Imprimir Republicar

Opinión

Conocimiento y poder

El apoyo del estado a la investigación académica es esencial e insustituible

El profesor Carlos Vogt, elegido por el gobernador Geraldo Alckmin, asumió la presidencia del Consejo Superior de la FAPESP, sucediendo así al profesor Carlos Henrique de Brito Cruz, flamante rector de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), que continua integrando el Cuerpo Colegiado.

La FAPESP, constituida en 1962, durante el gobierno de Carvalho Pinto, ha revelado ser un polo de excelencia de repercusión internacional. Ya en la época que se discutía su creación, se reconocía la importancia del conocimiento para el desarrollo.

Al final del siglo X, Portugal se transformó en la nación más poderosa nación del mundo, al aplicar el estudio sistemático, la investigación y el conocimiento acumulado del problema de la navegación oceánica en el objetivo de llegar a la India y dominar el comercio de especias.

En el siglo XVII, Francis Bacon acuñó el aforismo “El conocimiento es poder”, destacando que “ninguna obra de buen gobierno es tan importante como proveerle al mundo un conocimiento bueno y fértil” (Francis Bacon – El avance del conocimiento).

La inclusión del conocimiento como variable de destaque para el desarrollo económico trae aparejada, para la teoría económica, la educación y la cultura como parámetros explícitamente determinantes del desarrollo de una nación.

Y en Brasil no ha sido diferente. En los últimos cuatro años, por primera vez en la historia del país, el principal ítem de la pauta de exportaciones es un producto de alto valor agregado: los jets fabricados por Embraer. Éste es un caso ejemplar de ciencia y tecnología creando desarrollo.

El nuevo presidente de FAPESP ha manifestado que invertir en innovación tecnológica es hacer inversiones de riesgo, venture capital. En la alta tecnología, por ejemplo, existe un desafío para el país en el sector de componentes para microprocesadores. El rol de la FAPESP es continuar la política llevada adelante por Brito Cruz.

Las instituciones académicas de nivel internacional son esenciales para cualquier país, y en Brasil contamos con algunas que crearon las condiciones para el desarrollo por medio de la educación: junto a la FAPESP y la Universidad de São Paulo (USP), la Unicamp y la Universidad Estadual Paulista (Unesp), se encuentran 19 institutos de investigación estaduales.

La actividad científica en Brasil está atravesando una importante transición; de ser una actividad artesanal, la práctica científica se ha transformado en algo más estructurado y profesional. El apoyo estatal al posgrado ha permitido un aumento sin precedentes del número de científicos capacitados. La formación de una comunidad científica altamente calificada ha creado las condiciones para que, en las buenas universidades, se organizasen grupos de excelencia. La existencia de una masa crítica de investigadores en varias áreas del conocimiento ha permitido que iniciativas audaces, como el Programa Genoma, encabezado por la FAPESP, tengan un éxito explícitamente reconocido.

La capacidad de transformar el conocimiento en riqueza y desarrollo social es quizás el punto más frágil del actual estadio de desarrollo de la ciencia y la tecnología en Brasil. Nos falta desarrollar la capacitación para concretar esto con mayor frecuencia y en forma sistemática. Las crónicas dificultades de índole macroeconómica han impedido que las empresas en Brasil puedan darle la atención que deberían al desarrollo de su capacidad propia para generar conocimiento y agregarlo a sus actividades. La inestabilidad económica, las tasas de interés elevadas y la estructura tributaria han venido siendo algunos de los elementos que, en nuestro país, le sacan fuerza a la inversión privada en una actividad de riesgo y de largo tiempo de maduración como lo es la investigación y el desarrollo (I&D). Los organismos de gobierno comienzan a prestar atención a la importancia de la ciencia para el establecimiento de políticas públicas efectivas. Aun con el desarrollo de interacciones entre empresas y universidades, que son actualmente mucho más intensas que hace diez o veinte años, las empresas poco han desarrollado aún su capacidad interna para I&D. Tenemos más del 70% de nuestros científicos trabajando en el ambiente académico, mientras que en los países más desarrollados la mayor parte de éstos trabaja en las empresas.

Existen muchos otros desafíos por delante. La propuesta del Ministerio de Ciencia y Tecnología para los Fondos Sectoriales es una novedad digna de destacarse. Con imaginación y conocimiento sobre los cambios en curso en el país, el MCT aporta un importante refuerzo en el financiamiento de las actividades de I&D. El aporte previsto, de más de mil millones de reales, elevará la inversión estatal en I&D del 0,5% del PBI al 0,6 ó al 0,7%. Un crecimiento significativo, que calibrará los gastos estatales en I&D a un nivel comparable con el de países más desarrollados (en Alemania, la inversión estatal en I&D es del 0,8% del PBI; en EE.UU., del 0,9%; en Corea del Sur, del 0,7%).

El apoyo del estado a la investigación académica es esencial e insustituible. Es natural que así sea, pues la ciencia es un bien público, de difícil apropiación privada. Por tal motivo, no es razonable que esperemos que el sector privado invierta en ciencia. El sector privado debe sí invertir en tecnología. Las razones fundamentales por las cuales la ciencia en Brasil debe ser apoyada aún más por parte del Estado son dos: porque hay investigadores excelentes y porque el hacer más ciencia será bueno para el desarrollo del país. Pero, para que la ciencia genere efectivamente desarrollo económico y social, es necesario que las empresas puedan apropiarse de ese conocimiento, transformándolo en tecnología, tornándose más competitivas y generando riquezas y empleos.

 

Y eso solamente sucederá si la ciencia valora el conocimiento, y emplea a científicos e ingenieros volcados a la investigación y al desarrollo. Cabe recordar que mientras que en EE.UU. hay 800 mil científicos e ingenieros haciendo investigación y desarrollo en empresas, y en Corea hay 75 mil, en Brasil hay menos de 10 mil. Resultado: Corea registra en EE.UU. 3.500 patentes por año, y Brasil, cien.

Sería una ilusión peligrosa para la ciencia y la tecnología de São Paulo el creer que el sistema paulista puede funcionar exclusivamente con los recursos proporcionados por el contribuyente paulista para la FAPESP. El hecho es que la mayor parte de los recursos para la investigación científica en el estado provienen de las agencias federales, principalmente del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq, sigla en portugués) y de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes, sigla en portugués).

Los números presentados por la FAPESP en el gobierno Covas – Alckmin (1995 – 2002) impresionan por su vertiginoso crecimiento. Fueron lanzados muchos programas de gran impacto. El Programa Genoma es uno de estos. Creado en 1997, sus diversos proyectos ya han presentado o están en condiciones de presentar resultados bastante significativos desde el punto de vista económico y social. Entre éstos pueden mencionarse: el mapeamiento genético de la bacteria responsable por la “plaga amarilla”, que afecta al 30% de los naranjales paulistas; el secuenciamiento de la bacteria que causa el chancro cítrico y pérdidas anuales del orden los 110 millones de reales para la citricultura de São Paulo, reduciendo la producción de naranjas en un 25%; el secuenciamiento de genes de la caña de azúcar responsable por la resistencia de la planta y  por el tenor de sacarosa, y el de la bacteria que ataca las cañas cortadas. Más recientemente fue lanzado el Genoma Eucalipto, para descifrar el origen de los problemas que comprometen el desarrollo del eucalipto.

Dentro aún del Programa Genoma, se pueden destacar proyectos con resultados significativos en el área de salud. Ése es el caso del Genoma Humano del Cáncer, lanzado en marzo de 1999, y que ya ha mapeado más de un millón de secuencias de genes de tumores, y ha colocado a Brasil en el segundo lugar del ranking internacional. O del Genoma Clínico del Cáncer, el más reciente proyecto de investigación en actividades clínicas y quirúrgicas relacionadas con la oncología para el desarrollo de nuevas formas de diagnóstico y tratamiento del cáncer con base en las informaciones generadas por el Genoma Humano del Cáncer. O del Genoma Schistosoma, tendiente a desarrollar nuevas terapias, posibilidades de vacunas y una comprensión más amplia de la biología del microorganismo Schistosoma mansoni.

En la misma línea de preocupación con la salud se encuentran los programas Red de Diversidad Genética de Virus – que amplia el conocimiento de las variedades genéticas de cuatro virus: el VIH-1, causante del Sida, el HCV, de la hepatitis C, el hantavirus y el virus respiratorio sincicial – y la Red de Biología Molecular Estructural, encargada del estudio de las estructuras tridimensionales y de las funciones de las proteínas asociadas a los genes secuenciados en el marco de los proyectos Genoma Humano del Cáncer, Genoma Xylella, Genoma Xanthomonas y Genoma Caña.

También durante ese período 1995 – 2002, la Fundación lanzó el Programa Biota – FAPESP, que realiza el inventario, caracteriza y analiza la biodiversidad del estado de São Paulo. Y el Programa de Investigación en Políticas Públicas, en cuyo marco ya se han aprobado 103 proyectos que abarcan las áreas de Salud, Medio Ambiente, Educación, Administración y Gestión de Políticas Públicas, Trabajo, Empleo e Ingresos, Agricultura y Ganadería, Patrimonio Histórico, Vivienda, Transportes y Urbanismo y Derecho y Seguridad.

En el campo de la innovación tecnológica, el programa de transferencia de conocimiento desde el área académica hacia el sector productivo – el Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE) – apoya la investigación para la innovación tecnológica directamente en empresas con hasta cien empleados. Hasta el año 2001, ese programa financió 185 proyectos, en empresas localizadas en 43 municipios del estado de São Paulo. El programa Asociación para la Innovación Tecnológica (PITE, sigla en portugués), a su vez, apoya proyectos de investigación en asociación con empresas de cualquier porte para el desarrollo de nuevos productos con alto contenido tecnológico o nuevos procesos productivos. Y el programa Consorcios Sectoriales para la Innovación Tecnológica (ConSITec), creado en 2001, estimula la colaboración de grupos de investigación con aglomerados de empresas de un mismo sector, para resolver problemas tecnológicos de interés común.

Por último, vale la pena hacer referencia a uno de los más recientes programas: el Sistema Integrado de Hidrometeorología del Estado de São Paulo, tendiente a dotar al estado de una moderna red de observación del tiempo, clima y recursos hídricos.

La FAPESP está creciendo saludablemente. En 2000, invirtió 550 millones de reales, y en 2001, casi 600 millones. El equilibrio entre inversión en ciencia básica, ciencia aplicada e investigación tecnológica y el relativo a la demanda proveniente de las áreas de exactas, humanas y biológicas se ha venido manteniendo.

La FAPESP está vinculada a la Secretaría de Estado de Ciencia, Tecnología, Desarrollo Económico y Turismo. Es una de las estrellas que enorgullecen al gobierno del Estado de São Paulo e elevan nuestra autoestima.

Ruy Martins Altenfelder Silva es el secretario de Estado de Ciencia, Tecnología, Desarrollo Económico y Turismo de São Paulo

Republicar