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Indicadores

Jóvenes y de categoría mundial

Instituciones asiáticas despuntan en el ranking de universidades con menos de 50 años, que incluye a la Unesp y a la UFABC de Brasil

Los resultados de un nuevo ranking académico muestran la vigencia de un tipo de universidades de categoría mundial que tienden a ser más flexibles e interdisciplinarias que las del modelo tradicional, con impacto en su capacidad de innovar. La clasificación denominada Nature Index Jóvenes Universidades 2019 listó a las 175 mejores universidades del mundo creadas hace menos de 50 años, tomando como parámetro la producción científica que salió publicada en 82 revistas de alto impacto en cuatro campos del conocimiento: física, química, ciencias de la vida y ciencias ambientales y de la Tierra.

En las 10 primeras ubicaciones no figuran instituciones de Estados Unidos, el país que suele dominar los rankings, sino tres universidades chinas, tres surcoreanas, una de Singapur, una de Suiza, una de Arabia Saudita y una de Francia. Brasil cuenta con dos representantes: la Universidade Estadual Paulista (Unesp) en el puesto 60º y la Federal del ABC (UFABC), en el 69º lugar. “Muchas de estas jóvenes universidades se enorgullecen de promover el pensamiento creativo y ofrecen oportunidades de liderazgo a jóvenes investigadores”, dijo al momento de anunciar los resultados el biólogo David Swinbanks, responsable del ranking. “Esto atrae a una población estudiantil diversificada y estimula la búsqueda de investigaciones no convencionales”.

La predominancia de universidades asiáticas en las mejores ubicaciones es el resultado de inversiones fuertes y constantes en educación, investigación y desarrollo que en las últimas décadas pusieron en marcha países tales como China, Corea del Sur y Singapur, y también al hecho de que esas naciones expandieron sus sistemas universitarios en las décadas de 1970 y 1980. Pese a su juventud en común, las mejores instituciones están lejos de seguir un modelo homogéneo. El caso de China es simbólico. La primera institución de la clasificación es la Universidad de la Academia China de Ciencias, que cuenta con 45 mil alumnos y hasta 2012 se dedicaba solamente a la investigación y al posgrado, y actualmente mantiene un promedio de alrededor de 700 alumnos de grado. Su sede se encuentra en Pekín y fue creada en 1978 con el objetivo de transformarse en una especie de amalgama de educación superior de los 114 institutos de investigación de ciencias e ingenierías vinculados a la Academia China de Ciencias, la principal institución de investigación científica pública del país.

Las otras dos universidades chinas entre las 10 mejor ubicadas tienen un perfil diferente, empezando por su tamaño. Una es la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, que fue fundada en los tiempos de la dominación británica, con 15 mil alumnos (dos tercios de ellos de posgrado), y la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur (Sustech), en Shenzhen, con 5 mil estudiantes y cuyo currículo es en inglés.

Los primeros puestos del ranking de las Jóvenes Universidades y la ubicación de las dos instituciones brasileñas 

1. Universidad de la Academia China de Ciencias/ China
2. Universidad Tecnológica de Nanyang/ Singapur
3. Instituto Politécnico Federal de Lausana/ Suiza
4. Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea/ Corea del Sur
5. Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong/ China
6. Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá/ Arabia Saudita
7. Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur/ China
8. Universidad de Ciencia y Tecnología de Pohang/ Corea del Sur
9. Universidad de París Sur/ Francia
10. Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Ulsan/ Corea del Sur

60. Universidade Estadual Paulista/ Brasil
69. Universidad Federal Del ABC/ Brasil

El sistema universitario de Corea del Sur también cobró impulso en décadas recientes: hoy en día el 70% de los ciudadanos del país con edad comprendida entre 25 y 34 años poseen estudios superiores, en comparación con el 2% en 1945. Las universidades surcoreanas reconocidas en el Nature Index siguen un modelo marcadamente tecnológico. El Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea (Kaist), ubicado en el 4º puesto del ranking, es una universidad pública con 10 mil alumnos. Fue creada en 1971 en la ciudad de Daejeon con recursos aportados por una agencia de cooperación estadounidense y bajo el liderazgo de un equipo de científicos de diversas nacionalidades, al mando del ingeniero Frederick Terman (1900-1982), por entonces vicepresidente de la Universidad Stanford y uno de los creadores del parque tecnológico que dio origen al Valle del Silicio. En tanto, la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pohang (Postech), que figura en el 8º puesto del ranking, es privada y fue fundada por una gran empresa siderúrgica. En la actualidad cuenta con 5 mil alumnos.

Pero el caso más asombroso es el del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Ulsan (Unist), creado hace 12 años y que ya ocupa el 10º puesto entre las universidades noveles. El mismo funciona en Ulsan, la capital industrial de Corea del Sur, es público y posee una administración autónoma. Con carreras en idioma inglés e investigación enfocada en materiales y energía, su meta es figurar entre las 10 mejores del mundo para 2030. Por ahora, se ubica dentro de las primeras 300 en la clasificación que elabora la revista Times Higher Education y entre las mejores 400 según el Academic Ranking of World Universities (Arwu) de la Universidad de Shanghái.

De acuerdo con Renato Pedrosa, del Departamento de Política Científica y Tecnológica de la Universidad de Campinas (Unicamp), las instituciones jóvenes y con enfoque en tecnología se vienen mostrando cada vez más competitivas en los rankings. “Las de Corea del Sur mantienen lazos con empresas y cumplen un rol fundamental en el fomento a la innovación”, explica Pedrosa, quien es miembro de la coordinación del Programa FAPESP de Indicadores de Ciencia, Tecnología e Innovación en São Paulo. En el ranking Arwu, las coreanas Kaist y Postech figuraban entre las 400 mejores del mundo al comienzo de la década de 2000, y actualmente asoman en el pelotón comprendido entre las posiciones 76ª y 100ª. Existen otras universidades con enfoque tecnológico al tope de la lista de Nature Index, como son los casos del Instituto Politécnico Federal de Lausana, en Suiza, y la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá, en Arabia Saudita.

La metodología de Nature Index se basa en la producción científica y no considera otros parámetros habituales, tales como los estudios de reputación, patentes o empleabilidad de los egresados. Se tienen en cuenta los artículos publicados en revistas de cuatro campos del conocimiento y se pondera la participación relativa de cada institución en los papers. Con la elección de periódicos científicos de alto impacto en ciencias de la naturaleza y de la vida, los resultados funcionan como un termómetro de la capacidad de las universidades para generar conocimiento con potencial para producir aplicaciones de impacto económico.

“Los datos de Nature Index son transparentes y fáciles de entender”, dice Cleopatra Planeta, farmacóloga y prorrectora de Extensión Universitaria y Cultura y actual presidenta de la Comisión de Rankings de la Unesp. En el caso de la institución paulista, el 60% de la nota obtenida es el resultado de artículos publicados en ciencias físicas. La mitad de ellos salió en el periódico Journal of High Energy Physics, y la mayoría de sus autores están vinculados al Instituto de Física de la Unesp. Puede verse su desempeño por separado en cada una de las cuatro áreas, y en el ranking del área de Física la Unesp figura en el 28º puesto, inmediatamente detrás de la UFABC, que ocupa el 27º y cuyo punto fuerte también es la física.

Las dos instituciones poseen perfiles distintos. En el caso de la Unesp, ella alberga a 54.600 alumnos en sus campus en 24 municipios y se creó mediante la fusión, en 1976, de distintos institutos públicos de educación superior, mientras que la UFABC, con poco más de 13 mil estudiantes, fue creada hace tan solo 13 años y sigue un modelo innovador: en lugar de departamentos está dividida en tres centros interdisciplinarios.

El químico Dalmo Mandeli, asesor de relaciones internacionales de la UFABC, atribuye el éxito de la universidad al modelo interdisciplinario y al hecho de haber sido creada exclusivamente con docentes con nivel de doctorado. “Muchos de nuestros profesores se graduaron en universidades de renombre, tales como la USP y la Unicamp, y arribaron aquí como parte de grupos de investigación integrados a redes internacionales”, dice. Con todo, Mandeli vislumbra dificultades para elevar la competitividad de la institución en los rankings. “Resulta difícil mantenerse a la par de las universidades chinas, que vienen ampliando sus inversiones en investigación e incluso pagan premios en efectivo a aquellos que publican en revistas de alto impacto”, dice. Según él, los indicadores de la UFABC han avanzado o se han mantenido estables, pero la institución ha descendido algunos puestos en rankings como el de la revista Times Higher Education, rebasada por competidoras que mejoran a mayor velocidad.

Pedrosa afirma que el sistema universitario público brasileño viene creciendo en una tendencia opuesta a la de los países asiáticos. “Entre 2002 y 2005 se crearon nueve universidades federales, y en años más recientes, otras nueve. Excepto la UFABC, que presenta un modelo innovador, y la Universidad Federal de Campina Grande, de un cariz más tecnológico, las federales más jóvenes surgieron con la ambición de expandir la oferta de vacantes en las carreras de grado”, informa. “Es importante para el desarrollo del país contar con universidades con un perfil interdisciplinario y enfocadas en la investigación y la innovación, pero ese no fue el camino que hemos elegido”. Pedrosa viene comparando las relaciones entre los gastos totales por alumno y la intensidad de las actividades de posgrado en las universidades federales y en las tres universidades estaduales paulistas con las universidades públicas de Estados Unidos. Los resultados iniciales revelaron que en el caso estadounidense la intensidad del posgrado está directamente asociada a una mayor inversión por matrícula. En la etapa actual de este estudio, que involucra a la red federal y a las universidades públicas paulistas, los resultados preliminares muestran que las universidades federales jóvenes registran un costo por alumno bastante superior al que se espera dado su perfil, que es de baja intensidad en posgrado, mientras que las federales más antiguas y las estaduales paulistas siguen la tendencia estadounidense: cuanto mayor es la intensidad del posgrado, mayor es el costo por matrícula. “Esta situación es preocupante en una coyuntura en que los recursos destinados a la educación superior y a la investigación científica son escasos, dado que se erigió un sistema de universidades jóvenes que no es eficiente en las carreras de grado tradicionales, algo que cumpliría un papel relevante, ni tampoco ponen el énfasis en la investigación y la  innovación, tal como puede verse en el caso de Corea del Sur”, advierte.

Pesquisa Fapesp  20 Años
El dolor y el placer de los rankings

Los rankings fueron tema de reportajes en las ediciones nº 186 y nº 134 de Pesquisa FAPESP

Las universidades pueden compararse entre sí siguiendo múltiples parámetros. Existen rankings internacionales que combinan indicadores del impacto científico y la excelencia educativa, otros que valoran tópicos tales como la transparencia en la difusión del conocimiento vía internet, y también están los que resaltan aspectos del ámbito académico, tales como las iniciativas en pos de la sostenibilidad. Cada una de las listas puede desdoblarse en otras, cuando se establecen recortes regionales o según el campo del conocimiento. “Conozco al menos 20 rankings diferentes que realizan comparaciones internacionales y más de 60 que evalúan a las universidades por regiones o por países”, dice la bibliotecaria Solange dos Santos, coordinadora de producción y publicación de la colección de revistas SciELO Brasil. En sus 20 años de vida, Pesquisa FAPESP ha seguido de cerca a los rankings principales y ha destacado la labor de gente como Dos Santos, autora de una tesis doctoral que defendió en 2015, en la cual analizó las metodologías que utilizan esas listas y las dificultades para comprender el significado de sus resultados.

Los rankings académicos existen desde el final del siglo XIX, cuando el gobierno estadounidense emitió informes con indicadores de las universidades. Los mismos cobraron popularidad en la década de 1980, cuando revistas tales como U. S. News & World Report, en Estados Unidos y Playboy, en Brasil, comenzaron a publicar clasificaciones de universidades. Recién hacia el comienzo del siglo XXI estos rankings empezaron a influir en las estrategias de las universidades. En 2003, la Universidad Shanghái Jiao Tong, de China, creó un ranking de excelencia académica, el Arwu, que se basa en criterios objetivos, tales como las publicaciones y el registro de exalumnos y docentes que hayan ganado un Nobel. El objetivo era ayudar a los estudiantes chinos a escoger universidades en el exterior.

Esas listas lograron que las universidades percibieran con mayor precisión sus puntos fuertes y débiles, y se les cobró por ello. Esto acabó por convertirse en una herramienta de marketing de las universidades en puestos destacados, interesadas en atraer estudiantes y ampliar sus fuentes de financiación. Entonces aparecieron varios competidores del Arwu. El principal fue creado por la revista inglesa Times Higher Education (THE), que combina indicadores objetivos con un estudio de reputación de las universidades mediante una encuesta entre más de 10 mil personas.

Pesquisa FAPESP siguió la influencia de los rankings en 12 reportajes que ha publicado desde 2005 en adelante. El primero reflejaba el rendimiento de las universidades brasileñas en las primeras ediciones de THE y Arwu. En 2011 se abordaron reflexiones acerca de las metodologías utilizadas por los rankings y sobre los riesgos de su valoración excesiva. El artículo más reciente aborda la creación del departamento de indicadores en las universidades, cuya función consiste en proveerles datos a los rankings internaciones.

“Un estudio llevado a cabo en 2014 apuntó que el 96% de los rectores monitorean el desempeño de sus instituciones en los rankings”, dice Solange dos Santos. Cuando el rendimiento es malo o ni siquiera se las menciona en las listas, eso abruma a los administradores de las universidades, y varios países han instituido políticas tendientes a mejorar el desempeño de las mismas. En el caso de China, por ejemplo, se canalizaron inversiones en un grupo de instituciones y se logró una presencia más significativa en esos informes comparativos. Y también se consolidó así un mercado de producción de rankings y soluciones para los problemas que los mismos detectan. “Las empresas que efectúan las clasificaciones venden servicios de consultoría a las universidades”, dice Dos Santos.

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