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DEMOGRAFÍA

El censo brasileño aporta datos inéditos sobre las poblaciones de palenques e indígenas

Como resultado de los cambios metodológicos, la aplicación de la tecnología y el incremento de la autodeclaración, el sondeo nacional muestra que los pueblos originarios del país vivencian un proceso de renacimiento

Un censista en la Tierra Indígena Yanomami: los datos sobre la fecundidad y la mortalidad podrán indicar si los indígenas viven un proceso de recuperación poblacional

Guilherme Gnipper/Funai

Con la difusión de los resultados del Censo Demográfico Brasileño 2022, que se ha ido produciendo a medida que se tabulaban los datos, el recuento de una parte de la población históricamente menos favorecida ha llamado la atención de los expertos en la materia. “Hasta mediados del siglo XX, la extinción de los pueblos indígenas brasileños se daba por descontada, pero estamos siendo testigos de un movimiento en sentido contrario: un proceso de renacimiento”, dice el historiador Edson Kayapó, del Instituto Federal de Bahía (IFBA), miembro del pueblo Kayapó, haciéndose eco de la información dada a conocer en agosto por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Los cambios introducidos en la metodología y el apoyo tecnológico en el proceso de recolección de los datos, así como el aumento de las personas que se declararon indígenas, generaron el registro el año pasado de un incremento de un 88,82 % de los residentes en el país que se identifican con alguna etnia perteneciente a los pueblos originarios, en comparación con los datos del Censo 2010. En 2022, el total de indígenas viviendo en el país era de 1.693.535 personas, lo que representaba el 0,83 % de la población nacional. En 2010, la cifra era de 896.917, o sea, el 0,43 % del total de habitantes.

Para Kayapó, esta expansión constituye una muestra de que, incluso frente a las dificultades relacionadas con la delimitación de territorios y la oferta de educación indígena diferenciada en las comunidades, estos pueblos han conseguido fortalecer sus tradiciones, sus lenguas y sus cosmologías. Desde el punto de vista del historiador, la valorización de las identidades indígenas cobró impulso entre las décadas de 1970 y 1980. La promulgación de la Constitución Federal de 1988 marcó un hito en este proceso. Entre otras disposiciones, la Constitución estableció que los indígenas tienen derecho posesorio sobre las tierras que tradicionalmente han ocupado. “En las últimas décadas, el avance en la conquista de derechos ha impulsado el fortalecimiento de las identidades”, analiza el historiador. “En Brasil, hoy en día, la gente se siente más animada a decir que pertenece a un determinado pueblo o etnia, aunque viva fuera de los territorios indígenas”.

Guilherme Gnipper / FunaiLa Tierra Indígena Yanomami no tiene carreteras y muchos ríos no son navegables. La recopilación de datos tuvo que realizarse mediante aviones y helicópteros, además de caminarGuilherme Gnipper / Funai

Según el antropólogo João Paulo Lima Barreto, de la Universidad Federal de Amazonas (Ufam), ahora no son solo los líderes indígenas quienes luchan por los derechos de los pueblos originarios. Las nuevas generaciones también están implicadas, algo que considera sorprendente. “Estamos asistiendo a un momento que marca un punto de inflexión en la autoestima y el retorno a un sentido de pertenencia a una identidad indígena. Se trata de un viraje ontológico y una toma de conciencia. El aumento de la población indígena tiende a acentuarse en los próximos años debido a la ampliación de la autoidentificación”, estima el investigador, conocido en su pueblo, Ye’pamahsã, como João Paulo Tukano.

El principal cambio metodológico que repercutió en el recuento de la población indígena tuvo que ver con la pregunta: “¿Se considera usted indígena?”. En 2010, solo se la formulaba a las personas que vivían en las tierras delimitadas por la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas (Funai). Por esta razón, el censo de aquel año puede haber dejado fuera a los indígenas que vivían en las ciudades o en zonas no demarcadas. El año pasado, merced a la colaboración de distintas organizaciones y líderes indígenas, así como la recolección de imágenes satelitales en tiempo real, el IBGE realizó un mapeo previo de las áreas donde podría existir ocupación indígena fuera de los territorios delimitados. E incluyó la pregunta “¿Se considera usted indígena?” en los cuestionarios aplicados a los residentes de estos lugares.

Guilherme Gnipper / FunaiOperación en Tierra Indígena Yanomami permitió recolectar datos de 16.800 indígenas en comunidades del territorio de Roraima y 10.200 en aldeas de AmazonasGuilherme Gnipper / Funai

En cuanto a los avances metodológicos, el antropólogo Leandro Mahalem de Lima recuerda que, en el Censo General del año 1872, el primero realizado en Brasil, solamente se contabilizaron los descendientes de indígenas y, aun así, en la categoría de cholos o caboclos. “Esto dejó de lado a una población que habitaba vastas áreas geográficas”, dice el investigador vinculado al Centro de Estudios Amerindios de la Universidad de São Paulo (USP). “En aquel caso, la clasificación de raza negra o color negro se utilizó para designar a personas africanas, negras y criollas. Se denominaba criollos a los negros nacidos en Brasil y pardos a los cruces de la raza africana con otras razas. En cambio, la designación caboclo, esto es, cholo, debía entenderse como raza indígena, o incluso como mezcla de blancos e indígenas, y estaba asociada a una posición de inferioridad dentro del sistema de clases”, prosigue el antropólogo.

El siguiente censo, de 1890, el primero del período republicano, registró un aumento de la población cabocla, que contabilizó alrededor de 1,3 millones de personas, el 9,04 % de la población brasileña. En 1900, 1920 y 1970, no se incluyó la pregunta “color o raza”. Y en 1940, 1950, 1960 y 1980, la categoría de cholo se incorporó al grupo de los pardos, “diluyendo especificidades del universo genérico del mestizaje”. En el Censo 1960 se incluyó la categoría “indígena residente en reservas”, cuyo conteo arrojó 10.000 personas, el 0,01 % de la población total, con muchas regiones que quedaron al margen del conteo. Solamente en 1991, el Censo incluyó la categoría indígena en la pregunta referida a color o raza. “Fue un hito en la historia de las estadísticas oficiales”, subraya el antropólogo. Mahalem de Lima comenta incluso que Estados Unidos también registró un incremento de su población indígena a partir de 1960, cuando se incluyó la autoidentificación en el recuento de la población y se crearon políticas públicas específicas para los diferentes pueblos. “El total pasó de 550.000 indígenas, el 0,31 % de la población estadounidense en 1960, a 9,6 millones, correspondientes al 2,92 % de los habitantes en 2020”.

Más allá del fortalecimiento de las identidades indígenas y los cambios metodológicos, el aumento poblacional también puede estar relacionado con una dinámica de recuperación demográfica de las personas indígenas. En el marco de un evento de divulgación a la prensa realizado el 3 de agosto, la antropóloga Marta de Oliveira Antunes, del IBGE, afirmó que, para conocer el papel del componente demográfico en este crecimiento, habrá que analizar los datos referidos a la fecundidad y la mortalidad, como así también elaborar pirámides etarias. Esta información será divulgada por el instituto en los próximos meses. No obstante, aunque todavía no sea posible estimar el papel del componente demográfico en la expansión de la población indígena en general, el Censo ha detectado un incremento de la cantidad de personas que viven en tierras indígenas en todas las regiones del país.

Guilherme Gnipper / FunaiLa recolección de datos en la Tierra Indígena Yanomami, realizada durante 23 días, contó con la participación de líderes locales y el diálogo con las comunidadesGuilherme Gnipper / Funai

En 2010, explicó De Oliveira Antunes, el país contaba con 505 tierras indígenas. En 2022, la cifra pasó a ser de 573. Debido a modificaciones introducidas en los procesos de regularización, cuatro de ellas fueron suprimidas y se añadieron a la base de datos de la Funai otras 72. “Esto significa que hay 501 tierras indígenas pasibles de comparación entre los censos de los años 2010 y 2022”, explicó la antropóloga. A lo largo de este período, la población indígena residente en el conjunto de estos 501 territorios pasó de 511.600 a 593.500 personas, un incremento de un 16,01 %. “Estos datos pueden evidenciar que la población indígena atraviesa un proceso de recuperación poblacional”, estima el antropólogo Artur Nobre Mendes, quien trabaja en la Funai desde hace cuatro décadas. En 2022, la Tierra Indígena Yanomami, en los estados de Amazonas y Roraima, registró el mayor número de indígenas (27.100), seguida de Raposa Serra do Sol (Roraima), con 26.100, y Évare I (Amazonas), con 20.100.

Según los datos del censo, los tres municipios con mayor cantidad de personas indígenas también pertenecían al estado de Amazonas: Manaos (71.700), São Gabriel da Cachoeira (48.300) y Tabatinga (34.500). Por otra parte, las ciudades con los mayores porcentajes de población indígena eran Uiramutã (Roraima), donde el 96,60 % de los 13.200 habitantes pertenecía a alguna etnia indígena, Santa Isabel do Rio Negro (Amazonas), con el 96,17 %, y São Gabriel da Cachoeira (Amazonas), con el 93,17 %. Para Nobre Mendes, el Censo 2022 tendrá un impacto inmediato para los formuladores de políticas públicas, sobre todo en lo que tiene que ver con los indígenas que viven en áreas urbanas. “Históricamente, las políticas indigenistas de Brasil han estado dirigidas a las personas que viven en tierras indígenas”, dice el antropólogo de la Funai. “Ahora, los datos del Censo muestran que es imperioso implementar también acciones para aquellos residentes en otras zonas, más allá de las demarcadas”.

Según Nobre Mendes, una de las sorpresas del Censo fue el aumento poblacional registrado en Bahía, que se convirtió en el segundo estado con mayor cantidad de indígenas, totalizando 229.100 personas y solo superado por Amazonas (490.900). Les siguen Mato Grosso do Sul (116.400), Pernambuco (106.600) y Roraima (97.300). Por otra parte, Sergipe (4.700), el Distrito Federal (5.800) y Piauí (7.200) fueron los estados con menor número de indígenas en 2022. Los datos de la encuesta revelan que en 2002, el 44,48 % de la población indígena del país vivía en la región norte, totalizando 753.300 personas, mientras que el 31,22 % vivían en el nordeste, lo que corresponde a 528.800 individuos. También se constató que 867.900 indígenas habitaban en la Amazonia Legal – que abarca nueve estados – el año pasado, lo que representa un 51,25 % del total. Esto significa que la mitad de la población indígena brasileña vive fuera de esa región.

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

“En las comunidades indígenas, cada censista contó con la ayuda de al menos un indígena para llevar a cabo la recabado de los datos. En algunos casos, este equipo sumaba cinco personas, incluyendo profesionales del IBGE, guías, traductores y líderes indígenas”, dijo Antunes, del IBGE, en el evento celebrado en agosto. Según ella, para poder llegar a todas las localidades, fue necesario realizar travesías en barcos, aviones y helicópteros, así como algunos tramos a pie internándose en la selva espesa. La antropóloga explica que, antes de ingresar a cada asentamiento, dentro o fuera de las tierras reconocidas por la Funai, los censistas conversaban con los líderes para explicarles el funcionamiento del cuestionario. Muchos de ellos, antes de autorizar la entrada del IBGE, solicitaban que los dejaran hablar con la propia comunidad. “El respeto a estos procesos y el diálogo con las poblaciones locales fueron claves para que el Censo pudiera llegar a todas las poblaciones indígenas del país”, dijo. Una de las pruebas de la eficacia de la nueva metodología y del compromiso de las poblaciones indígenas con el proceso de recolección de los datos, según la antropóloga, es el índice de falta de respuesta al cuestionario registrado: tan solo el 1,7 %. La media nacional fue de un 4,23 %.

Por último, Nobre Mendes, de la Funai, considera que los datos más importantes, que se darán a conocer en los próximos meses, se refieren a la cantidad de pueblos y lenguas habladas según los grupos de edades. “Una gran concentración de hablantes de una lengua determinada entre personas de edad avanzada puede estar indicando que la misma está en proceso de desaparición”, dice. Según el antropólogo, esta información puede servir de base para el diseño de políticas públicas que aseguren la preservación de lenguas y etnias en peligro.

APIB ComunicaçãoLas mujeres indígenas reclaman por sus derechos en una manifestación en Brasilia, en 2019APIB Comunicação

En su primer sondeo de la población denominada quilombola en Brasil, el IBGE identificó 1.327.802 personas que se declaraban quilombolas, el 0,65 % del total de los habitantes del país. Los quilombolas son grupos de personas que viven en regiones que otrora fueron los quilombos o palenques, comunidades que en el pasado resistieron al régimen esclavista. Según surge del Censo, la mayor parte de la población quilombola se concentra en el nordeste, que alberga el 68,19 % del total (905.400 personas), seguido por el sudeste, que registra 182.300 residentes, y el norte, con 166.000 habitantes. Estas dos últimas regiones congregan el 26,24 % de la población brasileña que habita en palenques.

Los estados de Bahía (el 29,90 %) y Maranhão (el 20,26 %) aglutinan la mayor cantidad de quilombolas residentes en el país. “En el caso del Censo Quilombola todo es nuevo. Estamos en el proceso de familiarizarnos con los datos”, dice el antropólogo José Maurício Paiva Andion Arruti, de la Universidad de Campinas (Unicamp). Él sostiene que los municipios con mayoría de su población quilombola merecen un análisis más detallado. Este es el caso, por ejemplo, de la ciudad de Bonito, en Bahía, donde la Unicamp desarrolla un proyecto de extensión para ofrecer formación en educación quilombola en colaboración con la Universidad Federal de Recôncavo da Bahía (UFRB). “La presencia de las universidades y la educación quilombola colaboran para el fortalecimiento de las identidades. Este es uno de los factores que pueden haber tenido impacto en el conteo de la población y debe investigarse más a fondo”, propone el antropólogo.

Acervo IBGEUna censista en un palenque del municipio de Paraty, en Río de JaneiroAcervo IBGE

Según Arruti, en Campinas puede haber ocurrido un fenómeno similar al de Bonito en lo que se refiere a la población indígena. En 2010, los indígenas que vivían en la ciudad totalizaban unas 1.000 personas y, en 2022, pasaron a ser 1.500, según el IBGE. “Las acciones de la Unicamp pueden estar relacionadas con este avance. La adopción del sistema de cupos étnico-raciales en el ingreso a las carreras de grado en 2017 y el examen de ingreso indígena, creado en 2019, parecen haber favorecido la llegada de indígenas y sus familias a la ciudad”, sugiere. En 2017, los indígenas matriculados en la Unicamp sumaban 66 personas, entre estudiantes de grado y de posgrado. En 2022, esa cifra trepó a 387.

Al respecto de los habitantes de los palenques, el Censo identificó 426.400 personas viviendo en la Amazonia Legal, lo que representa el 1,6 % de la población de la región y casi un tercio (el 32,1 %) de los quilombolas que viven en todo el territorio nacional. El Censo también mapeó la existencia de 494 palenques delimitados oficialmente, donde vivían 203.500 personas, de las cuales el 82,56 % eran quilombolas. La encuesta del IBGE también constató que, en 2022, solamente un 12,6 % de la población quilombola de Brasil vivía en territorios reconocidos oficialmente. “Este dato viene a hacer hincapié en la necesidad de demarcación y titularización de los territorios de palenques, además de sugerir la existencia de un fenómeno por el cual las personas abandonan las comunidades y se van a las ciudades debido a la ausencia de políticas públicas que apunten a asegurar su permanencia en esos territorios”, concluye diciendo la pedagoga Shirley Pimentel de Souza, quilombola de la comunidad Pedra Negra da Extrema, en Bahía, quien cursa un doctorado en antropología social en la Unicamp.

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