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Zootecnia

Con un avestruz en la cabeza

La criadores de estas aves africanas en Brasil cuentan a partir de ahora con un test de ADN y un software para la gestión del negocio

Estrutiocultura: he allí una palabra que sigue siendo desconocida por la mayoría de los brasileños. Pocos saben que se refiere a la cría comercial del avestruz, un animal originario de las sabanas africanas, pero que se lo ve cada vez más en los campos de Brasil. Esta actividad, que abarca la explotación de la carne, el cuero y las plumas, es una novedad en el país, pues solo apareció efectivamente a partir de la segunda mitad de los años 1990; pero ha tenido una expansión admirable. La Asociación de los Criadores de Avestruces de Brasil (Acab), una entidad fundada a finales de 1996, cuenta actualmente con alrededor de 260 miembros, y estima la existencia en el país de 120 mil de estas aves.

Esta población hace que Brasil ocupe la 5ª ubicación en el ranking mundial de número de aves, detrás de Sudáfrica, el país pionero en la cría de estos animales en el siglo XIX, Estados Unidos, la Unión Europea y China. Debido a tamaña competencia, los empresarios brasileños se movilizan actualmente para disputar mercado en pie de igualdad con dichos países.

En el interior de São Paulo, estado que concentra todavía la mayor parte de los criaderos de avestruces en el país, existen dos ejemplos concretos sobre cómo pueden colaborar las inversiones en tecnología para llegar a mejor desempeño de ese nuevo tipo de cría. En uno de estos emprendimientos, en el área de la biología molecular, se desarrolló una técnica para la identificación a gran escala del sexo de las crías de avestruces durante los primeros días de vida, mediante análisis de ADN. El otro resultó en un software de gestión para emprendimientos en estrutiocultura. Ambos contaron con financiamiento de la FAPESP a través del Programa Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE).

La importancia de la diferenciación sexual de los pollos de avestruz es uno de los principales factores para la rentabilidad del sector, que actualmente se sostiene en la compraventa de animales para la formación de planteles, pues el mercado para la carne y el cuero es todavía pequeño en Brasil. Así, quienes pretenden aumentar el stock o desean iniciarse en la actividad, deben tener la garantía de que los animales tienen un buen origen. O, al menos, saber si las crías que están comprando son machos o hembras. En los avestruces, la diferenciación sexual entre machos y hembras se da recién a partir de los 6 meses de edad.

Pero existe una forma muy común de identificar el sexo de aves en general: el sexaje cloacal. Así y todo, este método es problemático, por ser de difícil interpretación y, tratándose de avestruces, tiene un margen de error que asciende al 40%. La práctica también es estresante para el animal y puede incluso provocar infecciones o heridas, lo que compromete su comercialización. “Nos dimos cuenta de que el sexaje precoz en avestruces era una necesidad de los criadores brasileños”, comenta Euclides Matheucci Júnior, investigador del Departamento de Genética y Evolución de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), y socio de la empresa DNA Consult Genética e Biotecnologia, también con sede en São Carlos.

Matheucci descubrió que la identificación del sexo de los avestruces constituía un problema para los criadores, y que su empresa podría brindar la solución. La idea surgió cuando él investigaba las posibilidades de aplicación de la biología molecular en la producción animal, en un intento de ampliar y diversificar el radio de acción de DNA Consult, hasta entonces especializada en estudios de paternidad en seres humanos. La inversión en el desarrollo de tecnologías ligadas a la cría de avestruces le pareció un buen camino, porque la actividad se estaba expandiendo rápidamente en el país. Pero el sexaje de aves mediante el análisis de ADN, aunque fuera totalmente posible, exigiría el desarrollo de una tecnología que permitiera la realización de tests en gran escala.

El proyecto para la verificación del sexaje de los avestruces, iniciado en 2001, cuenta con la coordinación de la biomédica Adriana Medaglia. “Hicimos todas las pruebas y ajustes necesarios para la aplicación de la metodología, con el objetivo de probar su viabilidad”, dice Adriana. El producto que DNA Consult comercializa actualmente es el test que certifica el sexo de los avestruces durante los primeros días de vida. Este test se realiza mediante la extracción del ADN contenido en las células del bulbo de las plumas de los animales recién nacidos.

Con ese material, los investigadores logran analizar la molécula y aislar segmentos que podrán revelar, con suma precisión, si las secuencias de cromosomas analizadas pertenecen a la célula de un macho o de una hembra. “Optamos por extraer el ADN de las plumas de las aves y no de la sangre, ya que al margen de ser indoloro y provocarle menos estrés al animal, es mucho más sencillo y práctico, y puede hacerlo sin mayores problemas el propio tratador, con lo cual no se requiere la presencia del investigador al momento de la extracción”, justifica Adriana.

Para la realización de cada sexaje, el criador recibe un kit que contiene un tubo donde ha de poner las plumas. Este recipiente, debidamente identificado, se envía al laboratorio (incluso puede enviarlo por correo) junto con las informaciones sobre el ave, tales como su edad, su número de identificación, etc. “El dictamen sale en tres días”, dice Matheucci.

En los avestruces, al igual que en los seres humanos, existen los cromosomas llamados sexuales, que contienen los genes que determinarán el sexo del ave. Estas informaciones genéticas son diferentes en los individuos del sexo masculino que los del femenino. En el caso de los seres humanos, estos cromosomas se denominan XX (mujer) y XY (hombre). Al margen de tener un número de pares de cromosomas diferente que el de la especie humana, en los avestruces los cromosomas sexuales se denominan según las letras ZZ (macho) y ZW (hembra).

La reacción genética
Una vez extraído el ADN genómico, presente en los cromosomas sexuales del ave, se efectúa su amplificación mediante el empleo de la técnica denominada PCR (reacción de polimerización en cadena, del inglés Polymerase Chain Reaction), un proceso enzimático mediante el cual se logra amplificar miles de veces un determinado segmento del ADN. Esta técnica permite la amplificación de un segmento de un cromosoma no sexual (empleado a efectos de comparación) y de un segmento del cromosoma sexual.

Así, el segmento de 648 pares de bases se refiere a la amplificación del cromosoma W, presente únicamente en las hembras, mientras que el segmento de entre 209 y 245 pares de bases es la banda control que aparece tanto en los machos como en las hembras. Así, cada vez que sea posible visualizar dos segmentos de ADN, seguramente se trata de un individuo del sexo femenino.

Cuando no se reconoce en el material que fue amplificado la secuencia asociada al cromosoma W, se pueden suponer dos cosas: o se trata de un material genético de un individuo del sexo masculino, o hubo un error en el proceso. “Por eso amplificamos también una parte de un cromosoma no sexual. Entonces cuando se trata de un macho, aparecerá una línea amplificada específica no sexual, y cuando sea una hembra, aparecerán dos líneas: una del cromosoma sexual W y otra del control”, concluye Matheucci.

La técnica de identificación del sexo de los avestruces por PCR demostró ser bastante precisa. El laboratorio oferta actualmente este tipo de servicio a criaderos de varias regiones del país. “Ahora estamos en condiciones de realizar los tests a gran escala, y ése es el mérito de nuestro proyecto, porque los nacimientos de las aves son estacionales, lo que exige presteza y rapidez de nuestra parte”, aclara Matheucci. Por ahora, el precio del servicio sigue siendo alto: alrededor de 25 reales por animal. “Pero en poco tiempo más, el laboratorio tendrá su propio secuenciador de ADN automático y los costos serán entonces mucho más bajos”, promete el investigador.

Los planes de DNA Consult contemplan también el lanzamiento de otro producto orientado exclusivamente a los avestruces. Se trata de un test para investigar la paternidad de las aves. Valiéndose de la misma técnica de amplificación del ADN (la PCR), y comparando el material genético que será estudiado con los cromosomas de la madre y de los posibles padres, los investigadores confirman cuáles son los padres de determinadas crías.

“La identificación de la paternidad en el caso de los avestruces es de suma importancia para evitar la consanguinidad. Con ella se pueden seleccionar matrices y reproductores para aumentar la diversidad genética”, recuerda Adriana. Esto será también será muy útil para los establecimientos que prestan servicios de incubación de huevos. “Es una garantía para el criador el hecho de saber que los pollos entregados provienen efectivamente de los huevos que éste dejó en la incubadora”, dice Matheucci.

Gestión racional
Con el avance de la estrutiocultura en Brasil y la mejor apreciación de sus especificidades, la empresa Brasil Ostrich, con sede en la ciudad de Pirassununga, interior de São Paulo, resolvió crear un software para la gestión de los criaderos. Con la coordinación del zootecnista Ricardo Firetti, el objetivo de este proyecto consistió en desarrollar un producto fácil de operar y que pudiera ayudar a los criadores a administrar sus negocios en forma racional. De esta manera, se pensó en un sistema tendiente a centralizar en la computadora todas las informaciones técnicas y económicas inherentes a la actividad, al margen de los datos referentes al origen y a la historia del criadero. “No había en el mercado ningún software destinado exclusivamente a la cría de avestruces, que exige un manejo completamente distinto al que se hace con la ganadería tradicional, por ejemplo”, explica Firetti.

Las especificidades de la cría de avestruces comienzan por la propia naturaleza del ave, que no vuela. “Es un gran animal que pone huevos, como todas las aves, pero que se alimenta de pasto, como las vacas y los caballos”, resume el investigador. Pese al tamaño y a su fama de ser un animal rústico, la realidad indica que cuando se lo saca de su hábitat natural se vuelve más frágil, especialmente antes de alcanzar la fase adulta. Los cuidados con las crías deben por tal motivo redoblarse. Los huevos pasan por un rígido control, desde el momento de la postura hasta su incubación, especialmente porque la incubación en general se hace fuera de la propiedad, en establecimientos apropiados para tal fin: las incubadoras.

Una vez constatada la factibilidad del proyecto, se dio inicio al desarrollo de un prototipo que fue probado inicialmente en Brasil Ostrich, y en una segunda etapa, en empresas ligadas a ésta. “Nuestro objetivo era detectar los errores y eventuales problemas que el sistema pudiera presentar”, dice Firetti. Al cabo de tres meses de pruebas, el modelo se consolidó y está en el mercado desde comienzos de 2004. “Además de las empresas que integran actualmente el grupo, otras 20 usan el sistema”, revela el zootécnico y empresario Celso da Costa Carrer, presidente de Brasil Ostrich.

El sistema, denominado Data Ostrich, fue elaborado para suplir todas las necesidades reales relacionadas con la estrutiocultura. Al margen de seguir las etapas del proceso productivo, desde el huevo hasta la reproducción, permite que el usuario administre las variadas tareas diarias de manejo, tales como vacunaciones, intercambio de instalaciones, rotaciones y todo lo que suceda con el animal hasta su comercialización. Firetti subraya también la versatilidad del producto.

“Para atender las necesidades de los más variados perfiles de usuarios, el Data Ostrich está disponible en dos versiones: mono y multiusuario”. La primera es recomendada para criadores que no poseen incubadora o incuban únicamente los huevos del propio stock. La segunda en un tanto más compleja, y se adecua a las empresas que emplean su estructura ociosa para incubar huevos de terceros o que se especializan en incubación, y por lo tanto, necesitan monitorear al mismo tiempo los huevos y los pollos de procedencias variadas. En agosto pasado, las versiones mono y multiusuario del Data Ostrich costaban 990 y 2.790 reales, respectivamente.

Carne de primera
La inversión en el mejoramiento genético y en el control profesional del stock es un camino sin retorno para los criadores brasileños, si es que realmente pretenden afirmarse como grandes productores mundiales de avestruces y sus productos, que aún no se han ganado un lugar en el mercado brasileño. La carne, que es color rojo, con características nutricionales y físicas similares a las de los más apreciados cortes vacunos, con menos grasa y bajos índices de colesterol, aún no ha entrado en el gusto de los brasileños, debido principalmente a su precio: 66 reales el kilo.

El cuero, que es gran durabilidad y resistencia, es al mismo tiempo suave, y llega en el mercado internacional a alcanzar un precio de 250 dólares el metro cuadrado. El tercer producto, que son las plumas, fue el primer accesorio de avestruz que se comercializó en gran escala en África en el siglo XIX, y encontraría mercado en Brasil, principalmente para ornamentar los atuendos de Carnaval -ese mercado se mantiene actualmente vía importación. Los criadores brasileños, obviamente, anhelan conquistar tales mercados. Pero por ahora se abocan a la formación de stocks. De acuerdo con Celso Carrer, que es también presidente de Acab, alrededor del 80% de los animales producidos por Brasil Ostrich se venden para su conversión en matrices o reproductores en otros criaderos.

Actualmente, Sudáfrica lidera el mercado de avestruces y sus productos, con existencias de casi un millón de cabezas. Estados Unidos y la Unión Europea le siguen, con 300 mil y 200 mil animales, respectivamente. El cuero sigue siendo el producto más cotizado internacionalmente, y Japón es el principal país comprador. El mayor mercado para la carne de avestruz es Europa, con particular relieve para Alemania, que es el país que más consume este tipo de carne en el mundo. Y Brasil es el mayor importador de plumas, que se usan en los sambódromos durante los días de Carnaval.

No vuela, pero corre, y muy rápido

Mucho antes de convertirse en un animal de cría, el avestruz (Struthio camelus) difícilmente podría haber pasado desapercibido. Al margen de ser la mayor ave del planeta, tiene otras peculiaridades: pese a sus exuberantes plumas no es capaz de volar, pero tiene unas largas y fuertes patas, que le permiten correr a una velocidad de hasta 60 kilómetros por hora. Es un animal típico de las sabanas de África, y tiene una visión aguzadísima, lo que le asegura la supervivencia en un ambiente tan hostil, con muchos predadores y escaso alimento.

Por cierto: logra sobrevivir en ambientes con los más variados climas, a temperaturas que oscilan de las bajo de cero hasta 45ºC. Se alimenta de gramíneas en general, raíces, semillas y de pequeños animales vertebrados e invertebrados. En cautiverio, uno de los alimentos más apreciados por el ave es la alfalfa, aunque tiene fama de comer todo que se le aparezca por delante. Otro mito del avestruz es su comportamiento de esconder la cabeza en agujeros para esconderse. A decir verdad, se trata de una actitud de curiosidad del animal en busca de pedregullo, arena o alimentos. El origen de esta historia también se atribuye al hecho de que estas aves mantienen el pescuezo hacia abajo mientras comen y mastican. A la distancia, la impresión es que su cabeza está en el suelo.

El macho adulto se diferencia de la hembra por su tamaño y la coloración de su plumaje, que es blanco y negro, mientras que el de las hembras es pardo. Este animal puede llegar a medir hasta 3 metros de altura y pesar 150 kilos. Las hembras llegan a la madurez sexual más o menos a los dos años; ponen alrededor de 60 huevos por año, y de éstos nacen en promedio 20 crías. Los huevos pesan entre 1 y 2 kilos y miden entre 15 y 20 centímetros de altura. El período de incubación es de 42 días, y los pollos pesan aproximadamente 1 kilo al nacer.

Los animales criados para corte son faenados a los 15 meses, pero en la vida silvestre estas aves viven 65 años en promedio. A la par los criaderos comerciales de avestruces, ha aumentado también el interés por la exploración económica del ñandú (Rhea americana), un ave perteneciente a la fauna silvestre de América del Sur. Es menor que su prima africana, y puede llegar a medir dos metros de altura. Es también más liviana: pesa hasta 36 kilos.

Pese a que forman parte de familias e incluso de órdenes diferentes (el avestruz, que posee patas segmentadas en dos partes, pertenece al orden estrucioniforme, mientras que el ñandú, con tres segmentos, es reiforme), estas dos aves son las mayores de sus respectivos continentes, poseen una poderosa visión, no vuelan y son muy veloces, al margen de ser omnívoras. El registro de criaderos comerciales de avestruces, por tratarse de animales exóticos en medio a la fauna brasileña, lo efectúa el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento, en tanto que la regulación de los criaderos de ñandúes compete al Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama).

Los Proyectos
1.
Biología molecular aplicada al manejo racional de avestruces (nº 01/08612-8); Modalidad Programa Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE); Coordinadora Adriana Medaglia – DNA Consult; Inversiones R$ 362.610,00
2. Desarrollo de un sistema integrado de gestión para emprendimientos en estrutiocultura (nº 01/08408-1); Modalidad Programa Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE); Coordinador Ricardo Firetti – Brasil Ostrich; Inversiones R$ 178.539,00

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