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Especial

Antes de llegar al cuerpo, pasan por el Adolfo Lutz

Comida, medicamentos y cosméticos, en la criba de dos centros

Anualmente, cerca de 12 mil muestras de alimentos, bebidas y medicinas a la venta en el mercado llegan para su análisis al Instituto Adolfo Lutz, de la Secretaría de Salud del estado de São Paulo. “Cada muestra es sometida a cerca de cinco exámenes y realizamos aproximadamente 60 mil exámenes por año”, contabiliza el investigador Odair Zenebon, jefe de la División de Bromatología y Química. Son análisis indispensables para la detección de alimentos contaminados y de medicinas adulteradas, que ponen en riesgo la salud del consumidor brasileño, encaminados por los órganos de fiscalización de la secretaría y por entidades de defensa del consumidor. Además de los análisis bacteriológicos de productos, el instituto desarrolla estudios y presta servicios de diagnóstico de enfermedades por virus, bacterias, hongos y parásitos, exámenes para evaluación de brotes y epidemias y realiza vigilancia de campo para la detección de agentes infecciosos en animales y en reservas silvestres. Es una actividad esencial para prevenir y dominar epidemias.

Por su competencia, el Instituto Adolfo Lutz es un reconocido centro internacional de investigación en el área de vigilancia sanitaria. Creado en 1892, con el nombre de Instituto Bacteriológico, desde el inicio su actuación tuvo gran impacto en la salud pública. Pese a todo, hace algunos años su actividad estaba comprometida por la falta de condiciones de sus laboratorios y de equipos más modernos.

El Programa de Infraestructura destinó al Adolfo Lutz cerca de 3.3 millones de reales, gran parte de los cuales se aplicó en la División de Bromatología y Química. El edificio fue construido en 1971 y nunca había pasado por una amplia reforma. El primer paso fue instalar la nueva red eléctrica que alimenta los cinco pisos de edificación. Laboratorios de los sectores de Alimentos (microbiología, microscopía, cromatografía, bebidas, aceites y grasas, amiláceos, lácteos y dulces), Química Aplicada (embalajes, cosméticos, aguas, química biológica, aditivos y pesticidas residuales) y Medicamentos (química farmacéutica, antibióticos, farmacognosia y control de esterilidad y pirogénico) fueron reformados, con la construcción de bancos y nuevo mobiliario. El impacto es visible es que los análisis de calidad de alimentos que requieren un registro en el Ministerio de la Salud ganaron agilidad y volumen.

Agua para hemodiálisis
Los recursos del Infra también permitieron la instalación de dos nuevas áreas en el sector de Bromatología: el laboratorio de Análisis Sensorial, para tests que simulan los sentidos humanos, especialmente tacto, olfato y gusto; y una Sala Limpia, totalmente libre de partículas y contaminantes utilizada para el análisis del agua utilizada en los hospitales para hemodiálisis.

Por medio de recursos de otro módulo del programa, el de Equipos Multiusuarios (después transformado en programa autónomo), fue posible la adquisición de equipos para uso común de varios investigadores, como cromatógrafos de gas, con detectores de masa para identificar y cuantificar contaminantes y fraudes en los alimentos; cromatógrafos líquidos, para la separación de partículas; y un espectrofotómetro de absorción atómica, que determina la presencia de residuos de metales en alimentos y muestras biológicas.

Farmacia de la USP
Otra institución también dedicada a los tests y análisis de productos para el uso de la población es la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la USP, que recibió cerca de 2.5 millones de reales del Programa de Infraestructura. La investigadora Maria Inês Miritello Santoro, encargada del Laboratorio de Control Físico y Químico de Calidad de Medicamentos y Cosméticos, fue una de las beneficiadas. Una de sus líneas de investigación es el desarrollo de nuevos métodos analíticos para establecer las condiciones ideales de producción, transporte y almacenamiento de medicamentos en climas tropicales, además de determinar los plazos correctos de caducidad, verificando el tipo de degradación química que se produce en las sustancias terapéuticas.

“Estos estudios tienen, entre otras finalidades, aplicación inmediata en la producción de medicamentos por la Furp (Fundación para el Medicamento Popular, sigla en portugués)”, dice Maria Inês. La Furp, dependiente de la Secretaría de Salud, produce más de cien productos, desde medicamentos, analgésicos y soluciones salinas hasta los quimioterápicos, antivirales (como el AZT, usado contra el Sida) y antibióticos (amoxicilina, cefalotina y tetraciclina) para su distribución entre personas sin recursos. La fábrica produjo 1.81 mil millones de unidades en 2000, distribuidas entre 3.200 municipios brasileños. En el área de cosméticos, la científica se dedica al estudio de la calidad de los filtros solares, fundamentales para la protección de la piel contra los rayos ultravioleta e infrarrojos del sol y, consecuentemente, para la prevención del cáncer de piel.

La inversión del Infra permitió, además, la instalación de un laboratorio de resonancia magnética en el sector de química farmacéutica, para el estudio de moléculas sintetizadas. Fue posible, también, modernizar el laboratorio de microbiología, que realiza análisis de rutina para la industria farmacéutica y de cosméticos y recuperar el laboratorio de farmacognosia, especializado en plantas medicinales.

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