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Especial Amazonia

Crecer sin destruir

El desarrollo sostenible de la Amazonia demanda un cambio en la producción agropecuaria tradicional y el perfeccionamiento de la extracción agroforestal

Azaí recolectado por una comunidad ribereña en la isla de Marajó, estado de Pará

Rogerio Assis

La Amazonia es una tierra de extremos. Sus dimensiones gigantescas y su riqueza natural contrastan con la carencia económica, educativa y social de su población. Los 771 municipios de los nueve estados brasileños que conforman la llamada Amazonia Legal ocupan 5,22 millones de kilómetros cuadrados (522 millones de hectáreas). En esa extensión, correspondiente al 61% del territorio brasileño, caben los 28 países de la Unión Europea más Egipto, o más de la mitad de Canadá, el segundo país del mundo en cuanto a tamaño. La quinta parte de las tierras del Cerrado, la sabana brasileña, y dos tercios de la selva amazónica –la mayor selva tropical continua del mundo– se ubican dentro de la Amazonia Legal. Es también allí donde se encuentra una buena parte de las reservas brasileñas de hierro, estaño, aluminio, níquel, cobre, manganeso, niobio, oro, gas natural y petróleo.

Pese a toda esa riqueza, la Amazonia tiene actualmente casi 28 millones de habitantes y lleva la marca de la privación. Allí está el 20% de las aguas de los ríos y lagos del planeta, pero también los índices más bajos de acceso al agua potable y a los sistemas de alcantarillado de Brasil. De los 18,5 millones de habitantes de los estados de la región norte (Acre, Rondônia, Roraima, Amazonas, Pará, Tocantins y Amapá), solamente el 70% vive en casas con servicio de agua corriente y el 13% con recolección de aguas residuales, según los datos del Sistema Nacional de Información sobre Saneamiento dados a conocer durante el presente año. Los índices de desempeño escolar y el ingreso per cápita también están entre los más bajos de Brasil. “La región norte sigue siendo la más pobre del país”, afirma la economista Maria Amélia Enríquez, docente de la Universidad Federal de Pará (UFPA). “Desde la década de 1940, los ingresos de la población no han mejorado en comparación con las demás regiones brasileñas”, recuerda. “La situación de periferia no se ha alterado”.

Bertha Becker (1930-2013), geógrafa brasileña que se dedicó a estudiar las tensiones y las estrategias relacionadas a la ocupación de la Amazonia, solía decir que esa región, así como Brasil y los demás países latinoamericanos, era la más antigua periferia del sistema capitalista mundial. Con la llegada de los colonizadores europeos en el siglo XVI, tuvo inicio el modelo de ocupación y desarrollo denominado economía de frontera. Este se basaba en la continua incorporación de tierras y en la explotación de los recursos naturales, ambos vistos como infinitos.

Rogerio Assis La ganadería extensiva, seguida del cultivo de la soja, constituye una forma de avanzar sobre la selva en tierras públicas de la AmazoniaRogerio Assis

Y el país incorporó el modo de actuación de la metrópoli sobre la periferia. Lo usó el gobierno en el siglo pasado para integrar a la Amazonia al resto de Brasil, y sigue en práctica. En la frontera sur y sudeste de la Amazonia, en una franja de los estados de Rondônia y Mato Grosso, al oeste, Pará y Maranhão al este, primero se concreta la ocupación irregular de tierras públicas y la tala de árboles, allanando el camino para la entrada de la ganadería, que, más tarde, le cederá el espacio a la soja. Es en esa región, conocida como el arco del desmonte o, tal como prefería Becker, arco del poblamiento consolidado, donde están muchas de las pequeñas y medianas ciudades de la Amazonia. Allí hay minería de gran porte y producción agropecuaria que hace uso de tecnología –en principio más eficiente y económicamente rentable, pero que emplea menos gente–, además de minería ilegal [garimpos] y explotación irregular de la madera.

En la década de 1990, la percepción de que los recursos naturales son escasos y finitos contribuyó para una revaloración de la naturaleza siguiendo dos lógicas. En un artículo de 2005 en la revista Estudos Avançados, Becker denomina a la primera civilizatoria, preocupada con la naturaleza por su valor intrínseco de vida, origen de movimientos ambientalistas. La segunda sería la lógica de la acumulación, que ve a la naturaleza como “reserva de recursos para la realización de capital futuro”. En estos casi 30 años desde entonces, el redimensionamiento del valor de la naturaleza fortaleció la actuación y la organización de productores familiares, grupos ambientalistas, pueblos originarios de la selva y científicos. Estos grupos, desde hace tiempo, se contraponen a la expansión de la agroindustria que consume los recursos naturales, causando tensiones y, de acuerdo con el discurso actual del gobierno federal, impiden el crecimiento económico de la región.

Pese a lo que se dice, el estancamiento no es real. De 1960 a 2015, el Producto Interno Bruto (PIB) de la región creció a una tasa media del 5,9% al año, por encima del promedio nacional (4,1%). El PIB de la región norte llegó 337.200 millones de reales en 2016, según los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Este valor corresponde al 5,4% de la economía nacional. Cuando se suman los datos de Mato Grosso y de la mayor parte de Maranhão –los otros dos estados que integran la Amazonia Legal– ese valor se eleva a 537.200 millones de reales (el 8,6% del PIB brasileño). “La economía de la región norte no es decadente ni tampoco exhibe un bajo crecimiento”, asevera el economista Aristides Monteiro Neto, del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea, en portugués). “Aunque el PIB de la región es modesto, su crecimiento ha sido elevado para cualquier estándar.”

Rogerio Assis La ganadería extensiva, seguida del cultivo de la soja, constituye una forma de avanzar sobre la selva en tierras públicas de la AmazoniaRogerio Assis

Sin embargo, el avance de las décadas recientes se dio en parte a expensas de la selva. Entre 1985 y 2018, la Amazonia perdió 47 millones de hectáreas de vegetación nativa. De ese total, 39 millones se transformaron en pasturas y 6 millones en cultivos, se acuerdo con los datos dados a conocer en agosto de este año por MapBiomas, un proyecto colaborativo entre universidades, empresas de tecnología y organizaciones no gubernamentales abocado a mapear los cambios en la cobertura y en el uso del suelo en Brasil. Es como si la vegetación de la mitad del Mato Grosso, el tercer estado brasileño en tamaño, se hubiera eliminado y reemplazado por pasturas, soja, maíz y algodón.

Ante tal cuadro, surge la pregunta. ¿Es posible hacer que la economía amazónica crezca de modo justo y sostenible preservando la selva? La respuesta no es única ni sencilla. Algunas salidas, incluso, aún deben ponerse a prueba.

“No podemos caer en el error de pensar que los problemas de la Amazonia se resuelven con una bala de plata”, advierte el ecólogo Paulo Moutinho, del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (Ipam, en portugués), una organización no gubernamental que actúa con miras a integrar la investigación científica a las necesidades sociales de la región. Moutinho participó en la edición de octubre del programa de debates Ciência Aberta, realizado por la FAPESP y el periódico Folha de S.Paulo, ocasión en la que afirmó que es posible hacer un uso sostenible de la selva, incluso con explotación maderera, asociado a una agricultura más tecnológica y a una ganadería más intensiva. “Hicimos esa prueba en una pequeña área de Pará y en cuatro años logramos aumentar aumentar el ingreso en un 120% y disminuir el desmonte en un 78%. El posible combinar oportunidades”, aseguró el investigador.

Rogerio Assis Recolección de la castaña de monteRogerio Assis

Sean cuales sean las salidas, no podrán desdeñar lo que se ha hecho y tendrán que afrontar las peculiaridades de los estados. El modelo de ocupación que imperó en la Amazonia creó una economía regional con relevancia en las cuentas nacionales, aunque asociada al desmonte y a la concentración del ingreso y de la tierra en manos de pocos.

La Amazonia es en la actualidad la segunda región productora de soja de Brasil, que ocupa el segundo lugar en la producción mundial de ese grano. De los 114.800 millones de toneladas de la cosecha 2018-2019 en el país, 32,5 millones (el 28%) provinieron de Mato Grosso. La región también concentra el 36,4% del hato vacuno brasileño, el segundo del mundo. En tierras amazónicas hay casi 80 millones de esos animales, y de estos, 30 millones están en Mato Grosso y 20 millones en Pará.

“El primer reto consiste en volver no predatoria la producción de esas dos commodities fundamentales para la economía brasileña. El mundo le pide eso al país”, sostiene el sociólogo Ricardo Abramovay, de la Universidad de São Paulo (USP). “La capacidad competitiva de los productos brasileños va a depender cada vez más de la disponibilidad de información acerca de cómo se los produce”.

Rogerio Assis Extracción de látex en la selveRogerio Assis

Una fuente alternativa de proteína animal y de generación de ingresos en la Amazonia puede estar en la piscicultura, con la domesticación de especies de alto valor comercial, como el paiche o pirarucú. Otra propuesta de incrementar la economía de la región preservando la selva consiste en transformar a la ganadería en intensiva (criar más animales por hectárea) y convertir pasturas abandonadas en tierras agrícolas. Se estima que el 20% de la selva amazónica ya ha sido talado, es decir, 80 millones de hectáreas. La mayor parte (53 millones de hectáreas) estaría hoy en día ocupada por una ganadería de productividad heterogénea, que varía de baja a alta. “Hace casi dos décadas ocurrió un viraje de la actividad ganadera hacia la agrícola en los estados del sur de la Amazonia”, afirma el agrónomo Alfredo Homma, investigador de la empresa estatal agropecuaria Embrapa Amazonia Oriental. “Los productores de ganado empezaron a percatarse de que ya no vale la pena mantener una vaca por hectárea”.

Además de la intensificación de la ganadería, Homma propone el uso de pasturas degradados para el cultivo domesticado de especies autóctonas con relevancia comercial. La lista es larga: cacao, palmera de azaí, árbol del caucho, castañas de monte, bacurí, palo de rosa y copaiba, entre otras. “Hay un movimiento tendiente a usar esas materias primas para la elaboración de cosméticos, alimentos, productos farmacéuticos y plásticos”, comenta el químico Lauro Barata, de la Universidad Federal del Oeste de Pará.

La población indígena, extractiva y ribereña recolecta desde hace tiempo frutos y otros productos de esas plantas y los comercializan en las ciudades. Es la forma más sencilla de extracción, en ocasiones modificada mediante el manejo y la densificación de plantas. Muchos ven en esta actividad una posible convivencia armoniosa con la naturaleza. Homma, en cambio, ve una pérdida de oportunidad y una condena de la población a la pobreza. “La extracción es una forma de ganar tiempo hasta la domesticación de un cultivo, lo cual depende de mucha investigación”, afirma. “La producción extractiva, empero, no reúne las condiciones como para atender al mercado cuando aumenta la demanda”.

Rogerio Assis Feria de azaí en BelémRogerio Assis

Existen grupos que piensan distinto. Economistas del Núcleo de Altos Estudios Amazónicos (Naea) de la UFPA investigan desde hace más de una década la economía del azaí y su relación con la dinámica de producción de este fruto en áreas forestales manejadas en la desembocadura de río Amazonas, y han identificado en esa actividad una fuente importante de ingreso y empleo.

El estado de Pará es el líder nacional en la producción de este fruto: se cosecha allí casi 1 millón de toneladas al año. Esa producción mueve una cadena de valor que no se mide completa a través de las métricas económicas tradicionales y es, por lo tanto, en buena medida invisible. Para conocer este mercado, el economista Francisco da Costa Assis, del Naea, tuvo que desarrollar métricas adecuadas con el objetivo de evaluar el aporte de cada actor de esa cadena productiva. Con información de los censos agropecuarios de 1996 y 2006, Da Costa y el economista Danilo Fernandes midieron la evolución de la cadena de producción de azaí y otros productos de origen agroextractivo y su participación en la economía agropecuaria de la región. En 2006, la producción extractiva de origen familiar generó recursos correspondientes al 21% de la economía rural de la región norte de Brasil, que era de 26 mil millones de reales, y un 26% de los empleos en el campo, casi lo mismo que la ganadería, responsable del 25% de la economía y del 10% de la ocupación rural, según un artículo publicado en 2016 en la Revista de Economia Contemporânea.

“La economía agropecuaria de la Amazonia se ha expandido sobre la base del monocultivo de la soja y de la ganadería. Para producir más, estas actividades necesitan áreas deforestadas, lo que estimula la ocupación irregular y el crecimiento del mercado de tierras”, explica Fernandes. Según el investigador, la producción de azaí y otros frutos, basada en la agroextracción y en el uso colectivo de la tierra, siempre se ha visto como primitiva y asociada a la pobreza. “Recién ahora estamos logrando mostrar el valor de esa cadena que, mediante el manejo adecuado, puede amentar la productividad sin desmonte”, afirma.

En un estudio reciente, Raoni Rajão y colaboradores de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) estimaron que la producción de una hectárea de azaí manejado genera un rendimiento bruto de 26.800 reales, 10 veces superior al de la hectárea de soja. “El azaí, recolectado por comunidades tradicionales en pequeñas áreas, puede generar un buen ingreso y más empleo que la soja, que es altamente mecanizada”, sostiene Rajão. El rendimiento puede aumentar en caso de que se le agregue valor al producto. “Esta información quizá ayude a valorar un producto de la selva y a disminuir la tentación de los pequeños productores de vender sus tierras”.

El azaí puede que configure el caso más concreto de generación de ingresos con preservación forestal. Pero no es el único. Natura, una de las mayores empresas de cosméticos del mundo, utiliza desde hace 20 años materia prima de la Amazonia en sus productos. Son aceites y extractos recolectados por 5.300 familias que adoptan el manejo agroforestal y contribuyen para conservar 257 mil hectáreas del bosque. La empresa invierte además en el perfeccionamiento de las cadenas productivas sostenibles y en investigaciones tendientes a identificar los compuestos activos de las plantas y a expandir el uso de la biodiversidad.

Más allá de este ejemplo de éxito, es necesario que verificar el potencial económico de muchos productos de la Amazonia. La comprobación de ese potencial constituye incluso un requisito para convencer a los productores rurales y a otros agentes económicos, más allá de los gestores públicos, de que puede ser más rentable extraer de modo sostenible lo que la naturaleza ofrece que derribarla con el objetivo de abrir espacio para cultivos y crías que agotan la capacidad productiva. “Una dificultad reside en que no se sabe aún el tamaño del beneficio que se puede generar con los nuevos productos de la bioeconomía, tales como fármacos y cosméticos”, señala Abramovay. “No obstante, si las políticas gubernamentales privilegian solo las estrategias que consumen la selva, nunca sabremos si el otro camino podría dar resultados”. Para Monteiro, del Ipea, la Amazonia es múltiple y requiere de diferentes estrategias de desarrollo. “Esas estrategias”, sostiene, “deben basarse en una agenda de conocimiento modificadora del patrón de ocupación socioeconómica.

Estados vecinos, economías distintas

Danilo Verpa/ Folhapress Mina de extracción de hierro en Canaã dos Carajás, en ParáDanilo Verpa/ Folhapress

Tan diversas como la selva que cubre la Amazonia son la economía y la estructura social de los estados de la región. “La Amazonia es una región inmensa, con estados que disponen de estructuras productivas muy dispares”, comenta el economista Rodrigo Portugal, del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea). Un análisis rápido de algunos datos sobre los dos mayores estados de la región, Amazonas y Pará, revela un poco de esas diferencias.

Con mayor área forestal preservada, Amazonas, el mayor estado brasileño, tiene una población eminentemente urbana y dependiente de la actividad industrial. De los 4,14 millones de amazonenses, el 82% está en las ciudades, la mayor parte (2,2 millones) en la capital, Manaos. El PIB del estado fue de 89 millones de reales en 2016, el equivalente a un 26,4% de la economía de la región norte y un 16,6% de la economía de los estados de la Amazonia Legal. Amazonas es la segunda economía en tamaño de la región norte de Brasil y la cuarta de la Amazonia. Se estima que poco más de un tercio (un 35%) de su PIB se ha generado en el sector industrial.

De las casi 1.200 empresas del estado de Amazonas, 496 están instaladas en el Polo Industrial o Zona Franca de Manaos, que se creó en 1967 con el objetivo de convertirse en un núcleo de desarrollo en la Amazonia Occidental. Esas empresas fabrican productos electrodomésticos y electrónicos, químicos, metalúrgicos, motocicletas, entre otros, y generan 87 mil empleos directos, es decir que ofrecen trabajo a una buena parte de la población de la capital del estado.

Lalo de Almeida/ Folhapress Línea de ensamblado de motocicletas en la Zona Franca de Manaos, en AmazonasLalo de Almeida/ Folhapress

“Existe allí un parque industrial sofisticado y diversificado, que produce localmente parte de los componentes usados en sus productos y realiza investigaciones. Muchas de esas empresas podrían estar instaladas en cualquier país del mundo”, reflexiona el economista Márcio Holland de Brito, de la Escuela de Economía de São Paulo, de la Fundación Getulio Vargas (EESP-FGV). Hace algo más que un año, Holland, por encargo del sector industrial amazonense, coordinó un análisis de los costos y beneficios generados por el Polo Industrial de Manaos. Su resultado, el documento intitulado Zona Franca de Manaus: Impactos, efetividade e oportunidades, se encuentra disponible en internet (bit.ly/2MEjd9W).

El economista y su equipo arribaron a la conclusión que la Zona Franca generó un impacto importante en los ingresos de Amazonas. Desde su implantación a finales de la década de 1960, los ingresos per cápita anuales del estado crecieron más rápidamente que en las otras regiones industrializadas de Brasil. En 1970, dichos ingresos en São Paulo equivalían a 17.400 reales (en valores actuales). En Amazonas, eran sete veces menores, de alrededor 2.400 reales. En 2018, esa diferencia había descendido a 1,8 veces: aproximadamente 30 mil en São Paulo y 17 mil en Amazonas. Durante ese período, la población de Manaos creció 12 veces y la del estado de Amazonas, casi 6, mientras que la población brasileña se triplicó.

Tales resultados se deben a una política continua y consistente de incentivo al desarrollo regional. Las empresas de la Zona Franca se benefician con un incentivo federal en la forma de renuncia fiscal (el gobierno resigna la recaudación de parte de los impuestos) que rige desde hace medio siglo y se ha renovado hasta 2073. Este incentivo representaba alrededor del 11% del gasto tributario federal anual desde hace una década. En 2017, llegó al 8,5%, el equivalente a 25.600 millones de reales. Los críticos del programa alegan que es caro; empero, según Holland, es difícil calcular el costo. En 2017, el gobierno federal recaudó 14 mil millones de reales a título de impuestos en Amazonas; el gobierno del estado, otros 16 mil millones; y el municipio de Manaos, 4 mil millones. “No puedo imaginarme a Manaos y a Amazonas recaudando impuestos sin la existencia del polo industrial”, afirma.

Pese a que está consolidada, la Zona Franca corre riesgo de desmantelamiento. Las industrias de la región enfrentan serios problemas de logística para distribuir sus productos en el mercado nacional y pueden perder competitividad según como se haga la reforma tributaria actualmente en discusión. Además de las consecuencias socioeconómicas, una posible desestructuración de la Zona Franca podría influir en la deforestación: hay indicios de que, por el hecho de que le da empleo a aproximadamente un 12% de la población de Amazonas, su existencia contribuye para reducir el desmonte. El reto consiste, según los investigadores de la FGV, en encontrar una forma sostenida y sostenible de seguir creciendo, sin deforestar y dependiendo menos de recursos del gobierno federal.

Pará, por su parte, con una población estimada en 8,6 millones de habitantes, es el estado con el mayor PIB de la Amazonia (138 mil millones de reales en 2016) y, al mismo tiempo, con una de las mayores proporciones de pobres. Los ingresos promedio en el estado (de 803 reales) son inferiores en un 40% al promedio nacional, y cuatro de cada 10 de sus habitantes viven por debajo de la línea de pobreza. El estado de Pará es el segundo mayor productor y exportador de minerales del país. En 2018, se extrajeron 220 millones de toneladas, que generaron 16 mil millones de dólares, un valor que supera el PIB de varios países y es importante para el equilibrio de la balanza comercial brasileña. Ese monto representa casi un tercio del PIB de Pará. Con todo, a causa de las exenciones fiscales, es pequeña la proporción que le queda a la gobernación del estado. “Sin la contrapartida de los tributos de su principal actividad productiva, es difícil para el estado de Pará realizar inversiones en infraestructura física y social con miras a superar su condición periférica”, explica la economista Maria Amélia Enríquez, investigadora de la UFPA.

Como resultado de ello, los mayores beneficiarios de la minería son los accionistas de las empresas, que se reparten ganancias y dividendos, y el gobierno federal, que utiliza las divisas de las exportaciones para asegurar el superávit necesario para el equilibrio de las cuentas externas del país.

“Aunque alberga una de las principales provincias minerales brasileñas, Pará es uno de los estados con menor recaudación”, destaca la economista, quien fue secretaria de Industria, Comercio y Minería (2014) y secretaria adjunta de Ciencia y Tecnología (2016-2018) de Pará. Formulado en 2012, el Plan de Minería del Estado de Pará (2014-2030) [bit.ly/2Pch7Qv] proyecta un crecimiento continuo de la producción en el estado, duplicando las exportaciones durante los próximos 20 años. En opinión de Enríquez, la mejora de la capacidad de inversión dependerá de una alteración en la legislación federal.

Artículos científicos
BECKER, B. K. Geopolítica da Amazônia. Estudos Avançados. v. 19, n. 53, p. 71-86. 2005
COSTA, F. A. e FERNANDES, D. A. Dinâmica agrária, instituições e governança territorial para o desenvolvimento sustentável da Amazônia. Revista de Economia Contemporânea. v. 20, n. 3, p. 517-552. 2016.

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