Casi el 10 % de esas muertes se concretaría en Latinoamérica y el Caribe
Sarah Bailey Cutchin / CDCIlustración digital de la bacteria Haemophilus influenzae, causante de meningitis y neumonía, que se está volviendo cada vez más resistente a los antibióticosSarah Bailey Cutchin / CDC
El uso excesivo e indiscriminado de antibióticos en la salud humana y en la producción agropecuaria durante décadas ha propiciado la aparición de variedades de bacterias resistentes a estos fármacos, que causan infecciones cada vez más difíciles de combatir. El resultado de ello es la muerte de cientos de miles de personas cada año en todo el mundo. La cifra total de decesos atribuidos a infecciones bacterianas que no logran combatirse con los antibióticos disponibles pasó de 1,06 millones por año en 1990 a 1,14 millones en 2021, según la estimación más amplia y reciente del problema, presentada en septiembre del año pasado en un artículo en la revista científica The Lancet. Más preocupante aún: las muertes por bacterias resistentes continuarán escalando en todas las regiones del planeta hasta 2050, y a un ritmo más acelerado que en las últimas tres décadas.
Este estudio fue un trabajo conjunto en el que participaron cientos de investigadores, entre ellos algunos brasileños, que forman parte de una alianza internacional denominada GBD 2021 Antimicrobial Resistance Collaborators, dedicada a monitorear la resistencia a los antibióticos y otros fármacos. Los autores obtuvieron estas estimaciones combinando información sobre las causas de muerte con datos sobre los ingresos a internación hospitalaria y la venta y uso de antibióticos, así como el perfil de resistencia de 22 especies de bacterias a los antimicrobianos disponibles más potentes, recogidos en 204 países y territorios entre 1990 y 2021.
El escenario proyectado para el futuro próximo, teniendo en cuenta el crecimiento y el envejecimiento de la población, es sombrío: se prevé que las muertes por infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos irán en aumento en todo el mundo hasta 2050 y llegarían a 1,91 millones de defunciones por año. Ello implica un incremento promedio del total de muertes atribuidas a estos patógenos de un 69,6 % con respecto a 1990, y podría ser aún mayor en regiones tales como Asia meridional, donde se encuentra la India, el país más poblado del mundo, y Latinoamérica y el Caribe (véanse los gráficos abajo). Si el panorama general se mantiene igual y no surgen nuevos antibióticos capaces de derrotar a estas bacterias ni se adoptan medidas eficaces (y ya conocidas) para evitar las infecciones, de aquí a 2050 podrían morir 39,1 millones de personas a causa de infecciones causadas por microorganismos resistentes a los antibióticos, y casi un 10 % de estas muertes ocurriría en América Latina y el Caribe.
El panorama es aún más alarmante si a las muertes atribuidas a los patógenos se les suman también las asociadas, aquellas en las que hubo una infección por bacterias resistentes, pero no necesariamente fueron las causantes del deceso. En 1990 se registraron 4,78 millones de muertes de ambos tipos y en 2021, 4,71 millones. El crecimiento no fue superior en este período porque disminuyeron mucho las fatalidades por sepsis (un desequilibrio en la respuesta del sistema inmunitario a la infección), como resultado de los avances en su tratamiento. Esta cifra, no obstante, ascenderá a 8,2 millones en 2050, debido al aumento previsto de muertes por infecciones causadas por bacterias resistentes entre individuos mayores de 50 años. De aquí a mediados de siglo, las muertes causadas directamente por bacterias resistentes y aquellas en las que están presentes pero no son responsables del fallecimiento, podrían cobrarse la vida de 169 millones de personas en todo el mundo, una cifra mayor que la población de muchos países.
“Los medicamentos antimicrobianos constituyen uno de los pilares de la medicina moderna, y el aumento de la resistencia a los mismos es un importante motivo de preocupación”, dijo en un comunicado a la prensa el epidemiólogo iraní-estadounidense Mohsen Naghavi, quien dirige las investigaciones sobre la resistencia a los antimicrobianos en el Instituto de Métricas de la Salud (IHME), de la Universidad de Washington (EE. UU.), y autor principal del artículo publicado en The Lancet. “Resulta esencial entender cómo han cambiado a lo largo del tiempo las tendencias de las muertes por infecciones resistentes a los antibióticos y cómo es probable que lo hagan en el futuro para poder tomar decisiones basadas en información que pueden ayudar a salvar vidas”, añadió.
Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP
Parte del aumento registrado entre 1990 y 2021 en las muertes atribuidas y en las asociadas a las bacterias resistentes se debe al crecimiento de la población mundial y a la modificación del perfil etario. En 1990, la población mundial era de unos 5.300 millones de habitantes y los mayores de 65 años eran aproximadamente un 6 %. En 2021, la población había alcanzado los 7.900 millones y los ancianos ya eran casi el 10 %. Los adultos mayores son más susceptibles a contraer infecciones porque su sistema inmunitario es más frágil, a lo que se suman las enfermedades crónicas, que pueden complicar el combate a las bacterias. Según los autores del estudio, las muertes causadas por infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos no aumentaron aún más en estos 31 años solo porque hubo un importante descenso entre los niños menores de 5 años: en este grupo etario, las defunciones disminuyeron más de un 50 %, mientras que en el mismo período, registraron un incremento en todos los grupos de más de 25 años, especialmente entre los mayores de 70 años, entre los que el crecimiento fue superior a un 80 %.
“El descenso de la mortalidad infantil demuestra que algunas de las intervenciones conocidas, como el uso de vacunas para prevenir las infecciones bacterianas, realmente funcionan”, dice la neonatóloga Cristina Carvalheiro, de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (FMRP-USP), una de las autoras del estudio publicado en The Lancet. “La vacunación infantil masiva ayuda a evitar tanto infecciones como la necesidad de utilizar antibióticos, lo que puede disminuir las posibilidades de surgimiento de la resistencia microbiana”, explica.
Parte del aumento de las muertes en general se debe, por supuesto, a la propagación de bacterias resistentes a los antibióticos. Estos fármacos, que inhiben el crecimiento de los microorganismos o los matan, pueden ser de origen natural ‒producidos por hongos u otras bacterias‒ o sintético, y actúan sobre diferentes estructuras de las bacterias. Por lo general, cuando son expuestos a una concentración adecuada de antibióticos y por espacio de tiempo suficiente, los microorganismos mueren. Si la dosis y la duración del tratamiento fueran inferiores a las necesarias para eliminarlos, una parte puede sobrevivir y multiplicarse, acumulando mutaciones genéticas que les permiten eludir a los fármacos. El uso intensivo de este tipo de medicamentos en la salud humana y en la producción de alimentos, para protegernos contra las enfermedades e inducir el aumento de peso de los animales de granja, hace que las bacterias estén continuamente expuestas a ellos, lo que favorece la selección de las variedades más resistentes (lea en Pesquisa FAPESP edición nº 335).
En el artículo publicado en The Lancet, los investigadores pronosticaron lo que podría suceder entre 2025 y 2050 en tres escenarios distintos. En el primero ‒y más probable‒, las muertes por infecciones bacterianas (resistentes o no) siguen produciéndose sin grandes variantes. En el segundo, la industria farmacéutica consigue desarrollar nuevos antibióticos, principalmente contra las bacterias de tipo gramnegativo, que poseen una pared celular más estructurada; un número creciente de especies gramnegativas presentan resistencia a los fármacos más potentes disponibles. Y en un tercer escenario mejoran los niveles de vacunación, la atención sanitaria para prevenir infecciones y el acceso adecuado a los antibióticos actuales, así como su uso correcto; la falta de antibióticos sigue siendo habitual en los países pobres.
Si nada cambia (el escenario 1), se esperan 169 millones de muertes asociadas a infecciones causadas por bacterias resistentes en todo el mundo para las próximas dos décadas y media. Con nuevos antibióticos (el escenario 2), podrían salvarse 11,1 millones de personas, según los cálculos de los investigadores. Empero, el mayor impacto podría conseguirse en el tercer escenario: las medidas de prevención de las infecciones y el uso apropiado de los antibióticos ya existentes permitirían salvar 92 millones de vidas.
Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP
“La prevención de las infecciones mediante medidas conocidas puede generar un efecto superlativo por múltiples vías”, escribieron los autores. En primer lugar, porque al prevenir las infecciones, disminuye el riesgo de que los microorganismos resistentes entren en contacto con las personas. En segunda instancia, porque la prevención de infecciones incluso causadas por bacterias sensibles a los antibióticos conduce a una merma del número de personas a las que se suministran antibióticos, reduciendo la presión de bacterias resistentes a los fármacos. Por último, al mejorar el acceso al agua potable, el alcantarillado y las medidas higiénicas disminuye el riesgo de propagación de bacterias resistentes en una comunidad.
“En los países en desarrollo, la escasa disponibilidad de pruebas para el diagnóstico de bacterias resistentes, el acceso restringido a los antibióticos apropiados y la falta de infraestructura de los sistemas sanitarios y de saneamiento básico contribuyen a empeorar cada uno de estos escenarios”, explica Jessica Andretta Mendes, geógrafa brasileña experta en modelado epidemiológico, quien actualmente realiza una investigación posdoctoral en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, y es coautora del artículo publicado en The Lancet. “Una medida importante para intentar mitigar las muertes consiste en mejorar la recolección de datos sobre la resistencia bacteriana y su seguimiento. Cuanto más eficientes sean los servicios de registro, mayor será la comprensión de las especificidades de la resistencia en diferentes regiones, lo que permitirá planificar intervenciones más focalizadas”, dice la investigadora, quien en su doctorado, financiado por la FAPESP, estudió las epidemias de dengue en Campinas, en el interior del estado de São Paulo, y la influencia de los focos de mosquitos en la incidencia de la enfermedad.
“Además del aumento del acceso a los antibióticos, de su uso apropiado y del seguimiento de las infecciones, es necesario reforzar los programas de educación sanitaria para la comunidad, haciendo hincapié en la importancia de la vacunación y de las medidas preventivas, como la higiene de las manos”, dice el cirujano dental y patólogo brasileño Marcos Palone, del Saveetha Dental College and Hospitals, de la India, también coautor del estudio.
Las infecciones ocasionadas por bacterias resistentes, además de provocar muertes, también han causado importantes daños al sistema de salud pública. En 10 años, de 2013 a 2022, las tres infecciones más frecuentes ‒neumonía, infecciones del tracto urinario y del torrente sanguíneo‒ requirieron 2,4 millones de internaciones en los hospitales públicos del estado de São Paulo (con un saldo de aproximadamente 500.000 muertes asociadas a las tres infecciones) que costaron unos 4.700 millones de reales, parte de ellas causadas por bacterias resistentes a los antibióticos. Estas cifras fueron estimadas por el Grupo de Análisis de Infecciones y Antimicrobianos (Gaia), coordinado por el infectólogo Carlos Kiffer, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp). Forman parte de trabajos aceptados para su presentación en el Congreso de la Sociedad Europea de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas, que se reunirá en Austria en el mes de abril, y recibieron financiación del Proyecto Aries, uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid), patrocinados por la FAPESP.
Desde 2004, el estado de São Paulo cuenta con un sistema de vigilancia de la resistencia bacteriana. Más recientemente, a partir de 2016, comenzó a aplicarse en los hospitales paulistas el Plan de Prevención y Control de Bacterias Multirresistentes (BMR), que establece las responsabilidades de los hospitales, los laboratorios de microbiología y de la coordinación estadual, y tiene por objeto garantizar la notificación de los indicadores epidemiológicos, la realización de pruebas y la capacitación de los profesionales en lo concerniente a las medidas de prevención, entre ellas, la ya mencionada práctica de la higiene de las manos y la adopción de precauciones de aislamiento para evitar que los pacientes bajo sospecha de infección resistente compartan el ambiente con otros.
Fang Dehua / VCG via Getty ImagesGranja de producción de pollos en China: la tasa de infección bacteriana se incrementa en el trayecto que recorren desde los criaderos hasta el supermercadoFang Dehua / VCG via Getty Images
“La participación del 97 % de los hospitales de la red, que regularmente envían datos a la Secretaría de Salud del Estado, está contribuyendo a reducir las tasas de infección mediante lo que se conoce como ‘efecto vigilancia’”, explica la infectóloga Denise Brandão, coordinadora del Programa Estadual de Prevención y Control de Infecciones Relacionadas con la Asistencia Sanitaria. Según el informe más reciente de la secretaría, emitido en 2023, la cantidad de muestras con bacterias resistentes aisladas en el estado registró una merma de un 9 %, pasando de 2.803 en 2022 a 2.531 en 2023.
A nivel nacional, el monitoreo de la resistencia microbiana lo realizan en forma conjunta el Ministerio de Salud y la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa). Desde 2018, el país cuenta con el Plan de Acción Nacional de Prevención y Control de la Resistencia a los Antimicrobianos (PAN-BR) en el Marco del Sistema Único de Salud (SUS, la red nacional de salud pública), que apunta diversas intervenciones con miras a la mitigación de este problema. Con todo, la implementación del plan aún enfrenta desafíos que debe subsanarse.
A pesar de las iniciativas propuestas por el plan nacional para estandarizar y sistematizar la recolección y el análisis de datos sobre la resistencia microbiana, existen disparidades en la información proveniente de los estados. Según el Boletim Epidemiológico publicado en 2024 por el Ministerio de Salud, entre 2015 y 2022 se identificaron en el país 85.718 muestras de bacterias resistentes a los antibióticos. Las cifras más altas se registraron en el estado de Minas Gerais (20.146), seguido por Paraná (17.748). En tanto, las más bajas, provenían de Alagoas (8) y Roraima (2). De acuerdo con el boletín, esta subrepresentación no refleja necesariamente un volumen bajo de casos en estos estados, sino una “menor sensibilidad de la vigilancia RAM [organismos resistentes a los antimicrobianos] y un envío limitado de estas muestras a los Laboratorios Centrales de Salud Pública”.
El infectólogo Matias Salomão, investigador de la Facultad de Medicina de la USP, forma parte de un equipo internacional que diseñó un test para detectar con mayor rapidez las bacterias multirresistentes en los hospitales. En su opinión, el reto en lo que respecta al control y la prevención de las infecciones causadas por bacterias resistentes trasciende las paredes de los hospitales. “Un ejemplo es el de las residencias geriátricas, donde el aislamiento de las personas sospechosas de estar infectadas no puede hacerse de la misma manera que en una UTI [Unidad de Terapia Intensiva] hospitalaria”.
Pero este no es el único problema. El control de las infecciones va más allá de la salud humana. En un estudio publicado en la edición impresa de diciembre de la revista Emerging Microbes & Infections, investigadores de la Universidad Agrícola de China analizaron la presencia de bacterias resistentes a los antibióticos en toda la cadena productiva de pollos y cerdos de la ciudad de Chengdu, que tiene 20,9 millones de habitantes. Estos microorganismos se detectaron en el 4,7 % de las granjas de cría de pollos y en el 2 % de las de cría de porcinos. Estos porcentajes se incrementaron a un 7,6 % y un 22,4 % en los mataderos, respectivamente, y alcanzaron un 65,5 % y 34,2 % en las carnes comercializadas en las cadenas minoristas. “Para hacer frente a este problema es necesario un abordaje integral y multisectorial, que tenga en cuenta la salud humana, el cuidado de los animales y el medio ambiente”, escribieron los autores.
Este artículo salió publicado con el título “Un panorama sombrío” en la edición impresa n° 349 de marzo de 2025.
Proyecto Instituto Paulista de Resistencia a los Antimicrobianos (Proyecto Aries) (nº 21/10599-3); Modalidad Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid); Investigador responsable Arnaldo Lopes Colombo (Unifesp); Inversión R$ 27.052.581,24.
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