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SALUD PÚBLICA

La violencia sexual infantil se incrementó a un ritmo de un 6,8% anual entre 2013 y 2022 en Brasil

Durante ese período se registraron 39.900 episodios, y dos de cada tres casos ocurrieron en los hogares de las víctimas

Natália Gregorini

Es poco lo que se dice de la violencia sexual contra niños y adolescentes de sexo masculino, pero existe y ha venido creciendo a un ritmo acelerado en Brasil durante la última década. Según datos divulgados en 2024 por el Ministerio de Salud nacional, un 13,6 % de las víctimas de los casi 203.000 casos registrados entre 2015 y 2021 corresponde a niños y muchachos de entre 0 y 19 años. Ahora, un análisis de un período más largo a cargo de investigadores de la Universidad Federal de Piauí (UFPI) reveló que la violencia sexual contra este grupo ha aumentado de 2013 en adelante a un ritmo del 6,8 % anual.

Un equipo encabezado por el enfermero José Wicto Pereira Borges detectó este índice de crecimiento al analizar los casos registrados en el Sistema de Información de Enfermedades de Notificación Obligatoria (Sinam) del Ministerio de Salud entre 2013 y 2022, la década más reciente de la que se disponía de datos completos (véase el gráfico abajo). En el estudio, publicado en octubre en la revista Epidemiologia e Serviços de Saúde, la también enfermera Beatriz Leão Lima y colaboradores efectuaron un recuento de los casos registrados cada año y los municipios en los que fueron reportados. Además de la edad de las víctimas, tuvieron en cuenta el vínculo que mantenían con el agresor y el lugar en donde se perpetró la violencia (hogar, escuela, vía pública, entre otros). Con base en las estimaciones demográficas del Censo 2022 y en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) estimado por el Censo 2010, los investigadores calcularon las tasas de violencia en diferentes grupos etarios y regiones del país a lo largo de los años.

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

En el período evaluado, se registraron 39.967 incidentes de violencia sexual contra niños y adolescentes varones, lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como cualquier hecho o tentativa sexual perpetrado contra una persona mediante coerción física o amenaza, chantaje e intimidación. En la mayoría de los casos (el 41,3 %), las víctimas fueron niños de 5 a 9 años. El segundo grupo más afectado, con un 25,7 %, fue el de 1 a 4 años y, el tercero (con un 23,1 %), el de los preadolescentes y adolescentes de 10 a 14 años.

Los datos indican que entre 2013 y 2022 hubo un aumento del total de las denuncias en todos los grupos de edades, con una tasa promedio de incremento del 6,8 % anual. Este crecimiento, sin embargo, fue más pronunciado en los dos extremos de ese rango de edades: aumentó a una tasa media de un 10,4 % al año entre los bebés de menos de 1 año y de un 11,6 % anual entre los adolescentes de 15 a 19 años (véase el gráfico abajo).

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

El sudeste de Brasil, la región más populosa del país, concentró el mayor porcentaje de denuncias (el 44,2 % del total), seguido por el sur (el 23,4 %), con el sudeste registrando también la mayor variación anual, con un incremento del 9,5 % al año en el período. En los últimos años se ha registrado un alza importante en la región norte, en los estados de Amazonas, Pará y Roraima, especialmente en los municipios con un IDH bajo. Para los autores, el bajo nivel de desarrollo socioeconómico de estas áreas puede estar asociado a la explotación sexual y otras formas de violencia.

En el caso del sudeste, según los investigadores, es posible que el aumento de las denuncias, al menos en parte, sea el resultado de un sistema de vigilancia más presente y activo. “Se ha mejorado el sistema de vigilancia y notificación, lo que puede haber contribuido al aumento de los registros”, dice Leão Lima, autora principal del artículo.

Al igual que en el caso de las niñas, la violencia sexual contra los chicos tiene lugar en un ambiente conocido ‒que, en principio, debería ser seguro‒ y el perpetrador es alguien de su entorno cercano. Dos de cada tres casos (específicamente un 62,4 %) se registraron en el propio hogar de la víctima. Los otros lugares habituales, aunque con una frecuencia mucho menor, fueron la escuela (un 5,8 %) y la vía pública (un 5,5 %). El agresor era un conocido de la familia en el 35,3 % de los casos y un familiar directo en el 28,7 %; solo en uno de cada diez casos el autor fue un desconocido. “El hecho de que este tipo de hechos violentos tenga lugar en el hogar y que los mismos sean cometidos por conocidos o familiares contribuye a que exista un pacto de silencio y a que no se siempre se los denuncie”, explica el psicólogo Cássio Miranda, de la UFPI y coautor del estudio.

Por cierto, el subregistro es un fenómeno frecuente, tanto en la violencia sexual cometida contra niñas como contra niños. En el caso femenino, la evidencia de que la cantidad de denuncias es menor que las que realmente ocurren fue detectada años atrás por la pediatra Stella Taquette, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj). En un estudio publicado en 2021 en Revista de Saúde Pública, ella y sus colaboradores compararon la cifra de embarazos en niñas de 13 años o menos entre 2012 y 2018 ‒la legislación brasileña considera como estupro de una persona vulnerable a las relaciones sexuales con menores de 14 años‒ con el total de casos de abuso sexual registrados. En ese período, 136.300 niñas de 13 años o menos quedaron embarazadas, aunque solamente se denunciaron 45.600 casos de abuso sexual contra niñas de entre 10 y 13 años.

En el caso de los varones, se desconoce la magnitud del subregistro, pero se sabe que está muy condicionado por las barreras culturales. “Nuestra sociedad busca preservar, incluso en la infancia, un ideal de masculinidad que impide a los varones informar que sufren este tipo de violencia”, dice Miranda. Según el investigador, en lo que concierne a los chicos, lo más común es que se denuncien solamente los casos más graves, que requieren atención médica y pueden ser identificados por los profesionales de la salud. “Los que no dejan marcas físicas a menudo no llegan a denunciarse”, relata el psicólogo.

El equipo de la UFPI también informa que, a pesar de que en los últimos años cobró cuerpo el debate sobre el tema, aún sigue habiendo importantes falencias en la atención que brinda el sistema sanitario a los niños y adolescentes de sexo masculino víctimas de violencia sexual, que van desde la falta de lugares de atención y escucha, como una sala privada, algo que ya existe para las mujeres, hasta errores al completar la información en los formularios de denuncia, como los datos referidos a la reiteración de los abusos.

“Esta información sería crucial para entender mejor los perfiles de la violencia y constatar, por ejemplo, si los adolescentes de más edad tienden a denunciar menos estos hechos”, dice Pereira Borges, de la UFPI. Hay una razón que explica esta sospecha. “Cuanto más se perpetúa la violencia, más natural puede llegar a ser para la víctima, lo que puede contribuir a silenciarla”, explica.

El psicólogo Denis Gonçalves Ferreira, del Núcleo de Investigación en Derechos Humanos y Salud de la Población LGBT de la Facultad de Ciencias Médicas del Hospital Santa Casa de São Paulo, dice que es preciso realizar estudios para conocer mejor las necesidades de los niños y adolescentes víctimas de violencia sexual, lo que permitiría planificar mejores estrategias de atención y prevenir este tipo de agresiones. Gonçalves Ferreira es el autor de un trabajo publicado en 2023 en la Revista de Saúde Pública en el cual analizó 53 artículos referidos a la violencia sexual contra niños y varones adultos brasileños. Los estudios indican que este tipo de violencia contra los niños comienza antes y se perpetúa en el tiempo por un lapso de tiempo mayor que en el caso de las niñas (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 336). También apuntaron que se asocia a desenlaces tales como trastorno de estrés postraumático, ideaciones suicidas, abuso de drogas, aislamiento social y psicosis. “Nuestra sociedad no prepara emocionalmente a los niños y muchachos para afrontar situaciones de vulnerabilidad, por lo que les resulta muy difícil darse cuenta de que viven una situación de violencia y denunciarla”, dice Gonçalves Ferreira.

Los niños y adolescente que padecen violencia sexual suelen presentar alteraciones de conducta que pueden servir como señal de alarma para padres y tutores. En los niños más pequeños, los cambios más habituales son el llanto sin motivo aparente, la irritabilidad frecuente, la apatía o la incomodidad al ser abrazados, así como retrasos y dificultades en el desarrollo del habla y las alteraciones del sueño. Los de mayor edad pueden desarrollar comportamientos obsesivos, de autoagresión, deseos de morir o incluso intentos de suicidio.

“La mejor forma de prevenir este tipo de violencia es a través de la información. Es imprescindible educar a los niños y a los adolescentes para que entiendan qué es la sexualidad y los derechos que les asisten, así como enseñarles a reconocer la violencia sexual, cómo se produce la captación [aliciamento en portugués, grooming en inglés] y a buscar la ayuda de un adulto de confianza ante situaciones sospechosas o de riesgo”, dice la pedagoga y fonoaudióloga Andreza de Castro Leão, de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) en su campus de la localidad de Araraquara, quien en su tesis de libre docencia evaluó acciones tendientes a prevenir la violencia sexual infantil y juvenil. A su juicio, para hacer frente a la violencia sexual es necesario generar un cambio cultural, sobre todo en lo que se refiere a las construcciones sociales de género, tanto entre niños y adolescentes como entre los profesionales de la educación y de la salud que, a menudo, son los primeros en identificar y brindar acogida a las víctimas.

Con todo, De Castro Leão recuerda que la protección de los niños y adolescentes no es responsabilidad exclusiva de la escuela, de los profesionales de la salud o de las redes de protección. Según el Estatuto del Niño y del Adolescente (ECA), todo ciudadano tiene el deber de denunciar los casos sospechosos o confirmados de violencia contra menores de 17 años. “La responsabilidad de protegerlos”, dice, “es de la sociedad en su conjunto, no de ellos mismos”.

Este artículo salió publicado con el título “Un problema oculto que crece” en la edición impresa n° 348 de febrero de 2025.

Artículos científicos
LIMA, B. C. L. et al. Temporal and spatial analysis of notifications of sexual violence against male children and adolescents in Brazil, 2013 to 2022: An ecological study. Epidemiologia e Serviços de Saúde. 14 oct. 2024.
TAQUETTE, S. R. et al. A invisibilidade da magnitude do estupro de meninas no Brasil. Revista de Saúde Pública. 1º dic. 2021.
FERREIRA, D. G. et al. Violência sexual contra homens no Brasil: Subnotificação, prevalência e fatores associados. Revista de Saúde Pública. 2023.

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