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Tecnología

Crean nuevas armas contra el dengue

Una bacteria es la materia prima para la elaboración de bioinseticidas que acaban con las larvas del mosquito

Los meses del verano y comienzo del otoño son los que registran el mayor número de casos de dengue en Brasil. Las lluvias, que caen en grandes cantidad en esa época del año, favorecen la eclosión de los huevos puestos por el mosquito Aedesc aegypti hembra, el principal transmisor de esta enfermedad, que el año pasado alcanzó la marca de 769.076 casos registrados en el país, frente a los 421.574 del año anterior. El insecticida aplicado en las regiones epidémicas mediante vaporizadores, conocido como en el país ‘fumacê’, elimina únicamente a la forma adulta, pero no tiene eficacia alguna para acabar con las larvas. Para controlar esos criaderos del mosquito, se están preparando dos nuevas armas bacterianas.

La primera de éstas saldrá al mercado este mismo mes de abril, bajo la forma de un bioinseticida líquido, que tiene como principal componente al Bacillus thuringiensis israelensis, desarrollado por el equipo de Bthek Biotecnología, coordinado por el agrónomo Marcelo Soares, uno de los propietarios de la empresa.

Dicha bacteria, una enemiga natural del Aedes, produce una toxina que, al ser ingerida, le ocasiona daños en el intestino al insecto, provocándole la muerte. La otra arma, elaborada con el mismo bacilo, pero en forma de comprimido, fue creada en Río de Janeiro, en el Instituto de Tecnología en Fármacos – Far-Manguinhos, por la bióloga Elizabeth Gomes Sanches. La diferencia entre ambos productos consiste en que el Bti, tal como se lo llama al nuevo producto líquido, se destina principalmente a lagos y represas; es decir, grandes espacios abiertos, mientras que los comprimidos fueron producidos para uso doméstico, en tanques de agua, piscinas y cisternas.

Producto perfeccionado
Soares comenta que la idea de producir el bioinseticida para la larva del dengue surgió en 1999, cuando estaba haciendo su posdoctorado en control microbiano en Embrapa Recursos Genéticos y Biotecnología. Un año después fundó Bthek Biotecnología en Brasilia, y así dio inicio al proyecto. Su primera medida consistió en comprarle a Embrapa cepas puras de la bacteria Bacillus thuringiensis, importantes para la formulación adecuada del producto. “Luego de aprender a producir el bioinseticida, entré en contacto con el Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT, sigla en portugués), que se encargó del desarrollo y el perfeccionamiento de los medios de producción”, recuerda Soares.

El instituto también brindó asesoría en el montaje de la planta industrial, según informa Luiz Carlos Urenha, ingeniero químico del Laboratorio de Fermentaciones Industriales del Agrupamiento de Biotecnología del IPT, quien también participó del proyecto.El producto saldrá a la venta inicialmente en pequeña escala en las regiones norte y nordeste de Brasil, para su uso por parte de operadoras de salud y empresas especializadas. Pero para uso en domicilios y grandes centros, resta aún hacer algunas modificaciones, tales como la forma de presentación en pastillas, sachets, en polvo o en gel. Su producción a escala industrial se iniciaría en septiembre, cuando la fábrica esté con toda su capacidad instalada.

Soares dice que el Bti saldrá por0 la mitad del precio de sus similares importados, que actualmente disputan el mercado a 25 dólares el litro. Para una superficie de una hectárea se necesitan entre 1 y 2 litros del producto, dependiendo del grado de infestación por el mosquito. Mientras tanto, los comprimidos desarrollados por el Far-Manguinhos ya están listos, pese a que recién comenzarán a fabricarse en cantidad ni bien se cierren las negociaciones con una empresa brasileña del rubro de fermentaciones. “Buscamos una empresa socia con capacidad para fabricar el producto a escala industrial, para atender la demanda de la Fundación Nacional de Salud (Funasa), que es muy grande”, dice Elizabeth Gomes.

La investigadora informa que el producto fue probado y aprobado siguiendo patrones internacionales de seguridad en una empresa independiente contratada por el Far-Manguinhos. “Nuestro producto puede usarse en el depósito de agua, pues no es tóxico”, dice Elizabeth. “La fórmula fue dimensionada para uso hogareño”. Pero su aplicación pueden hacerla únicamente los agentes de salud o empresas especializadas, ya que la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), dependiente del Ministerio de Salud, no permite la venta masiva de este tipo de producto. El temefós, un larvicida químico ampliamente empleado para combatir el dengue, empezó a ser reemplazado en algunos estados brasileños a comienzos del año 2000 por bioinseticidas importados a base de Bacillus thuringiensis, luego de que se constatara la existencia de poblaciones de mosquitos resistentes a aquel producto.

“Los insecticidas químicos actualmente usados en Brasil para la prevención del dengue tienen una serie de desventajas, principalmente en el aspecto ambiental”, dice Maria Filomena de Andrade Rodrigues, encargada del Laboratorio de Microbiología Industrial, también del Agrupamiento de Biotecnología del IPT, que actuó en el desarrollo del proceso de producción y formulación del bioinseticida líquido. “La aplicación sistemática de esos insecticidas contamina el suelo y el agua, perjudicando a la flora y la fauna y matando a otros insectos locales que no son nocivos; y eso sin contar que el agente que lo aplica puede sufrir una intoxicación con el producto”.

En tanto, el bioinseticida, de acuerdo con la evaluación de la investigadora, como tiene una actuación específica, permite el control de la plaga sin provocar desequilibrios ambientales y daños a los seres humanos.

Viajes marítimos
Maria Filomena dice que la educación y conscientización de la población sigue siendo todavía la mejor manera de controlar al Aedes, que llegó a Brasil en el siglo XVIII a bordo de las embarcaciones que traían a los esclavos. Este mosquito, originario de África, se propagó a Asia y América, principalmente debido a los viajes marítimos. Sus huevos son resistentes, y pueden sobrevivir aun sin estar en contacto con el agua durante un año. Por eso, basta con que llueva para que, en menos de 30 minutos, éstos den origen a las larvas. Y en una semana, nuevos mosquitos estarán listos para picar a sus víctimas.

Una gran campaña realizada por la Organización Panamericana de la Salud (Opas) llegó a erradicar el Aedes aegypti de Brasil y de diversos países americanos en 1955. Sin embargo, algunas fallas impidieron que el objetivo se lograse plenamente, y el mosquito permaneció haciéndose presente en varias islas del Caribe y en Guyana, Surinam, Venezuela y el sur de Estados Unidos, desde donde volvió a propagarse. Al final de la década de 70, Brasil registraba nuevamente la presencia del vector en sus principales metrópolis.

El dengue es considerado actualmente uno de los principales problemas de salud pública en el mundo, de acuerdo con el Ministerio de Salud. Estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) apuntan que alrededor de 80 millones de personas contraen anualmente la enfermedad. De ese total, cerca de 550 mil deben ser hospitalizadas, y 20 mil mueren como consecuencia de la infección. Estas cifras muestran que es necesario ampliar el arsenal disponible para combatir a este insecto de minúsculas proporciones, pero con una gran capacidad de adaptación. El control bacteriano es el uno de los principales candidatos a tener un papel efectivo en la cruzada contra esta epidemia urbana.

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