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Tapa

El planeta plástico

Creado hace aproximadamente un siglo, el material polimérico que le aportó innumerables facilidades a la vida moderna se transformó en un enorme problema ambiental

Depósito de plásticos post uso de la cooperativa de reciclado Reciclázaro en São Paulo

Léo Ramos Chaves

Casi todo el mundo vio o escuchó hablar del video de la tortuga encontrada con una pajita de plástico incrustada en la nariz. El episodio ocurrió hace cuatro años, cuando la bióloga marina estadounidense Christine Figgener estaba realizando un estudio sobre tortugas en Costa Rica, junto con los colegas con quienes trabajaba. En alta mar, vieron un ejemplar de la especie golfina con lo que parecía ser un gusano tubular gigante en una de sus fosas nasales. Los investigadores pronto concluyeron que era un pedazo de pajita, de unos 10 centímetros, y decidieron retirar el objeto. El procedimiento, filmado por el grupo, mostró al animal agonizando de dolor. El procedimiento, publicado en internet, se diseminó rápidamente a través de las redes sociales y contribuyó para que las pajitas fuesen consideradas una de las principales villanas del medio ambiente. Desde la propagación del video, visto hasta el día de hoy 36 millones de veces en YouTube, el producto viene siendo prohibido en varias ciudades de todo el mundo.

Este acontecimiento se hizo emblemático de un problema de grandes proporciones que aflige al planeta: el consumo desenfrenado de plásticos y la contaminación generada por su inadecuada eliminación. Se estima que 8.900 millones de toneladas de plásticos primarios (o vírgenes) y secundarios (producidos a partir de material reciclable) han sido producidos desde mediados del siglo pasado, cuando los plásticos comenzaron a fabricarse a escala industrial. Aproximadamente dos tercios de este total, es decir, 6.300 millones de toneladas, se convirtieron en basura, mientras que 2,6 toneladas siguen en uso.

Estos datos forman parte del artículo intitulado Production, use, and fate of all plastics ever made (producción, uso y destino de todo el plástico ya producido), publicado en la revista Science Advances, en julio de 2017. Considerado uno de los estudios más completos sobre el tema, fue dirigido por el físico Roland Geyer, de la Universidad de California en Santa Bárbara.

Los expertos están particularmente preocupados por el impacto de la contaminación del plástico en los mares. Se estima que, por año, más de 8 millones de toneladas de residuos producidos a partir de este material llegan a los océanos, causándole daños a la vida marina, a la pesca y al turismo. Grandes amontonamientos de plástico flotante están presentes en todos los océanos: los llamados remolinos. El más grande de ellos, La Gran Mancha de Basura del Pacífico o Isla de Basura, se forma a la altura de Hawái y California y se extiende hasta Japón.

“Uno de los mayores problemas es la complejidad de los plásticos existentes en los océanos. Estamos hablando de redes de pesca, materiales utilizados en la fabricación de ropa, productos desechables, duraderos y pellets [pequeñas esferas de plástico utilizadas como materia prima por la industria]. Cada uno de ellos utiliza polímeros específicos que afectan de manera diferente al medio ambiente y requieren sus propias soluciones”, le declaró a Pesquisa FAPESP el científico ambiental Marcus Eriksen, cofundador y director de 5 Gyres Institute, una entidad con sede en California dedicada a reducir la contaminación plástica en los mares. “Incluso es posible eliminar todo el plástico marino, pero tomaría tanto tiempo y costaría tanto dinero que no valdría la pena”, dice Eriksen, considerado uno de los mayores especialistas en el tema. Según las Naciones Unidas (ONU), el costo de los daños en el ecosistema marino se estima en 8.000 millones de dólares al año. Y la tendencia es que este valor aumente.

Una de las raíces del problema es la alta demanda de plástico que la sociedad ejerce. En 2016, la producción alcanzó los 396 millones de toneladas; en 1950, se comercializaron 2 millones de toneladas. La fabricación de plástico virgen en lo que va del siglo XXI, equivale al volumen producido en los 50 años anteriores. Y las proyecciones indican que, si no se contiene el ritmo de crecimiento, el mundo tendrá que acomodar alrededor de 550 millones de toneladas de material en 2030.

Léo Ramos Chaves Las botellas de plástico se acumulan en las orillas del canal del Puerto de Santos (São Paulo)Léo Ramos Chaves

No es difícil entender las causas del vertiginoso crecimiento de la producción de estos polímeros procedentes principalmente de materiales fósiles, como el petróleo, el gas y el carbón. “El plástico es un material ligero, resistente y duradero que le aporta innovaciones al desarrollo de la sociedad”, dice José Ricardo Roriz Coelho, presidente de la Asociación Brasileña de la Industria Plástica (Abiplast), entidad que reúne 12,1 mil empresas y 323.000 empleados. “El uso de desechables en el área de la salud, por ejemplo, evita la contaminación y la transmisión de enfermedades. En el sector automovilístico, garantiza la reducción de peso de los automóviles y mejora la eficiencia energética. Pero los envases de alimentos apenas sirven para aumentar la vida útil de las comidas en las góndolas.”

“La sociedad estaría 200 años atrasada si el plástico no hubiese sido inventado”, complementa el ingeniero especialista en polímeros Luis Fernando Cassinelli, presidente de la consultora de São Paulo Avantec BR Participações, centrada en Gestión de la Innovación. “El planeta no sería capaz de contener a la población actual y futura si el plástico no hubiese sido originado a partir del petróleo. Los materiales sustitutivos, como el vidrio, el metal o el papel, traerían problemas de otra naturaleza, incluyendo un mayor consumo de energía o agua.”

El físico Munir Solomon Skaf, del Instituto de Química de la Universidad de Campinas (IQ-Unicamp), está de acuerdo en que la versatilidad, el bajo costo y la estabilidad de los plásticos frente a los procesos de degradación natural lo han hecho omnipresente en el mundo, pero destaca: “Estas mismas propiedades lo convierten en un agente contaminante grave al no degradarse fácilmente en el medio ambiente”. Director del Centro de Investigación en Ingeniería y Ciencias Computacionales, uno de los centros de investigación, innovación y difusión (CEPID), de la FAPESP, Skaf trabaja para facilitar esta degradación. Participa, junto al estudiante de posgrado Rodrigo Leandro Silveira, de un grupo internacional responsable de la creación de una enzima que degrada los plásticos más fácilmente, la PETase.

La contaminación de los materiales plásticos, sostiene Skaf, constituye un grave problema medioambiental y requiere, para poder enfrentársele, tres enfoques complementarios: la drástica reducción del uso, la sustitución por nuevos materiales (con características similares al plástico degradable y la correcta eliminación de residuos, a través de recolección y reciclado).

La mayor preocupación de los especialistas: los plásticos de un único uso representan alrededor del 40% de la producción mundial

Los productos plásticos de un uso único, que tienen una vida útil efímera, son la mayor preocupación de los ambientalistas, ya que se desechan inmediatamente después de haber sido usados. Entre el 35% y el 40% de la producción actual se compone de este tipo de material, incluyendo vasos, bolsas, pajitas, envases y cubiertos desechables. El resto son productos de larga duración, una gama diversificada de artículos que van desde móviles hasta piezas automotrices, desde tuberías para agua y desagues, hasta equipos médicos e informáticos.

“Descartamos una serie de plásticos de un único uso a una velocidad que la naturaleza no los puede absorber”, señala la especialista en gestión ambiental Sylmara Lopes Gonçalves Dias, de la Escuela de Artes, Ciencias y Humanidades de la USP (EACH-USP). “Si pudiésemos tener materiales o inclusive plásticos que tengan mayor durabilidad y no se tirasen a la basura tan rápidamente, reduciríamos en gran escala la cantidad de productos desechados”.

Uno de los problemas reside en que en la naturaleza los plásticos sintéticos tardan mucho tiempo para degradarse. Las botellas de agua y refrescos elaboradas con PET (tereftalato de polietileno) requieren hasta 400 años para descomponerse, mientras que un vaso de plástico permanece por lo menos 200 años en el medio ambiente. Por lo tanto, dicen los estudiosos, no es posible disociar los impactos generados por el plástico en el medio ambiente, de la gestión de residuos en las ciudades.

“Aproximadamente el 80% del plástico que se encuentra en los mares proviene de fuentes terrestres. El resto se originó en las actividades humanas llevadas a cabo en el propio océano. Son contenedores que caen de buques, redes de pesca perdidas o abandonadas y basura de los barcos”, dice el especialista en ecología marina y conservación Alexander Turra, del Instituto Oceanográfico (IO) de la USP. “En Brasil, una parte importante de la basura que llega al mar se genera en áreas irregularmente ocupadas, como terrenos en colinas y manglares, donde no hay servicio de recolección de basura. Se trata, por tanto, de un problema vinculado a la ocupación territorial irregular y que tiene esencialmente raíces socioeconómicas”.

Un estudio publicado este año por la organización no gubernamental WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) mostró que, debido a la mala gestión de los desechos, un tercio de los residuos plásticos producidos anualmente en el mundo contamina a la naturaleza. “Nuestros suelos, agua dulce y océanos están contaminados con macro, micro y nanoplásticos. Cada año, los seres humanos ingieren cada vez más nanoplásticos en sus alimentos y en el agua potable, y sus efectos totales aún se desconocen”, se sostiene en el informe intitulado “Resolver la contaminación plástica: transparencia y responsabilidad”.

La situación de Brasil
Por ser un país con graves deficiencias en su infraestructura básica de saneamiento, Brasil sufre este tipo de contaminación y, al mismo tiempo, contribuye para que empeore cada vez más. Según WWF, el país fue el cuarto mayor productor de residuos plásticos del mundo en 2016, con 11,3 millones de toneladas, sólo superado por Estados Unidos, China e India. La mayor parte de los residuos generados en el país, 10,3 millones de toneladas o el 91% del total, fueron recogidos por el servicio de limpieza urbana, pero sólo 145.000 toneladas, equivalentes al 1,28%, fueron reenviadas para su reciclado. Este es uno de los índices más bajos del mundo y muy por debajo del promedio mundial, del 9%, según la ONG ambientalista, que utilizó en su informe los datos primarios del estudio What a waste 2.0, del Banco Mundial, publicado en 2018.

Un polímero versátil
Algunos beneficios que el plástico le ofrece a la sociedad y que son difíciles de reemplazar

Conservación de alimentos
Los desperdicios alimentarios representan un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Los envases de plástico combaten el desperdicio, ayudando a prevenir el deterioro de los alimentos y garantizando su calidad y seguridad

Fabricación de ropa
Alrededor del 60% de la ropa producida en el mundo es de telas sintéticas hechas de plástico. Vestir a la humanidad sólo con fibras naturales sería un gran desafío

Coches más livianos
A cada 150 kilos menos en el peso de un automóvil, éste correrá 1 kilómetro (km) más por litro de combustible. Los coches de hoy en día tienen, en promedio, 200 kilos de plástico en su estructura, que sustituyen a 1 tonelada de metal. Los 800 kg menos resultan en una ganancia de 5 km más por litro consumido

Salud humana
El aumento de la longevidad se atribuye, entre otros factores, al desarrollo de vacunas y al control de las infecciones hospitalarias. Los plásticos desechables jugaron un papel clave en este segundo tema

Menos efecto invernadero
La descomposición de envases biodegradables, como los fabricados a partir de almidón, genera dióxido de carbono (CO2), gas responsable del efecto invernadero. Los plásticos almacenados en vertederos reúnen el CO2, evitando que sean liberados a la atmósfera e intensifiquen el problema

La industria del plástico aclara algo con relación a estos números. “La base de datos utilizada por WWF es errónea, tanto en lo que respecta a la cantidad de plástico reciclado como al volumen de residuos producidos en el país”, dice el ingeniero químico Miguel Bahiense Neto, presidente de Plastivida –Instituto Socioambiental de Plásticos, entidad mantenida por empresas del sector–. Según él, el consumo de productos plásticos en el país fue de 6,1 millones de toneladas en 2016. De este total, el 33% son productos de corta duración de hasta un año, que se deschan rápidamente, una categoría en la que se clasifican los envases, botellas, vasos y bolsas. “El volumen de plástico desechado en el país corresponde al 20% del total publicado en el informe WWF”, dice Bahiense.

Gabriela Yamaguchi, directora de comunicación y participación de WWF-Brasil, explica que el resultado de la industria es distinto del presentado por la ONG, porque parte de una base de datos diferente: el de WWF se centra en la estimación de la fuga de residuos plásticos en la naturaleza a partir de los datos recogidos en 2016 por el Banco Mundial. Sin embargo, ella destaca que los residuos plásticos producidos en un año determinado no se limitan exclusivamente a los materiales desechables de uso único fabricados en ese período, como sugiere Bahiense. “Los plásticos de larga duración que fueron distribuidos en el mercado el año pasado, serán desechados en algún momento, elevando el volumen de basura generado ese año”, dice Yamaguchi.

Plastivida y Abiplast también se oponen a los datos relacionados con reciclado. Según ellos, 550.000 toneladas de plásticos fueron recicladas en 2016. “Si tomamos el volumen reciclado por año y lo comparamos con lo que efectivamente se consume en envases y equivalentes en Brasil, tendremos un índice de reciclado del 25,8%”, informaron ambas entidades en un comunicado. Pero al compararse el volumen reciclado con el consumo total de plástico en el año, el índice cae y se acerca al 9%.

A pesar de la asimetría entre las informaciones, todos coinciden en que el volumen de plástico reciclado en el país sigue siendo bajo. Y esa es una de las maneras de enfrentar el problema. “Brasil tiene que invertir en la implementación de políticas que promuevan las técnicas de reciclado y la economía circular, involucrando a todos los actores de la cadena, como grandes productores de resinas e insumos, industrias manufactureras [que fabrican los productos plásticos], revendedores y consumidores”, opina el ingeniero químico José Carlos Pinto, del Instituto Alberto Luiz Coimbra de Posgrado e Ingeniería de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Coppe-UFRJ). La economía circular es un concepto basado en la reutilización, recuperación y reciclado de materiales post uso.

Para el presidente de Abiplast, José Ricardo Roriz Coelho, este es el camino a seguir. “La recolección selectiva y el reciclado son esenciales para resolver el problema de la contaminación ambiental, pero estos frentes todavía encaran obstáculos, como la doble tributación del sector, el bajo suministro de materias primas y el alto costo logístico para el transporte del material. Para revertir esa situación, la industria del reciclado necesita ser fomentada y valorizada”, dice el ejecutivo. En otras palabras, el proceso sigue siendo no rentable a gran escala y atrae a pocos interesados.

Investigadores y ambientalistas coinciden en destacar la importancia de fortalecer la economía circular, pero afirman que el reciclado no es una solución mágica para los desafíos de los residuos plásticos. “No es posible afrontar el problema mirando sólo el post-consumo. Hay plásticos que no son naturalmente reciclables. Los polímeros aditivados y los envases compuestos, hechos de plástico y metal, ampliamente utilizados en los alimentos, no se reciclan mecánicamente, así como tampoco los artículos contaminados y de bajo valor”, explica Yamaguchi, de la WWF. Además del reciclado mecánico, el más utilizado en Brasil y en el mundo, hay otros dos tipos, químico y energético, adoptados principalmente en los países desarrollados.

Por lo tanto, sostiene Sylmara Dias, de la EACH-USP, es importante trabajar también en el comienzo de la cadena de producción, centrándose en productos con un diseño que respete al medio ambiente. “Necesitamos una política pública que condicione a los fabricantes a aprobar el diseño y los materiales utilizados en los nuevos envases, antes de que sean lanzados al mercado, asegurándose de que no tengan un potencial contaminador”, dijo Dias. “Al mismo tiempo, es necesario invertir en nuevas soluciones, tal como materiales biodegradables de origen biológico, que la naturaleza pueda regenerar naturalmente”.

Las múltiples caras del material
Existe casi un centenar de tipos diferentes de plástico, material que se convirtió en una fiebre mundial a partir de mediados del siglo pasado

Es difícil pensar en la vida cotidiana sin la presencia de los plásticos, aunque constituyan un invento relativamente reciente. El primero, la resina de baquelita sintética, fue creada durante la primera década del siglo XX, para reemplazar al marfil de los elefantes, y los cuernos y cascos de los bueyes. Rígida, resistente al calor y duradera, se utiliza los días actuales en día para fabricar tomacorrientes, mangos de ollas, herramientas y teléfonos.

La industria cobró fuerza en la década 1930 con la aparición del poliestireno, de la poliamida (Nylon es la marca principal) y polímeros acrílicos, todos a base de petróleo. Pero fue a partir de la década de 1950, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que el material se popularizó. Telas de poliéster, licra y nailon, más baratas, más fáciles de lavar y que prescindían de ser planchadas, empezaron a competir con las ropas de algodón y otras telas naturales. El PVC, utilizado en la fabricación de materiales de construcción, abarató los procesos de este sector y la resina de melamina-formaldehído empezó a emplearse en gran escala en la producción de utensilios domésticos.

Los plásticos comenzaron a valorarse y a ser asociados a un nuevo estilo de vida, el de una sociedad orientada hacia el consumo. Durante las últimas décadas del siglo pasado, la búsqueda por el material se aceleró aún más, gracias a la explosión de plásticos de un único uso, envases desechables y bolsas de supermercado. Estos productos inundaron el mercado, reemplazando fundamentalmente a los productos manufacturados de uso personal y doméstico, hechos de otros materiales como vidrio, madera, papel y metal.

Es lo mismo que ocurrió, por ejemplo, con las botellas de PET que, poco a poco, desplazaron a las retornables de vidrio. Los juguetes, que antiguamente se hacían de madera, empezaron a fabricarse con resinas plásticas. Y las pajitas, vasos, platos y cubiertos descartables, lo conquistaron al consumidor por la comodidad de no tener que lavarlos y porque, al ser baratos, podían arrojarese a la basura después de usados.

Hoy en día, el vasto universo de los plásticos –un material hecho por la unión de grandes cadenas moleculares llamadas polímeros que, a su vez, están formados de moléculas más pequeñas, los monómeros– incluye casi un centenar de variedades y derivados. Se dividen en dos grupos: los termoplásticos (80% de los plásticos consumidos), que son maleables a altas temperaturas, y reciclables; y los termorrígidos, que se descomponen al ser calentados y no se reciclan mecánicamente.

La fabricación de envases, artículos desechables que rápidamente se transforman en basura, domina el sector. En el 2015, representaron alrededor del 36% del plástico producido en el mundo entero. El sector de la construcción consumió el 16% de las resinas y la industria textil, el 14%.

Proyectos
1. Centro de Ingeniería y Ciencias Computacionales (nº 13/08293-7); Centros de investigación, innovación y difusión (Cepid); Investigador responsable Munir Salomão Skaf (Unicamp); Inversión 23.737.036,75 reales.

Hay más de 700 ayudas de investigación otorgadas por FAPESP sobre el tema. Véase en bv.fapesp.br/47942.

Artículo científico
GEYER, R. et alProduction, use, and fate of all plastics ever made. Science Advances. 19 jul. 2017.

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