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Tecnociencia

Pequeños temblores, grandes daños

Las grandes fallas de la corteza terrestre pueden compararse con la hilera de botones de una camisa apretada: basta con que salte el primero de éstos que los otros se desgarran. Cada botón que vuela equivale a un gran terremoto que, al surgir en algún punto del planeta, desencadena una serie de temblores menores hasta dar origen a un nuevo movimiento telúrico de grandes proporciones. Por eso al trazar sus mapas proyectando la ubicación y la intensidad de terremotos futuros, los geofísicos tienden a concentrarse en los temblores mayores y a considerar a los menores como actividades sísmicas secundaria.

Sin embrago, en un reciente estudio de Agnès Helmstetter, de la Universidad de California de Los Angeles, Estados Unidos, sugiere que ese método puede comprometer la precisión del pronóstico Physical Review Letters, 1º de agosto). Luego de analizar los registros de todos los sismos secundarios ocurridos durante los últimos 28 años en el sur de California, Agnès concluyó que la relación entre la magnitud de un terremoto y el número de temblores secundarios provocados por éste no es directamente proporcional.

Según sus cálculos, el factor alfa, que determina esa relación, no es 1, tal como se creía, sino 0,8. Esto quiere decir por ejemplo que el doble de determinada magnitud no necesariamente causaría el doble de sismos secundarios, y que a todo temblor secundario también corresponde una actividad sísmica propia –lo suficientemente importante como para repercutir en los grandes terremotos.

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