La CIA y el FBI están financiando investigaciones para intentar ir más allá de la mentira. Los dos organismos de investigación norteamericanos están escandalizados con los timadores que engañan fácilmente al polígrafo, artefacto que detecta los cambios en procesos fisiológicos tales como latidos cardíacos, presión arterial y respiración. “La llegada de detectores de mentiras de alta calidad es solo una cuestión de tiempo”, declaró al periódico Boston Globe el profesor de psicología de la Universidad de Harvard Stephen Kosslyn. El quid de la cuestión es tener acceso directo al cerebro, es decir, medir las ondas cerebrales y el flujo de sangre en la caja craneana, actividades que no pueden ser controladas por las personas. Kosslyn utiliza un escáner cerebral para verificar cuáles son las áreas con mayor flujo sanguíneo durante un interrogatorio. Aunque su trabajo no está concluido todavía, los resultados preliminares indican que diferentes regiones del cerebro son activadas según la persona mienta o diga la verdad. Otra experiencia está siendo llevada adelante por Lawrence Farwell, ex alumno de Harvard que coordina el proyecto Ciencia de las Ondas del Cerebro y trabaja en un aparato de impresiones cerebrales. El equipamiento capta la onda P300, activada cada vez que una persona ve un objeto familiar. El sospechoso tiene electrodos conectados a su cabeza frente a una computadora que lo fotografía. La técnica suministra una vía de acceso a la experiencia visual pasada. Por ejemplo: si la persona observa una serie aleatoria de fotos de armas sin activar la onda P300, esos objetos presumiblemente le son desconocidos. Pero si aparece el arma del crimen y la onda se activa, entonces es claro que el sospechoso conoce el arma. Aun con esos avances, existen quienes pongan en duda los nuevos métodos. “Jamás tendremos un 100% de certeza”, dice Paul Ekman, profesor de psicología de la Universidad de la California.
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