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BUENAS PRÁCTICAS

Cuando el plagio no reviste mala fe

BoasPraticas aDaniel BuenoUna consulta reciente al Committee on Publication Ethics (Cope), un foro de editores de revistas científicas sobre ética en la investigación, dejó claros los desafíos que implica la realización de una evaluación justa en los casos de sospecha de plagio. El editor de un periódico científico, cuya identidad y origen no fueron revelados, le informó al Cope que comenzó a valerse de software para la detección de plagios y registró un elevado índice de pequeños fragmentos o secuencias de frases copiados de otros artículos. El problema abarca del 30% al 50% de los manuscritos remitidos y, en algunos papers, llega a comprometer la originalidad de hasta un tercio del texto.

Aunque parezca alarmante, el editor cree que no habría mala fe en los autores, puesto que las frases copiadas son cortas y provienen de más de 60 fuentes distintas, y en uno de los casos, esa cifra se eleva a más de 120. “Parece que la copia de un párrafo que contiene lo que se considera una expresión elegante podría compensar la falta de capacidad lingüística del investigador”, escribió el editor, al referirse a una gran cantidad de autores cuya lengua materna no es el inglés. “De cualquier manera, no resulta satisfactorio que la tercera parte del contenido de un texto se inspire en otras fuentes. Esto no es algo que pueda considerarse una buena práctica de redacción científica”.

El Cope le respondió recomendándole un análisis caso por caso, teniendo en cuenta las características del texto reciclado. Una duplicación en la sección de resultados es más grave que en la introducción o en los métodos. Las frases copiadas en un artículo de revisión, compuesto por análisis críticos de la literatura existente, comprometen en mayor medida su originalidad que las oraciones duplicadas en un paper tradicional, que aporta resultados inéditos. Según ese foro, el editor debe pedirle explicaciones al autor en caso de que éste omita consignar la autoría en muchos segmentos del artículo y tomar medidas más drásticas si las ideas que sostiene el autor pertenecen a otros individuos.

“El editor debe proseguir chequeando todos los manuscritos empleando software antiplagio, rechazando los artículos con superposición de textos de moderada a grande”, sugiere el Cope. Asimismo, debe advertírsele a la institución a la cual pertenece el autor si existiera efectivamente la sospecha de mala conducta o si el editor detecta evidencias de que el investigador se desempeña en un ámbito que no valora las buenas prácticas científicas. “En caso de tratarse de jóvenes investigadores, el editor debe solicitarles que reescriban los fragmentos copiados y remitan nuevamente sus artículos”, aconseja el Cope.

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