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Tapa

Avanza el coronavirus en Brasil

El covid-19 llega con fuerza al país, que ya enfrenta una epidemia de dengue

Belo Horizonte, 20 de marzo de 2020: bomberos con uniformes protectores se capacitan contra el coronavirus

Douglas Magno/AFP

A medida que aumenta diariamente la cantidad de casos de personas infectadas y de muertes causadas por el nuevo coronavirus, Brasil ha ido frenando gradualmente su actividad y la población va adoptando las recomendaciones para contener la transmisión del covid-19, concientizándose de la gravedad de la situación y aprendiendo sobre los posibles impactos de la pandemia que se inició en diciembre de 2019 en China y que llegó al país en febrero de 2020. Hasta el 1º de abril, el virus SARS-CoV-2 se había diseminado por 180 países, con 926 mil casos registrados y 46 mil muertes. En Brasil, se contabilizan hasta entonces 240 fallecimientos y el número de casos llegó a 6.800, duplicándose en uno o dos días y decuplicándose en una semana, con la posibilidad de incrementarse aún con mayor rapidez a partir del final de abril o principios de mayo, cuando la temperatura desciende y las enfermedades respiratorias, tal como es el caso del covid-19, se propagan con mayor facilidad. El sitio web de Pesquisa FAPESP (www.revistapesquisa.fapesp.br) incluye mapas con las cifras actualizadas diariamente de los casos confirmados y de las muertes en Brasil y en el resto del mundo.

Las primeras muertes, registradas en marzo en São Paulo y en Río de Janeiro, aumentaron la preocupación por el rumbo de la epidemia en el país (vea los mapas actualizados en www.revistapesquisa.fapesp.br). Los expertos de los organismos públicos de salud y de las universidades anticipan decenas de miles de casos y miles de muertos en Brasil a causa del covid-19. A nivel mundial, la tasa de mortalidad viene siendo, en promedio, de un 3,4% de los pacientes infectados, pero la cifra varía bastante según el país –0,2% en Alemania y en Noruega, 2,2% en Francia, 3,9% en China, 6,1% en Irán y 7,9% en Italia– dependiendo del estado de salud y de la edad de los pacientes contagiados y del acceso disponible a los servicios médicos.

El SARS-CoV-2 dejó a la siempre agitada São Paulo, con sus más de 12 millones de habitantes, con el tránsito irreconocible, fluyendo con facilidad en la mayoría de las avenidas de la ciudad. En respuesta a las recomendaciones de la gobernación del estado, se cerraron escuelas, universidades, museos, centros culturales e incluso los shoppings. Los comercios y organismos públicos redujeron sus horarios de atención; muchas empresas adoptaron el home office y mandaron a sus empleados a trabajar desde su casa. Varias otras ciudades y capitales brasileñas adoptaron medidas similares, tal como se había hecho en otros países, para restringir la circulación de la gente en procura de detener la transmisión del SARS-CoV-2.

El alcance del covid-19 es comparable al de la gripe española, causada por una cepa letal del virus de la influenza A, en ese caso del subtipo H1N1, que también fue de alcance mundial y resultó devastadora: infectó a unos 500 millones de personas, el equivalente a la tercera parte de la población mundial de la época, y mató a entre 25 y 50 millones de personas con edades en general de 20 a 40 años entre 1918 y 1920. En la ciudad de São Paulo, la epidemia mató en pocos meses a 5.300 paulistanos, el equivalente al 1% de la población de la capital, y fue tan intensa que los muertos se acumulaban en las calles hasta que eran recogidos, y la ciudad de Río de Janeiro vivió una situación similar. En 2009, una nueva pandemia –una epidemia de alcance global– del virus H1N1 asoló al planeta. La gripe porcina, así denominada porque fue causada por virus hallados en cerdos, fue la primera pandemia del siglo XXI. Afectó a entre 700 y 1.400 millones de personas, ocasionando entre 150 mil y 580 mil muertes. En Brasil, hubo 58 mil infectados y 2.100 muertos.

En marzo, el impacto más dramático del coronavirus se registró en Italia, en España y en Estados Unidos, con una cifra de fallecidos en aumento. En China se anunció un descenso de la cantidad de casos y el fin de la transmisión del virus en la población, lo que permitió la reapertura de fábricas y reanudar la prestación de los servicios paralizados durante el curso de la epidemia. Otros países afrontaban la llegada o la dispersión del virus o ya experimentaban sus efectos económicos: la mayoría de sus comercios cerraron cuando los clientes se refugiaron en sus hogares, los negocios en las bolsas de valores, incluso en Brasil, se derrumbaron, y la producción de aquellas empresas que dependían de insumos provenientes de China se vio interrumpida. El presidente estadounidense, Donald Trump, llegó a mencionar una cada vez más probable recesión y anunció un paquete de medidas económicas por 2 billones de dólares, algo inédito en la historia del país.

Antonio Masiello/Getty Images Roma, 17 de marzo de 2020: un equipo médico traslada a un paciente infectado en una camilla aislada hacia un hospitalAntonio Masiello/Getty Images

Aquí, el gobierno brasileño anunció medidas de emergencia para atenuar el impacto económico de la epidemia, mediante la liberación de 40 mil millones de reales en los próximos dos meses para socorrer a los sectores más vulnerables, tales como los trabajadores informales (38 millones de personas, un 41% de la fuerza laboral del país) y a las pequeñas empresas. El decreto del estado de catástrofe pública emitido por el gobierno federal y el del estado de São Paulo posibilita un incremento de los gastos en salud y la reducción del impacto económico de la pandemia en Brasil. El Banco Central estimó que la economía, en lugar de crecer un 1,9%, podría contraerse un 3,2% o incluso hasta un 7,7% a causa de la crisis generada por la pandemia en el país.

El cierre de comercios y escuelas, el aislamiento residencial, el distanciamiento social y la cuarentena, en el caso de las personas infectadas, pueden retardar la transmisión del virus y hacer dismunuir la cantidad de personas que asisten a los hospitales simultáneamente, pero no detienen por completo la circulación del virus, según indica un informe del Imperial College de Londres publicado en marzo, elaborado por el epidemiólogo británico Neil Ferguson.

A medida que más ciudades de Brasil fuesen estableciendo el cierre de escuelas para detener la transmisión del virus, 41 millones de niños y adolescentes con edades entre 4 y 17 años dejarían de asistir a clases y podrían quedarse en casa, compartiendo ese espacio con sus padres. Como los niños pueden ser portadores y transmisores del virus, incluso aunque presenten síntomas leves, no era recomendable dejarlos al cuidado de sus abuelos, porque el SARS-CoV-2 se mostró letal para las personas mayores de 60 años, fundamentalmente entre aquellos con afecciones preexistentes tales como enfermedades cardiovasculares o renales, diabetes o cáncer.

El virus alteró los hábitos e introdujo en la vida diaria de la gente el concepto de distanciamiento social, con recomendaciones tales como no abrazarse ni besarse y mantener un mínimo de 2 metros de distancia con otras personas. “Las medidas de aislamiento social redujeron a la mitad la tasa de contagio del virus”, dijo el infectólogo Júlio Croda, investigador de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), docente de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (UFMS) e integrante del Comité de Emergencia del Coronavirus en el Estado de São Paulo, con base en un estudio en fase de conclusión hacia el final de marzo. De acuerdo con ese trabajo, la tasa de transmisión entre individuos habría caído de 4 a 2. Según Croda, el índice de aislamiento social, con base en datos provistos por las empresas operadoras de telefonía celular, aumentó de un 15% antes del registro del primer caso de covid-19 en Brasil hasta un 60% al final del mes de marzo.

Esta disposición, si bien es necesaria para evitar la propagación de la enfermedad, puede acarrear efectos psicológicos indeseables. La farmacéutica Poliana Carvalho, científica de la Facultad de Medicina del ABC, refirió que los episodios de depresión, ataques de pánico, síntomas psicóticos y delirio aumentaron en 2002, durante la fase inicial de la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés), que contemplaba el aislamiento social como forma de detener al virus. El SARS, causado por otra variedad de coronavirus que también surgió en China, infectó a alrededor de 8 mil personas y mató a unas 800 en 26 países. En Brasil no hubo afectados. Pero según lo que recomiendan los infectólogos, incluso con posibles efectos indeseables resulta imprescindible mantener el aislamiento social para evitar un gran aumento en el número de casos y el consecuente colapso de los hospitales (lea el reportaje en la página 26).

En un estudio que salió publicado en abril en la revista Psychiatry Research, Carvalho comentó que los síntomas de la infección, entre ellos, fiebre, dificultad para respirar y tos, sumados al insomnio y otros efectos colaterales causados por los medicamentos que se usan contra la enfermedad, tal como es el caso de los corticoides, pueden generar ansiedad y agravar los trastornos psíquicos. En una entrevista colectiva que tuvo lugar al comienzo de marzo, al ser indagado sobre cómo combatir el temor atávico a las epidemias, el infectólogo David Uip, coordinador del Centro de Contingencias para el Coronavirus del Estado de São Paulo –actualmente cumpliendo aislamiento al haber dado positivo en el test que detecta el SARS-CoV-2–, respondió, dirigiéndose a los periodistas: “Cuento con ustedes”. “Es algo muy difícil”, dijo el epidemiólogo Eduardo Massad, docente en la Fundación Getulio Vargas (FGV) de Río de Janeiro.

Más allá de promover el distanciamiento social, el Ministerio de Salud anticipó el inicio de la campaña de vacunación contra el virus de la influenza, que provoca las gripes comunes, a partir del 23 de marzo para ancianos y profesionales de la salud –la reducción de la cifra de gripes comunes facilita el diagnóstico del coronavirus– y anunció la posibilidad de elevar la cantidad de camas de unidades de terapia intensiva en los hospitales, debido al riesgo de que se tornen escasas ante un eventual incremento de los casos graves.

La gripe, el sarampión y el dengue
En las próximas semanas de abril, cuando la temperatura descienda, al menos en el sudeste y el sur del país, podrá verse la dimensión de esta epidemia. “No debemos olvidarnos de las enfermedades respiratorias causadas por otros virus cuya incidencia aumenta durante el invierno”, destacó Massad. De enero a julio de 2019, el virus de la gripe –uno de los que se propagan con mayor fuerza durante los meses más fríos del año, fundamentalmente el subtipo H1N1, responsable de la mayoría de los casos– causó el deceso de 339 personas en el país, con un registro de 1.576 casos graves. Según fuentes del Ministerio de Salud, el 81% de los pacientes que murieron el año pasado a causa de la gripe eran ancianos, personas con diabetes o enfermedades cardiovasculares o niños de hasta 5 años. “La época de mayor incidencia de casos de influenza comprende desde mayo hasta octubre”, dice el epidemiólogo Paulo Menezes, coordinador de la Coordinación de Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud del Estado de São Paulo (SES-SP). “Además”, añade, “estamos soportando una epidemia de sarampión”. Este virus, que había sido erradicado de Brasil en 2016, reapareció en 2018. En 2019 el país registró 17.529 casos y 14 fallecimientos. Entre enero y marzo de este año el estado de São Paulo informó 280 casos y un fallecimiento.

También hay otro problema: “Estamos atravesando una gran epidemia de dengue”, dice la médica Ester Sabino, investigadora de la Facultad de Medicina de la USP. En las diez primeras semanas de este año, el país registró 332 mil casos de dengue –un incremento del 45% con respecto al mismo período de 2019–, con 77 muertos.

“Tenemos que aprender de lo que otros países están haciendo para detener al coronavirus”, sostiene. La científica estaba preocupada con la posibilidad de transmisión del virus de personas infectadas a otros pacientes o a miembros del equipo médico dentro de los propios hospitales y por el exceso de pacientes: “No hay sistema de salud en el mundo que esté preparado para atender a mucha gente en forma simultánea. En Cina, muchos murieron porque no había médicos o respiradores para atender a todos al mismo tiempo” (lea la entrevista en la página 24).

El SARS-CoV-2 se transmite a través de gotitas de saliva y es altamente contagioso. Infecta tanto a las personas que se enferman rápidamente como a aquellas que permanecen asintomáticas, que aun así siguen propiciando su propagación. Su impacto se tornó mayor que el de muchos otros virus causantes de epidemias recientes, tales como el de la fiebre del Zika y el dengue. En estos dos últimos casos, ambas afecciones se diseminan a través del mosquito de la especie Aedes aegypti, común en las regiones tropicales y subtropicales. En tanto, el brote actual de sarampión afecta a aquellas personas que no están vacunadas. Por lo tanto, el covid-19 es potencialmente más peligroso debido a su transmisión directa entre individuos, pues aún no existe una vacuna y también porque se propaga en cualquier clima.

En el laboratorio
“La epidemia de coronavirus reforzará la idea de que la gripe es efectivamente una enfermedad y debe tomársela con mayor seriedad”, dice la biomédica Danielle Oliveira, investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas de la USP. “Con frecuencia, los profesionales de la salud les dicen que ‘no es nada’ a los pacientes engripados y les aconsejan volver al trabajo, cuando deberían promover el aislamiento, para evitar la transmisión”.

El 29 de febrero, Oliveira recibió muestras de SARS-CoV-2 extraídas a los dos primeros pacientes detectados en la ciudad de São Paulo para aislarlas y multiplicarlas, con el propósito de facilitar el diagnóstico. Aprovechó el medio de cultivo con células del riñón de un mono que ya tenía preparadas para cultivar otro coronavirus, el NL66, que causa enfermedad respiratoria principalmente en niños, para utilizarlo con el material recién llegado. Tres días después, la investigadora ya tenía muestras del material genético, el ARN del virus, para enviárselas a otros laboratorios.

El virus ha sido estudiado exhaustivamente. En un trabajo reciente, publicado el 13 de marzo en la revista Science, científicos de la Universidad de Texas y de los Institutos Nacionales de Salud, en Estados Unidos, presentaron la estructura molecular de una proteína de la superficie del nuevo coronavirus que le permite infectar células humanas. De acuerdo con el estudio, la estructura de las espículas –las moléculas puntiagudas de la superficie– del SARS-CoV-2 es similar a la del causante del SARS. Sin embargo, los anticuerpos que reconocían al agente responsable del SARS se mostraron poco eficientes para detener al nuevo coronavirus. El estudio reveló que la capacidad del SARS-CoV-2 de unirse a la enzima convertidora de angiotensina 2 (ECA2) y liberar su material genético en el interior de las células humanas es hasta 20 veces mayor que la del virus del SARS (vea la infografía).

El subregistro de los casos sugiere que la velocidad de propagación del virus podría ser mayor que la informada. Tan solo se ha registrado al 14% de las personas infectadas antes de las restricciones de desplazamientos, que fueron adoptadas el 23 de enero, argumentaron investigadores de la Universidad de Londres, en el Reino Unido, en un estudio publicado el 16 de marzo en la revista Science. De acuerdo con ese trabajo, las infecciones sin registro fueron la fuente del virus para el 79% de los casos notificados.

En un estudio finalizado al principio de marzo, Massad verificó que uno de cada 1.333 viajeros podría estar infectado con el SARS-CoV-2 y tendría un 23% de posibilidades de generar casos secundarios en áreas libres de la enfermedad. Según sus cálculos, cada persona infectada podría transmitir el virus a un promedio de otros cinco individuos.

“La clase media es la que trae las nuevas enfermedades, dado que viaja más”, dice la epidemióloga Gizelda Katz, del Centro de Control Epidemiológico de la SES-SP. Así fue en 2009, con el virus de la gripe H1N1, que vino de Estados Unidos a Brasil; en 2010, con el del sarampión, que lo trajeron pacientes que se infectaron en Noruega, en Israel y en Malta, y ahora con el SARS-CoV-2, proveniente de Italia. “El virus de la gripe española tardó tres meses en dar la vuelta al mundo al comienzo del siglo XX, mientras que a este coronavirus le llevó 48 horas”, dijo el virólogo Edson Durigon, del Instituto de Ciencias Biomédicas de la USP.

En busca de soluciones
La FAPESP emite pliegos de emergencia para la realización de investigaciones sobre el coronavirus

En el mes de marzo, la FAPESP emitió dos pliegos de emergencia, asignando un monto total de 30 millones de reales para patrocinar proyectos de investigación desarrollados por equipos en instituciones de investigación o micro y pequeñas empresas interesadas en profundizar el conocimiento sobre la infección causada por el SARS-CoV-2 y en el desarrollo de nuevas estrategias de contención, test de diagnóstico o medicamentos para controlar la epidemia.

El primer llamado a concurso, un pliego que contempla una inversión de 10 millones de reales, está destinado a aquellos grupos de investigación interesados en reencauzar parcialmente proyectos en marcha para ocuparse de la comprensión, la reducción de riesgos, la administración y la prevención del covid-19 y del virus SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus. Los proyectos deben estar vinculados a ayudas de investigación comprendidas en las modalidades Proyecto Temático, Joven Investigador, Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) y Centros de Investigaciones en Ingeniería (CPE, en portugués). Cada propuesta debe contemplar un plazo máximo de 24 meses y un presupuesto hasta un tope de 200 mil reales. La fecha límite para el envío de los proyectos es el 22 de junio de 2020. Con motivo de la urgencia del tema, las propuestas serán evaluadas a medida que se las vaya recibiendo.

El segundo pliego, en colaboración con la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), por valor de 20 millones de reales, está destinado a ayudar a empresas con hasta 250 empleados dispuestas a producir o escalonar procesos o productos innovadores, tales como test de diagnóstico, ventiladores pulmonares, equipamientos de protección para los profesionales de la salud, soluciones en tecnologías digitales e inteligencia artificial para los servicios de salud o la atención de los pacientes. El llamado a la presentación de propuestas forma parte del Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe-Fase 3). Cada proyecto contará con hasta 1,5 millones de reales y deberá ejecutarse en un plazo de hasta 24 meses. El plazo para el envío de propuestas corre hasta el 6 de abril.

Los llamados a la presentación de propuestas pueden consultarse en fapesp.br/14082 y fapesp.br/14087.

Proyectos
1. Descubrimiento de antígenos, desarrollo de métodos de diagnóstico serológico y estrategias vacunales contra el virus del Zika (ZIKV) (nº 16/20045-7); Modalidad Temático; Investigador responsable Luis Carlos de Souza Ferreira (USP); Inversión R$ 4.655.479,34.
2. Centro Conjunto Brasil-Reino Unido para el Descubrimiento, el Diagnóstico, la Genómica y la Epidemiología de Arbovirus (CADDE) (nº 18/14389-0); Modalidad Temático; Investigador responsable Ester Cerdeira Sabino (USP); Inversión R$ 4.647.208,23.

Artículos científicos
WRAPP D. et al. Cryo-EM Structure of the 2019-nCoV spike in the prefusion conformation. Science. 2020 Mar 13; v. 367, n. 6483, p. 1260-63. 13 mar. 2020.
LI, R. et al. Substantial undocumented infection facilitates the rapid dissemination of novel coronavirus (SARS-CoV2). Science. (online). 16 mar. 2020.
CARVALHO, P. M. de M. et al. The psychiatric impact of the novel coronavirus outbreak. Psychiatry Research. v. 286, 112902. abr. 2020.

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