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Política C&T

Con la mirada fija en el mercado

Un simposio debate la propiedad intelectual para estimular patentes

La protección de la producción intelectual, a través del registro de patentes, puede garantizar que una parte del conocimiento generado en los laboratorios de universidades y centros de investigación redunde en beneficios financieros para el investigador, para la institución y para el país. En Brasil, apenas un 10% de la producción intelectual está protegida por patentes. Pero las universidades brasileñas, poco a poco, está descubriendo la importancia de gerenciar sus inventos, con la mira puesta en el mercado.

La más reciente contribución para ese debate fue el simposio Scientia 2000: Propiedad Intelectual para la Universidad, realizado los días 13 y 14 de noviembre en el campus de la Fundación Oswaldo Cruz, en Río de Janeiro. El encuentro reunió a más de 120 especialistas y representantes de centros de investigación y universidades extranjeras, que debatieron sobre experiencias en el gerenciamiento de la propiedad intelectual en países del Primer Mundo, ante una platea integrada por gestores de organismos de investigación e universidades de Brasil, abogados, científicos y estudiantes.

Para Simone Scholze, del Ministerio de Ciencia y Tecnología, y una de las organizadoras del simposio, es necesario que las universidades y centros de investigación del país definan estrategias de protección de la propiedad intelectual. Uno de los caminos, sugiere Scholze, es la movilización de gestores de ciencia y tecnología que tengan como foco de atención los posibles resultados económicos de las investigaciones. “Los científicos están preocupados en desarrollar su investigación y publicar su artículo, cosa que es natural. Entonces cabe a los gestores crear la estructura necesaria para la generación de patentes.”

Scholze recordó que, aunque existen resoluciones en Brasil que reglamentan la cuestión de la propiedad intelectual, las universidades y los centros de investigación aún no están adaptados, desde el punto de vista administrativo, para operacionalizar los recursos generados por las patentes. “Muchas instituciones y universidades no tienen reglas para la distribución deroyalties , ni especificaciones para patentes”, dijo.

Según la evaluación de Cláudia Chamas, de Fiocruz, una de las entidades organizadoras del evento, es necesario que haya una mayor difusión de la información con relación a la protección de la propiedad intelectual en el país, principalmente en este momento, en el cual los científicos brasileños publican cada vez más su producción en revistas internacionales. “Existe un desconocimiento de los propios investigadores en relación con los trámites necesarios para la generación de patentes”, dijo Chamas.

Incentivo
El seminario mostró realidades diferentes a la del actual estadio brasileño en el área de protección de la propiedad intelectual. Frederic Erbisch, de la Universidad de Michigan, explicó que los cambios en la legislación norteamericana, hace dos décadas, redundaron en un aumento del número de patentes de investigación requerido por las universidades del país. El denominado Bayh-Dole Act, ley de 1980 que reglamentó el registro de patentes para investigaciones financiadas por el gobierno estadounidense dentro de las universidades fue el principal instrumento de incentivo a las patentes. Erbisch dijo que los inventos y patentes generados por las universidades permitieron que en 1998 se crearan 2.500 nuevas empresas y negocios. “Por lo menos el 70% de esas empresas aún están operando con éxito”, afirmó. En dicho período, prosiguió Erbisch, se crearon más de 289 mil empleos ligados al comercio de nuevas tecnologías con origen en la universidad.

En los últimos 20 años se autorizaron más de 20 mil patentes de universidades americanas. “Solo la Universidad de Michigan recibió, en 1998, cerca de 24 millones de dólares en carácter de royalties por sus patentes”. El Bayh-Dole Act también promovió otros cambios. Entre 1980 y 1990 se crearon más de 200 oficinas de transferencia de tecnología y registro de patentes dentro de universidades americanas.

El éxito norteamericano ha servido de parámetro para otros países desarrollados. Japón, por ejemplo, creó recientemente una ley similar al Bayh-Dole para promover el registro de patentes en el ámbito universitario. “Es creciente en el país el incentivo a la investigación y a las patentes en las universidades, que eran hasta hace poco tiempo muy pocas”, dijo Cristopher Heath, especialista en universidades e instituciones de investigación de Japón.

En la escuela
Países como Alemania poseen programas que estimulan el aprendizaje sobre propiedad intelectual ya desde los bancos escolares. Stefanie Winkler, del Ministerio de Educación e Investigación de Alemania, informó que el tema forma parte de los programas para estudiantes de nivel escolar secundario en el país. “Es el primer contacto del alumno con un tema que encontrará ciertamente en la universidad”, explicó.

Bernard Hertel, físico que dirige el Garching Innovation, ligado al Instituto Max-Planck, explicó el funcionamiento de la oficina de patentes y transferencia de tecnología de la institución alemana, presentando sus principales atribuciones. Segundo él, los profesionales de la oficina realizan la medición de todo el proceso: desde la relación del centro de investigación con los científicos inventores y los abogados hasta los contactos con las industrias para el aprovechamiento económico de la innovación. No es por casualidad que la presentación de Hertel se intituló “Entre la Torre de Marfil y la Bolsa de Valores”. La oficina se encarga del patentamiento de inventos de 81 institutos de investigación que integran el Max-Planck.

Jens Tampe, del Centro de Patentes Fraunhofer para Investigaciones, en Alemania, destacó que en el ambiente académico del país la cuestión de la propiedad intelectual está consolidada. Explicó incluso que hace algún tiempo se exige que el investigador tenga como mínimo una patente en su currículum. Para Tampe, uno de los factores que sirvieron de inspiración para esta nueva situación fue el surgimiento de empresas norteamericanas de biotecnología fundadas por científicos a partir de la década de 80. “El éxito de dichas empresas llamó la atención de los científico alemanes, que rápidamente pensaron en la posibilidad del aprovechamiento económico de sus investigaciones”, dijo.

Las universidades tuvieron que adaptarse a la nueva realidad. “Desde el inicio de la década de 90 cada universidad intentó montar su oficina de transferencia de tecnología”, recuerda Tampe, creando un ambiente bien diferente al que existía en los años de la pos guerra. “Antes, para el científico alemán ciencia y economía no debían mezclarse. Pero el propio éxito de la industria química y farmacéutica del país empezó a modificar esa mentalidad”, completó.Pese a ello, Tampe resaltó que las universidades todavía fallan al no mantener partidas presupuestarias fijas para sus oficinas de patentes y no brindarles mayores oportunidades de capacitación a los profesionales del sector. “Cuanto mayor sea el fundamento científico, mayor será la eficiencia de las unidades de registro y transferencia de tecnología”, comentó.

El derecho a la orden del día
Los aspectos jurídicos de las patentes estuvieron en la agenda de debates. Bernhard Fischer, abogado especialista en patentes del Instituto Max Planck, de Alemania, afirmó que actualmente se lleva a cabo una importante discusión en Europa sobre el denominado derecho al uso experimental de las patentes-cuando los conocimientos del invento o de la innovación son revelados y usados para fines de investigación. Fischer contó que ya existen decisiones judiciales cuestionando el derecho al uso experimental. “Varias empresas ya han ganado causas y garantizan así el monopolio del conocimiento en detrimento del requerimiento de científicos que solicitaban el uso experimental de la patente”, comentó.

La mesa, que mostró la experiencia de gestión de la propiedad intelectual en instituciones de Israel, Estados Unidos y el Reino Unido, tuvo como moderador a Edgar Dutra Zanotto, coordinador adjunto de la dirección científica de la FAPESP. Zanotto efectuó un perfil de la Fundación y habló sobre la reciente organización del Núcleo de Patentamiento y Licenciamiento de Tecnología (Nuplitec) para la protección de la propiedad intelectual y, principalmente, para su licenciamiento.

Peter Bailey, de la más antigua oficina de patentes en el mundo, el British Technology Group (BTG), fundado hace 50 años, afirmó que la transferencia de tecnología y la obtención de patentes requieren equipos multidisciplinarios listos para evaluar el potencial económico de la investigación y estudiar los mejores medios para protegerla, además de concebir estrategias de marketing para la colocación del producto en el mercado. BTG cuenta con 180 profesionales de diversas áreas de estudio. En 1995, la oficina empezó a cotizar sus acciones en la Bolsa de Londres. Bailey contó que BTG llega incluso a montar empresas para el desarrollo de nuevos productos. “Organizamos recientemente una compañía solamente para desarrollar un nuevo medicamento para el tratamiento de varices”, dijo.

Renée Ben-Israel, de Yssum Research Development Company, que defiende los derechos de las investigaciones de la Universidad Hebraica de Jerusalén, dijo que la compañía registra un promedio de entre 45 y 55 patentes de la universidad por año. Ben-Israel afirmó que la compañía Yssum trabaja como brazo comercial de la universidad. “Nuestra tarea es decir si el invento es patentable, si será comercialmente atractivo y el tiempo exacto para depositar la patente antes que la misma se torne obsoleta”, explicó.

Los organizadores están planeando nuevos seminarios para ampliar los debates sobre el tema. Ya está prevista para el final del primer semestre de 2001la realización, en São José dos Campos, en São Paulo, de un simposio para discutir las relaciones de los institutos de investigación, en particular aquellos que están instalados en dicha ciudad, como el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), con las industrias. El encuentro, que contará el apoyo de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (Ompi), analizará las posibilidades de transferencia y protección intelectual de nuevas tecnologías entre centros de investigación e industria y las perspectivas de mayor aproximación entre ambos segmentos.

“Las empresas están familiarizadas con el costado comercial de la innovación tecnológica, y las universidades con el conocimiento. Su asociación puede fructificar hacia ambos lados”, afirmó Scholze. Los debates y las presentaciones del Scientia 2000 serán divulgados en una publicación especial que será editada en forma conjunta por Fiocruz, MCT y la Fundación Konrad Adenauer de Alemania.

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