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TAPA

Había más gente en la selva

Nuevos sitios arqueológicos y evidencias de domesticación de plantas dan sustento a la idea de que la Amazonia precolombina estaba densamente poblada

Geoglifos como éstos, en el municipio de Senador Guiomard, en el estado Acre, están presentes en una franja de 1.800 kilómetros en el sur de la Amazonia

Maurício de Paiva

El descubrimiento reciente de 81 sitios arqueológicos precolombinos que aparentemente estuvieron densamente poblados en una zona del sur de la Amazonia que se juzgaba inhabitada o poco poblada entre mediados del siglo XIII y el comienzo del XVI refuerza una hipótesis planteada por buena parte de los arqueólogos durante los últimos 15 años: la de que la gran selva tropical, que se extiende por tierras brasileñas y de otros ocho países, albergaba sociedades complejas y una numerosa población antes de la llegada de los europeos a América. Las cifras varían enormemente, pero las estimaciones actuales más aceptadas apuntan entre 8 y 10 millones de indígenas, un contingente similar al de los incas que ocuparon en los Andes un área mucho menor durante el período precolonial, y no un máximo de 2 millones de personas, tal como sostenía la estadounidense Betty Meggers (1921-2012), pionera de la arqueología amazónica, para quien la región era un gran vacío poblacional.

Mariana Cabral Monumentos precolombinos hechos de piedra, encontrados cerca de la costa de AmapáMariana Cabral

Los nuevos sitios se sitúan en la cuenca del Tapajós, en el norte de Mato Grosso, en un área relativamente plana de tierra firme, libre de inundaciones, puntuada por suaves elevaciones de 100 a 300 metros (m). Las regiones de tierra firme, también denominadas áreas de interfluvios, representan al menos el 70% de los 5,5 millones de kilómetros cuadrados (km²) de la Amazonia. Normalmente, no son objeto de búsquedas arqueológicas. Y la razón de esto es sencilla: esas áreas están fuera de las llanuras de inundación, las vegas en los alrededores de los ríos, que son las zonas más fértiles y con mayor riqueza natural.  En teoría, la mayor parte de las antiguas poblaciones precoloniales se habría concentrado en las vegas, pues la tierra firme sería muy pobre en recursos para su supervivencia. “Las áreas de interfluvios siempre han sido soslayadas, pero nuestro estudio indica que las mismas podían albergar grandes concentraciones humanas”, comenta el arqueólogo brasileño Jonas Gregório de Souza, quien realiza una pasantía de posdoctorado en la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, y es el primer autor del estudio sobre los sitios de Tapajós, publicado en marzo en la revista científica Nature Communications.  Con la ayuda de imágenes de satélites e idas a campo, De Souza y colegas británicos de Exeter y brasileños de la Universidad Federal de Pará (UFPA), de la Universidad del Estado de Mato Grosso (Unemat) y del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, por sus siglas en portugués) identificaron en el Tapajós 104 construcciones o dibujos geométricos excavados en el suelo, los llamados geoglifos. Son fosas y zanjas generalmente de formato circular, con diámetros que varían de 11 m a 363 m, dentro de las cuales hay, en algunos casos, restos de antiguas viviendas. También fueron encontrados en el área, situada entre los ríos Aripuanã, Juruena y Teles Pires, piezas de cerámica, trazas de caminos que unían las aldeas y tramos con tierra negra, un suelo más oscuro formado con desechos orgánicos acumulados donde hubo ocupaciones humanas prolongadas.

José Iriarte Zanja excavada en sitio arqueológico en la cuenca del TapajósJosé Iriarte

El cinturón de la ocupación humana
El descubrimiento de ese tipo de sitios prehistóricos, puntuados por geoglifos o por extensas zanjas excavadas en la tierra, dejó de ser algo inédito en la Amazonia durante las dos últimas décadas. Hay decenas de lugares con esas formas geométricas en la selva tropical, desde la frontera de Bolivia con el estado de Acre, donde las figuras también pueden exhibir formas cuadradas o hexagonales, hasta la región del Alto Xingú, también en el norte de Mato Grosso. Sitios precolombinos rodeados por zanjas o empalizadas también existen en la confluencia de los ríos Negro y Solimões, a unos 30 km de Manaos, en el estado de Amazonas, en Amapá y la Guayana Francesa. La diferencia del nuevo descubrimiento reside en la ubicación de las aldeas. “Enfocamos nuestra investigación en el Tapajós justamente porque esa área está entre los geoglifos de Acre y los sitios del Xingú. “Queríamos saber si en esa nueva región también habría sitios similares”, explica De Souza. “Los sitios del Tapajós no son idénticos a los de Acre o del Xingú. Parecen pertenecer a otra tradición cultural, pero que ciertamente está relacionada con estas dos áreas.”

Los autores afirman que, si se las observa en conjunto con los sitios de Bolivia, Acre y del Xingú, las huellas de la presencia humana en el Tapajós forman parte de un cinturón de 1.800 km de largo, con evidencias de ocupación humana en el sur de la Amazonia en el período precolonial. Aunque hay diferencias regionales, un gran rasgo de comportamiento uniría a los habitantes de la parte meridional de la selva: estos pueblos desaparecidos, que vivirían en poblados fortificados, han dejado marcas en el suelo de su presencia. “Hace 10 años, preveía que también debería haber geoglifos en la cuenca del Tapajós y eso se ha confirmado ahora”, afirma el paleontólogo Alceu Ranzi, exprofesor de las universidades Federal de Acre (Ufac) y de Santa Catarina (UFSC). Coautor del nuevo estudio, Ranzi fue uno de los primeros en identificar, hace más de dos décadas, esas grandes figuras geométricas en territorio acreano. De acuerdo con proyecciones y cálculos de ocupación poblacional realizados por De Souza y sus colegas, entre 500 mil y 1 millón de indígenas habrían vivido en ese cinturón en hasta 1.500 aldeas entre los años 1250 y 1500. El área de esa franja equivale a 400 mil km², tan sólo el 7% de toda la cuenca amazónica.

Una “ciudad jardín”
Quizás el ejemplo más espectacular de este tipo de ocupación en las franjas meridionales de la selva resida en los sitios arqueológicos situados en las tierras hoy en día habitadas por el pueblo kuikuro, dentro de la reserva indígena del Xingú, en el norte de Mato Grosso, al este de los nuevos hallazgos en el Tapajós. Junto a colegas brasileños y dos indios de este grupo étnico, el antropólogo estadounidense Michael Heckenberger de la Universidad de Florida, describe en un artículo publicado en la revista Science en 2003, un grupo de 19 aldeas circulares, la más grande protegido por fosas de hasta 5 m de profundidad y muros de empalizadas, interconectados por una malla de carreteras de tierra. Los investigadores estimaron que entre 2.500 y 5.000 personas pudieron haber residido en las aldeas más grandes.

Estudioso desde hace tres décadas del Xingú, donde vivió y todavía pasa temporadas, el antropólogo llama a este tipo de ocupación “ciudad jardín”, un tipo de arquitectura amazónica que habría florecido en el período precolonial. “Sería una forma ‘galáctica’ de urbanismo prehistórico, sin un centro de mando, sino con aglomerados representando pequeñas entidades políticas independientes dentro de un sistema igualitario de poder regional “, explica Heckenberger.  Uno de los rasgos de este tipo de ocupación sería la profunda integración de los habitantes con los recursos de la selva, que no sería simplemente mantenida intacta, como algo sagrado, sino manejada de manera tal de asegurar el sustento de sus pueblos.

Además de los trazados profundos en el suelo amazónico, la presencia de vastas poblaciones durante un largo período habría dejado marcas sutiles en la selva tropical, tan tenues que, hasta hace poco, eran ignoradas o interpretadas como elementos de la configuración natural del monte. Los estudios recientes realizados por biólogos, ecologistas, geólogos, botánicos, generalmente en asociación con arqueólogos, han sugerido que vastas porciones del bosque no son áreas vírgenes, no tocadas por el hombre, sino sectores del monte manejados por los indios a lo largo de generaciones para su sustento. Un artículo publicado en marzo de 2017 en Science indicó que había una mayor concentración y diversidad de árboles que pueden ser fuente de alimentos cerca de los antiguos asentamientos humanos. Ese trabajo, cuya primera autora era la bióloga Carolina Levis, doctoranda en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, por sus siglas en portugués) y en la Universidad de Wageningen, en Holanda, listó 85 especies vegetales que fueron usadas y domesticadas por los indios, tales como el azaí, la castaña de monte y la hevea.

Léo Ramos Chaves Árboles como el castaño de monte habrían sido manejados por los pueblos precolombinosLéo Ramos Chaves

Castaños alrededor de los sitios
En un trabajo de 2015 publicado en la revista científica Proceedings of the Royal Society B, un grupo de investigadores de Brasil y Estados Unidos mostró que los castaños de monte parecen concentrarse en las áreas ricas en tierra negra que rodean a los sitios arqueológicos. Esta correlación es más visible en los antiguos asentamientos humanos que se ubicaban en el entorno de los ríos Amazonas y Madeira y, en menor escala, en el Tapajós. “Los indígenas precolombinos domesticaron el arroz en la Amazonia hace 4 mil años y moldearon partes del bosque plantando árboles del caucho o hevea, castaños de monte y otros cultivos”, comenta el arqueólogo Eduardo Góes Neves, del Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo (MAE-USP), uno de los grandes expertos en la prehistoria de la región y coautor del estudio. Para Góes Neves, el descubrimiento de los nuevos sitios en el Tapajós no es sorprendente. “En cualquier lugar de la Amazonia que cavamos, encontramos algo. Muchas áreas no estudiadas pueden haber acogido culturas complejas “, sugiere.

Una zona en la que la investigación arqueológica comenzó a desarrollarse hace poco más de 10 años es la costa norte del estado de Amapá, cerca de la frontera con la Guayana Francesa. Inicialmente, esa área llamó la atención a causa del sitio del Rego Grande, en el municipio de Calçoene, situado 460 km al norte de la capital del estado, Macapá. Apodado Amazon Stonehenge (el círculo conocido de piedras erigidas hace 4500 años en el sur de Inglaterra), el lugar es el hogar de un pequeño conjunto de megalitos, construcciones humanas hechas con grandes bloques de granito. La datación por carbono 14 realizado por la pareja de arqueólogos compuesta por Mariana Petry Cabral y John Darcy de Moura Saldanha, en ese entonces al servicio del Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológicas del Estado de Amapá (Iepa), indicó que el sitio, probablemente utilizado con fines ceremoniales y tal vez funerarios, fue ocupado hace entre 700 y mil años, también antes de la colonización europea.

Pese a haberse cambiado de Amapá, la pareja continúa adelante con los estudios en la región, donde calcula que hay 500 sitios prehistóricos. “Descubrimos cerca de Oiapoque antiguos asentamientos humanos protegidos por fosas excavadas en el suelo”, comenta De Moura Saldanha, quien defendió su doctorado sobre esa región el año pasado en el MAE-USP. “Allí existía también la cultura de efectuar grandes movimientos de tierra.” Al otro lado de la frontera, en la Guayana Francesa, los arqueólogos locales denominan a los sitios protegidos por fosas, generalmente situados en lugares más elevados, montañas coronadas. De Moura Saldanha y Petry Cabral también encontraron otro tipo de estructura monumental asociada a prácticas ceremoniales y funerarias: círculos formados por grandes troncos de madera que marcaban y delimitaban la presencia de pozos funerarios con sepulcros humanos, algunos en urnas antropomórficas. No se sabe si los antiguos habitantes de la costa de Amapá compartían las mismas tradiciones culturales de los pueblos que hicieron los geoglifos en Bolivia y en Acre y las zanjas y las construcciones geométricas del Xingú y del Tapajós. Sin embargo, existe un posible elemento de conexión, a pesar de la distancia geográfica. En los tiempos precolombinos, las tierras del litoral cercano a la Guayana Francesa estaban dominadas por tribus que hablaban mayoritariamente lenguas de la familia aruaque.

Science/AAAS La imagen de satélite muestra vestigios de aldeas precolombinas en el Xingú, en el norte de Mato Grosso, denominadas con la letra X y un numeral. Las líneas rojas indican el trazado de antiguas carreteras y plazas, y las negras, la ubicación de las zanjasScience/AAAS

Fragmentación lingüística
Buena parte de los sitios arqueológicos que registran extensos trabajos de movimiento de tierra, tales como los geoglifos de Acre y las antiguas aldeas del Xingú, se sitúan en áreas que fueron ocupadas por hablantes de lenguas de las familias aruaque y tupí-guaraní. Según la lingüista Patience Epps, de la Universidad de Texas en Austin, las áreas en que estas dos familias predominan en la Amazonia suelen a no ser contiguas. “Durante mucho tiempo, ese patrón fue interpretado como un indicador de que existía un relativo aislamiento entre los grupos de indígenas, que serían formados por pequeñas poblaciones sin mucha interacción”, comenta Patience. “Pero sostengo que esa fragmentación lingüística podría también entenderse como un resultado de la interacción de esos grupos, que sería compatible con la visión de que había en esas áreas poblaciones densas y estructuras sociales complejas.

Epps estudia de qué manera se relacionan y traban contacto los hablantes de las diferentes lenguas de la Amazonia, un tipo de cercanía que se expresa sobre todo por el préstamo de palabras de un idioma a otro y por similitudes gramaticales. Desde hace años, recaba datos sobre el léxico y la gramática de cientos de lenguas de la región. Se constató, por ejemplo, que las lenguas de las familias aruaque y tupí-guaraní son las que más cedieron palabras o expresiones a otras lenguas. Algunos términos o expresiones, como los que designan al ave garza o el numeral 4, están diseminados por toda la cuenca amazónica y son compartidos por varias lenguas. “Tenemos evidencias de este tipo de interacción en algunas áreas multilingüísticas como el Alto Río Negro y Xingú”, dijo la académica. “En esas áreas, las diferencias entre las lenguas forman parte de cómo los grupos marcan su lugar y su papel social dentro de un sistema interactivo mayor, como las diferentes partes de un gran engranaje.

Aunque los indicios arqueológicos, botánicos y hasta lingüísticos son crecientes y compatibles con la existencia de una gran población al menos en sectores de la Amazonia precolonial, la cuestión demográfica todavía permanece abierta. Si bien son cada vez más raros los arqueólogos que piensan como Betty Meggers y aún consideran que la región ha sido casi un desierto de gente antes de la llegada de los europeos, tampoco existen evidencias que den asidero a algunas estimaciones exageradas, como las de que los pueblos precolombinos de la Amazonia podrían haber refugiado a 50 millones de personas. “No creo que la etapa actual de las investigaciones nos permita efectuar generalizaciones para toda la Amazonia. “Sería como generalizar la historia de un gran continente”, plantea la arqueóloga boliviana Carla Jaimes Betancourt, de la Universidad de Bonn, en Alemania, que estudia sitios de su país natal. “Tenemos evidencias de la existencia grandes poblaciones y de una mayor densidad demográfica en algunas regiones, como el Xingú y Moxos [Bolivia]”, afirma Carla. “Pero también debemos admitir que algunas investigaciones, como las de [Dolores] Piperno [del Instituto de Investigación Tropical Smithsonian], comprueban que existieron también áreas más vacías.

Proyecto
La arqueología del Holoceno Medio y el comienzo de la domesticación de paisajes en el suroeste de la Amazonia (nº 17/11817-9); Modalidad Ayuda a la Investigación – Regular; Investigador responsable Eduardo Góes Neves (USP); Inversión R$ 161.053,20.

Artículos científicos
SOUZA, J. G. et al. Pre-Columbian earth-builders settled along the entire southern rim of the Amazon. Nature Communications. 27 mar. 2018.
CLEMENT, C. R. et al. The domestication of Amazonia before European conquest. Proceedings of the Royal Society B. 22 jul. 2015.

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