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Reseñas

De la antropofagia al fin del pecado original

El encuentro de los universos espirituales de sacerdotes e indios

Es fácil imaginar el choque cultural entre un pueblo guerrero y antropófago y hombres monoteístas, dispuestos a todo para imponer su fe. Pero lo mejor de Os Vivos e os Mortos na América Portuguesa – da Antropofagia à Água do Bautismo, de Glória Kok, es la presentación que la historiadora hace del universo espiritual indígena antes del encuentro entre tupiés-guaraníes y jesuitas.

Este libro es el resultado de la disertación de maestría desarrollada por la autora entre 1988 y 1993. Fue realizado por la Editora de la Unicamp (183 pág., R$ 19,00), con el apoyo de la FAPESP. Su análisis está basado en documentos del siglo XVI y en la lectura de autores de la Historia y de la Antropología.

Glória aborda las disputas simbólicas en torno a lo sobrenatural acaecidas en Brasil después de la llegada de los jesuitas (1549). Para ello, describe los universos simbólicos de cada parte involucrada, apuntando qué características permitieron el surgimiento de la noción de lo sobrenatural que prosperó en los siglos posteriores.

Al lector de esa obra le son familiares términos como bautismo y paraíso. El triunfo de la pedagogía cristiana es abordada en el tercero y último capítulo del libro. Pero cabe a la primera parte el sabroso relato sobre lo que significaba la muerte para los tupíes-guaraníes y sobre las prácticas y rituales que impulsaban sus vidas.

Viviendo en grupo, estos indios tenían una noción colectiva de la muerte. El propósito de sus existencias era vengar el asesinato de sus antepasados. La venganza era el motor de la sociedad, lo que fue inmediatamente notado por los viajantes y cronistas, al  sorprenderse con la ausencia de prosperidad económica entre aquellos grupos. Percibieron también que las luchas entre los nativos no eran incitadas por el espíritu conquistador, como le cabría a un buen europeo.

Cuando un grupo atacaba al pueblo responsable por la muerte de sus padres y abuelos, llevaba su aldea a los sobrevivientes de la batalla. Los prisioneros eran devorados, pero lo que sucedía antes del ritual antropófago variaba de acuerdo con sus edades. Los más jóvenes pasaban buen tiempo haciendo el papel de maridos de las mujeres cuyos hombres habían sido muertos por sus antepasados. Recibían las armas y pertenencias del muerto. Curioso es que ellos nunca huían de esa situación, la cual jamás dejaría de preceder a la muerte, pues serían considerados cobardes por sus iguales.

Las muertes naturales o por enfermedad eran rechazadas. Los tupíes-guaraníes tenían dudas sobre el destino del espíritu después de la sepultura. Cuando un indio se enfermaba, el curandero (pajé) extirpaba la parte de su cuerpo que estaba enferma. Si el enfermo no mejoraba, era abandonado por la comunidad.

Entre los hábitos que los jesuitas hicieron fuerza para imponerles a los tupíes, algunos encontraron fácil aceptación. Por ejemplo el bautismo. Era hábito entre las tribus que el hombre responsable por la muerte de la víctima que sería devorada tocase el cadáver y recibiese el nombre del muerto, para despistar al espíritu de éste, en caso de que el mismo decidiese vengarse. Así, fue fácil para los tupíes comprender que recibirían un nuevo nombre después del bautismo cristiano.

En tanto, los ritos del entierro cristiano fueron difíciles de entender para los nativos, debido a que ya en su cultura el entierro era motivo de mucho dolor. Pero los jesuitas fueron estratégicos. Al percibir que los indios temían a las enfermedades, trataron de darles los mejores servicios en términos de medicamentos, con el fin de debilitar el papel del curandero ante las comunidades. Mientras esto ocurría, la imagen de los sacerdotes era valorada y, consecuentemente, la religión traída por ellos.

Os Vivos e os Mortos na América Portuguesa es enriquecido con xilografías de Hans Staden, con escenas de antropofagia del siglo XVI. Un libro que ayuda a redescubrir a Brasil.

* Renata Saraiva es periodista e historiadora.

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