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GESTIÓN

El Ministerio de Ciencia y Tecnología e Innovación, creado en Brasil hace 40 años, amplió sus acciones y sus políticas públicas

La cartera afrontó recortes de financiación, pero creó una robusta maquinaria burocrática de acción

El presidente José Sarney, tomando juramento a Renato Archer (a la der.), el primer ministro de Ciencia y Tecnología, en 1985

Carlos Cruz / Acervo CNPq

El 40º aniversario de un hito de la redemocratización brasileña ‒la investidura del primer presidente civil tras 21 años de dictadura militar‒ adquiere doble importancia para la comunidad científica del país. Aquel 15 de marzo de 1985 se incorporó al gobierno el Ministerio de Ciencia y Tecnología, con la misión de planificar y coordinar los programas e iniciativas federales del área hasta entonces dispersos en diferentes organismos y esferas. En la actualidad denominado MCTI, tras añadírsele a sus propósitos la Innovación, hace 14 años, la cartera ha desempeñado un rol en la institucionalización de políticas públicas en sus ámbitos de actuación, pese a haber enfrentado intervalos frecuentes de falta de financiación y convulsiones en su estructura organizativa (en distintas ocasiones fue rebajado al rango de secretaría y se fusionó con las carteras de Industria y Comercio y Comunicaciones).

La rotación de sus directivos también ha sido intensa. En la galería de titulares de la cartera hay 25 retratos y 15 de ellos ocuparon el cargo durante un año o menos. Pero a lo largo de su historia, el MCTI ha consolidado una robusta maquinaria burocrática, que actualmente cuenta con 5.982 empleados que se ocupan de sus múltiples incumbencias. El ministerio patrocina desde ciencia básica hasta proyectos de innovación en empresas a través de dos agencias de fomento: el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep). También se compone de 18 unidades que dan empleo a científicos o les proporcionan infraestructura para su trabajo, tales como el Centro Brasileño de Investigaciones Físicas (CBPF), el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y el Laboratorio Nacional de Computación Científica (LNCC). Y hay dos autarquías que funcionan bajo su paraguas, la Agencia Espacial Brasileña (AEB) y la Comisión Nacional de Energía Nuclear (Cnen), como así también organismos colegiados tales como la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio) y el Consejo Nacional de Control de la Experimentación Animal (Concea), y la empresa Ceitec, que desarrolla y produce semiconductores.

Con los fondos del ministerio se ha financiado la construcción de instalaciones científicas, como el laboratorio de luz sincrotrón Sirius, y se espera que en los próximos años se pongan en marcha proyectos tales como el del laboratorio de máxima bioseguridad Orion y el del Reactor Multipropósito Brasileño, un centro de producción de radioisótopos y trazadores para la agricultura, entre otras misiones. El presupuesto del MCTI para 2025, aprobado por el Congreso el 19 de marzo, será de 13.700 millones de reales, una cifra superior a la de 2024, pero con un recorte de 3.000 millones en comparación con el presupuesto del proyecto de ley presupuestaria. Se trata de un nivel similar al ejecutado entre 2010 y 2015, que fue una buena etapa para la financiación de la ciencia en Brasil, y muy por encima de lo ejecutado entre 2016 y 2021.

Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESPLas instalaciones de la fuente de luz sincrotrón Sirius, en Campinas, construido con fondos del presupuesto del MCTILéo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP

A juicio de la ingeniera Luciana Santos, actual titular del MCTI, la creación de un ministerio dedicado a la ciencia y la tecnología le dio al tema la importancia que merece. “Fue a través de este ministerio que hemos podido construir una política nacional para el sector, fortalecer las universidades e institutos de investigación, crear programas estratégicos y asegurarnos de que la innovación estuviera conectada con las necesidades de Brasil”, dice. La movilización para que la ciencia y la tecnología obtuvieran el rango de ministerio era antigua y cobró fuerza luego de la fundación de agencias como el CNPq y la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), durante el segundo gobierno de Getúlio Vargas, en 1951. Personalidades destacadas como el físico José Leite Lopes (1918-2006) y el hematólogo Walter Oswaldo Cruz (1910-1967), abogaron por la creación de un ministerio en artículos publicados por la prensa a finales de la década de 1950.

La Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), también estaba a favor, dice el físico José Goldemberg, quien fue presidente de esta asociación entre 1979 y 1981. Según él, la necesidad de contar con un ministerio o una estructura equivalente para ocuparse de la ciencia y la tecnología se convirtió en un tema pacífico en todo el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. “Era necesario contar con una organización que se ocupara de la formación del personal científico, con investigaciones y actividades correlacionadas. Y también había una cuestión simbólica, que consistía en otorgarle a la ciencia un lugar preponderante entre los representantes del Estado”, dice Goldemberg, quien en el gobierno de Fernando Collor de Mello, en 1990, se convertiría en secretario especial de Ciencia y Tecnología cuando la cartera perdió su estatus de ministerio.

Archivo personalEl secretario José Goldemberg junto al presidente Collor de Mello, en la ceremonia de cierre del campo de pruebas nucleares en Serra do Cachimbo, en 1990Archivo personal

La cartera fue creada en 1985 por decisión del presidente electo Tancredo Neves (1910-1985), quien cayó enfermo en la víspera de su investidura y falleció semanas más tarde, y confirmada por su vicepresidente y sucesor José Sarney. Tancredo Neves había designado en el cargo a Renato Archer (1922-1996), un político nacionalista que había sido ministro de Relaciones Exteriores en 1963. “Archer era un exmilitar de la Marina vinculado al almirante Álvaro Alberto da Mota e Silva [1889-1976], fundador del CNPq. Había sido un empresario de la industria minera y diputado destituido. Concentraba en una sola persona a varios de los actores que propugnaban la creación del ministerio: solo le faltaba ser físico”, dice el historiador de la ciencia Antonio Augusto Passos Videira, investigador de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj) y autor del libro intitulado 25 anos de MCT: Raízes históricas da criação de um ministério [25º Aniversario del MCT. Las raíces históricas de la creación de un ministerio] (CGEE, 2008).

Los primeros tiempos del ministerio no presagiaban su longevidad. La primera reacción fue de desconfianza; uno de los temores, expuesto en textos del científico y divulgador de la ciencia José Reis [1907-2002], era que la institucionalización generara una barrera entre los investigadores y el centro de poder. Archer fungió como enlace con los científicos ‒llevó al expresidente de la SBPC, Crodowaldo Pavan [1919-2009], para dirigir el CNPq‒ y se mantuvo al frente del ministerio durante dos años y siete meses. Los recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FNDCT), la principal herramienta federal de financiación de la ciencia, que habían escaseado durante el último gobierno militar, cobraron impulso con una inversión para el reequipamiento de los laboratorios.

En 1989, la cartera se fusionó con el Ministerio de Industria y Comercio, convirtiéndose posteriormente en una secretaría que, durante el gobierno de Collor de Mello, pasó a estar vinculada a la Presidencia. José Goldemberg comenta que durante su gestión como secretario, la pérdida del estatus ministerial no supuso un perjuicio. “La importancia del organismo está asociada a la interlocución que se mantiene con el presidente y, en mi caso, la interacción fue fluida”, dice. “Hubo dos grandes eventos que movilizaron a la secretaría: la preparación para la Conferencia sobre el Clima ‒Río 92‒, y el desmantelamiento del programa nuclear paralelo”, explica.

Durante el gobierno de Itamar Franco [1930-2011], el ministerio fue recreado y vivió una etapa de estabilidad, con el químico José Israel Vargas al mando durante más de cinco años, quien conservó su cargo en los primeros años de la gestión de Fernando Henrique Cardoso. En una entrevista concedida a Pesquisa FAPESP en 2008, Vargas relató que los fondos provenientes de la privatización de la Compañía Siderúrgica Nacional ayudaron a hacer factibles proyectos tales como el lanzamiento del Centro de Pronóstico Meteorológica y Estudios Climáticos, vinculado al Inpe, el traslado de las instalaciones del LNCC de Río de Janeiro a Petrópolis y las fases finales de la construcción del Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón, en Campinas.

Colección MCT El secretario ejecutivo del MCT, Carlos Américo Pacheco (a la izq.), el ministro Sardenberg y el presidente de la Finep, Mauro Marcondes, en 2002Colección MCT

Le correspondió al diplomático Ronaldo Sardenberg, quien asumió el cargo en el segundo mandato de Fernando Henrique Cardoso, y al secretario ejecutivo de la cartera, el ingeniero Carlos Américo Pacheco, la organización de un ordenamiento financiero que garantizase fuentes de recursos estables para el FNDCT y el ministerio. Se crearon los Fondos Sectoriales de Ciencia y Tecnología, 16 en total, con 14 de ellos vinculados a distintos segmentos de la economía, tales como energía, salud y biotecnología, y otros dos de carácter transversal, destinados a proyectos que promueven la interacción entre universidades y empresas y para mejorar la infraestructura de las instituciones científicas. Cada fondo se nutre de ingresos específicos. El de energía, por ejemplo, recibe entre un 0,3 % y un 0,4 % de la facturación de las concesionarias del sector eléctrico.

El objetivo de los fondos sectoriales consistía en complementar las transferencias del gobierno federal al FNDCT, utilizando la mayor parte de éstos para financiar investigaciones de interés de cada sector de la economía. En la práctica, el carácter sectorial se desnaturalizó y el dinero, en gran medida, se utilizó para mantener el funcionamiento del ministerio y sus proyectos. Asimismo, los fondos a menudo fueron retenidos en parte para financiar el pago de la deuda pública. La retención de los fondos sectoriales fue prohibida por el Congreso en 2021. “Durante el mandato de Sardenberg, el MCTI ganó su configuración definitiva, con los institutos de investigación vinculados a su estructura, y ya no a la del CNPq, y también con la AEB y la CNEN”, explica Carlos Américo Pacheco, quien actualmente es el director presidente del Consejo Técnico Administrativo de la FAPESP.

Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESPLa 5ª Conferencia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, realizada en Brasilia en 2024: recomendaciones para un plan de 10 añosLéo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP

Otros ministerios también poseen organismos e iniciativas vinculados a la investigación científica, entre ellos los de Agricultura, Educación, Salud y Defensa, pero le corresponde al MCTI articular las acciones de gobierno con las otras carteras y formular las políticas federales. El año pasado, con la ayuda de expertos, el ministerio elaboró el Plan Nacional de Inteligencia Artificial. La capacidad de la cartera para influir en las políticas de Estado siempre ha tenido sus límites, según el ingeniero Clelio Campolina Diniz, docente y exrector de la Universidad Federal de Minas Gerais, y ministro entre marzo de 2014 y enero de 2015. “La política científica y tecnológica debe tener una perspectiva de mediano y largo plazo. Necesita ser compatible con los objetivos generales del Estado y estar articulada con las demás políticas sectoriales y temáticas, tales como las de industria, agricultura, comercio exterior, educación y salud”, dice Campolina.

El exministro cita ejemplos como los incentivos fiscales a empresas multinacionales en la Zona Franca de Manaos. “Tendría que haber una contrapartida consistente en internalizar la investigación de estas empresas en Brasil, pero nunca hubo esa exigencia”. También menciona la producción de soja transgénica, hasta ahora dependiente de semillas importadas. “La ciencia brasileña está preparada para impulsar una política nacional de producción de insumos”. En su paso por el ministerio, Campolina puso en marcha un programa llamado Plataformas del Conocimiento, que buscaba fomentar colaboraciones entre empresas y grupos de investigación para resolver los desafíos tecnológicos de la industria, pero el mismo no tuvo continuidad.

Antonio Videira, de la Uerj, percibe en la cartera algunas dificultades para producir reflexiones críticas que marquen nuevos caminos para la ciencia. “El ministerio tiene muchas responsabilidades y problemas prácticos que resolver. Coordina unidades de investigación de diversas áreas y aspiraciones, está siempre ocupado con cuestiones presupuestarias y está obligado a dar respuesta a múltiples temáticas provenientes del gobierno y de fuera de éste, desde políticas de inclusión hasta planes de inteligencia artificial. A mi modo de ver, a veces se pierde un poco en medio de estas demandas y quizá no esté en condiciones de pensar en una política para la ciencia de manera autónoma”, dice. Si bien el saldo de estos 40 años es positivo, lamenta que el desempeño del MCTI sea evaluado principalmente por un sesgo financiero. “Cuando el ministerio funciona bien, es porque tiene dinero, y cuando no, es porque no lo tiene. Hay que ampliar la perspectiva del análisis. Si es restringida, ello dificulta el conocimiento de muchas acciones y propuestas del ministerio. Hace falta un debate más profundo acerca de cómo la ciencia puede apoyar mejor a la sociedad y el desarrollo”.

Marcelo Camargo / Agência BrasilNiños en un evento de la Semana Nacional de la Ciencia, Tecnología e Innovación, organizada por el ministerio desde 2004Marcelo Camargo / Agência Brasil

El físico Sérgio Machado Rezende, ministro entre 2005 y 2010, recuerda un episodio que, a su juicio, marcó un punto de inflexión en el ministerio: su antecesor, el entonces diputado federal Eduardo Campos (1965-2014), asumió el mando de la cartera a principios de 2004 y convocó a sus asistentes para que lo ayudaran a crear una política de ciencia y tecnología para el gobierno; en aquella época, Rezende dirigía la Finep. “Tenía claro que necesitaba formular una política que articulara las actividades del ministerio. Estuvimos todos reunidos en Brasilia durante tres días”.

Cuando Rezende lo reemplazó, decidió ir más allá. En 2007 se reunió con distintos sectores de la comunidad científica para formular el Plan de Acciones en Ciencia y Tecnología para el período 2007-2010, que se conoció como el PAC de Ciencia y Tecnología y se puso en marcha. “Para el ministerio es muy importante contar con un plan discutido con la sociedad y los científicos”, dice Rezende, quien el año pasado coordinó, a pedido del MCTI, la 5ª Conferencia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, de la que surgieron recomendaciones para una estrategia nacional que serán publicadas próximamente en el llamado Livro violeta.

Este artículo salió publicado con el título “En el primer escalón” en la edición impresa n° 350 de abril de 2025.

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