Imprimir Republicar

Estrategias

Rusia le dice sí al Protocolo de Kyoto

El gobierno de Rusia finalmente aprobó la adhesión del país al Protocolo de Kyoto, al cabo de tres años de evasivas y rodeos del presidente Vladimir Putin con respecto al tema. Pero la decisión debe aún ser aprobada por el Parlamento ruso. Y allí también se acumulan resistencias al acuerdo firmado en 1997, que exige que los países industrializados se comprometan a reducir hasta 2012 sus emisiones de gases que provocan el efecto invernadero a niveles un 5% inferiores a los de 1990.

Una buena parte de los políticos y empresarios de Rusia sostiene que la adhesión al protocolo es incompatible con las metas de crecimiento del país. Los industriales dicen que solamente lograrán contaminar menos si reducen el nivel de producción. También hay resistencias de parte del sector petrolero, que teme una caída del consumo de combustibles.

La adhesión de Rusia es crucial para que el protocolo salga del papel. Hasta ahora 124 países han ratificado el acuerdo, lo que corresponde al 44% de las emisiones de la parte industrializada del planeta. Es necesario alcanzar un nivel del 55% para que el tratado entre en vigor. Como Rusia responde por el 17,5% de las emisiones, su adhesión definirá la suerte del protocolo. El tema será discutido en el Parlamento a comienzos de 2005, y si se lo aprueba, entrará en vigencia 90 días después.

“Será un debate difícil”, sostuvo el primer ministro de Rusia, Mikhail Fradkov. Es un tema tabú incluso entre los científicos rusos. En una reciente reunión de investigadores realizada en Moscú, David King, consejero científico del gobierno británico fue una voz aislada a favor del protocolo. Invitado a participar en un taller sobre el efecto invernadero en la Academia Rusa de Ciencias, King descubrió que había caído en un juego de cartas marcadas.

Yuri Izrael, uno de los organizadores y ex director del Instituto de Ecología y Clima Global, ligado al presidente Vladimir Putin, convocó a una legión de críticos del acuerdo de Kyoto a hablar durante el encuentro. En una maniobra de última hora, se llamó incluso al meteorólogo Richard Lindzen, del Instituto de Tecnología de Massachussets, en Cambridge, gurú de los escépticos del calentamiento global.

Republicar