Imprimir Republicar

Fisiología

Cómo es la química de la acupuntura

Agujas accionan neurotransmisores y protegen contra las úlceras gástricas y los paros respiratorios durante el sueño

La acupuntura es reconocida como una especialidad médica en Brasil desde hace diez años, aunque todavía no haya dado  pruebas de su  eficacia desde el punto de vista científico. Estudios realizados con animales y seres humanos indican que esta milenaria técnica china, basada en la aplicación de agujas en puntos específicos del cuerpo para restablecer la salud, efectivamente funciona , pero sólo en determinados casos. El uso de las agujas se ha mostrado eficiente en el combate contra el dolor y las intensas náuseas provocadas por el uso de medicamentos contra el cáncer. También se reveló como un potente aliado en el tratamiento del asma, de los accidentes cerebrovasculares y de la adicción  a las  drogas.

Pero ahora, tres investigaciones llevadas adelante en la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) han demostrado que la acupuntura puede combatir las gastritis y las úlceras, además de las interrupciones en la respiración que perjudican la calidad del sueño. Y lo que es más importante: estos trabajos ayudan a entender cómo  funciona la técnica. Por lo  que todo indica, las agujas, cuando se las aplicada en determinados puntos del cuerpo, inducen una liberación o un mejor aprovechamiento de una sustancia química llamada serotonina. Dicha sustancia, más conocida por su función de mensajero químico (neurotransmisor) que transporta informaciones de una célula a otra dentro del sistema nervioso central, también actúa como un potente analgésico en los nervios periféricos, que se prolongan por los brazos, por las piernas y por el tronco.

Según la tradición oriental, la energía vital Qi circula por el organismo a lo largo de meridianos que terminan en puntos específicos de la piel. El buen funcionamiento del cuerpo depende del equilibrio entre dos fuerzas contrarias y complementarias – el yin y el yang – que componen el Qi. Si ese equilibrio se deshace, el cuerpo se enferma. La acupuntura intenta entonces restablecer ese equilibrio energético mediante el manipuleo de las agujas clavadas en algunos de los más de mil puntos ya identificados.

De acuerdo con  la interpretación de la medicina occidental, estos puntos corresponden a las terminaciones nerviosas que, excitadas por medio de las agujas o de calor, envían una señal al sistema nervioso central que, a su vez, la descifra y devuelve una respuesta a las regiones específicas del cuerpo. “Todavía no sabemos cómo se inicia este proceso ni tampoco si la serotonina es producida en mayor cantidad o únicamente es mejor aprovechada por las neuronas”, comenta el neurofisiólogo Luiz Eugenio Mello, uno de los coordinadores de los estudios de la Unifesp. “Los resultados muestran que la acupuntura necesita  de la serotonina para funcionar”, dice Mello.

Pero ésta no es una sospecha reciente. En la década de 1980, estudios realizados en Japón y China indicaban que era dicho neurotransmisor el responsable de la reducción del dolor después de las sesiones de acupuntura. Interesados en elaborar una  base científica para la acupuntura, los investigadores de la Unifesp decidieron verificar si la serotonina también se asociaba a los efectos benéficos observados en el tratamiento de otros problemas. Y los primeros estudios lo indican: sin serotonina, nada sucede.
En uno de los experimentos, el grupo paulista evaluó si la acupuntura podría aliviar los síntomas de quienes sufren de apnea durante el  dormir, como se les  denomina amadas a las frecuentes interrupciones de hasta diez segundos en la respiración durante el descanso nocturno. Estos bloqueos en el pasaje del aire – en general provocados por el angostamiento de la faringe, el tubo muscular que transporta el aire a los pulmones – pueden ocurrir hasta 30 veces por hora en casos graves. Como la persona se despierta con cada episodio, el sueño deja de ser reparador. Al día siguiente el cansancio es mayor de que al acostarse. A pesar de ser eficaz, el tratamiento es molesto. Los médicos prescriben al paciente el uso de un aparato conocido como CPAP – sigla de Continuous Positive Airway Pressure –, una máscara conectada a un pequeño compresor que mantiene constante el flujo de aire que va hacia los pulmones.

El equipo coordinado por especialistas de tres áreas – Luiz Eugenio Mello, de neurofisiología, Sergio Tufik, de medicina del sueño, y Ysao Yamamura, del Sector de Medicina China y Acupuntura – decidió entonces abocarse a verificar si diez aplicaciones de la acupuntura en el transcurso  de tres meses les aportaría algún beneficio real a estas personas. Los investigadores seleccionaron a 36 portadores de apnea y los separaron en tres grupos. Los integrantes del primero de éstos no fueron tratados, mientras que las personas del segundo recibieron aplicaciones de agujas en puntos que probadamente no producen efecto (puntos falsos) – en este caso, el objetivo era verificar si la mera sugestión de que la acupuntura puede funcionar produce algún efecto sobre el organismo. Sólo los integrantes del tercer grupo se sometieron a la  aplicación de las agujas en los puntos correctos.

Al cabo de de tres meses, los investigadores reevaluaron a los participantes. Las interrupciones de la respiración se agravaron entre los que no recibieron tratamiento. Los que  pasaron por sesiones de acupuntura falsa informaron, de manera general, que su sueño había mejorado, pero un examen que mide la actividad eléctrica del cerebro durante el sueño no confirmó tales resultados. El equipo de Mello sólo constató una mejora real entre aquéllos que fueron tratados con aplicaciones de agujas en los puntos correctos: la mitad dejó de sufrir  interrupciones de la respiración, mientras que se registró  una reducción del 80% de los episodios en  la otra mitad. “Desde el punto de vista cuantitativo, la mejora que aporta la acupuntura es similar a la que se obtiene con el CPAP”, afirma Ana Flávia Freire, una de las autoras del estudio. “Pero la acupuntura fue infinitamente superior en términos de calidad de vida”, añade la investigadora, que atribuye dicho resultado a la acción de la serotonina, asociada al fortalecimiento de los músculos de la traquea.

En otro experimento, el grupo de la Unifesp comparó en ratones los efectos de la acupuntura en el combate contra las úlceras gástricas, mediante el empleo de  otra técnica de la medicina oriental llamada moxibustión. La moxibustión – o moxa, como también se la  conoce – utiliza unos cilindros  encendidos  de hojas secas de la planta Artemisia vulgaris, enrolladas en forma de puros, para calentar los puntos de energía de la acupuntura o las propias agujas aplicadas en dichos puntos. De acuerdo con  la medicina china, la moxibustión actúa sobre las fibras nerviosas que conducen los estímulos de forma más lenta, mientras que las agujas actúan sobre las fibras de conducción rápida. Los datos indican que ambas las técnicas ayudan en el  combate contra la úlcera gástrica.

Antes de las aplicaciones de la acupuntura o de la moxibustión, los científicos les administraron a los animales una dosis de indometacina, un antiinflamatorio que induce la formación de lesiones en el estómago. Media hora más tarde, algunos ratones fueron sometidos al tratamiento con la moxa, aplicada durante cinco minutos en los puntos recomendados por la acupuntura – en la lateral de las patas para combatir el problema ubicado en el estomago. Un segundo grupo recibió aplicaciones en puntos falsos, mientras que un tercero no fue tratado. Seis horas después de las sesiones de moxibustión, los investigadores observaron mejoras significativas en los animales del primer grupo. La cantidad de lesiones en el estomago fue cuatro veces menor que en los casos de los ratones que no recibieron tratamiento y formaron parte del grupo de control. En los ratones que pasaron por aplicaciones en puntos ficticios, la cifra de lesiones fue la mitad que en el  grupo de control, según un artículo publicado en Digestive Diseases and Sciences.

Pero los  escépticos podrían cuestionar: ¿estos resultados no se deben meramente al efecto del calor, que tiene probadamente acción antiinflamatoria? Para despejar dudas, el equipo comparó la acción de la moxa con la de otras dos fuentes de calor: el puro encendido y la bolsa de agua caliente. Una vez más los resultados lo confirmaron: la técnica oriental fue dos veces más eficiente que el habano y tres más que la bolsa. Pero faltaba entender por qué la moxa reduce el surgimiento de lesiones cuando se la emplea  a la temperatura correcta (60°C).

La respuesta surgió en un tercer trabajo, llevado adelante  por Gisele Sugai. La científica  verificó que en ratones la moxa acelera los movimientos del estómago, que empujan los alimentos hasta los intestinos. El aumento del ritmo de estos movimientos expulsa la indometacina más rápidamente y evita las lesiones, tal como lo describió el equipo en un artículo publicado en Physiology Behaviour, en octubre de 2004. En ese mismo estudio, Gisele observó que la aplicación de agujas en las patas de los animales producía un efecto similar al de la moxa. “En esta situación, es probable que la serotonina ayude a acelerar los movimientos del estómago”, dice Mello.

El paso siguiente consistió en verificar si la reducción de las lesiones en el estómago estaba efectivamente asociada a la serotonina. Los ratones recibieron entonces una dosis de paraclorofenilalanina (PCPA), que bloquea la producción del referido neurotransmisor. En esta ocasión el efecto de las agujas sobre los movimientos del estómago fue nulo. La PCPA también disminuyó significativamente la estimulación provocada por la moxa. “Cuando hay producción de serotonina, los resultados de la acupuntura son significativamente mejores”, afirma Mello. Como el estudio se realizó con ratones, es poco probable que la disminución de las lesiones derive del efecto placebo – un resultado real producido por la creencia en que una sustancia o un tratamiento inocuo va a funcionar.

La comprensión del efecto analgésico disparado por las agujas aumentó recientemente, con un estudio publicado en Neuroimage. Empleando una técnica que elabora imágenes del cerebro en actividad, George Lewith, de la Universidad Southampton, constató que, cuando se las aplica correctamente, las agujas activan áreas productoras de sustancias analgésicas, las endorfinas, además de áreas asociadas a la inhibición del dolor. Pero el consenso inherente a la eficacia de esta técnica oriental parece estar lejos aún. Klaus Lind, de la Universidad Técnica de Munich, Alemania, comparó los efectos de la acupuntura real y de la acupuntura con agujas falsas contra la jaqueca. Los resultados, publicados en mayo en el Journal of the American Medical Association, sugieren que la acupuntura ejerce únicamente una influencia psicológica sobre el organismo.

En la búsqueda de evidencias científicas referentes a la eficacia de la acupuntura, quienes ganan son los pacientes. En 1992, Ysao Yamamura creó en la Unifesp el Sector de Medicina China y Acupuntura, que además de realizar investigaciones atiende casos de dolores agudos óseos y musculares . Tres años más tarde, el fisiatra Wu Tu Hsing organizó el curso de especialización en acupuntura del Instituto de Ortopedia y Traumatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (USP). En el ambulatorio del instituto se atienden alrededor de cien pacientes por semana que padecen dolores en los huesos y en las articulaciones. “El malestar está disminuyendo”, afirma Hong Jin Pai, del Centro del Dolor de la Clínica de Neurología de la USP. El esfuerzo de estos pioneros valió la pena. En 1995, el Consejo Federal de Medicina reconoció a la acupuntura como una especialidad de la medicina. Se calcula que en la actualidad existen alrededor de 50 carreras de especialización en acupuntura en las escuelas de medicina  en el país, un escenario muy diferente del de algunas décadas atrás, cuando la técnica era aplicada por personas sin formación en el área de la salud.

Republicar