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Literatura

Dictadura kafkiana

El autor checo fue leído como un escritor que podría echar luz sobre la vida nacional durante el régimen militar

Franz Kafka (1883-1924) fue, probablemente, el escritor más influyente del mundo en el siglo XX. Aunque no todos lo confiesen o perciban la inspiración, que pudo haber venido por medio de terceros. Aunque aún es considerado como de lectura “difícil”, el escritor checo hasta podría ser llamado ícono pop. En EE.UU., aún en la década de 1960, por ejemplo, Kafka tuvo su estampa difundida por el padre del pop art, Andy Warhol. El episodio “Little Girl in the Big Ten”, del dibujo animado The Simpsons, exhibido en 2002, mostraba Lisa Simpson frecuentando un bar de intelectuales llamado Café Kafka — casi el mismo nombre que Erico Verissimo dio a su bar en la novela Incidente en Antares: Kafé Kafka. Quien pase por una librería encontrará adaptaciones nacionales y extranjeras de sus cuentos y romances al cómic. Uno de los grandes éxitos de la década de 1980 fue la música Una cucaracha llamada Kafka, de la banda Enemigos do Rei.

En el caso de Brasil, esa popularidad, sin embargo, es un fenómeno relativamente reciente. Basta considerar que solamente tres décadas después de la muerte de Kafka sus libros comenzaron a ser discretamente publicados aquí. Exactamente en el momento en que el país entraba en una dictadura, Kafka ganó más espacio en las librerías. ¿Habrá sido eso una mera coincidencia? Quizá. Eduardo Manoel de Brito, investigador del Núcleo de Estudios de la Violencia de la USP y doctor en letras, lengua y literatura alemana, investigó esa relación en su doctorado Cuando la ficción se confunde con la realidad: las obras La colonia penal y El proceso como filtros receptivos de la dictadura civil-militar brasileña, orientado por Celeste H. M. Ribeiro de Sousa. Concluí que Kafka fue leído, no exclusivamente, pero de hecho, como un escritor que podría arroja luz sobre la situación política vivida por los brasileños durante los años de la dictadura. Otros también lo consumieron porque su obra reflejaba sobre cuestiones existenciales fundamentales — el ser lanzado en el mundo, el vacío de la existencia, el sentimiento de una culpa adámica nunca superado.

Con todo, explica él, los textos El proceso y La colonia penal tuvieron como una de sus razones de recepción más fuertes el hecho de que  mostraban literariamente lo que varios brasileños vivían y sentían en la propia piel. “No por casualidad, la tortura está presente en ambos textos kafkianos”, observa. De acuerdo con Brito, la unión de las fuentes probadoras de la tesis, como artículos de periódicos y revistas (académicos y no académicos), las entrevistas y el análisis de la propiedad misma del texto ser interpretable como una especie de crítica a la violencia, muestra que críticos intelectuales brasileños leyeron y divulgaron textos kafkianos como formas de reflexionar y criticar la política represora de la época.

Primarias
La demora para Kafka ser traducido en Brasil, revela el investigador, sucedió porque había informaciones primarias o desconocimiento sobre el escritor que podrían crear la idea de que él sería un autor casi intraducible. El traductor Modesto Carone llegó a mencionar en entrevista a Brito que leyó en algún lugar que Kafka habría escrito sus obras en checo. “El mercado parece que no estaba muy animado a traducirlo, visto que era él  considerado complejo. Pero en la década de 1960, había ya bastante información sobre el autor. Ayudó en ese sentido la publicación de La metamorfosis en los años de 1950. Por lo tanto, era posible un riesgo calculado para su publicación más sistemática”. La motivación inicial que vino después, cree Brito, fue mercadológica.

Su investigación, no obstante, es un intento de mostrar el uso posible de la literatura extranjera como un instrumento capaz de sortear el “silencio” instaurado por la Censura. “Naturalmente, la dictadura imponía un silencio a la crítica, en especial después de 1969, con el AI-5. Así, leer situaciones de tortura, persecuciones sin sentido, muertes practicadas por un sistema político en la obra de Kafka eran formas de superar el silenciamiento impuesto por el régimen y llevar a las personas a encontrar en el texto literario aquello que era prohibido de ser discutido abiertamente”. De ese modo, agrega, cuando algunos críticos hablaban de la dictadura soviética, relacionando textos kafkianos con el ambiente dictatorial brasileño, ellos sorteaban el silencio impuesto por el régimen de persecución política brasileño. En el fondo, en las entrelíneas, la crítica era al sistema brasileño.

Brito afirma que hay textos que explícitamente relacionan Kafka con violencias practicadas en Brasil. Hasta cuando las palabras “Brasil” y “dictadura civil-militar brasileña” están ausentes. Un buen ejemplo de eso es el artículo de Antonio Candido “La verdad de la represión”, de 1972. En el ensayo, la cuestión es presentar a la policía que tortura. “No hay mención a la policía brasileña, pero, dentro de la generalidad del texto, es bien perceptible la crítica a la policía que torturaba e intentaba crear su verdad a partir del discurso de  aquel que era torturado”. Asimismo, con la disolución del régimen en el final de los años 1970, surgieron artículos más explícitos, relacionando Kafka y la dictadura nacional, hasta llegar a los años 1990, con la obra Los leopardos de Kafka, de Moacyr Scliar, que trata explícitamente del tema.

El investigador no encontró registro que indicase que haya habido algún control sobre la obra de Franz Kafka por el gobierno — léase censura. “A decir verdad, el escritor sería demasiado hermético para ser directamente relacionado con situaciones políticas brasileñas”. Moacyr Scliar trata de eso en su libro, cuando un policía muestra cuanto podía ser chúcaro ante un texto literario de alto nivel. Lo mismo, no obstante no sucedió en Europa: Kafka fue censurado en la dictadura nazi y fue un problema real en la dictadura soviética. “Durante el nazismo, Kafka fue censurado por ser un escritor judío. En la dictadura soviética, se convirtió en un problema delante del realismo soviético, y hubo incluso congresos para definir cómo tratarlo dentro del contexto de la literatura a ser presentada en los países comunistas.”

Violencia
El doctorado de Brito enfoca el tema a partir de tres puntos principales: el concepto de violencia, literaturidad y función social de la literatura. Él observa que, en el primer caso, recurrió a concepto de Hannah Arendt, pero dialoga con Walter Benjamin (Crítica de la violencia, crítica del poder) y Michel Foucault (Vigilar y castigar) y la cuestión de los micropoderes. “Estos autores posibilitaron una reflexión sobre la violencia y la cuestión de la violencia del Estado.” La idea de literaturidad viene del formalismo ruso y sería la idea de buscar lo específicamente literario en el texto de literatura. “O sea, por más que yo haga una interpretación social del texto, el fundamento crítico, el análisis profundo del texto es literaria”.

Su preocupación era tratar la crítica de la obra kafkiana como un estudioso de literatura, y no como un sociólogo, por ejemplo. “La función social de la literatura yo la encontré en estudios de Antonio Candido, con quien también mantuve una correspondencia breve durante los primeros años de la escritura de mi trabajo. Era importante para mi la discusión sobre cual era la función de la literatura — buscando el enfoque social — sin renunciar de la crítica literaria específica, de ahí la fidelidad a los principios defendidos por el formalismo ruso”. Él encontró eso en el crítico Antonio Candido, que no instrumentaliza la literatura en favor de otra cosa que no fuera el valor literario estético, sino parte de la obra literaria para tocar la vida en sociedad.

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