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Especial Agropecuaria Digital

Agricultura 4.0

Los datos recabados, transmitidos y procesados en tiempo real mejoran la productividad y la sostenibilidad del campo. El déficit de conectividad y la ampliación del acceso a los recursos digitales se erigen como obstáculos que deben superarse aún

Un técnico de Embrapa prueba un dron en una plantación de maíz en São Carlos (São Paulo)

Léo Ramos Chaves

El uso de tecnologías de la información (TI) está transformando al sector agropecuario. El proceso de decisión del productor rural, históricamente basado en la tradición, la experiencia y la intuición, pasó a ampararse en información precisa y en tiempo real. En los últimos años se introdujeron en el ámbito rural sensores terrestres, drones, sistemas de rastreo vía satélite y otros dispositivos para recabar datos sobre las variables que afectan la productividad, tales como las características del suelo, las variaciones climáticas y la incidencia de plagas. Los tractores y las maquinarias agrícolas se encuentran equipados con sistemas que permiten su monitoreo y operación remota, lo cual facilita el manejo de los cultivos. Hay diversos software que colaboran con la gestión de los datos. Y ahora, la interconexión de esos recursos aporta nuevo vigor al agronegocio.

“Brasil se ha erigido en un gran protagonista en el empleo de tecnologías de la información volcadas al campo”, dice Silvia Massruhá, jefa general de la división de Informática Agropecuaria de la estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), una de las instituciones pioneras en la creación de soluciones digitales. Massruhá destaca que el uso de herramientas de TI está creciendo fundamentalmente entre los productores de commodities tales como soja, maíz, algodón, caña de azúcar, frutas cítricas, cafés y carnes. Pero ahora el país deberá dar un nuevo paso en pos de lo que se denomina agricultura 4.0.

Massruhá explica que la agricultura 4.0 es la conexión en tiempo real de los datos recabados por las tecnologías digitales con el propósito de optimizar la producción en todas sus etapas. Ello representará la llegada de Internet de las Cosas (IoT) al campo. “En el futuro, la agricultura será autónoma [independiente]. Los dispositivos conectados, mediante la ayuda de inteligencia artificial y el aprendizaje de máquinas, analizarán los datos de la cadena productiva y tomarán las decisiones. Al agricultor le cabrá realizar el seguimiento y el monitoreo y brindar su respaldo a los procesos en curso”, dice Fernando Martins, asesor de empresas de tecnología volcadas al agronegocio.

El último Censo Agropecuario del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) informó que 1,5 millones de productores rurales obtienen datos valiéndose de dispositivos electrónicos (lea el reportaje de la página 26), una cifra 1.900% superior a la de hace 10 años, lo que revela una buena adhesión a las soluciones digitales. “No obstante, la digitalización de procesos requiere de una infraestructura de telecomunicaciones en el área rural que en Brasil aún es limitada. Ese es nuestro talón de Aquiles”, comenta Massruhá.

Un estudio efectuado por la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz, de la Universidad de São Paulo (Esalq-USP) indica que tan solo un 5% del área agrícola del país dispone de conexión a internet, principalmente en las grandes propiedades. En Brasil existe una enorme carencia de infraestructura de conexión, cuyo costo deberá ser asumido por las empresas de telecomunicaciones, los gobiernos y los propietarios rurales. Para ampliar la cobertura hasta alrededor del 90% sería necesario instalar algo así como 16 mil antenas de transmisión, según Luis Claudio Rodrigues de França, director del Departamento de Apoyo a la Innovación para el Sector Agropecuario del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento (Mapa). La inversión estimada supera los 8 mil millones de reales. “La falta de conectividad constituye el mayor obstáculo para el avance de la agricultura 4.0 en el país”, reconoce França.

Según él, el Mapa está organizando un estudio del estado actual de la conectividad rural en el país. En el mismo se analiza el uso potencial de infraestructuras ya existentes, tales como antenas retransmisoras de destacamentos de la Policía Caminera y redes de fibra óptica que pueden compartirse con las líneas de transmisión de la energía. El resultado de este mapeo constituirá la base de un plan nacional de conectividad en el campo, que el gobierno proyecta lanzar en 2020.

Léo Ramos Chaves En Fazenda Santa Rosa, en Altair (São Paulo), todos los animales están identificados con un chip en su orejaLéo Ramos Chaves

Una de las iniciativas dirigidas al empleo de recursos de la agricultura 4.0 la lleva a cabo la central azucarera São Martinho, en Pradópolis (São Paulo). Allí implementó una red 4G propia para brindarle soporte a la transmisión de los datos generados por los más de 700 vehículos agrícolas que emplea en sus 135 mil hectáreas cultivadas. Desde entonces, la flota pasó a estar conectada, mediante de seis torres de transmisión, a un Centro de Operaciones Agrícolas, donde 50 personas monitorean los indicadores en tiempo real (lea el apartado de la página 15).

La estructura de conexión se desarrolló en los últimos tres años en conjunto con el Centro de Pesquisa e Desenvolvimento em Telecomunicações (CPQD) de Campinas (São Paulo), mediante una inversión de 60 millones de reales financiada por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y por la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep). “El proyecto prevé beneficios mediante la reducción de los costos operativos y la identificación de oportunidades de mejoras y nuevos negocios”, comenta Walter Maccheroni Junior, administrador de Tecnología e Innovación de São Martinho. Al ser este el primer año de operación de la red 4G, aún se trata de una etapa de evaluación de los beneficios en la productividad. Maccheroni anticipa que con este proyecto esperan economizar entre 2 y 3 reales por tonelada de caña de azúcar cosechada.

El proyecto de red 4G ideado por CPQD ahora va ser testeado durante dos años en otras cuatro propiedades rurales en los estados de Mato Grosso y Bahía, dedicadas al cultivo de soja, maíz, algodón y a la ganadería. “Pretendemos demostrar que la disponibilidad de información en tiempo real y el uso de aplicaciones de IoT pueden generar beneficios significativos en la productividad”, dice Fabrício Lira Figueiredo, gerente de Desarrollo de Negocios en Agronegocios Inteligentes de CPQD.

El uso actual de recursos de TI entre los productores rurales brasileños, sostiene Lira Figueiredo, es predominantemente offline, o sea que los datos operativos están disponibles solamente cuando los equipos retornan a la cabecera de la hacienda, al final de la jornada. Muchas veces se los recolecta máquina por máquina, se graban en un pen drive y luego se los procesa. Los datos recabados serán útiles, pero solo para programar tareas de los días siguientes. “Esto representa un gran avance en comparación con la agricultura tradicional, donde no hay un monitoreo sistemático de lo que ocurre en el plantío, pero es poco frente al potencial de aumento de la productividad que la tecnología de la información conectada puede generar”, declara el ejecutivo de CPQD.

Cuando las máquinas y sensores están conectados en tiempo real, explica Lira Figueiredo, se puede realizar el recabado de datos minuto a minuto, confiriéndole al administrador la capacidad de intervenir en forma inmediata. Así puede, por ejemplo, corregir la trayectoria de una sembradora que se está desviando del trazado planificado, enviar un fumigador para aplicar agroquímicos sobre un foco de larvas detectado por un dron antes de que la plaga se propague por la plantación, o incluso reorganizar las tareas programadas para sus cosechadoras para adaptarse a un anuncio repentino de lluvia sobre ciertas parcelas y no en otras.

Otro obstáculo por superarse en pos de la transformación digital del agronegocio es la falta de interoperabilidad entre los software de los distintos equipos y dispositivos electrónicos que utilizan los productores. Los fabricantes crean sus sistemas operativos sin tener en cuenta el intercambio de información con sistemas pertenecientes a otras empresas. Se trata de una lógica que no tiene sentido en un mundo que avanza hacia la comunicación online e IoT.

Léo Ramos Chaves Al momento de venderlas, el personal utiliza un lector para recabar los datos de cada resLéo Ramos Chaves

Para el mes de abril, la Asociación Brasileña de Industrias de Máquinas y Equipamientos (Abimaq) presentará un intento para superar este problema. Se trata de una propuesta contempla la creación del Banco de Datos Cooperativo del Agricultor (BDCA), una herramienta de big data en nube donde quedarán almacenados los datos obtenidos por los diversos equipos y sensores y un software realizará la adaptación y estandarización del lenguaje.

El presidente de la Cámara Sectorial de Equipamientos Agrícolas de Abimaq, Pedro Bastos, comunica que las informaciones del banco de datos serán de uso exclusivo de los agricultores y solo ellos podrán autorizar el acceso a los datos en resguardo a socios comerciales y proveedores. “El costo del servicio todavía no está definido, pero no será caro, pues no estamos interesados en ganar sino en prestar un servicio esencial. Para eso es preciso que ganemos en escala”, dice Bastos.

CPQD ya licenció la tecnología de conectividad rural, integrada por hardware y software, a la empresa Trópico Telecomunicações, también de Campinas. El primer contrato fue acordado con el fabricante estadounidense de equipos agrícolas John Deere. Ambas empresas iniciaron en 2019 la comercialización de un servicio que prevé la construcción de redes propias de conexión a internet. Las mismas, elaboradas según la necesidad de infraestructura de conectividad de cada establecimiento, utilizan torres y un sistema de transmisión de datos basado en la tecnología que se conoce como Long Term Evolution (LTE).

La compañía John Deere pone a disposición de sus clientes una plataforma que integra las diversas informaciones de telemetría de sus dispositivos y de los sensores instalados en las máquinas, aparte de los datos de los socios comerciales de los productores, tales como análisis de mercado y pronósticos del clima. El gerente de Soluciones Tecnológicas para la Agricultura de Precisión de John Deere, Felipe Santos, sostiene que es esencial dotar de conectividad a las haciendas. Hoy en día, esto les permite a los productores recolectar informaciones, conectarlas, analizarlas y tomar decisiones en tiempo real. Y pronto la conectividad se tornará aún más importante. “Los software y los algoritmos de inteligencia artificial efectuarán la lectura de los datos y comandarán equipos automatizados”, afirma.

Las tecnologías con estas características ya están llegando al campo. John Deere está testeando en Brasil y en Estados Unidos un sistema denominado See and Spray, capaz de detectar, con la ayuda de cámaras y sensores, plantas dañinas en medio de la plantación. Un software de inteligencia artificial comanda la aplicación del herbicida por medio de chorros de alta precisión que están dirigidos únicamente al blanco seleccionado, generando economía de recursos y un menor impacto en el medio ambiente. El dispositivo es autónomo y sus movimientos son controlados vía GPS.

Y no solo John Deere está realizando pruebas con tractores y máquinas agrícolas autónomas. La firma italiana CNH Industrial, fabricante de las marcas Case y New Holland (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 276), y la brasileña Jacto, testean en Brasil equipos sin cabina de comando ni conductor.

John Deere Cabina de comando de una máquina agrícola de la empresa John Deere: alto nivel de automatización e informatizaciónJohn Deere

La compañía brasileña también se destaca porque apadrina a una institución en la localidad de Pompeia (São Paulo), la fundación Shinju Nishimura de Tecnologia, que se dedica a capacitar trabajadores rurales (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 271). Esta iniciativa revela el interés del sector por recuperar y reciclar a la población activa que ha sido expulsada del medio rural debido al avance de la tecnología.

“El proceso de modernización ha reducido la cantidad de puestos de trabajo en el sector agropecuario; pero, al mismo tiempo, abre oportunidades para una mano de obra más calificada, incluso en otros segmentos del agronegocio, tales como las agroindustrias y los servicios agrarios”, subraya la economista Nicole Rennó Castro, investigadora del Centro de Estudios Avanzados en Economía Aplicada (Cepea) de la Esalq-USP.

Las plataformas de tecnología avanzada también están siendo adoptadas por el sector ganadero, en donde se están introduciendo balanzas electrónicas que se disponen estratégicamente en el comedero o en el bebedero y registran datos a distancia sobre la evolución del peso de los animales (lea en Pesquisa FAPESP, edición  nº 284). Los sistemas basados en inteligencia artificial monitorean el ritmo de engorde y generan avisos sobre el momento ideal del sacrificio. La empresa Agropastoril Paschoal Campanelli, del municipio de Bebedouro, en el norte de São Paulo, hace un uso intensivo de estos recursos y aceleró el período de engorde del ganado recurriendo a la ganadería de precisión (lea el apartado de la página 16).

Otra innovación importante se gestó en los laboratorios de la firma holandesa DSM, que se especializa en nutrición animal, y se está testeando en Fazenda Caçadinha, el Centro de Innovación y Ciencia Aplicada de Rumiantes que posee la empresa en Rio Brilhante, en el estado de Mato Grosso do Sul. Mediante un acuerdo con la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, la empresa, propietaria de la marca Tortuga, está desarrollando un sistema de cámaras 3D para calcular el crecimiento y ganancia de peso en bovinos de corte. Esa misma universidad ideó un sistema para el manejo de pesebres en confinamiento que evalúa, valiéndose de fotografías, la cantidad de alimento suministrado y el comportamiento de las reses a lo largo del día.

El gerente de Innovación y Ciencia Aplicada de DSM para América Latina, Tiago Sabella Acedo, informa que en la actualidad ese análisis se lleva a cabo en forma presencial, generalmente una vez al día, y toma como base el registro del volumen del pienso que quedó en el pesebre. De esa manera no puede saberse si solamente algunos animales se alimentaron y otros no, como tampoco si el comedero permaneció vacío durante mucho tiempo y se perdieron oportunidades de engorde. La idea es que el sistema monitoree el tiempo que el comedero estuvo sin alimento y sugiera la cantidad exacta de comida que debe proveerse, maximizando el aumento de peso de los animales.

La necesidad de acercarle sus soluciones digitales al productor motivó que un grupo de siete empresas de tecnología para el medio rural se asociaran con la operadora de telecomunicaciones TIM para formar el consorcio ConectarAgro, cuyo objetivo es proveer conexión en todo el país. La tecnología de transmisión es la LTE 4G y la frecuencia es de 700 megahercios (MHz). La infraestructura está integrada por torres, antenas y radio. “La oferta de conectividad es exigua. Aspiramos a que haya más productores que apuesten a la transformación digital de sus propiedades”, dice Anselmo Arce, socio de Solinftec, una de las empresas que integran el consorcio.

Léo Ramos Chaves Terreno listo para la plantación de caña de azúcar, en Ribeirão Preto (São Paulo): este cultivo es uno de los que más utilizan las tecnologías digitalesLéo Ramos Chaves

Esta última es una empresa brasileña fundada en 2007 por siete ingenieros cubanos que emigraron al país con el objetivo de crear soluciones de automatización para el sector de azúcar y alcohol. En la actualidad, los sistemas de la compañía monitorean en forma online operaciones automatizadas en 8 millones de hectáreas plantadas de caña de azúcar, granos y fibras en 10 países, incluyendo a Estados Unidos. Tal como lo explica Arce, Solinftec adopta diversas formas de comunicación entre dispositivos para superar la falta de conectividad. La más usual son las redes mesh, en las que cada computadora instalada en las máquinas del campo funciona como una repetidora de señal, permitiendo la comunicación entre ellas y la sincronización automática de tareas.

En una versión más sofisticada, denominada SolinfNet, la red mesh se conecta a torres de radio, capaces de conectarse con una central en el casco de la estancia, permitiendo una comunicación bidireccional y, consecuentemente, la intervención en tiempo real del administrador. El grupo Terra Santa Agro ha implementado esa solución en una de sus propiedades dedicadas al cultivo de soja, maíz y algodón.

“Ya no nos sorprende el final de la jornada con el relato de máquinas paradas por imprevistos operativos o climáticos”, dice Márcio Ferreira, administrador de Terra Santa Agro. Según él, la planificación de la siembra y de la cosecha con base en informaciones precisas fue fundamental para que el grupo superara siete años de pérdidas y registrara utilidades operativas en 2018 (lea el apartado de la página 19).

Además de los productores rurales, universidades, centros de investigación y fabricantes de equipos, las startup del agronegocio, a las cuales se las conoce como agtechs, también se esfuerzan en crear soluciones innovadoras para el medio rural. “El agro digital es un ecosistema complejo, y todos cumplen una función. Las multinacionales lanzan equipamientos en Estados Unidos y en Brasil casi en forma simultánea”, dice Fernando Martins. “En tanto, las startup han desarrollado nuevas tecnologías para el sector, pero algunas de esas innovaciones aún deben demostrar su utilidad y funcionalidad en la práctica”.

Si bien queda mucho por hacerse en Brasil en cuanto a infraestructura de conexión e interoperabilidad –los mayores obstáculos para la inclusión de la agricultura brasileña en la era del 4.0– la transformación digital en el campo ya está en curso. A corto plazo, el aumento de la eficiencia repercute en la salud económica de las empresas. La perspectiva futura es que le ayudará al productor a superar el reto de ampliar la oferta de alimentos con precios accesibles y en forma sostenible, sin necesidad de ocupar áreas forestales.

“Para 2050 la población mundial será de alrededor de 9.800 millones de personas”, recuerda Silvia Massruhá, de Embrapa. “Brasil deberá incrementar en un 40% su producción de alimentos para cubrir las necesidades que surgirán. El uso de nuevas tecnologías y la transformación digital se erigirán en aliados clave para poder alcanzar ese objetivo”, sostiene.

Con un sistema de conexión propio
Una central de azúcar y alcohol paulista implementa una red de internet pionera en el campo

Central São Martinho Centro de Operaciones Agrícolas de la central São Martinho en Pradópolis (São Paulo)Central São Martinho

A partir de 2019, las operaciones de la central São Martinho, en Pradópolis (São Paulo), una de las mayores productoras de caña de azúcar del mundo, se basan en una infraestructura tecnológica avanzada, integrada por una red de internet 4G y aplicaciones de Internet de las Cosas (IoT). Esa red, creada junto al Centro de Pesquisa e Desenvolvimento en Telecomunicações (CPQD), empresa con sede en Campinas (São Paulo), utiliza la tecnología de transmisión denominada Long Term Evolution (LTE) optimizada para áreas remotas, que posibilita contar con una señal 4G en radios de hasta 30 kilómetros a partir de sus estaciones de radio base.

Los datos transmitidos al Centro de Operaciones Agrícolas (COA) se almacenan en una estructura de big data para su procesamiento e integración con los demás sistemas de la compañía, tales como software de gestión y mapas de productividad, que identifican las características productivas de las parcelas o talhões, tal como se denomina a cada área de cultivo que compone la unidad productiva.

Según el gerente de Tecnología e Innovación de São Martinho, Walter Maccheroni Junior, los tractores, cosechadoras y camiones fueron equipados con un dispositivo Terminal Inteligente Vehicular (TIV), cuya función consiste captar y transmitir las informaciones en formato de datos, video y voz generadas en decenas de sensores y dispositivos embebidos instalados en los vehículos.

El TIV funciona incluso como un hot spot de conectividad, posibilitando la conexión wifi con tablets, drones y otros instrumentos. La interoperabilidad, es decir, la capacidad de los diversos sistemas involucrados para intercambiar informaciones entre sí, es posible por medio de una plataforma de software libre para IoT denominada Dojot, también desarrollada por el CPQD.

Maccheroni informa que existen varias herramientas que utilizan tecnologías de inteligencia artificial y aprendizaje de máquinas que ya están siendo desarrolladas por un ecosistema de innovación que mantiene São Martinho, con el objetivo de aportar soluciones para todas las etapas del proceso productivo. Una de las oportunidades que se han detectado se centra en el transporte de la caña de azúcar desde el campo a la industria. Una flota compuesta por unos 100 camiones cubre 46 mil kilómetros por día de operación. Los vehículos se monitorean en tiempo real, siendo posible localizarlos geográficamente uno por uno, así como definir la mejor ruta disponible a cada momento para cada camión.

La empresa cuenta con otras tres centrales en las cuales se implementarán sus redes 4G en los próximos dos años. La implementación de este sistema, que costó 60 millones de reales, puede aportarle ganancias que fluctúan entre 48 y 72 millones de reales anuales, según Maccheroni.

Engorde a chorro
La ganadería de precisión da impulso a un establecimiento de cría de ganado en el norte del estado São Paulo

El cargamento de vacas gordas rumbo al matadero constituye un buen indicador del nivel de automatización en Fazenda Santa Rosa, con sede en la localidad de Altair, en el norte del estado de São Paulo. La operación comienza con los animales saliendo del corral por un corredor estrecho. Antes de entrar al camión que los conducirá al frigorífico, un empleado acerca un bastón electrónico al chip sujeto a la oreja del animal. En una cabina vidriada al lado, los datos de la vaca aparecen en la pantalla de la computadora. Un software analiza las informaciones y avisa instantáneamente al operador si la res está lista o no para la faena. En caso afirmativo, un tercer empleado manipulará una manivela que abre a distancia la puerta que conduce al camión; si el animal  no tuviera un peso adecuado, se abre un segundo portón que lo devuelve al corral. Todo este proceso insume menos de un minuto.

Fazenda Santa Rosa pertenece a la empresa Agropastoril Paschoal Campanelli, de la localidad de Bebedouro (São Paulo), que despunta por el uso intensivo de recursos de la ganadería de precisión. El grupo se dedica al engorde vacuno en régimen de confinamiento, es decir, en corral y alimentados con pienso, y no pastando sueltos, tal como ocurre en gran parte del país. La empresa les compra vacas flacas a sus proveedores, con un peso de alrededor de 400 kilos, y las revende cuatro meses y medio después con 570 kilos, en promedio.

“Si los criáramos en pasturas a campo, necesitaríamos entre siete y ocho meses para lograr el engorde. Cuanto más rápido el ganado gana peso, mejor para el negocio”, dice Marcelo Campanelli, uno de los administradores de la empresa. Según él, Fazenda Santa Rosa tiene capacidad para albergar 21.500 cabezas de ganado en régimen de confinamiento. En 2019, el grupo vendió 75 mil cabezas de ganado, una cifra que este año ascenderá a 100 mil.

“Disponemos de mucha inteligencia implicada en nuestra operación, desde la preparación del pienso que se les da a los animales hasta el momento de su venta, y entretanto, se concreta un seguimiento minucioso de la salud del ganado y de cuánto come en el pesebre [la estructura donde se dispone el alimento]”, relata Victor Campanelli, director del emprendimiento. “La propiedad cuenta con balanzas automáticas para el pesaje del ganado, comederos con sensores electrónicos que permiten saber cuánto comió cada lote de animales, y cámaras para monitorear al hato a distancia. Nuestra fábrica de piensos está totalmente automatizada”.

Los Campanelli, preocupados por la sostenibilidad ambiental, aprovechan las 200 toneladas diarias de estiércol que produce el establecimiento. Ese material se lleva a un patio de compostaje y se lo transforma en abono orgánico, que posteriormente se distribuye en las plantaciones de caña de azúcar y maíz, que también forman parte del negocio. “Mediante esa operación, reducimos en un 50% la compra de abono químico y economizamos algunos millones de reales”, dice Marcelo Campanelli. “En nuestra propiedad hemos adoptado los principios de la economía circular”.

Gran Hermano rural
La tecnología genera nuevas perspectivas para una productora de soja del estado de Mato Grosso

Terra Santa Agro Máquinas cosechando algodón en la hacienda de Terra Santa Agro en Mato GrossoTerra Santa Agro

La práctica de la agricultura de precisión, que se realiza con la ayuda de tecnología de la información, está transformando al grupo Terra Santa Agro, uno de los grandes productores de soja, maíz y algodón de Brasil. En 2016, la compañía, titular de siete propiedades en el estado de Mato Grosso, implementó en hacienda Mãe Margarida el sistema de conectividad rural SolinfNet, provisto por la empresa de automatización agrícola Solinftec.

Con ese sistema, los datos de telemetría de los 41 tractores y otras maquinarias agrícola de la estancia, que posee 13 mil hectáreas (ha) de cultivos, pasaron a ser monitoreados en tiempo real en la sede del establecimiento. Al mismo tiempo, esas informaciones fueron integradas a otros dos sistemas operativos: un software de gestión agrícola del fabricante Gatec, que realiza un seguimiento y planificación del proceso productivo, y otro de gestión empresarial (ERP, por sus siglas en inglés), de la firma Totvs.

“Hoy en día disponemos de un gran hermano rural. Sabemos exactamente lo que cada operador de cada máquina está haciendo en todo momento y estamos en condiciones de intervenir inmediatamente en caso de que algo esté fuera de lo planificado, o bien si un cambio en las condiciones climáticas exigiera un replanteo del trabajo”, dice Márcio Ferreira, director de Operaciones de Terra Santa. Según él, tan solo a partir de una mejor definición del recorrido de los tractores, fumigadores y cosechadoras, el ahorro de combustible llega al 6%, sobre un gasto total de 3,9 millones de reales por cosecha. El sistema de conectividad será expandido al resto de las haciendas, y dos de ellas ya estarán conectadas para la próxima cosecha.

Una de las metas principales de Terra Santa consiste en perfeccionar el control de la siembra de las dos cosechas agrícolas anuales. “Existe una ventana corta de tiempo para la siembra de la primera cosecha e innumerables variables que deben controlarse. Un error que cueste algunos días puede comprometer lo que se planificó para la segunda cosecha”, explica Ferreira.

El establecimiento obtuvo en 2018 su primer resultado operativo positivo. Las utilidades sumaron 162,4 millones de reales sobre un ingreso neto de 1.100 millones de la misma moneda. Ferreira atribuye este resultado al incremento significativo de la productividad en los últimos años, en parte impulsado por el uso de tecnologías de punta. La producción de soja obtuvo un rendimiento en la última cosecha de 58,5 sacas por hectárea, una cifra alrededor de un 26% mayor a la que se obtuvo seis años antes, mientras que la de algodón en bruto fue 115,7 sacas por hectárea, registrando un incremento de un 20% en el mismo período.

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