas áreas. Eso es algo que debe hacerse desde el comienzo del proceso educativo en las escuelas, incentivándolas a explorar esos campos. Y ahí es donde interviene el factor social. En algunas sociedades, esos campos del conocimiento están atravesados por cuestiones de género. Se considera que algunos temas son más adecuados para los chicos que para las chicas. Eso no debería ser así. Debería estimularse a todos por igual para que desarrollen sus propios intereses y habilidades.

¿Eso está cambiando?
En efecto, pero quedan grandes desafíos. Lo que ocurre en el Reino Unido es algo particularmente interesante. Allá existe un examen de calificación académica denominado GCSC [General Certificate of Secondary Education], que los jóvenes deben cumplimentar aproximadamente a los 17 años de edad. Las estadísticas de esa evaluación revelan que prácticamente el 50% de los varones y el 50% de las muchachas eligen temas relacionados con la ciencia, tecnología, ingeniería y matemática. Sin embargo, cuando uno mira las estadísticas de aquellos que efectivamente ingresan a esas áreas, el porcentaje de mujeres es inferior al 15%.

¿Qué fue lo que la impulsó a abandonar el laboratorio y continuar su carrera como editora de periódicos científicos?
Yo me gradué en genética. Cuando estaba realizando mi pasantía de posdoctorado, me di cuenta que era una apasionada por la ciencia, por el modo en que la misma funciona, el modo en que los científicos identifican problemas y los resuelven. Pero también tenía interés en difundir la ciencia entre aquellos que no necesariamente están involucrados con ella y en ayudar a los científicos a comunicar sus hallazgos. Medité al respecto del modo en que podría combinar esos dos intereses y empecé a considerar otras posibilidades de carrera. Lo usual es que el científico se especialice y, con el tiempo, se concentre en determinado tema de investigación. Esa era una perspectiva que no me brindaba felicidad. Si bien me gustaba mucho la investigación, noté que probablemente yo no haría un aporte importante para el avance de la ciencia. Ese conflicto me hizo pensar en abrir mi campo de acción más allá de la investigación.

¿Todavía se ve como una científica?
No, porque no estoy involucrada en actividades de investigación desde 2001, cuando comencé mi labor como editora en la Nature Review Genetics. Pero sí siento que formo parte de la comunidad de investigación científica. La función que cumplo es complementaria a la de los investigadores.

¿Qué cambió cuando se transformó en editora?
Hubo un cambio conceptual. Un editor trabaja en el mismo entorno de los investigadores y se mantiene en contacto con nuevas ideas y problemas científicos. Eso es algo extremadamente estimulante. Lo que no tenemos es un rol en el descubrimiento. Cuando converso con investigadores que recién comienzan su carrera y están interesados en trabajar como editores les digo que ellos no van a descubrir nada nuevo ni a presenciar un fenómeno por primera vez, pero ayudarán a los científicos a comunicar sus hallazgos. Si el candidato a editor es del tipo de persona que por la mañana se levanta entusiasmado por la posibilidad de descubrir algo que nadie vio todavía, es mejor que no abandone su carrera científica.

En algunas sociedades, las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática aún se consideran más adecuadas para los varones

¿Cuál fue su aporte principal desde que se convirtió en editora?
Me desempeñé como editora de Nature Review Genetics durante muchos años y durante ese período tuve el privilegio de trabajar en el consorcio internacional Enciclopedia de Elementos del ADN (Encode), lanzado en septiembre de 2003 por el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano de Estados Unidos. Mientras estuve trabajando en ese proyecto, logramos crear formas innovadoras de comunicar resultados de investigaciones, sumando elementos de diversos trabajos para que, en conjunto, ellos pudieran contar una historia diferente a la que habían referido originariamente en los artículos científicos. Obtuvimos varios comentarios positivos acerca de lo útil que había resultado ese proyecto, especialmente en el campo de la educación.

¿Qué es lo que hace que un descubrimiento científico sea importante?
No hay ningún hallazgo científico que no sea importante. Algunos dirán que un descubrimiento científico relevante debe ser algo que pueda aplicarse, otros, que debe aportarle algún beneficio a la humanidad. En realidad, no podemos olvidarnos de lo que se denominan investigaciones blue skies, cuya motivación es la curiosidad de los investigadores y que equivocadamente se toman como sinónimo de ciencia básica. Ellas son fundamentales para aumentar nuestro conocimiento acerca de cómo funciona el universo a nuestro alrededor.

¿Cuáles son los criterios para decidir si una investigación será o no publicada en la Nature?
La revista Nature es una publicación bastante selectiva. Solo publicamos una pequeña parte de lo que nos envían, que creo que debe andar entre el 7% y el 8% de los artículos. Nuestra búsqueda se orienta a aquellos descubrimientos que perfeccionen el conocimiento en determinado campo, pero que al mismo tiempo puedan contribuir de alguna forma con el conocimiento producido en otras áreas, porque somos una revista multidisciplinaria.

¿Cuáles fueron las transformaciones por las que pasó Nature en los últimos años?
La principal de ellas tiene que ver con los esfuerzos tendientes a aumentar la reproducibilidad de las investigaciones y dotarlas de mayor transparencia. No somos la única publicación que lo hace, pero ciertamente fuimos los precursores al desarrollar sistemas destinados a facilitar la comunicación de los investigadores en relación con lo que ellos han hecho, con cómo lo hicieron, qué materiales utilizaron, etc. Seguimos trabajando para perfeccionar esas herramientas. Hoy en día ya existen varias plataformas para que los científicos publiquen sus protocolos con todo detalle, para cargar sus datos y describirlos de manera específica.

El grupo Springer Nature dispone de una revista específica en la cual los científicos pueden publicar sus datos, ¿es así?
Disponemos de una publicación online en acceso abierto denominada Scientific Data. Se trata de una publicación que no depende editorialmente de la revista Nature y que está dedicada a la publicación de lo que se denominan metadatos, o sea, datos al respecto de otros datos. Ahí no figuran resultados ni conclusiones, solamente está la descripción del conjunto de datos que sirvieron como base de las investigaciones publicadas en otros periódicos, o incluso en la propia Nature. El argumento para la creación de una revista de este tipo se basa en que la investigación se está tornando cada vez más orientada a los datos, que se generan en cantidades cada vez mayores. ¿No sería bueno que ese conjunto de informaciones pudieran reutilizarlo otros científicos? Para que eso suceda, primero deben saber qué representan esos datos, cómo fueron obtenidos y cuáles son sus limitaciones.

Nature Research Group El equipo responsable del proyecto Enciclopedia de Elementos del ADN, lanzado en 2003Nature Research Group

¿Esa estrategia está ayudando en la reproducción de resultados?
Sin duda. Al comienzo de la década de 2000, frente a una andanada de casos de artículos científicos que cayeron en descrédito porque sus resultados no pudieron confirmarse, todos quienes formamos parte de la comunidad científica comprendimos que nos hallábamos frente a una crisis de reproducibilidad en la ciencia, que indiscutiblemente se agudizaba en el área de las ciencias de la vida. En cierta forma, la idea de lanzar una revista como Scientific Data surgió a partir de allí. Pero es importante recordar que el problema de la reproducibilidad no significa necesariamente que los científicos estén cometiendo algún delito. En muchos casos, el punto es que los detalles de los datos aportados por los científicos resultaron insuficientes para poder reproducirlos. Por eso intentamos introducir herramientas con miras a disipar ese problema, garantizando así una mayor transparencia.

¿Y en cuáles otras iniciativas trabajan en Nature para avanzar en el tema de la reproductibilidad de las investigaciones?
Hasta hace poco estábamos concentrados en el desarrollo de herramientas que ayudaran a los investigadores a dar a conocer sus datos. Sin embargo, como la investigación científica se está tornando algo cada vez más informatizado, lo que estamos intentando es incluir también en ese proceso a los códigos y programas que generan los científicos para procesar todo ese conjunto de informaciones recabadas.

¿Y cómo lo están haciendo?
Estamos probando en algunas de nuestras revistas. En agosto, por ejemplo, las revistas Nature Methods, Nature Biotechnology y Nature Machine Intelligence acordaron colaborar con el Code Ocean, una plataforma informática de reproducibilidad, con el objetivo de permitirles a los investigadores que compartan los códigos que figuran en sus artículos. De esa forma, los usuarios pueden ejecutar nuevamente el análisis de los datos en la nube y reproducir los resultados sin tener que instalar un software. Cuando los revisores se disponen a analizar el artículo, pueden evaluar el código, ejecutarlo y sacar sus conclusiones en relación con el trabajo que se está evaluando. Si el artículo fuera publicado, los lectores podrán hacer lo mismo.

¿Qué opinión le merece el aumento del acceso abierto como modelo de publicación?
Hace ya bastante tiempo que Springer Nature publica una serie de periódicos en la plataforma BioMed Central (BMC). Esas revistas fueron las primeras en avanzar con el tema del acceso abierto. Yo siempre fui adepta a los ecosistemas diversificados. Considero que los científicos deben tener libertad para poder elegir dónde quieren publicar, cómo quieren publicar y con cuál modelo de negocio se identifican. Para mí, un ecosistema diversificado es sano.

El Reino Unido, Francia, Italia y otros 10 países europeos crearon en el mes de septiembre el Plan S, un pacto para garantizar que a partir de enero de 2020 todas las investigaciones científicas con financiación pública se publiquen inmediatamente en plataformas de acceso abierto. ¿Cómo se está preparando Nature para afrontar esos cambios?
Se trata de una iniciativa interesante, propuesta para ponerla en práctica en un lapso extremadamente breve de tiempo, con profundas implicaciones no solo para Springer Nature, sino para todas las publicaciones. Los periódicos científicos exclusivamente de acceso abierto son pocos. La mayoría adopta el modelo híbrido, donde los artículos se encuentran a disposición de los suscriptores, pero el autor puede abonar un canon extra para que su trabajo pueda divulgarse sin restricciones en el sitio web del periódico. Si el Plan S entra en vigencia, esas revistas no serían compatibles con la publicación de investigaciones elaboradas con financiación pública. Esto no solo significa que todos los periódicos tendrían que pensar en un nuevo modelo de negocio, sino también que todo autor que desee publicar tendrá que pagar u obtener financiación para que su trabajo pueda quedar disponible sin restricciones. Hay implicaciones profundas relacionadas con la economía de la ciencia y con la dinámica de la difusión de las investigaciones científicas. Todavía es muy pronto para saber cómo va a resultar eso. Yo soy optimista y no tengo dudas de que hallaremos una solución.

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