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Carta del editor | 70

Buenas noticias para finalizar el año

Las culturas prehistóricas de Brasil, anteriores a su propia existencia como país, y su rica biodiversidad, tienen recursos – poco conocidos aún – para brindarle a la investigación científica más contemporánea. Combinadas entonces, ambas áreas se revelan como un manantial impresionante para la identificación de nuevas drogas que, al mismo tiempo que evocan determinadas estrategias, caminos y producciones simbólicas de los habitantes primitivos del país, en su búsqueda por la supervivencia y el bienestar físico y espiritual, constituyen promesas para el desarrollo de una industria farmacéutica fuertemente enraizada -finalmente- en suelo brasileño. Es precisamente esto lo que se puede constatar en el reportaje de tapa de esta voluminosa edición de Pesquisa FAPESP.

Dicho reportaje, elaborado por el reportero especial Marcos Pivetta, cuenta en detalle el trabajo de un grupo de investigadores de São Paulo, que permitió la identificación de 164 plantas autóctonas de la flora brasileña usadas por los Krahô, una tribu del estado de Tocantins, en misteriosos rituales de cura. Del total de especies, 138 mostraron algún tipo de influencia sobre el sistema nervioso central, área de interés de la investigación del grupo. Se puede augurar un largo camino por delante, como es común en la investigación de fármacos, hasta que los principios activos de estas plantas se transmuten en remedios en las farmacias, en alguna forma de bienestar para las personas con problemas sobre los cuales ellos tengan potencial para actuar, e incluso en facturación y utilidades, con porcentajes, más que justificados, destinados a los Krahô. Pero desde ya, son dignos de celebración los interesantes resultados de este trabajo.

En el frente de la investigación científica, son varias las buenas noticias que aparecen en esta edición de la revista. Una de ellas: investigadores de São Paulo demostraron que el popular té de chancapiedra (chá de quebra-pedras), el Phyllantus niruri, si bien no rompe nada, impide que los cristales de oxalato de calcio – el componente químico más común de tales piedras – se junten. Su acción es preventiva, por lo tanto.

La nota que abre la sección de Tecnología de la revista muestra que las incubadoras de empresas, generalmente ligadas a polos o parques tecnológicos, se han convertido en el lapso de 15 años en un fenómeno mundial poderoso en la generación de innovaciones en los más variados campos productivos. En 1985, eran doscientas en todo el mundo. Hoy llegan a 3 mil, de las cuales 800 se encuentran en Estados Unidos. En Brasil existen 159, número que se revela extraordinario, teniendo en cuenta que en 1986 existían solamente dos. El mayor desafío que se presenta para cada pequeña empresa forjada bajo la sombra protectora de una incubadora es ciertamente proseguir su camino por sí sola, a partir del momento en que la misma es lanzada al mundo real – y nada suave- del mercado. Las expectativas de aquellas que han llegado a ese punto aparecen en el reportaje sobre las empresas recientemente graduadas en la Ciatec de Campinas.

Para terminar, merece un relieve especial el reportaje que abre la sección de Humanidades, referente a un estudio internacional muy amplio – cubriendo 135 países, entre los años 1950 y 1990 – y de gran importancia, referente a la relación entre desarrollo económico y sostenibilidad de las democracias. Dicho trabajo aporta subsidios para las reflexiones contemporáneas sobre la articulación entre economía y política, entre ingresos per cápita de la población y régimen democrático (estaría completamente asegurado a partir de ingresos por 6 mil dólares). El mismo contó con la participación de un brasileño, apoyado por la FAPESP, y disputó fuertemente la portada de esta edición de Pesquisa FAPESP.

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