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La revolución en el cañaveral

Nuevas centrales, variedades más productivas e investigación genética son las soluciones para incrementar la oferta de alcohol combustible

Uno de los actuales retos de Brasil consiste en incrementar la oferta de etanol. Las soluciones abarcan desde nuevas variedades de caña de azúcar, incluso las variedades transgénicas, hasta la simple expansión de las áreas cultivadas, además de innovaciones en la línea de producción de las centrales. Sinónimo de combustible renovable, que contamina menos en comparación con los derivados del petróleo, el etanol volvió a ocupar un lugar destacado en el panorama energético del país y también ha comenzado  a ser requerido por varios países. En el caso brasileño, los responsables del renacimiento del alcohol son los vehículos movidos por biocombustible, o flex fuel, que pueden reabastecerse con etanol o con gasolina, o aún los dos juntos en cualquier proporción. En el exterior, durante los últimos meses, se sucedieron varias manifestaciones de gobiernos y de empresas que mostraron el potencial de mercado y de tecnología de producción del etanol.

Las manifestaciones elogiosas y menciones como ejemplo que ha de seguirse provinieron del presidente estadounidense George Bush, de editoriales en el diario New York Times y de noticias en el periódico inglés Financial Times. También fue relevante el interés del millonario Bill Gates, uno de los dueños de Microsoft, en la producción del etanol y la visita a Brasil de dos empresarios no menos adinerados, Larry Page y Sergei Brin, propietarios del sitio Google, para conocer las centrales de alcohol.

El interés internacional en el etanol hizo crecer aún más al sector de alcohol de caña en el país. Durante ese mismo tiempo, según los propios empresarios del rubro, la zafra terminó y el alcohol fue escaseando y su precio se elevó, en una situación similar a la vivida en las postrimerías de los años 1980, cuando el desabastecimiento produjo la desconfianza del consumidor respecto de los vehículos accionados por alcohol. Con la creciente demanda, el gobierno, los fabricantes y empresarios del sector sólo piensan en aumentar la producción de alcohol. Un aumento en ese sentido, según los especialistas, sólo será posible a corto plazo con la expansión agrícola del cultivo y la inauguración de nuevas centrales. La demanda crecerá, en poco tiempo, con el aumento de la venta de vehículos accionados por biocombustible. En 2005 ellos representaron un 53% del total de automóviles y vehículos comerciales livianos producidos. En febrero de este año el porcentaje de ventas alcanzó un 76% del total.

Actualmente, de los 15 mil millones de litros de alcohol producidos, Brasil exporta tan sólo 3 mil millones. La demanda del mercado externo aumentará principalmente debido al alto precio del barril de petróleo y para atender las prerrogativas del Protocolo de Kyoto, según las cuales, las naciones desarrolladas deberán reducir un 5% las emisiones de dióxido de carbono (CO2), gas resultante, principalmente, de la combustión de los derivados del petróleo. Es de importancia también el declive de las reservas mundiales de petróleo. La expectativa de una demanda de alcohol para los mercados interno y externo, solamente será atendida si hubiera una expansión del área plantada de caña de azúcar, en regiones tradicionales o en nuevas fronteras, comenta Antonia de Pádua Rodrigues, a cargo de la dirección técnica de la Unión Agroindustrial Cañera de São Paulo (Única), entidad que agrupa a los productores paulistas de caña, alcohol y azúcar.

La expansión en São Paulo está comenzando por el municipio de Araçatuba, una zona tradicionalmente volcada a la ganadería, que ya responde por un 20% de la producción de caña del estado. Otras áreas de expansión se encuentran la zona conocida Triângulo Mineiro y en los estados de Goiás, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul. Se calcula dentro del sector que, entre 2006 y 2010, 89 nuevas centrales se instalarán en el país. Hoy las centrales son 300.

Pero, ¿existirá terreno para plantar tanta caña y alimentar todas esas centrales?, una pregunta que puede ser respondida por medio de un estudio conducido por el profesor José Antonia Scaramucci, del Núcleo Interdisciplinario de Planeamiento Energético (Nipe) de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), bajo la coordinación del profesor Rogério Cerqueira Leite y realizado para el Centro de Gestión y Estudios Estratégicos (CGEE) y para el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Existen en Brasil más de 90 millones de hectáreas cultivables, sin contar con destrucción de zonas de reserva de la Amazonia, del Cerrado (sabana), del Pantanal y del Bosque Atlántico, dice el profesor Scaramucci. En 2004, el área cultivada alcanzó a 58 millones de hectáreas y Brasil posee en total 851 millones. Durante ese mismo año, la caña representó el tercer cultivo, con 5,63 millones de hectáreas, bastante detrás del maíz, con 12,34 millones y de la soja, con 21,54 millones. Existe una franja entre los estados de Mato Grosso do Sul, Mato Grosso, Goiás, Tocantins, Piauí y la parte oriental de Bahía y noroeste de Minas Gerais en la cual la caña podría cultivarse con buena productividad.

Scaramucci sostiene que Brasil puede aumentar, en el transcurso de 20 años, la producción de caña en 35 millones de hectáreas y producir 100 mil millones de litros de alcohol por año. Gran parte de esa producción sería destinada para la exportación. Esos números, según el estudio, generarían 5,3 millones de empleos, luego de 20 años, y una renta de 153 mil millones de reales, valor semejante al Producto Bruto Interno (PBI) del estado de Río de Janeiro.

La única región que no aparece en el mapa de expansión de los plantíos de caña es el Nordeste, aún siendo una zona productora tradicional, principalmente en Pernambuco y Alagoas, en la denominada Zona de Bosque. Ese área es responsable por un 15% de la producción del país y cuenta con una productividad de 55 toneladas por hectárea (t/ha), mientras que la región centro-sur, que incluye los estados de São Paulo, Río de Janeiro, Espírito Santo, Minas Gerais, Paraná y Mato Grosso do Sul, concentra el 85% restante de la producción, con 82 t/ha. Durante los últimos años, las sequías se sucedieron con frecuencia, rebasando el límite histórico, dice Luiz José Oliveira Tavares de Melo, investigador de la Universidad Federal Rural de Pernambuco (UFRPE); participante de la Red Interuniversitaria para el Desarrollo del Sector Sucroalcoolero (Ridesa), compuesta también por más de siete universidades federales: de Alagoas (Ufal), de Goiás (UFG), de São Carlos (UFSCar), de Viçosa (UFV), de Paraná (UFPR), Rural de Río de Janeiro (UFRRJ) y Sergipe (UFS), y responsable por el desarrollo de nuevas variedades de caña de azúcar.

Otro problema en la Zona de Bosque es el relieve de la región, que impide la utilización de cosechadoras, dice Melo. En Pernambuco, un 75% de las tierras plantadas con caña se encuentran por encima de un 12% de declive del terreno, lo cual impide la cosecha con máquinas. La zafra 2005-2006 del estado, que finaliza en el próximo abril, debiera alcanzar 13,5 millones de toneladas, un resultado 20% menor que el de la cosecha anterior. Esos motivos han impulsado a los productores a la adquisición de tierras en el centro sur del país para invertir en nuevas plantaciones.

Genes en el campo
En tanto las nuevas centrales se están construyendo, otros flancos han sido abiertos en el ámbito de la investigación tecnológica. Las novedades provienen principalmente de los estudios genéticos, como nuevas variedades y plantas transgénicas. La noticia más reciente es el patentado de 200 genes identificados en diversas variedades de caña que se relacionan con la producción de sacarosa, sustancia fundamental para la fabricación del azúcar y también indispensable en el proceso de fermentación, sirviendo de alimento para que la levadura produzca el alcohol. De ésta manera, cuanto mayor es la cantidad de sacarosa, mayor es la producción de alcohol.

La identificación de los 200 genes productores de azúcar fue realizada en un proyecto entre el Centro de Tecnología Cañera (CTC), la Usina Central de Alcohol Lucélia e investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) y Unicamp (Universidad estadual de Campinas) financiados por la FAPESP. El CTC es una asociación civil mantenida por 101 centrales independientes y 15 asociaciones de productores. Patentamos los 200 genes durante el mes de marzo, en Estados Unidos, dice Glaucia Mendes Souza, investigadora del Instituto de Química de la USP y coordinadora del proyecto. La identificación de esos genes fue realizada con el material resultante del secuenciamiento Sucest, sigla para Sugar Cane ESTs (etiquetas de secuencias expresadas, correspondientes al genoma expresado o activo de un organismo) (recordamos que todo organismo posee en sus respectivos genomas, genes expresados y no expresados), y más conocido como Genoma Caña, realizado entre 1999 y 2003 por universidades paulistas, pernambucanas y fluminenses. Mediante éste, los investigadores conocieron alrededor de un 90% de los genes de caña, resultando en 43 mil secuencias expresadas de genes. Analizamos 2 mil genes y hallamos esos 200 blancos relacionados con la acumulación de sacarosa en la planta, dice Glaucia.

La búsqueda de esos 200 genes fue realizada en plantas oriundas de variedades comerciales y resultados de cruzamientos entre ellas. Asimismo, el grupo de investigadores analiza genes ancestrales de caña de azúcar. Como las variedades actuales de caña son híbridos, conformados hace muchos años por las especies Saccharum spontaneum y Saccharum officinarum, nosotros investigamos genes de interés económico en esas especies ancestrales, emulando un trabajo de arqueología, dice Glaucia. Algunos de los 200 genes ya están siendo utilizados para la producción de plantas transgénicas más productivas en cuanto a la sacarosa. Durante los cruzamientos tradicionales realizados en el campo (en los que el polen de dos variedades se cruzan para producir una tercera variedad), los investigadores procuran seleccionar plantas con características interesantes sin el conocimiento de los genes. Ese trabajo es muy lento. Con el conocimiento de los procesos moleculares asociados a las características genéticas, podemos escoger variedades más productivas en sacarosa e introducir genes relacionados con la producción de esa sustancia que ellas no poseen, explica Glaucia. Otra opción es introducir esos genes en variedades resistentes a la sequía o a las enfermedades, pero que no presentan una buena producción de azúcar.

Las plantas transgénicas también pueden tener aptitud para otras funciones, como la resistencia a ciertas enfermedades e insectos. Pero todo ello precisa ser chequeado en el campo para verificar si realmente ellas heredarán todas las potencialidades de los genes. Ya son millares, las plantas que se encuentran en los laboratorios del CTC, en incubadoras y salas de cultivo. El próximo paso es realizar experimentos en campo bajo la autorización de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio). Glaucia considera que en tres años será posible obtener los primeros resultados.

Otro perfil de la investigación biotecnológica con caña es la identificación de marcadores moleculares a partir de las secuencias del Sucest, que son aquellas de repeticiones cortas del genoma, útiles en los estudios de variación genética e identificación de linajes, además de contribuir para el mapeo de los genes. Algunos de esos marcadores se relacionan con características de interés comercial de la caña, dice la investigadora Anete Pereira de Souza, del Instituto de Biología de la Unicamp. Esos marcadores también pueden ser utilizados en la identificación de un gen específico, por ejemplo, que se halle ligado a la producción de sacarosa. Identificamos esos marcadores y producimos el primer mapa funcional (de genes) para la caña de azúcar, analizando el genoma de plantas que se han obtenido por cruzamiento entre dos variedades, por ejemplo, dice Anete. Ese mapa de los genes de la caña, cuya primera parte se encontrará disponible en agosto, servirá como una herramienta de apoyo para los programas de mejoramiento de la caña de azúcar del CTC.

Para el área de biotecnología del sector de azúcar y alcohol, el Proyecto Genoma Caña resultó un divisor de las aguas. Además del secuenciado y la identificación de genes, algunos grupos de investigadores de universidades que no tenían interés en la caña, se volcaron al estudio de esa planta, dice el ingeniero agrónomo Eugênio César Ulian, responsable por el Programa de Biotecnología del CTC. Además de los estudios académicos básicos, ellos nos están ayudando a producir nuevas variedades en el laboratorio. Entre 1999 y 2000, el CTC contaba con plantas transgénicas preparadas para ser trasplantadas para el campo, cuando CTNBio frenó sus actividades para realizar nuevos estudios acerca de sus atribuciones. Contábamos con plantas resistentes a los herbicidas, a los insectos perjudiciales de los cultivos y a las enfermedades. Pero quedamos estancados durante casi cinco años. Ahora ya tenemos datos relativos al hecho que algunas de las plantas transgénicas con las que contamos aquí pueden aumentar en un 20% la producción de sacarosa. Pero aún precisamos plantar en el campo para verificar ese porcentaje. Una planta que produzca más sacarosa generará mayor cantidad de alcohol en una misma área de cultivo  de caña. Esperamos poder producir una planta transgénica totalmente desarrollada en el país, dice Ulian.

Es en el programa de mejoramiento de variedades, que el país debe, en el corto plazo, valerse para el aumento de la producción. El problema reside en que la creación de una variedad nueva no demora menos de diez años. Es preciso elegir linajes e individuos con las características deseadas, cruzarlos y probar en el campo durante algunos años, y verificar si esas características se perpetúan en los descendientes. El aumento de la diversidad genética de los cañaverales es importante porque origina cultivos mejor protegidos contra las enfermedades y plagas. Cuando se cuenta con poca variabilidad genética, las plantas se tornan susceptibles a esos flagelos.

Para evitar situaciones de ese fuste, el país cuenta con tres grandes programas de mejoramiento genético de la caña de azúcar, promovidos por el CTC, Instituto Agronómico de Campinas (IAC) y Ridesa, red que se hizo responsable por el acervo genético (variedades, investigaciones, laboratorios) del Programa Nacional de mejoramiento de la caña de azúcar del Instituto de Azúcar y Alcohol extinto a comienzos de los años 1990. La Ridesa, responsable por casi un 60% de la producción total del país, lanzó en marzo cuatro nuevas variedades de caña. Todas llevan la sigla que identifica las variedades de Ridesa, RB, que significa República de Brasil. La unidad responsable por el desarrollo fue la UFSCar. Una de ellas, la RB925211, presenta maduración precoz, con alto tenor de sacarosa y alta productividad, además de ser resistente a las principales enfermedades de la caña. En total, la Ridesa ya lanzó durante más de diez años, 17 variedades para la región Centro-Sur  y 13 para la Norte-Nordeste.

El IAC lanzó, en los últimos años, 13 nuevas variedades de caña, entre ellas cuatro tipos con vocación regional. Son variedades adaptadas para ambientes específicos de regiones de São Paulo, Goiás y Minas Gerais. Con esa adaptación, la respuesta del cultivo puede ser aún mayor. Podemos crear estrategias para cada ambiente, respetando las características del suelo y las condiciones climáticas, afirma el agrónomo Marcos Landell, director del Centro de Caña del IAC. Más recientemente, el instituto lanzó otras cuatro variedades adaptadas a las condiciones climáticas y del suelo del centro-sur del país y se hallan adecuadas para ser cosechadas en el medio y en el fin de la zafra,  los períodos de mayor volumen de producción.

Además de los centros tradicionales, la empresa Canavialis se adentró en el área en 2003 para desarrollar variedades superprecoces y plantas transgénicas de caña. Nos encontramos en proceso de selección de variedades para ser cosechadas en abril, con alto tenor de sacarosa, dice Hideto Arizono, director técnico de Canavialis. Actualmente sólo existe una opción para la zafra de abril en la región centro-sur. Ante la creciente demanda por alcohol, algunas centrales, para cosechar la caña en marzo (normalmente la zafra comienza en abril y se extiende hasta noviembre en la región centro-sur), utilizan un madurador, que es un producto químico de aplicación en la planta que interrumpe el período vegetativo, concentrando la sacarosa. La empresa también desarrolla plantas transgénicas en conjunto con la Alellyx, empresa de biotecnología del mismo grupo, y  Votorantim Nuevos Negocios. La primera planta transgénica ya está siendo ensayada en una propiedad agrícola del estado de Paraná. Esa caña posee un  gen retirado del virus causante del mosaico, una de las enfermedades que atacan esa cultura. El gen manipulado por la Alellyx confirió resistencia a la enfermedad, verificada en el laboratorio. Ahora los test, aprobados ya por el CTNBio, se realizan en el campo. Hace 30 años, Brasil contaba con cinco o seis variedades comerciales, hoy son alrededor de 500 (contando también aquellas que se hallan en el país desde el descubrimiento), constituyendo un patrimonio genético inigualable. Con ello, el cultivo de caña se torna más seguro, con plantas menos expuestas a las plagas y a las enfermedades, analiza Pádua, representante de Única. El trabajo de mejorado de la caña es también responsable por el aumento de la producción cañera en los últimos 30 años. Durante los años 1970, las plantaciones rendían 47 t/ha y en 2005 se alcanzaron 82 t/ha.

Invertir en la mecanización y en la adopción de técnicas de agricultura de precisión son otras alternativas para elevar la producción de alcohol en el país. El índice de mecanización de la cosecha de caña de azúcar en São Paulo es de un 35%, pero algunos cultivos, como los de soja, llegan al 100%, afirma el ingeniero Suleiman José Hassuani, investigador del CTC. Según él, el proceso de mecanización, iniciado en la década de 1990, trajo grandes beneficios para el sector, aunque algunos obstáculos aún precisan superarse, como la compactación del suelo y los daños causados por las máquinas en las llamadas soqueiras (raíz de la caña que queda en tierra para el rebrote). Según el investigador, la mecanización del sector es irreversible, porque un decreto del gobierno federal prohíbe la quema de los cañaverales a partir de 2018. (Mediante ese procedimiento se eliminaba anteriormente la paja, o sea los restos de la caña luego de la trilla y se preparaba el campo para el nuevo crecimiento, resultando aparte en una forma de abono para el desarrollo de las nuevas plantas y un modo de nitrogenado del suelo, importante en cualquier cultivo tradicional, pero causante como contrapartida de grandes emisiones de dióxido de carbono hacia la atmósfera). Existe un costo social, con la reducción de la mano de obra necesaria, que debe ser considerado, pero los nuevos puestos de trabajo son mucho más calificados.

Los avances en la industria
Además de los avances en el campo, los investigadores han trabajado para desarrollar procesos industriales de destilado y fermentación más eficaces. El equipo del genetista Gonçalo Amarante Guimarães Pereira, del Instituto de Biología de la Unicamp, creó una levadura genéticamente modificada que es capaz de simplificar el proceso de producción y reducir los costos de las centrales. Las levaduras son organismos responsables por la transformación del azúcar en alcohol, en un proceso conocido como fermentación. La levadura modificada de la Unicamp torna obsoleta una de las etapas de fermentación, denominada de centrifugado, que encarece y demora el proceso. Realizamos alteraciones genéticas en la levadura que funcionaron muy bien en la fermentación, dice Pereira. Trabajamos con levadura de laboratorio. Ahora nuestro desafío es conseguir realizar la modificación genética en levaduras industriales, utilizadas en las centrales.

También en la Unicamp, otra investigación para perfeccionar el proceso de fermentación  se realiza en los laboratorios de la Facultad de Ingeniería de Alimentos. Allí, el investigador Francisco Maugeri Filho y su alumno de doctorado Daniel Atala, desarrollaron una técnica que realiza la extracción al vacío del etanol aún en las cubas de fermentación. El método tradicional se halla limitado por la elevada concentración de etanol en el medio, lo que inhibe la acción de la levadura. Con la extracción en vacío, el etanol queda siempre en baja concentración en las cubas de fermentación, y el microorganismo actúa de manera más eficiente, explica Maugeri Filho. Una consecuencia directa de la reducción del etanol está dada por la posibilidad de elevar la concentración de azúcar en el mosto. Al elevar el tenor de azúcar, conseguimos duplicar o triplicar la productividad del sistema y reducimos la producción de vinazo, un residuo del proceso. Ahora nos encontramos en negociaciones para iniciar una prueba piloto en las centrales, aún durante esta zafra. Simulaciones de cálculo de costo del alcohol mediante la utilización de este proceso apuntan hacia una reducción final de entre un 10% a 15%, cuenta Maugeri Filho.

En el área de destilado, una novedad desarrollada en el país ya es responsable por alrededor de un tercio de la producción. Se trata de un proceso de deshidratación del etanol, conocido como destilación extractiva, un método para la producción de alcohol anhidro, que es mezclado con gasolina. Luego de la etapa de destilado, que separa una mezcla líquida de componentes en función de la diferencia de volatilidad entre ellos, ocasionando que el de mayor volatilidad se concentre en el vapor y el de menor volatilidad en el líquido; el etanol hidratado aun conserva alrededor de un 4% de agua.

Mediante la técnica de destilación extractiva, adicionamos un tercer componente, el monoetileno glicol (MEG), que reduce la volatilidad del agua, permitiendo la vaporización del etanol. Seguidamente, el alcohol se condensa, generando el etanol anhidro. El monoetileno glicol, a su vez, es purificado y retorna para la primera fase del proceso, dice Antonio José de Almeida Meirelles, profesor de la Facultad de Ingeniería de Alimentos de la Unicamp, quien estudió el proceso y participó de la transferencia de tecnología para el sector industrial. El destilado con MEG, a diferencia del método convencional, reduce a la mitad el consumo de vapor necesario para destilar el etanol hidratado, Introducido en el sector productivo en 2001, el nuevo proceso ya ha sido adoptado por 28 centrales y responde por la producción de más de 2,5 mil millones de litros de alcohol anhidro por año, alrededor de un 30% del total producido en el país.

Otro sistema que promete traer elevadas ganancias en la productividad en las centrales, es el aprovechamiento del bagazo y de la paja, desarrollado por el CTC en conjunto con el Grupo Dedini, uno de los mayores fabricantes de equipamiento para el sector sucroalcoolero. Bautizada con el nombre de Dedini Hidrólisis Rápida (DHR), la tecnología ya se encuentra patentada en Brasil y en otros países y promete transformar el bagazo y la paja en alcohol en pocos minutos, por medio de un proceso de hidrólisis (reacción química con agua). Una unidad de demostración funciona desde comienzos de 2004 en la centrales São Luiz, en Pirassununga. Estamos recabando información para saber si es preciso perfeccionarlo?, dice el ingeniero químico Carlos Eduardo Vaz Rossel, líder del proyecto en el CTC. La mayor ventaja del nuevo método es que eleva la producción de etanol en hasta un 30%, sin necesidad de aumentar el área plantada.

Todos esos factores y nuevas tecnologías en la producción de alcohol se encontrarán en los inicios de la expansión de los cultivos y en la mejora de la productividad para los próximos años. Durante la zafra 2005-2006, la producción brasileña alcanzó a 386 millones de toneladas de caña y los estudios indican que en 2010 serán 535 millones. Para la zafra 2013-2014 serían 670 millones, pero ahora mismo, para la zafra 2006-2007 deberían ser cosechados 420 millones de toneladas, para producir 17 mil millones de litros de alcohol y alrededor de 29 millones de toneladas de azúcar, dice Pádua. La zafra 2005-2006 debe alcanzar a 15,7 mil millones de litros de alcohol, superior a los 15,1 mil millones de litros de la zafra anterior.

Una historia de éxitos y polémicas

El sector de azúcar y alcohol  moviliza el 2% del Producto Bruto Interno (PBI) del país, alrededor de 39 mil millones de reales anuales. Está visto como un sector agroindustrial ejemplar para la producción de combustible renovable, como demuestran las visitas constantes de delegaciones extranjeras para conocer las centrales productoras de azúcar y alcohol. También es el sector más antiguo de nuestra economía. La caña de azúcar llegó aquí junto con los portugueses, durante los comienzos de la colonización. La planta originaria, probablemente provenía del sudeste asiático y se desarrolló principalmente en el Nordeste del país. Luego adquirió proyección económica con la producción de azúcar que se enviaba hacia Portugal.

A comienzos del siglo XVII ya existían 200 ingenios que sirvieron también para el establecimiento de una fuerte estirpe de la elite brasileña: los señores de los ingenios. Ellos prosperaron fabricando azúcar y cachaça, y sólo diversificaron sus actividades recién en 1931, cuando el presidente Getúlio vargas decretó la adición a la gasolina de un 5% de alcohol. Esa proporción varió mucho con el paso de los años, inclusive al inicio de 2006, cuando el gobierno redujo de 25% a 20% la adición de alcohol en la gasolina debido al aumento de precios.

Esa crisis indicó al gobierno que no se puede confiar plenamente en las empresas. Es preciso, como muestra el ejemplo de otros productos agrícolas como el poroto y el trigo, mantener reservas reguladoras, reduciendo las presiones alcistas de precios durante los períodos entre zafras, dice el profesor Walter Belik, del Instituto de Economía de la Unicamp. Él recuerda que la situación era muy diferente hace algunos años. En 1942, el gobierno de Getúlio Vargas lanzó el Estatuto de Labranza Cañera, que atribuía al Instituto del Azúcar y del Alcohol (IAA) la reglamentación del sector. Cabía al IAA velar por el equilibrio de poder entre agricultores, industriales y trabajadores. El estatuto establecía, por ejemplo, que quien poseía una centrales no podía plantar más que un 40% de su necesidad, recuerda Belik.

La desregulación del sector comenzó en 1990, y marcó el fin del Programa Nacional de Alcohol (Proalcohol). Nacido en 1975, el Proalcohol recibió generosos incentivos financieros y tuvo su auge a mediados de la década de 1980, cuando casi la totalidad de los automóviles fabricado estaban accionados por alcohol. En esa época, el cultivo de caña adquirió un nuevo impulso en el estado de São Paulo. La industria cañera comenzó a crecer en São Paulo en la segunda mitad de los años 1950, cuando se acentuó en el Nordeste con centrales modernas y mejores tierras, adaptadas al cultivo de caña, dice Belik.

Con los incentivos fiscales y las inversiones privadas de la época de Proalcohol, el sector se transformó en una agroindustria avanzada, incorporando tecnología en las plantaciones y en las centrales. Pero su imagen se precipitó en 1980, cuando el alto precio del azúcar en el mercado externo llevó a que los propietarios de centrales produjeran el aditivo en lugar del alcohol. La escasez de combustible y las demoras en los puestos de venta ganaron la desconfianza del consumidor.

Las buenas ventas y la buena imagen del sector volverían en 2002, cuando las empresas automotrices de Brasil resolvieron adoptar la tecnología Flex fuel, o biocombustible, que había sido desarrollada por la empresa Bosch, a mediados de los años 1990, en su filial de la ciudad de Campinas. Por ese trabajo, la empresa fue reconocida con el Premio Finep de Innovación Tecnológica en la categoría producto, en 2005.

El éxito del sistema biocombustible, no obstante, se trastocó en descontento entre los consumidores, que observaron el aumento del precio del alcohol, perdiendo la ventaja que tenía sobre la gasolina. Hoy existe cierto descontrol, es el productor quien decide por su cuenta, en donde va a edificar su central y compra la tierra alrededor para plantar caña. Eso lleva a la concentración de recursos y revela la necesidad de planeamiento estratégico para la industria cañera a largo plazo. Según el profesor José Antonio Scaramucci, del Núcleo Interdisciplinario de Planeamiento Estratégico (Nipe) de la Unicamp, también se está observando una fuerte concentración  industrial. El sector se halla dominado por cinco grandes grupos. Es un oligopolio (situación en la cuál, pocas empresas poseen el control de gran parte del mercado) en el que las mayores centrales están transformando a la caña en una estructura industrial concentrada, dice Scaramucci.

Además de la concentración, el sector también se está modernizando y tornándose multinacional, sin embargo, parte de ese sector aún registra problemas laborales relacionados con los trabajadores rurales temporales o braceros (los denominados bóias-frias). Normalmente son los emigrantes que llegan a São Paulo, provenientes de la región nordeste del país, además de Minas Gerais. Esos trabajadores, muchas veces son contratados por intermediarios denominados popularmente gatos, y aceptan condiciones de trabajo y morada muy precarias.

El mayor problema reside en que, entre 2004 y 2005 sucedieron las muertes de 13 de esos trabajadores por exceso de trabajo. Se les paga por producción diaria, y la meta es cortar 12 toneladas de caña por día, dice la socióloga Maria Aparecida de Moraes Silva, profesora de post-grado del curso de geografía de la Universidad de São Paulo, y colaboradora de la Universidad Estadual Paulista, en la ciudad de Presidente Prudente del mencionado estado. ?El Ministerio Público ya realizó seis audiencias públicas acerca de éstas muertes, dice Maria Aparecida. Aparte de eso, muchas veces los trabajadores son perjudicados por el pesaje, porque ellos cortan por metro y reciben el pago por toneladas. El Ministerio Público quiere que se acabe el trabajo con esta modalidad (por producción) en 2007. Las central que quieren pagar un sueldo de 410 reales mensuales y los trabajadores, inclusive los propios sindicatos, no quieren ese sistema. Un buen cortador consigue ganancias de hasta 800 reales por mes, recuerda Maria Aparecida.

La Unión Agroindustrial Cañera de São Paulo (Única), entiende que las unidades que no cumplan con la legislación laboral, ambiental o de transporte, carguen con las consecuencias de ese incumplimiento. En cuanto a la muerte de los trabajadores por exceso de trabajo, no existe ninguna comprobación. El sistema de remuneración por productividad es el más adecuado según la clase patronal y los mismos trabajadores. El punto a ser revisado es la transparencia en el sistema de pesaje para el cálculo de la remuneración, dice Antonia de Pádua Rodrigues, responsable de la dirección técnica de Única. El sector sucroalcoolero provee empleo en el país a alrededor de 450 mil trabajadores en la fase agrícola, según estudios del Nipe.

Os Projetos
1.
 Desenvolvimento de marcadores moleculares a partir de ESTs de cana-de açúcar (02/01167-1); Modalidad Cooperación para la Innovación Tecnológica (Pite); Coordinadora Glaucia Mendes Souza – USP; Inversión R$ 555.693,00 y US$ 82,867.00 (FAPESP) – R$ 800.000,00 (CTC y Central de Alcohol)
2. Desarrollo de marcadores moleculares a partir de ESTs de caña de azúcar (03/07244-0); Modalidad Cooperación para la Innovación Tecnológica (Pite); Coordinadora Anete Pereira de Souza – Unicamp; Inversión R$ 172.403,00 y US$ 45.495,22 (FAPESP) – R$ 103.675,30 (CTC)

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