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Danza

Cuerpo, juego y teoría

Erudito y popular a la vez, Antônio Nóbrega es un artista que transita por múltiples especialidades

SILVIA MACHADONaturalmente, un espectáculo de 2009, presentado nuevamente en diciembre de 2011 en el Centro Cultural Fiesp-Sesi de São Paulo. Una especie de tesis del artistaSILVIA MACHADO

La relación con la universidad es una costura de puntos anchos en su carrera. No en vano, Antônio Nóbrega, nacido en 1952 en la ciudad nordestina de Recife, se refiere a su “tesis” al hacer referencia a su más reciente creación artística. La defensa de Naturalmente, teoría y juego de una danza brasileña tuvo inicio en 2009.

Fueron necesarios casi 40 años para solidificar la investigación, para transformar a aquel chico sin relación alguna con la cultura popular en un artista de fiestas folclóricas y múltiples especialidades. En ese trayecto, la universidad entra y sale en diversas ocasiones. Antônio Nóbrega empezó con el violín. A los 16 años, en 1968, mientras se preparaba para el examen de ingreso a la universidad, tomaba parte alternadamente en la Orquestra de Cámara del Estado de Paraíba y en la Orquestra Sinfónica de Recife. Como violinista, realizó su primer espectáculo en 1963, en la Escuela de Bellas Artes de Recife, cuando todavía cursaba la secundaria y como alumno de Luis Soler.

Cursó derecho durante dos años y abandonó. Intentó en letras pero dejó. Se fue a música pero terminó desistiendo también. No obstante, su paso por el Conservatorio de la Universidad Federal de Pernambuco le cambiaría la vida: allí se encontró con sus socios del Quinteto Armorial, al cual perteneció desde 1971 hasta 1980. Entonces cambió el violín por un similar popular conocido en Brasil como rabeca. Y no se trató meramente de un cambio de instrumento, cosa tan común en la vida de los músicos. Fue así como empezó esa relación de lo erudito con lo popular que se transformaría en su objeto de investigación, con la impronta de la propuesta armorial de Ariano Suassuna.

Descubrió las monerías de los saltimbancos o murgueros de las fiestas populares de Reyes, conocidas como reisados, el canto áspero y épico de los cantadores y repentistas, o payadores, encontró al capitán Antônio Pereira, con quien conviviría durante 10 años y quien le enseñaría desde el paso de la “tijera rebatida” hasta cómo elegir el mejor cipó-de-embira para la confección de la “desharrapienta” Burra Calu (personaje que, años más tarde aparecería en una canción suya: Boi castanho).

Estudió también con Mateus Guariba, Nascimento do Passo, el maestro Aldenir y Olímpio Boneca, maestro de reisados y guerrero de la ciudad de Juazeiro, estado de Ceará, quien le mostrara las tonadas y los histrionismos de los Mateus [otros personajes de fiestas populares]. Y con el maestro Zé Alfaiate, del morro de Bomba do Hemetério, con quien conoció a la agrupación Caboclinho Sete Flechas y las maniobras y posturas de aquello que denominaba ya en ese entonces como “bailado brasileño”. Como todo buen investigador, hace tiempo que cultiva su obsesión. “Siempre quise saber por qué un país con un universo tan exuberante de bailes, cuyos vocabularios de pasos impresionan, no ha incorporado tamaña riqueza a sus bailes de escenario. En el terreno de la música, esa asimilación se ha concretado.”

Las lentejuelas y canutillos que lo atraparon fueron bordando su camino artístico. La vivencia armorial se había entrañado de tal forma que hizo de él la versión en música y baile de Ariano Suassuna. Cuando arribó en São Paulo, en 1982, con A arte da cantoria, ya había montado y dedicado al capitán Antônio Pereira, en 1978, A bandeira do divino. Pero fue recién en 1983, con O maracatu misterioso, cuando empezó su carrera de solista en la danza.

Regresa a la universidad en 1986, cuando se encarga de crear la cátedra de bailes populares brasileños de la Unicamp, en la carrera que ayudó a fundar. Tres años después presenta su tesina de maestría: El reino del medio día, con una primera síntesis de aquello que consideraba entonces que eran los componentes indios, negros e ibéricos de nuestra ciudadanía gestual.

Hizo de la querella entre lo popular y lo erudito su campo de investigación y ahora pretende producir otro de aquellos a los que Peter Brook denomina como “los grandes teatros distintos del mundo”. Pretende sistematizar un léxico que enseña a bailar a partir de los bailes populares. En Naturalmente muestra de qué manera ciertos pasos del baile maracatú se organizan al ritmo de Erick Satie, cómo se danza capoeira con Bach, o se junta al Chaikovski de la suite del ballet Cascanueces con Gaiata, un personaje popular. Así plasma la propuesta de principios universales con formas locales, de Eugênio Barba.

Los estudios de casos aparecen registrados en la serie de 10 programas que componenDanças brasileñas, un proyecto ideado y dirigido por Belisário França, en 2004, para el Canal Futura. Y creó el laboratorio con su pareja, Rosane Almeida, el Instituto Brincante, en donde pueden probarse sus hipótesis.

Si lo que asigna valor a una investigación es su continuidad, la de Nóbrega encontró en Maria Eugênia Almeida y Marina Adib, dos jóvenes y talentosas bailarinas, la realización más plena de los supuestos armoriales que lo guiaron hasta ahora: una proviene del ejercicio popular (Maria Eugênia) y la otra, del erudito (Marina). La puesta en escena de ambas apunta quizás hacia el comienzo de un posdoctorado.

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