Las náuseas y los vómitos pueden que no sean solamente un síntoma del dengue, la gran preocupación del momento. Como así tampoco el dolor abdominal y la diarrea sean tan solo consecuencia de una comida que no ha sentado bien. Pueden ser distintas manifestaciones de alguna enfermedad causada por microorganismos que se transmiten a través del agua contaminada o los alimentos mal lavados o poco cocidos, un problema antiguo que aún persiste en Brasil.
Entre 2000 y 2021, el Ministerio de Salud nacional registró 375.258 casos de personas afectadas por algún tipo de las también denominadas Enfermedades Transmitidas por el Agua y los Alimentos (ETAA), causadas, en ese período, por 78 organismos: bacterias, virus, gusanos o protozoos. Tan solo en 2023, 19.671 personas contrajeron enfermedades causadas por el agua o por alimentos contaminados en Brasil, de las cuales 31 fallecieron. Fue una cifra superior a la del año anterior, cuando se registraron 14.336 enfermos y 10 decesos.
Estas conclusiones se basan en un análisis de los registros del Sistema de Información de Dolencias de Notificación Obligatoria (Sinan, por su acrónimo en portugués), del gobierno federal, realizado por investigadores de la Universidade Comunitária da Região de Chapecó (Unochapecó), en Santa Catarina, y de la Universidad Federal de Santa Maria (UFSM), en Rio Grande do Sul. Los resultados fueron detallados en un artículo publicado en junio en la revista Journal of Water and Health.

UN Photo / Sophia ParisNiños lavándose las manos en un río contaminado con bacilos de cólera, en el poblado de Jurve (Haití)UN Photo / Sophia Paris
Los registros del Sinan indican que, en ocasiones, cientos de niños en guarderías o escuelas contraen diarreas, pero por lo general son tratados y se curan. Sin embargo, la letalidad es alta en las instituciones que acogen a personas mayores. En marzo de 2023, 43 internos de un residencial de ancianos en Cataguases, Minas Gerais, contrajeron diarrea grave después de haber comido verduras contaminadas por un rotavirus. Murieron todos. En la ciudad de Río de Janeiro, en julio de ese año, otras 23 personas internadas en una clínica para adultos mayores fallecieron después de haber sido infectadas por un norovirus, que también causa diarrea, vómitos y fiebre alta. Las personas con sus defensas orgánicas debilitadas, los ancianos, los niños pequeños, las embarazadas y los bebés son los grupos más vulnerables.
La mejora de la infraestructura sanitaria (agua, cloacas y recolección de residuos) habría contribuido a una gradual disminución anual de la cantidad de casos y muertes. No obstante, tan solo el 84,9 % de la población brasileña cuenta actualmente con el servicio de suministro de agua potable, según datos de 2022 del Sistema Nacional de Información sobre el Saneamiento (SNIS). Esto significa que, ese año, 33 millones de brasileños no tenían acceso al agua potable. El porcentaje de los que contaban con servicio de alcantarillado era aún menor, el 44,5 %, lo que indica que de los desechos residenciales seguían vertiéndose mayoritariamente sin tratamiento previo en los ríos, con el riesgo de contaminar sus aguas con microorganismos causantes de enfermedades.
En las zonas más alejadas de los centros urbanos, las cisternas ayudan a la disminución de las enfermedades de transmisión hídrica al almacenar agua filtrada y clorada. Un equipo de la Agencia de Salud Pública de Canadá entrevistó a 1.863 personas de 377 domicilios con cisternas y 1.816 personas de 397 domicilios sin cisternas en el interior del estado brasileño de Pernambuco. Tal como se detalla en un artículo publicado en febrero de 2013 en la revista BMC Infectious Diseases, en los 30 días previos a la encuesta, los niños menores de 5 años que vivían en hogares desprovistos de cisternas tuvieron el doble de episodios de diarrea que los del grupo de las viviendas equipadas con ellas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) enumera 250 enfermedades de este tipo, causadas por bacterias, virus, parásitos intestinales, toxinas de bacterias y hongos o sustancias químicas, tales como metales pesados, y transmitidas por el agua, las bebidas, los lácteos, la carne, el pescado, los helados, las frutas y las verduras. La contaminación puede producirse en cualquier etapa de la cadena de producción de los alimentos: cultivo, cosecha, procesamiento, acopio, transporte, conservación o preparación.

Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESPEl transporte de los alimentos es uno de los momentos en que puede producirse la contaminación con microorganismos causantes de enfermedadesLéo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP
Este problema a veces tiene un gran impacto en la población. Por ejemplo, 16 países de África meridional y oriental registraron más de 178.000 casos de cólera, causado por la bacteria Vibrio cholerae, con alrededor de 2.900 muertes, entre enero de 2024 y marzo de 2025. En Brasil, luego de una epidemia que asoló al país en 1991, con 60.000 casos y 1.000 muertos, solamente se han registrado casos aislados de cólera en Pernambuco, en 2004 y 2005, y en abril de 2024 en Bahía.
El Ministerio de Salud registró un promedio anual de 662 brotes de ETAA entre 2007 y 2020. El ingeniero sanitarista y ambiental Ubiratan Bones, de la Unochapecó, coordinador del análisis publicado en Journal of Water and Health, considera que estos registros son incompletos. “La subnotificación [registros médicos inferiores a los casos efectivamente ocurridos] sigue siendo elevada, sobre todo en las zonas que no cuentan con infraestructura básica de saneamiento, con alcantarillas a cielo abierto o acceso precario al sistema de salud”, dice. Según él, la dificultad para acceder a los servicios de atención médica induce a la automedicación, lo que es desaconsejable.
“La subnotificación se asocia a factores tales como la ausencia de diagnósticos de laboratorio, fallas en los sistemas de información, desconocimiento o negligencia en cuanto a la obligatoriedad de la notificación y la falta de recursos y capacitación en epidemiología”, reflexiona la farmacéutica y bioquímica Farah Chequer, de la Universidad Federal de São João del-Rei (UFSJ), en Minas Gerais, quien no tuvo participación en el estudio. Es una de las autoras de un análisis publicado en diciembre de 2022 en la revista Saúde e Pesquisa, también con datos del Sinan, que reafirma la idea de que los registros están subestimados.
En 1918, en el libro Urupês, el escritor brasileño Monteiro Lobato (1882-1948) presentó al personaje Jeca Tatu, un campesino pobre cuyo desánimo no se debía a una pereza incurable, como podría parecer a primera vista, sino a una infección causada por gusanos que se instalan en los intestinos y provocan anemia y debilidad. La preocupación por las helmintiasis –infecciones causadas por parásitos intestinales, los gusanos o helmintos– era común en Brasil a principios del siglo pasado. En la actualidad, gusanos como Ancylostoma duodenale o Necator americanus, entre otros, tan solo son responsables del 0,01 % de los casos registrados en el período estudiado (véase la infografía abajo).
Como agentes de las enfermedades transmitidas por el agua y los alimentos, en las últimas décadas predominaron las bacterias, asociadas al 70 % de los casos, con relieve para Escherichia coli, causante de diarreas que a veces resultan fatales, con casi el 30 % del total de los registros. Otras especies de bacterias ‒Bacillus cereus, Clostridium, Salmonella, Shigella, Staphylococcus aureus‒ figuran entre los 10 patógenos responsables del 95 % de los casos. Virus como el de la hepatitis, y gusanos como la lombriz intestinal (Ascaris lumbricoides), completan la lista. E. coli se propaga principalmente a través del agua, y Salmonella por los alimentos; al igual que las demás, infectan a la gente sobre todo en sus propios domicilios, en una proporción tres veces mayor que las infecciones contraídas en restaurantes.
Muchas de las prácticas habituales en el hogar permiten la proliferación de organismos causantes de enfermedades. Mediante un cuestionario en línea que constaba de 41 preguntas, disponible desde septiembre de 2023 hasta abril de 2024, investigadores brasileños de la Universidade de Vila Velha (UVV), en Espírito Santo, y de la Universidad del Estado de Ohio, en Estados Unidos, conocieron los hábitos de higiene alimentaria de 1.043 personas. De acuerdo con este trabajo, publicado en junio en la revista PLOS ONE, el 67,3 % de los participantes informó que no lavaban los alimentos antes de almacenarlos en la heladera, el 64,9 % utilizaba la misma tabla de corte para carnes y vegetales crudos y, el 52,7 % lava las verduras solamente con agua. En este muestreo, los encuestados de las regiones norte y centro-oeste de Brasil corrían un riesgo mayor de contraer enfermedades transmitidas por los alimentos que los de la región sudeste, y tan solo el 3 % utilizaba un termómetro para constatar el punto de cocción de la carne, un hábito que previene la ingesta de patógenos capaces de generar infecciones.
