“Lo primero que debe decirse del acento idiomático regional es que este no existe entre los propios. Aparece con el otro o cuando uno mismo es el otro. Y te das cuenta. La primera vez que noté la existencia de otro acento en Brasil fue cuando me mudé del interior del estado de Bahía a la capital, Salvador: existe el acento bahiano caipira, campesino, del sertón, que es diferente al acento bahiano de la costa”, relata el guionista Tetel Queiroz, un bahiano blanco de unos 40 años radicado en São Paulo, quien también menciona los “juicios previos” inherentes a su modo de hablar que capta en la capital paulista. “Para el bahiano existen expectativas: que le gusta ir a la playa o que solo le interesa la hora feliz de las cinco de la tarde”.
El testimonio de Queiroz forma parte de una conversación entre 12 personas, procedentes de diversas partes de Brasil, que reflexionan acerca de la percepción de los acentos. Proyectada en pantallas gigantes, la charla puede seguirse en la exposición Fala falar falares, en cartelera hasta el 14 de septiembre en el Museo de la Lengua Portuguesa, en el centro de la capital paulista. Con la curaduría de la escenógrafa Daniela Thomas y el lingüista Caetano W. Galindo, de la Universidad Federal de Paraná (UFPR), la muestra indaga tanto en las cuestiones mecánicas del acto de hablar, a ejemplo de la respiración, como en las cuestiones sociales y políticas relacionadas con el lenguaje.
Las variaciones lingüísticas tienen un impacto en la vida de las personas, según lo comenta la lingüista Livia Oushiro, de la Universidad de Campinas (Unicamp). En los últimos años, con el apoyo de la FAPESP, ella ha investigado el modo de hablar de los migrantes del nordeste brasileño, especialmente los procedentes de los estados de Alagoas y Paraíba, radicados en las áreas metropolitanas de Campinas (São Paulo) y de la capital paulista. En su mayoría provienen de zonas rurales, son adultos (entre 20 y 60 años) y solamente han cursado la enseñanza básica. En sus estudios, la investigadora ha intentado averiguar si estas personas adquieren los rasgos lingüísticos distintivos de su nueva localidad de residencia.
Oushiro analizó los vocablos que utilizan estos migrantes y la pronunciación de la R en la coda silábica, que en el portugués paulista puede ser una R retrofleja, también caracterizada como “R caipira”. Este rasgo se presenta al final de la sílaba, ya sea en el medio de la palabra, como en corda [cuerda o soga], o en el final, como en amor. “Es un sonido ausente en el modo de hablar del nordeste, que generalmente adopta un sonido aspirado”, dice la investigadora.
Asimismo, la lingüista analizó otros factores, como el sonido de la T y la D antes de la I, la concordancia nominal y las preferencias a la hora de estructurar una frase negativa. “En portugués, podemos decir “no lo vi” de distintas maneras, por ejemplo: não vi; não vi, não; o vi não. La prevalencia de la forma de decirlo entre los habitantes del sudeste y los del nordeste es marcadamente diferente, siendo el primero de los ejemplos relativamente más usual en el sudeste y los otros dos en el nordeste”, dice Oushiro.
La investigadora constató que los rasgos de la pronunciación generalmente se modifican, como en el caso de la R y de la T o la D antes de la I, pero la investigación también reveló otras dos cuestiones importantes. Una de ellas indica que las alteraciones son menos marcadas en lo que se refiere al nivel morfosintáctico, como la doble negación. Además, la lingüista observó que parte de los cambios graduales no guardan una relación directa con el tiempo de residencia o incluso con la edad al momento de la migración.
“El migrante puede llevar 30 o 40 años viviendo en Campinas, pero no necesariamente adquirirá más rasgos lingüísticos del lugar adónde se mudó ni experimentará un proceso de cambio gradual para asimilar estas características”, constata la investigadora. “Verificamos esta correlación del tiempo en la pronunciación de la R, pero no en el caso de otras variables. Por eso es importante examinar detenidamente el recorrido personal de cada individuo y analizar otros factores que influyen sobre su trayectoria lingüística, como las redes de sociabilidad, compuestas por las interacciones con vecinos y compañeros de trabajo, por ejemplo”.
Uno de los miembros del Laboratorio Variem [acrónimo en portugués por variación, identidad, estilo y cambio], coordinado por Oushiro, es el lingüista Emerson Santos de Souza, de la Universidad Federal de Bahía (UFBA). En su investigación doctoral, defendida en la Unicamp en 2023, Santos de Souza procuró entender cómo se comportan lingüísticamente los bahianos en el Área Metropolitana de São Paulo y si terminan hablando como los paulistas en cuanto a los aspectos fonológicos, sintácticos y lexicales.
Mariana Zanetti
Santos de Souza, quien también es bahiano, analizó el modo de hablar de 50 coterráneos. La investigación se llevó a cabo a través de un proceso denominado muestreo de redes sociales. El investigador escogió tres “anclas”: una esteticista de 37 años, una empresaria de 47 años y un asistente escolar de 42 años, que no se conocían entre sí. Luego mapeó sus contactos.
Durante la investigación, el lingüista observó que los modelos teóricos existentes que explican la adaptación lingüística en situaciones de migración no conseguían explicar sus datos. Por eso creó el concepto de “plasticidad dialectal” para demostrar la capacidad de adaptación lingüística de las personas a la comunidad anfitriona.
El término “plasticidad” lo tomó prestado de la biología y de la física, dos áreas en las que se lo utiliza para describir la capacidad de adaptación de los materiales u organismos como respuesta a factores externos. En el caso de la lingüística, este concepto ayuda a explicar por qué los grupos de migrantes, aun cuando están expuestos a una misma variedad de contactos, pueden desarrollar patrones de habla diferentes.
En su tesis, Santos de Souza analizó seis fenómenos lingüísticos, a ejemplo de la pronunciación de la R en la coda silábica, un sonido ausente en el modo de hablar bahiano. El investigador también examinó el uso de estructuras de doble negación y el intercambio de vocablos, tales como tangerina por mexerica [mandarina] y trabalho por serviço [empleo, trabajo].
Ese análisis reveló que la adaptación lingüística está asociada a dos fenómenos: los regulares, cuando una estructura lingüística existe en sus variantes paulistas y bahianas, pero en proporciones diferentes, a ejemplo de la doble negación, y los irregulares, es decir, cuando surge una novedad en el habla del migrante, como la R retrofleja para los bahianos.
Además de la adquisición, Santos de Souza identificó los procesos de ampliaciones de contexto y de sentido, así como reducciones de uso. “La palabra ‘mandioca’, por ejemplo, experimenta una ampliación de sentido. En São Paulo, el término designa tanto al tubérculo que se utiliza para elaborar harina como a aquel que se consume cocido. En Bahía, existe un vocablo diferente para cada uno, ya que a la raíz comestible se la denomina aipim y a la que se usa para hacer harina se le dice mandioca”, dice el investigador.
La lingüista Leila Tesch, de la Universidad Federal de Espírito Santo (Ufes), ha estudiado la percepción del acento propio del estado homónimo dentro de este estado y fuera del mismo. “Las personas suelen decir, tanto las locales como las que viven en otros lugares de Brasil, que los habitantes de Espírito Santo no tienen acento propio, algo que incluso circula bajo la forma de chistes en las redes sociales”, comenta.
Para entender este tema, Tesch realizó en 2021 un estudio de percepción con la participación de aproximadamente 1.500 personas residentes en diversos estados de Brasil, con excepción de Acre, Sergipe y Tocantins. La investigadora también se contactó con 23 brasileños residentes en países como Portugal y Perú.
El estudio reveló que el 56 % de los entrevistados considera que los capixabas [gentilicio portugués de los habitantes de Espírito Santo] poseen acento, mientras que un 30 % no estaba de acuerdo con esa afirmación y el 14 % restante dijo no saberlo. Entre los propios habitantes de Espírito Santo, las proporciones fueron similares: poco más de la mitad reconoce un acento, mientras que el resto considera que el mismo no existe. “Incluso entre los que reconocen el acento, su identificación no proviene, en general, de las características fonéticas, sino de expresiones típicas de la zona, como el término pocar [estallar, reventar]”, explica.
Mariana Zanetti
Según Tesch, los rasgos lingüísticos considerados típicos del estado son efectivamente difíciles de definir. “Pueden identificarse algunas particularidades, como la construcción de diptongos en palabras como três y dez [tres y diez], cuya pronunciación acaba sonando como treis y deiz, pero estos fenómenos también aparecen en otras variantes de acentos, como el carioca”.
En la segunda parte del cuestionario, Tesch analizó los acentos de las cuatro capitales de los estados del sudeste brasileño teniendo en cuenta cuatro criterios: prestigio, belleza, corrección y agradabilidad. Los resultados mostraron, por ejemplo, que los acentos de Río de Janeiro y São Paulo se asociaban más al prestigio, mientras que Belo Horizonte [Minas Gerais] fue señalada como la capital de los estados del sudeste con el acento más lindo y agradable, seguida por Vitória [Espírito Santo]. En cuanto a la corrección, Vitória sobresalió como la ciudad cuyo portugués hablado se ajusta más a la norma gramatical. “No se trata solamente de elecciones lingüísticas, sino que también revelan una amplia construcción de identidad social”, comenta Tesch. “Lo que posiblemente hace que el acento de Minas Gerais sea considerado agradable, por ejemplo, también guarda relación con la idea de hospitalidad asociada a este estado”.
La forma en que la gente percibe el lenguaje, sus acentos y sus características sociales es el punto de partida del libro Variação lingüística: Diversidade e cotidiano [Variedad lingüística. Diversidad y cotidianeidad] (editorial Contexto, 2025), de la lingüista Raquel Freitag, de la Universidad Federal de Sergipe (UFS). “En el ámbito de la sociolingüística estudiamos lo que es concreto y medible. Por lo general, nos fijamos en aspectos tales como las variantes que indican la forma de hablar de los migrantes, de las personas LGBT+ o con determinados niveles de escolarización, por ejemplo”, explica Freitag. “Pero en lo cotidiano, la percepción funciona de otra manera. La gente no elabora este análisis técnico. Lo que perciben es todo el conjunto y, con base en éste, hacen conjeturas sobre el que habla, aun sin saber exactamente qué rasgo lingüístico está en juego”.
La construcción de juicios basados en el modo de hablar no es un fenómeno nuevo. Según Freitag, esta conducta incluso aparece en los textos bíblicos. Es el caso del fragmento del Antiguo Testamento que describe una estrategia utilizada por los soldados del líder militar Jefté para descubrir a los miembros del ejército enemigo infiltrados en sus filas. Al utilizar la pronunciación de la palabra hebrea shibboleth (espiga), descubrían a los que procedían de otra región, porque los extranjeros no lograban pronunciar correctamente el fonema y, en cambio, decían siboleth. Hoy en día, los lingüistas denominan shibboleth a cualquier rasgo que revele automáticamente nuestra identidad.
“El juzgamiento por el idioma forma parte del funcionamiento cognitivo humano. Lo hacemos permanentemente, ya que es una forma de organizar y percibir el mundo para así poder tomar decisiones rápidamente”, prosigue la investigadora. Por eso, Freitag propugna ampliar el repertorio lingüístico como una de las estrategias más eficaces para mitigar los efectos negativos de este mecanismo. “Cuando solamente mantenemos contacto con un grupo, nuestra percepción del idioma es más uniforme, pero al ampliar nuestras redes, ya sea por migración, viajes o a través de los medios digitales, empezamos a entender que hay muchas maneras legítimas de hablar”, dice.
El lingüista Ronald Beline Mendes, de la Universidad de São Paulo (USP), coincide. Desde la década de 2010, Beline Mendes investiga cómo se perciben socialmente ciertos rasgos del habla y se los asocia con la identidad de los varones homosexuales. “Es lo que se conoce como ‘hablar gay’, una idea problemática en sí misma, ya que esto presupone que, por ser gay, una persona necesariamente va a sonar de determinada manera, pero ésta no es una relación obligatoria”, señala. “Es posible que un varón homosexual no suene ‘gay’, como así también que otro que no es homosexual eventualmente suene de ese modo”.
En una de sus investigaciones, realizada en 2017, cinco varones leyeron un mismo texto y un grupo de personas fue invitado a escuchar y analizar las grabaciones de estas lecturas, indicando, entre otras cosas, cuáles voces sonaban como “gais”. Una de las respuestas indicaba que cierta persona “hablaba demasiado correctamente”, otra mencionaba que “los varones gais utilizan mucho los diminutivos”. Ambos comentarios revelan estereotipos sociales, ya que todos los participantes leyeron el mismo texto, que no contenía diminutivos.
Desde entonces, Beline Mendes ha desarrollado sus estudios de percepción centrándose en dos variables lingüísticas: la concordancia nominal y la pronunciación de la E nasal. En el primer caso, tras escuchar cuatro voces masculinas en diversas versiones, los participantes coincidieron en forma homogénea en que éstas, cuando se presentaban en la variante estándar del idioma, es decir, con una concordancia gramatical plena, sonaban “más gay”. Asimismo, los oyentes masculinos atribuyeron esta característica con más frecuencia que las mujeres, un indicador de que el estereotipo acerca de cómo debe sonar una voz masculina es más riguroso entre los propios varones.
Para Beline Mendes, estos resultados ilustran cómo operan los aspectos lingüísticos en la construcción de significados sociales. “Esto forma parte del funcionamiento de la lengua. El problema sobreviene cuando esta percepción se convierte en prejuicio y se la utiliza para dañar a la gente”, concluye.
Este artículo salió publicado con el título “Los modos de hablar” en la edición impresa n° 354 de agosto de 2025.
Proyectos
1. Cohesión y dispersión. Análisis sociofonético de la variación idiolectal en situación de contacto entre dialectos (n° 23/00968-7); Modalidad Ayuda de Investigación ‒ Regular; Investigadora responsable Livia Oushiro (Unicamp); Inversión R$ 125.424,34.
2. Procesos de acomodación dialectal en el habla de brasileños nordestinos residentes en São Paulo (nº 16/04960-7); Modalidad Ayuda de Investigación ‒ Regular; Investigadora responsable Livia Oushiro (Unicamp); Inversión R$ 53.996,23.
Artículos científicos
OUSHIRO, L. et. al. “Estudos sociolinguísticos sobre contato dialetal: Contribuições do VARIEM e agenda de pesquisa”. Caderno de Estudos Linguísticos. Campinas, v. 65. 2023.
TESCH, L. “O sotaque capixaba: Um estudo de percepção”. (Con)Textos Linguísticos. Vitória, v. 16. 2022.
Capítulos de libros
OUSHIRO, L. “Interaction, confounding effect, and collinearity in the analysis of Brazilian internal migrants’ speech”. En: FERNÁNDEZ-MALLAT, V. y NYCZ, J. (comp.). Dialect Contact: From speaker to community-based perspectives. Washington: Georgetown University Press, 2024.
MENDES, R. B. “Nonstandard plural noun phrase agreement as an index of masculinity”. En: LEVON, E. y MENDES, R. B. Language, sexuality and power: Studies in intersectional sociolinguistics. Washington Oxford University Press, 2016.
Libro
FREITAG, R. Variação linguística: Diversidade e cotidiano. São Paulo: Editora Contexto, 2025.
