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Tapa

Una imitación del cerebro

La inteligencia artificial nació como un campo científico en la década de 1940, producto de estudios matemáticos

John McCarthy en el Laboratorio de IA de la Universidad de Stanford en 1974: el investigador le dio su nombre al nuevo campo de la ciencia de la computación en 1956

Courtesy Stanford University Archives and Special Collections

La inteligencia artificial (IA) es uno de los pocos campos de la ciencia que tiene una fecha de inicio definida, según Marcelo Finger, del Instituto de Matemática y Estadística de la Universidad de São Paulo (IME-USP). Fue en 1956, durante una conferencia en el Dartmouth College de New Hampshire, Estados Unidos, cuando el científico de la computación John McCarthy utilizó por primera vez el término “inteligencia artificial”. Así bautizó a un nuevo campo de conocimiento que, desde la década de 1940, apuntaba a producir modelos matemáticos que simularan el funcionamiento de las neuronas cerebrales.

Sin embargo, este enfoque biológico se toparía con las limitaciones técnicas de la época. No había computadoras capaces de procesar la inmensa cantidad de datos necesarios para la evolución de la red neural. Se desarrolló entonces otra vertiente de IA llamada “simbólica”, basada en lenguaje de programación, que opera mediante reglas para resolver un problema. Los sistemas expertos se popularizaron, alimentados por conocimientos previamente definidos.

Uno de estos primeros sistemas, creado por el estadounidense Edward Shortliffe a principios de la década de 1970, recomendaba una selección de antibióticos para ayudar a los médicos a tratar las infecciones bacterianas. “En Brasil, una de las precursoras en este campo fue Maria Carolina Monard, docente del ICMC-USP de São Carlos”, dice la científica en computación Ana Carolina Lorena del Instituto de Tecnología Aeronáutica (ITA).  Según Lorena, los alumnos de Monard exploraron algunas áreas de IA no exploradas en Brasil. “Un ejemplo es Maria das Gracias Volpe Nunes, también del ICMC-USP, quien se convirtió en referente en el procesamiento del lenguaje natural en el país y dirigió el proyecto de desarrollo del revisor ortográfico en portugués disponible en la herramienta Office del sistema operativo Windows”, afirma.

En el Primer Simposio Brasileño de Inteligencia Artificial, celebrado en 1984 en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, en Porto Alegre, predominaron los trabajos con sistemas expertos. Sin embargo, tal como fue sucedió en el exterior, la investigación de IA en Brasil, especialmente en el campo de las redes neurales, se había desarrollado mucho antes.

Uno de los pioneros en el estudio de las redes neurales en Brasil es Nelson Mascarenhas, profesor jubilado de la Universidad Federal de São Carlos y docente del Programa de Maestría en Ciencias del Centro Universitario Campo Limpo Paulista. Ingeniero electrónico, había completado su maestría en 1969 investigando máquinas eléctricas cuando decidió cambiar de área. “Decidí estudiar el procesamiento digital de imágenes, que se consideraba un área exótica”, dice. Mascarenhas comenzó su investigación en uno de los primeros laboratorios de procesamiento digital de imágenes del mundo, en la University of Southern California, Estados Unidos. Al finalizar su doctorado en 1974, el investigador trabajó durante algunos años en ITA y más tarde en el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), que ya tenía un programa de teledetección. “Fuimos los únicos durante mucho tiempo en el área de procesamiento digital de imágenes y reconocimiento de patrones”, dice.

Pese a los avances, hay desconfianza con respecto al futuro. “Países tales como Francia, Inglaterra y China han creado políticas públicas con miras a desempeñar un papel de liderazgo en la IA. En Brasil, esta oportunidad se está perdiendo”, dice el científico de la computación André Ponce de Leon Carvalho. Una opinión similar tiene el científico de la computación Sílvio Meira, de la Universidad Federal de Pernambuco y presidente del Consejo de Administración de Porto Digital, el parque tecnológico de Recife. “Brasil tiene una gran capacidad de absorción de tecnología y es responsable de la mitad de todos los mercados de tecnología en América Latina”, dice.  “Pero falta estrategia. Desde la década de 1970, no se ha establecido ningún desafío tecnológico importante. No sabemos en qué campo queremos competir. Hasta que esto suceda, no seremos competitivos”.

Un informe publicado a principios de diciembre por la editorial Elsevier refuerza esta percepción. El mismo, intitulado: ArtificiaI intelligence: How knowledge is created, transferred, and used, el documento se centró en China, Estados Unidos y Europa. Los dos primeros países son apuntados líderes en la producción de investigación en este campo, mientras que los países europeos se encuentran entre los lugares más diversos para estudios de IA. La India e Irán se destacan como centros emergentes.

Roberto Marcondes, del IME-USP, se encuentra entre los especialistas que escribieron en el documento y advirtieron sobre la necesidad de desarrollar nuevos indicadores para describir mejor la investigación en IA.  “Tradicionalmente, los avances en la investigación se describen en artículos publicados en revistas o comunicados en conferencias”, dice. “Ahora, a medida que crece la IA, está claro que estos indicadores cubren solo una fracción de los avances logrados en la industria”, dice.

En el sitio web de Elsevier, hay indicadores de IA en el mundo, en el AI Resource Center. Uno de ellos muestra la encuesta de publicaciones científicas sobre el tema de 1998 a 2017. China, con 134.990 publicaciones, ocupa el primer lugar, seguida de Estados Unidos (106.600), la India (36.736), el Reino Unido (35.302) y Japón (35.302). Brasil ocupa el 15º puesto (12.094). En el ranking de colaboración internacional, el país ocupa el puesto 18 º, con 2.979 producciones realizadas en colaboración con investigadores del exterior. Estados Unidos (31,174), China (21,547) y el Reino Unido (16,054) son los primeros.

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