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El algoritmo del riesgo

Un proyecto de pol

La gran mayoría de los actos de violencia que resultan en heridas causadas por armas de fuego en la ciudad de São Paulo sucede durante los fines de semana, principalmente los sábados. Las agresiones sexuales a mujeres son más frecuentes durante los días laborables ?con su pico los jueves?, cuando ellas están lejos de la familia, yendo al trabajo, a la escuela o a hacer compras. Las autoagresiones o suicidios se concentran durante los martes y miércoles, lo que sugiere una fuerte relación con la situación de empleo, y también los sábados, posiblemente motivados por la angustia y la soledad. Pocos atentan contra su propia vida los viernes. La edad promedio de las víctimas es de 30 años.

Estos datos, que constan en 7.073 atenciones realizadas entre enero y diciembre de 2002 en el Hospital Municipal Dr. Arthur Ribeiro de Saboya, también conocido como Hospital Jabaquara ?un centro de referencia en traumas, que cuenta con un servicio especializado para víctimas de agresiones?, dejan claro que es posible establecer cálculos de riesgos en los casos de violencia que se transforman en demanda ante el sistema hospitalario ?y que, por lo tanto, implican riesgo de muerte? e implementar políticas de prevención en microescala en la ciudad de São Paulo.

“Con poca inversión es posible desarrollar e implantar un sistema de monitoreo capaz de captar las informaciones relativas a los episodios violentos y accidentes más comunes”, dice Paulo Saldiva, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (USP) y coordinador del proyectoEpidemiología de la Violencia Criminal en la Ciudad de São Paulo: Un Abordaje en Macro y Microescala , desarrollado en asociación con la Secretaría Municipal de Salud, la Secretaría de Administración Penitenciaria y el Instituto de Matemática y Estadística de la USP, en el marco del Programa de Políticas Públicas financiado por la FAPESP.

Saldiva, un experto en estudios de los efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud humana, decidió utilizar los criterios de las investigaciones epidemiológicas para estudiar la violencia, utilizando estadísticas para cálculos de riesgo.

“La violencia, a diferencia de la contaminación, no se distribuye de manera homogénea. Deben tenerse en cuenta en este caso variables de tiempo y espacio, y crear nuevas técnicas teóricas de evaluación de riesgo”, reconoce. Los estudios, a ejemplo de los que sucedió con los investigadores del Centro de Estudios de la Violencia (lea el artículo en la página 20 ), tropiezan con dificultades para recabar datos confiables en los órganos oficiales de seguridad pública. La opción entonces fue reunir informaciones sobre el tema recabadas en el sistema de salud.

En elcaso de los datos del Hospital Saboya, “pese al esfuerzo y la dedicación del Núcleo de Atención a las Víctimas de la Violencia”, tal como Saldiva acota, el análisis de los datos se vio dificultado debido a la falta de uniformidad de algunas variables importantes. Los investigadores tuvieron que generar algunas variables, tales como la clasificación del episodio, por ejemplo, tomando como base las informaciones registradas con motivo de la demanda y la descripción del episodio.

“La calidad de la información es un apartado esencial en cualquier investigación”, observa. Para definir la clasificación del hecho, los investigadores recurrieron a la Clasificación Internacional de Enfermedades, la frecuencia de determinadas ocurrencias y los intereses específicos de otras, para arribar a las siguientes categorías principales: accidentes, agresiones, intervenciones legales, complicaciones médicas y quirúrgicas y eventos de intención ignorada. Las agresiones fueron clasificadas en autoagresiones, agresiones sexuales, demás agresiones con uso de armas de fuego, con uso de otros objetos contundentes y demás agresiones con uso de la fuerza física o no especificadas.

Una vez estandarizados y clasificados los registros, éstos revelaron valiosas informaciones. Indicaron que hombres y mujeres muestran una distribución parecida con relación a la edad de la víctima al momento del registro del evento, una tendencia a la reducción de la violencia durante los meses de enero a julio, seguida de un aumento constante entre agosto y diciembre, y una prevalencia de víctimas do sexo femenino en este período, por ejemplo.

En la distribución de sucesos de acuerdo con la franja de edades y el lugar de los hechos, los investigadores observaron una mayor frecuencia de la franja de entre 16 y 65 años (un 9,2%) en las violencias registradas en el lugar de trabajo, y mayor incidencia de víctimas en la franja de entre 0 y 5 años (un 18,6%) cuando la agresión es perpetrada en la propia vivienda. En los demás lugares de ocurrencia ?área de comercio y servicios, en la vía pública o en carreteras, en otra vivienda, no informado y otros?, las distribuciones de casos fueron similares en todas las franjas de edades.

Promiscuidad y violencia

El equipo de Saldiva también releva datos sobre violencia en la Coordinación de Salud del Sistema Penitenciario (Cosaspe), que concentra todos los prontuarios relativos a las atenciones hospitalarias de los detenidos en la ciudad de São Paulo. “La Cosaspe no posee ninguna información en archivo magnético. Por eso la primera etapa del trabajo consistió en desarrollar, en asociación con la Secretaría de Administración Penitenciaria, la estructura de un banco de datos, para entonces iniciar la digitación y el análisis de los mismos”, comenta Liliam Pereira de Lima, estadística que participa del proyecto. También allí los datos fueron reveladores.

La violencia en los presidios se manifiesta bajo la forma de enfermedades: el VIH y la tuberculosis, con una incidencia de un 67,5% y un 35,1%, respectivamente, entre los pacientes detenidos atendidos en el Centro Hospitalario de Carandirú, en donde converge buena parte de los casos de enfermedades y violencia que se registran en el sistema penitenciario paulista. Las heridas con armas de fuego no superan el 5,2%, y las heridas con armas blancas, el 1,3%. En ambos casos, las víctimas fueron derivadas al hospital por la Secretaría de Seguridad Pública, encargada de la atención de heridos en los distritos policiales.

Estas agresiones, por lo tanto, bien pueden haberse producido en el momento de laprisión. La violencia, en el caso del sistema penitenciario, reside en la falta de control de las enfermedades infectocontagiosas. “Los presidios son insalubres, y los presos viven en una situación de promiscuidad”, subraya Saldiva. “La solución está en la reducción de las posibilidades de contagio y en el uso de medicamentos de control de esas enfermedades”, dice.

Algoritmo de riesgo

Una vez concluido el diagnóstico, el proyecto de investigación está entrando ahora en su segunda fase. “Vamos a proponerle al sistema penitenciario una codificación de los datos y un gerenciamiento de informaciones basado en criterios lógicos”, afirma Saldiva. En el área de salud, la propuesta consistirá en implementar un sistema unificado, para completarlo con informaciones críticas, que deberán alimentar un banco de datos sobre la violencia en la capital.

“Las informaciones calificadas permitirán, por ejemplo, estudios de costos de la violencia, relacionados con los procedimientos médicos, y horas de trabajo perdidas, entre otras informaciones relevantes para la implementación de políticas públicas”, dice Saldiva. Estos datos permitirán elaborar un mapa georreferenciado de estudio de la morbilidad. Pero con el proyecto Saldiva pretende ir más lejos, y llegar a un algoritmo de cálculo de riesgo, que se traduciría en una alerta a la sociedad: una mujer, caminando sola, por una región situada entre tales y tales calles, durante el período ubicado entre tal hora y tal otra, tiene un alto porcentaje de riesgo de convertirse en víctima de violencia sexual.

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