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carta de la editora

De la bioinformática a las olimpíadas científicas

Hace unos 15 años, cuando el proyecto de secuenciación completa del genoma humano despuntaba como la más fascinante aventura científica del final del siglo XX e inspiraba los más ambiciosos sueños de grupos de biólogos –seducidos por la idea anacrónica que suponía que la biología reemplazaría a la física como modelo por excelencia de la ciencia–, Brasil iniciaba su incursión pionera en la genómica, destinada, entre otros objetivos, a impulsar una aceleración considerable en la competencia nacional en el ámbito de la biología molecular. Esa primera iniciativa, tal como muchos lo recordarán, era la secuenciación de la bacteria Xylella fastidiosa, y se debían superar algunos importantes obstáculos para que fuera exitosa. La elaboración de la bioinformática del proyecto constituía uno de los grandes retos porque, en rigor, Brasil no contaba con capacidad alguna en ese campo.

Al comienzo del año 2000, cuando se concluyó el proyecto, la bioinformática, conducida por la maestría de sus primeros especialistas en el país, se transformó indiscutiblemente en una de las razones de tal éxito. Desde entonces, se han formado en Brasil tres generaciones de bioinformáticos, y nuestros expertos, séniores y júniores, participan en la actualidad activamente en la carrera internacional en busca de herramientas que, entre otras búsquedas, intentan facilitar la comparación entre diferentes genomas, tornando a la secuenciación cada vez más rápida y barata. De algunas de estas herramientas y del contexto de creciente madurez de la investigación nacional en bioinformática, que transita sin inconvenientes entre ciencia y tecnología, es que versa el reportaje de tapa de la presente edición de Pesquisa FAPESP, elaborado por el editor especial Marcos Pivetta (página 5)

Deseo destacar también el reportaje sobre los avances en la calidad técnica de la cerámica producida en São Paulo, en particular en el polo cerámico de Santa Gertrudes, en la región central del estado, que contribuyó a posicionar a Brasil como el segundo fabricante mundial de pisos y azulejos cerámicos, tan sólo por detrás de China. En 2001, el país era el cuarto productor mundial de placas cerámicas y São Paulo era responsable por un 40% de esa producción (473 millones de metros cuadrados). Fue entonces, que un proyecto presentado por investigadores del Centro Cerámico de Brasil (CCB) y por empresas del polo de Santa Gertrudes, en colaboración con otros investigadores vinculados a universidades e institutos de investigación, obtuvo en la FAPESP el apoyo sustancial del programa de Consorcios Sectoriales para la Innovación Tecnológica (Consultec). Sus efectos: aumentó significativamente la calidad de los materiales cerámicos brasileños y la participación paulista en la producción nacional trepó hasta un 70% de los 866 millones de m2 fabricados en 2012. Ese trayecto está descrito en el relato del periodista Yuri Vasconcelos, a partir de la página 50.

Para terminar, quisiera recomendar un reportaje que aborda un tema sensible al desarrollo contemporáneo del país, como lo es la educación científica, elaborado por nuestro editor de política científica y tecnológica, Fabrício Marques. En el texto que comienza en la página 18, Marques intenta mostrar en qué incide la participación de estudiantes de la enseñanza media en olimpíadas científicas respecto a la la formación de nuevos investigadores científicos, y de qué modo la obtención de medallas en esos certámenes se transforma en un especial estímulo para que más jóvenes abrazan la carrera científica. ¡Buena lectura!

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