El objetivo es combatir la leucemia o linfomas refractarios a la quimioterapia y a la radioterapia
Bolsa utilizada en una de las etapas de preparación de las células CAR-T
Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP
De tanto en tanto, la biomédica Renata Nacasaki Silvestre fijaba la vista sobre las bolsas plásticas suspendidas en lo alto de una columna portasuero: una con un líquido rojo vivo, otra con una solución ambarina y una tercera llena con un fluido incoloro. Acto seguido, verificaba los valores en el aparato que tenía delante y tomaba nota en una ficha. A su lado, la farmacéutica Elaine Zayas Marcelino se mantenía atenta a las condiciones de pureza del aire de la sala. Tras cada medición, seguían un protocolo estricto de procedimientos que conocían de memoria, pero que, aun así, comprobaban paso a paso. Eran poco más de las 2 de la tarde del jueves 5 de junio y ambas estaban terminando la tarea que habían comenzado bien temprano esa mañana: separar de una mezcla de células sanguíneas un tipo especial de células de defensa, los linfocitos T, que luego serían modificados para su utilización como medicamento vivo contra el cáncer en el mayor ensayo en pacientes que se está llevando a cabo en Brasil.
La bolsa roja, la más importante y delicada, había llegado a Ribeirão Preto la noche anterior. Sus 400 mililitros contenían células sanguíneas de un paciente con linfoma, un tipo de cáncer hematológico, atendido en el hospital BP: Beneficência Portuguesa de São Paulo. El material extraído en la capital paulista viajó 350 kilómetros hasta el Hemocentro de Ribeirão Preto, vinculado a la Universidad de São Paulo (USP), por un motivo especial. En el campus de la USP funciona desde hace algo más de tres años el Núcleo de Terapia Avanzada de Ribeirão Preto (Nutera-RP), el mayor centro de América Latina especializado en la producción de linfocitos T genéticamente modificados para atacar a las células tumorales: se trata de las células denominadas CAR-T (linfocitos T con receptor de antígeno quimérico).
Esa tarde, en uno de los laboratorios de la “fábrica”, tal como se lo conoce al Nutera, Nacasaki Silvestre y Zayas Marcelino concluían la primera de las cuatro fases principales de producción de las células CAR-T (véase la infografía abajo). A medida que fluía de la bolsa hacia el dispositivo, el líquido rojo se mezclaba con anticuerpos que contenían una partícula magnética diseñada para adherirse a los linfocitos T, una familia variada de células de defensa: algunas actúan directamente y destruyen a las células enfermas o infectadas con patógenos; otras transmiten la orden de ataque a las demás células inmunitarias; y hay otras que funcionan como una memoria viva del objetivo por eliminar.
Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP
Una vez marcados, los linfocitos atravesaban un campo magnético que los atraía y los separaba del resto de las células de la sangre. Posteriormente, almacenados en una bolsa más pequeña, serían transportados a otra sala para su activación, antes de ser modificados genéticamente. En la última y más larga etapa, ya transformados en CAR-T, se mantendría a los linfocitos durante unos 10 días en un medio de cultivo rico en nutrientes y bajo una temperatura controlada para que se multiplicasen hasta alcanzar la concentración necesaria para el tratamiento. “Los linfocitos T duplican su cantidad cada 30 horas”, explicó la química Amanda Mizukami, gerente de producción del Nutera. “La concentración que se utiliza en los tratamientos varía desde cientos de miles hasta cientos de millones, dependiendo de la enfermedad y del peso del paciente”.
Una vez listos y en la dosis adecuada, los linfocitos T modificados aún serían sometidos a pruebas para evaluar si estaban sanos y sin contaminación y si eran capaces de identificar y eliminar a las células diana. Solo entonces, casi 45 días después de su recolección, los linfocitos T, ahora provistos de un radar que los guía hasta las células tumorales, regresarían a su donante en São Paulo.
El paciente del BP que en junio aguardaba la manipulación de sus células es el sexto en ser incluido en el mayor ensayo clínico nacional, denominado Carthedrall, destinado a evaluar la seguridad y eficacia de las células CAR-T desarrolladas íntegramente en Brasil con el apoyo de la FAPESP. El estudio comenzó en 2024 y recibió una asignación de 100 millones de reales del Ministerio de Salud para tratar a 81 personas con leucemia linfoblástica aguda o con linfoma no Hodgkin que no habían respondido a terapias anteriores. Los participantes están siendo seleccionados en el BP y en otros cuatro hospitales: el Hospital de Clínicas de Ribeirão Preto de la USP, que coordina el estudio, el Hospital de Clínicas de la Universidad de Campinas (HC-Unicamp) y, en la capital paulista, en el Sírio-Libanês y en el Hospital de Clínicas de la USP. Los pacientes que participen en el estudio recibirán los linfocitos T reprogramados y serán monitoreados durante al menos cinco años. “Hasta el mes de junio estábamos perfeccionando los procedimientos y avanzando a un ritmo más lento de lo que nos gustaría”, comenta el hematólogo Rodrigo Calado, director del Hemocentro de Ribeirão Preto, prorrector de Posgrado de la USP y uno de los ideadores del estudio. “Ahora estamos logrando despegar”.
Los dos tipos de cáncer tratados en el estudio obedecen a una anomalía en la proliferación de los linfocitos B, las células del sistema inmunológico responsables de la producción de anticuerpos. La diferencia entre un cáncer y otro radica en la etapa de maduración de las células afectadas. En la leucemia linfoblástica aguda, el cáncer más frecuente en niños y adolescentes, ciertas alteraciones genéticas hacen que las células precursoras de los linfocitos B se multipliquen fuera de control en la médula ósea, causando dolores intensos y destruyendo a las células sanguíneas sanas. En tanto, en el linfoma, los que proliferan son los linfocitos B que se concentran en los ganglios y los vasos linfáticos distribuidos por todo el cuerpo, que se inflaman y causan dolor. En ambos casos, los linfocitos B pierden la capacidad de desempeñar su función normal.
Ante esta situación, se utiliza el mismo tipo de célula CAR-T para tratar la leucemia y el linfoma: los linfocitos T reprogramados para exhibir en su superficie una molécula con atracción química por los linfocitos B. Las células reprogramadas en el Nutera exhiben un fragmento de anticuerpo que se une a la proteína CD19, exclusiva de los linfocitos B. Al encontrarse con estos linfocitos, las células CAR-T lanzan sobre ellos compuestos que los matan.
El equipo de Ribeirão Preto fue pionero en la terapia con células CAR-T en América Latina, inicialmente mediante lo que se conoce como uso compasivo, la oferta de terapias experimentales cuando se han agotado las alternativas terapéuticas habituales. En agosto de 2019, tras haber trabajado durante cinco años para dominar la tecnología, el grupo entonces coordinado por el hematólogo Dimas Tadeu Covas, en ese momento director del Instituto Butantan, concretó la infusión de las células reprogramadas en Vamberto Luiz de Castro, un empleado público jubilado con un linfoma resistente a los tratamientos habituales (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 286). En cuestión de semanas, las células CAR-T eliminaron el cáncer, De Castro recibió el alta y pudo volver a su casa, pero falleció meses después tras sufrir una caída y golpearse la cabeza.
Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESPRenata Silvestre (a la izq.) y Elaine Marcelino supervisan la separación de los linfocitos T de un pacienteLéo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP
En realidad, el trabajo que condujo a la terapia prometedora con las células CAR-T es fruto de un esfuerzo que comenzó mucho antes. En la década de 2000, el hematólogo Marco Antonio Zago y su equipo crearon en el Hemocentro de Ribeirão Preto el Centro de Terapia Celular (CTC), uno de los primeros Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid), financiados por la FAPESP. Allí se desarrollaron y se probaron, incluso en pacientes, estrategias de trasplante de médula ósea y uso de células madre para tratar algunas formas de anemia grave y diabetes tipo 1 (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 135). “Fue necesario invertir mucho tiempo y dinero para llegar al nivel tecnológico actual, que ha permitido dominar la producción y el uso de las células CAR-T”, recuerda Zago, coordinador del CTC entre 2001 y 2015 y actual presidente de la FAPESP. “Es así como la ciencia produce resultados impactantes”.
Antes del inicio del Carthedrall, el equipo de Ribeirão Preto administró el tratamiento compasivo a otros seis pacientes con linfoma y 13 con leucemia. Los resultados de esos primeros 20 tratamientos, publicados en 2024 en la revista Bone Marrow Transplantation, ayudaron a respaldar la solicitud de autorización para el ensayo clínico presentada a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), responsable de la aprobación de la comercialización de medicamentos en el país. De los 13 pacientes con leucemia, 12 presentaron una remisión de la enfermedad un mes después de la infusión. Dos de ellos fallecieron y 4 se mantenían libres de leucemia 10 meses más tarde; los otros seis habían sido tratados pocos meses antes de la publicación del artículo. En cuanto al grupo con linfoma, seis habían mostrado una fuerte remisión al final del primer mes y dos seguían bien tras el sexto mes de seguimiento. Cuatro de los miembros de este grupo fallecieron.
El 75 % de los 20 participantes presentó un grado leve o moderado del síndrome de liberación de citoquinas, un efecto colateral de la terapia, en cierto modo esperable. Las citoquinas son moléculas que efectúan la comunicación entre las células del sistema inmunitario. Algunas de ellas directamente son capaces de destruir las células tumorales. Otras atraen a las células defensivas para que actúen sobre el tumor. Cuando sus niveles son bajos, indican que el tratamiento está surtiendo efecto, pero en grandes cantidades caracterizan el síndrome y pueden causar graves daños al organismo.
La fábrica El material utilizado en los primeros 10 casos fue producido en un pequeño laboratorio, oculto entre el laberinto de salas del edificio principal del Hemocentro de Ribeirão Preto. Con el avance del proyecto, la producción de las células pasó a realizarse en una sede propia: el Nutera, un edificio de tres plantas cuya construcción costó 200 millones de reales, financiados por el gobierno paulista y el Instituto Butantan.
En el Nutera, se prepararon 16 salas limpias para albergar las distintas etapas de fabricación de las células CAR-T. Se trata de laboratorios con nivel de bioseguridad 2, apropiados para el manejo de agentes biológicos de riesgo moderado para las personas y el ambiente (para reprogramar las células se utiliza un virus inactivado). El acceso es restringido y solo se puede ingresar al sector de producción luego de someterse a un riguroso protocolo de higienización y adecuación. En un primer vestuario, se lavan las manos y se cambia la ropa por un par de pantalones, una blusa, zapatos limpios y un primer par de guantes. En el siguiente, hay que colocarse un overol esterilizado que cubre el cuerpo de la cabeza a los pies, y un nuevo par de guantes, también esterilizados. Solo entonces se puede ingresar al área en donde se encuentran los laboratorios. A cada paso adelante, no se da marcha atrás, para evitar la contaminación.
“La terapia con células CAR-T no está indicada para todas las personas con leucemia o linfoma”, explica el hematólogo Diego Clé, coordinador del Nutera y del Carthedrall. Los tratamientos a base de medicamentos antitumorales (quimioterapia), radiación (radioterapia) o compuestos que estimulan el sistema de defensa (inmunoterapia), resuelven entre el 50 % y el 70 % de los casos de ambas enfermedades. Cuando no funcionan, todavía existe la posibilidad de realizar un trasplante de médula ósea, tejido fundamental para la producción de las células del sistema inmunitario. Si nada de ello da resultado, actualmente Brasil y otros países recomiendan recurrir a las CAR-T.
Desde 2010, cuando se las empezó a probar en humanos, las células CAR-T ya se han utilizado en miles de casos en todo el mundo con resultados alentadores. En Brasil, hasta abril de este año, había poco más de 100 casos documentados, la mayoría utilizando productos comerciales (véase el gráficos abajo). Es difícil conocer la cantidad exacta de tratamientos, ya que su registro no es obligatorio.
Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP
En Estados Unidos, el Centro Internacional de Investigaciones en Trasplantes de Sangre y Médula Ósea (CIBMTR) registró 14.998 infusiones de células CAR-T entre 2016 y 2022 para tratar diferentes tipos de leucemia y mielomas. De los 6.119 pacientes con linfoma tratados entre 2017 y 2022, en un 44 % de los casos seguían vivos tres años después del procedimiento, según el informe de 2024 de la entidad. En el mismo período, 1.148 personas con leucemia linfoide aguda recibieron células CAR-T, de las cuales la mitad o más seguían con vida tres años más tarde (véanse los gráficos abajo). Uno de los casos más conocidos y exitosos del mundo es el de la estadounidense Emily Whitehead, la primera paciente pediátrica a la que se aplicó este tipo de terapia y que actualmente lleva 13 años libre de leucemia.
Una búsqueda en el sitio web clinicaltrials.gov, de Estados Unidos, enumera 2.100 ensayos clínicos con células CAR-T para diferentes finalidades en todo el mundo. De este total, 190 ya finalizaron y 185 están en curso. En un artículo de revisión publicado en 2023 en la revista científica Nature Reviews Clinical Oncology, investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos evaluaron el desempeño a largo plazo registrado en los ensayos clínicos con células CAR-T para el tratamiento de linfomas y leucemia. En el caso de los linfomas, el índice de participantes en los que la enfermedad se volvió indetectable dos años después del tratamiento osciló entre el 28 % y el 68 %. En los casos de leucemia, entre un 62 % y un 86 % no presentaban signos de la dolencia un año después de la infusión.
Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP
La farmacéutica Eloah Suarez, de la Universidad Federal del ABC (UFABC), analizó recientemente los resultados de 46 estudios con un total de 3.421 participantes. Utilizando una técnica estadística (metaanálisis) que permite combinar los datos de distintos trabajos, constató que, entre las personas tratadas con células CAR-T con la mira puesta en la CD19, en promedio, el 56 % de quedó libre de la enfermedad por un tiempo y seguían vivas casi un 60 % un año después del tratamiento. “En general, estas personas presentaban leucemias y linfomas muy avanzados y refractarios a terapias previas. El tratamiento no siempre ha reportado grandes ventajas clínicas, pero ha prolongado la vida de mucho pacientes”, comenta la investigadora, quien desarrolla células CAR-T para tratar tumores sólidos, más comunes que los hematológicos.
“Al principio, se utilizaban estrategias más básicas para reprogramar los linfocitos. En los últimos años, estas técnicas han sido perfeccionadas y los resultados mejoraron”, comenta Mizukami. Parte de estas mejoras se deben al manejo del tratamiento. “Los médicos aprendieron a controlar mejor los efectos indesables”, explica la investigadora, responsable de garantizar la provisión de células CAR-T para los pacientes del estudio Carthedrall.
Bajo la dirección de Clé y Calado, el Carthedrall es un ensayo clínico de fase II y II que evaluará la seguridad y la eficacia de las células CAR-T concebidas en el Nutera y desarrolladas con el apoyo del Instituto Butantan. Al término del estudio, cuya culminación está prevista para mediados de 2026, los datos serán enviados a Anvisa. En caso de ser similares a los tratamientos comerciales con células CAR-T actualmente disponibles y que el producto resulte aprobado, el paso siguiente será someterlo a consideración de la Comisión Nacional de Incorporación de Tecnologías (Conitec) en el Sistema Único de Salud (SUS) del ministerio. “Nuestra intención es poder ofrecer nuestro tratamiento en el SUS”, dice Clé.
Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESPRecipientes con muestras congeladas del virus utilizado para transformar a los linfocitos en células CARLéo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP
Actualmente están autorizados a comercializarse en Brasil cuatro productos terapéuticos basados en las células CAR-T. Dos de ellos son para la leucemia linfoblástica aguda y algunos tipos de linfomas: Kymriah, de la empresa farmacéutica suiza Novartis, y Tecartus, de la biofarmacéutica estadounidense Gilead Sciences. Esta última empresa también comercializa Yescarta, indicado para linfomas. El cuarto medicamento, Carvykti, de la compañía belga Janssen, está destinado a combatir el mieloma múltiple, un cáncer hematológico que afecta a adultos mayores y provoca la multiplicación de los plasmocitos, células derivadas de los linfocitos B. Al igual que las CAR-T del Nutera, son medicamentos de un solo uso ‒cuando no funcionan, el paciente no cuenta con el beneficio de una segunda aplicación‒ y alto costo.
Cada tratamiento cuesta entre 2 y 2,7 millones de reales. Estos montos no incluyen los gastos de la internación hospitalaria, que demanda al menos dos semanas, ni los de otros medicamentos. Antes de recibir las células CAR-T, el paciente es sometido a una quimioterapia para eliminar parte de las células de defensa y facilitar el trabajo de las células reprogramadas. Sin embargo, Kymriah, Yescarta y Tecartus no están disponibles en el SUS. Quienes los necesitan solo pueden acceder a ellos a través de sistemas de salud privados o por vía judicial. “En el Nutera estamos trabajando para ofrecer el tratamiento por alrededor de 350.000 reales”, dice Calado.
La intención del grupo de Ribeirão Preto y otras instituciones brasileñas que están desarrollando sus propias versiones de células CAR-T como alternativa a los productos que ya se comercializan es precisamente abaratar y ampliar el acceso a este tipo de tratamiento.
Una de las iniciativas más avanzadas, además de la del Nutera, es la que coordina el biomédico Martin Bonamino en el Instituto Nacional del Cáncer (Inca) de Río de Janeiro, quien desarrolló una alternativa para la producción de células CAR-T que no requiere del uso de virus. Debido al alto costo de producción de los virus que se utilizan para introducir en los linfocitos T el material genético que los induce a perseguir a los linfocitos B, Bonamino y su equipo optaron por trabajar con un transposón, un segmento del ADN que puede insertarse en el genoma de las células. Los investigadores acoplan el gen de la molécula que identifica la CD19 al transposón, apodado “la bella durmiente”. A continuación aplican una sutil descarga eléctrica que abre poros en la membrana del linfocito T, a través de los cuales penetra la combinación del gen y el transposón.
Daniela Tupy / INCALivia Sant’Ana prepara células CAR-T en el laboratorio del IncaDaniela Tupy / INCA
En uno de los experimentos, los investigadores dejaron que los linfocitos CAR-T modificados mediante esta estrategia se multiplicaran durante ocho días y los utilizaron para combatir a las células tumorales cultivadas in vitro y a las de dos modelos de leucemia humana en ratones. Los resultados, publicados en la revista Gene Therapy en 2020, indican que esta estrategia puede funcionar: las CAR-T aniquilaron tanto a las células de leucemia humana cultivadas en laboratorio como a las injertadas en los roedores, lo que incrementó el porcentaje de animales que sobrevivieron.
El grupo del Inca incluso fue más allá. En lugar de esperar varios días a que los linfocitos se multiplicaran en laboratorio, los inoculó en los ratones pocas horas después de haberlos producido. Es lo que se denomina expansión in vivo, cuando la proliferación tiene lugar en el interior del organismo, y que recientemente ha sido testeada en seres humanos en China y en Estados Unidos. La nueva estrategia funcionó, y el tratamiento fue tan potente o más que el anterior, de acuerdo con los datos publicados en la revista OncoImmunology. Una ventaja de esta opción reside en que disminuye el riesgo de agotamiento de las CAR-T, que después de multiplicarse muchas veces en laboratorio pueden perder parte de su capacidad de actuar en el paciente.
“A finales de año estaremos enviando a Anvisa la solicitud de autorización para realizar un ensayo clínico con ocho pacientes y demostrar la factibilidad de la primera estrategia”, informó Bonamino a principios de julio. “Ya hemos escalonado la producción siguiendo los requisitos de la agencia reguladora y conseguimos generar las dosis necesarias”.
En Italia, las células CAR generadas con transposones ya han alcanzado la fase de ensayos en humanos. El equipo del pediatra Andrea Biondi, de la Universidad de Milán-Bicocca, las utilizó para tratar a cuatro niños y 32 adultos afectados por un tipo de leucemia. Según apuntan los resultados, publicados en abril en la revista Blood Cancer Journal, las células CAR se multiplicaron velozmente tras la infusión y permanecieron activas durante hasta dos años. Gracias a esta terapia, al cabo de un mes del tratamiento, se registró una remisión de la enfermedad en 30 de los 36 pacientes (el 83 %). En algunos la leucemia reapareció, pero 20 seguían vivos un año después de la infusión. “Con los transposones hemos conseguido modificar las células en un día. Ahora estamos proponiendo utilizarlos como plataforma rápida para probar distintas fórmulas de células CAR”, comenta Bonamino.
Además de su labor como investigador en el Inca, el biomédico participa en una iniciativa de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) que busca tratamientos innovadores para la leucemia y se beneficiará de un acuerdo reciente con Caring Cross, una organización no gubernamental con sede en Estados Unidos que ha desarrollado células CAR-T dirigidas contra tres objetivos. El convenio, suscrito en marzo de 2024, prevé que Caring Cross le transfiera al Instituto de Tecnología en Inmunobiológicos de la Fiocruz (Bio-Manguinhos) los materiales y la tecnología para la fabricación de células CAR-T utilizando virus, autorizándolo a comercializarlas en Brasil y otros países de América Latina. La capacitación del equipo brasileño ya ha comenzado y la idea es instalar la producción en laboratorios modulares en contenedores, lo que permitiría fabricar las células CAR-T en diferentes regiones. El Inca y la Fiocruz se encargarán de realizar los ensayos clínicos y de obtener la aprobación de la Anvisa. “Si la producción tiene éxito, creemos que sería posible ofrecer tratamientos por alrededor de 200.000 reales”, dice Bonamino.
Una colaboración con el Hospital Infantil de Filadelfia (Chop), en donde fue tratada Emily Whitehead, también le está transfiriendo al Inca la tecnología de producción de células CAR-T utilizando virus en un sistema semiautomatizado. El instituto ya ha iniciado la producción de los lotes que planea utilizar para tratar a niños con leucemia linfoblástica aguda en un ensayo clínico de fase I, cuya solicitud de permiso está a punto de presentarse a Anvisa.
La demanda En un trabajo conjunto con otros grupos, que llevan a cabo en el Hospital Israelita Albert Einstein (HIAE) de São Paulo, los hematólogos Nelson Hamerschlak y Lucila Kerbauy están probando en animales virus y secuencias de ADN diseñadas por el propio equipo para dirigir los linfocitos T contra los B, además de trabajar en la modificación de otro tipo de célula de defensa (véase el reportaje).
Mientras esperan los resultados, han comenzado a evaluar en seres humanos una tecnología CAR-T desarrollada por la empresa estadounidense Miltenyi Biomedicine que apunta a dos blancos en la superficie de los linfocitos B: las proteínas CD19 y CD20. En lugar de montar una estructura compleja como la de Ribeirão Preto, el grupo del HIAE optó por adquirir un dispositivo fabricado por Miltenyi que produce estas células modificadas de manera semiatomática, en 12 días. En 2023, Hamerschlak y Kerbauy iniciaron un ensayo clínico de fase I aprobado por Anvisa y financiado por el Ministerio de Salud. El objetivo es tratar a 30 pacientes con linfoma, leucemia linfoide aguda o leucemia linfoide crónica para determinar la dosis más adecuada a utilizar en cada terapia.
“Entre 2019 y 2022 estuvimos trabajando para cumplir con todos los criterios de seguridad que exige Anvisa a los efectos de producir las células siguiendo el protocolo de buenas prácticas de fabricación”, relata Hamerschlak. “Desde 2023 y hasta principios de julio de este año hemos tratado a los primeros 13 pacientes. Solo ahora estamos trabajando a plena capacidad”, explica el hematólogo, quien tiene en mente utilizar la plataforma de Miltenyi para poner a prueba las CAR-T reprogramadas por el grupo.
Quizá sea necesario que más de una de estas iniciativas tengan éxito para que sea posible satisfacer la demanda nacional. Los datos del Inca estiman que cada año se diagnostican 12.000 nuevos casos de linfoma y 11.500 de leucemia en el país. Si se descuentan aquellos que pueden tratarse con terapias convencionales, quedarían, según los cálculos de los especialistas, 3.500 personas que podrían beneficiarse de las células CAR-T. “Suponemos que el trabajo mancomunado de estas instituciones ayudará a que las CAR-T puedan llegar al Sistema Único de Salud”, dice Hamerschlak. “Hoy en día, el Nutera puede tratar a 100 personas por año”, dice Clé. “Con algunos ajustes, tenemos capacidad para llegar a 600”.
Este artículo salió publicado con el título “Hecho en Brasil” en la edición impresa n° 354 de agosto de 2025.
Proyectos 1. CTC – Centro de Terapia Celular (nº 13/08135-2); Modalidad Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid); Investigador responsable Dimas Tadeu Covas (FMRP-USP); Inversión R$ 60.743.640,70. 2. Núcleo de Terapia Celular – NuTeC (nº 20/07055-9); Modalidad Núcleos de Investigaciones Orientadas a Problemas en São Paulo; Investigador responsable Rodrigo do Tocantins Calado de Saloma Rodrigues (FMRP-USP); Inversión R$ 7.180.257, 52.
This article may be republished online under the CC-BY-NC-ND Creative Commons license. The Pesquisa FAPESP Digital Content Republishing Policy, specified here, must be followed. In summary, the text must not be edited and the author(s) and source (Pesquisa FAPESP) must be credited. Using the HTML button will ensure that these standards are followed. If reproducing only the text, please consult the Digital Republishing Policy.