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Política C&T

El círculo virtuoso

Los impuestos que pagan las empresas innovadoras superan el valor de las inversiones públicas

Las inversiones públicas en ciencia y tecnología forman una especie de círculo virtuoso, que se cierra en las empresas innovadoras, la generación de empleos y el aumento de la recaudación de impuestos y tributos. Estimar el retorno de esas inversiones no es una tarea fácil. No existen estadísticas disponibles, y debido a la propia naturaleza de la investigación científica, no siempre la inyección de recursos en una u otra área produce resultados en el corto plazo. Pero, en el caso de algunos proyectos de fuerte ligación con el mercado, desarrollados en sociedad entre las universidades y las empresas, es posible arriesgar estimaciones.

Entre 2001 y mediados de 2002, la contribución tributaria de al menos ocho de las 30 empresas vinculadas al Centro de Investigación en Óptica y Fotónica (CePOF, sigla en portugués), uno de los diez Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepids) patrocinados por la FAPESP, sumó 10,5 millones de reales. Este resultado fue más del doble que las inversiones de 4,5 millones de reales de la Fundación en dos años, de acuerdo con el cálculo de Vanderlei Bagnato, coordinador del Centro de Óptica y Fotónica de São Carlos. Estas empresas innovadoras cumplen también otra meta anhelada por cualquier gobierno de países en desarrollo: abastecen al mercado con productos similares y más baratos que los importados y, cuando la calidad abre las puertas del mercado externo, le agregan valor al producto nacional exportado.

El ejemplo del CePOF deja claro que la palanca de todo este proceso es la asociación. El centro agrupa a 140 investigadores de los institutos de física de la Universidad de São Paulo (USP) de São Carlos y de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), el Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen, sigla en portugués), la Facultad de Ciencias Médicas de la Unicamp, la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la USP y el Hospital Amaral Carvalho, de Jaú. En esta última ciudad está instalado un centro de tratamiento del cáncer que utiliza luz de láser.

El CePOF -que, al igual que los demás Cepids, tiene entre sus objetivos transferir conocimiento al sector privado- mantiene vínculos con 60 empresas de la región de Campinas y de São Carlos, que se traducen en el desarrollo compartido de productos y en la prestación de servicios de investigación, e incluso en la disponibilidad de laboratorios. Los esfuerzos conjugados de la universidad y la iniciativa privada generan mucho más que impuestos: produjeron 20 patentes desde comienzos de 2001 hasta octubre de 2002; cinco de éstas fueron licenciadas y los productos resultantes ya están comercializándose. “Esta relación es una vía de doble mano, en la cual tanto los riesgos cuanto las ganancias son divididos entre las partes”, comenta Bagnato.

“Y también aprendemos a trabajar al ritmo de las empresas, que necesitan agilidad en sus lanzamientos, para evitar que la competencia salga a la delantera”, completa. Y va más lejos aún: estima que las empresas ligadas al CePOF de São Carlos están también contribuyendo a reducir en un millón de dólares por año los gastos brasileños con la importación de productos en las áreas de óptica y fotónica. Un ejemplo de ello es Opto Eletrônica.

Esta empresa desarrolló un instrumento de tecnología de láser de diodo para el tratamiento de tumores y la degeneración macular relacionada con la edad, una de las más frecuentes causas de ceguera en ancianos. Su precio de mercado es de 10 mil dólares. El equivalente importado sale por 30 mil dólares. La empresa está sellando un acuerdo para comercializarlo en Europa. Dicho equipamiento fue desarrollado en conjunto con el CePOF, y con el apoyo de investigadores de la Facultad de Medicina de la USP y de la Escuela Paulista de Medicina de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp).

Opto Eletrônica contó con el apoyo del Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE) de la FAPESP. Los recursos totalizaron 117,3 millones de reales y 115,8 mil dólares. La empresa tiene actualmente ingresos por 50 millones de reales, y 460 empleados. Tuvo su origen en la Fundación Parque de Alta Tecnología (ParqTec) en 1985, y en los últimos años ha expandido sus actividades, para llegar a formar un conglomerado, del cual forman parte Opto Sul, de Río Grande do Sul; Opto USA, de Estados Unidos; Opto LA, de México; y Artech, con sede en São Carlos, que es líder en el mercado brasileño de tratamiento de lentes para la obtención del efecto antirreflejo en gafas.

“El mercado de lentes antirreflejo tiene un enorme potencial en Brasil”, observa Jarbas Castro, presidente del grupo, que tiene tan solo dos competidores en el mercado internacional: una empresa estadounidense y una japonesa, que recientemente trasladó su producción a China para reducir sus costos y mantenerse competitiva con relación al producto brasileño. En Campinas, la asociación con el CePOF fue estratégica para consolidar en el mercado a empresas como Komlux, que produce el Blanket Lux, una manta confeccionada con fibra óptica para el tratamiento de la ictericia fisiológica, que afecta anualmente afecta a un 5% de los recién nacidos en Brasil.

Esta manta, que fuera objeto de la portada de la edición 44 de la Revista Pesquisa FAPESP, publicada en julio de 1999, aguarda certificación de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, y será comercializada por alrededor de 2,9 mil reales, contra los 3,5 mil dólares de su similar importada. “Compañías latinoamericanas y europeas, de Medio Oriente y del Este Europeo han manifestado su interés en el Blanket Lux”, comenta Cícero Lívio Omnega Filho, director presidente de Komlux.

El desarrollo de la manta contó con el apoyo de la FAPESP, también en el ámbito del PIPE, con recursos totales por 169,2 mil de reales y 125,2 mil dólares, y dio origen a dos patentes. La capacidad de innovación de las empresas ligadas al centro ha sido un factor fundamental para la expansión de su competitividad en Brasil y en el exterior. “Tanto en óptica como en fotónica existen varios temas suficientemente originales para la investigación científica, que tienen gran potencial de mercado”, dice Hugo Fragnito, del Instituto de Física Gleb Wataghin de la Unicamp, coordinador del CePOF de Campinas.

Intercambio tecnológico
La asociación con el CePOF también favorece el intercambio tecnológico entre las empresas socias. Uno de los mayores clientes de Opto, de São Carlos, en la línea de reflectores para odontología, es Gnatus, de Ribeirão Preto, fabricante de equipamientos odontológicos, el tercero en el mercado mundial, que exporta a cuatro continentes. Con 27 años de actuación, esta compañía, que facturó 70 millones de reales en 2002 -alrededor de 30 millones de reales en ventas externas-, comenzó a acercarse a los institutos de investigación a mediados de la década de 90, con miras a certificar sus productos, para adecuarlos a las exigencias internacionales.

En esa época, el valor de la moneda brasileña era casi igual al del dólar estadounidense, y la eficiencia era la condición sine cua non para mantener el lugar en el mercado. Hoy en día, Gnatus cuenta con todas las certificaciones internacionalmente reconocidas, y alcanza altísimos índices de productividad con 460 empleados. “Las asociaciones se están intensificando y tienden a crecer”, afirma Gilberto Nomelini, director superintendente de la empresa. “Este mismo año entraremos en el segmento de láser”, revela Nomelini.

En 2001, una alianza entre Gnatus, el CePOF y MM Optics, una pequeña empresa de São Carlos, que tiene 20 empleados, redundó en la patente de dos fibras rígidas de alto desempeño para fotopolimerizadores con tecnología LED (luz emitida por diodo), utilizados para activar resinas odontológicas, y endurecerlas. “El fotopolimerizador Optlight LD, un producto de la investigación, es reconocido como el mejor aparato en la categoría, y está exportándose a varios países”, comenta Nomelini. MM Optics fue creada en 1998 por un grupo de ingenieros, con el objetivo de producir los primeros microscopios brasileños con fines educativos, para competir con los chinos.

“Lanzamos un producto final más robusto y más preciso, con un precio final un 35% más bajo que el importado”, recuerda Fernando Mendonça Ribeiro, uno de los fundadores de la compañía, que el año pasado alcanzó la marca de un millón de reales en facturación. En 1999, la empresa se abocó al desarrollo de láseres con fines médicos y odontológicos, a pedido del Instituto de Física de la USP de São Carlos, que intentaba atender la demanda de la Facultad de Odontología de la USP de São Paulo. Este producto, denominado Twin Laser, ya va por su segunda versión, y cuesta 3,6 mil reales, contra los 15 mil reales de su similar importado.

Puede usarse también en dermatología y acupuntura, entre otras aplicaciones. En 2001, MM Optics desarrolló, en conjunto con el CePOF, el Hospital Sirio-Libanés de São Paulo y la Facultad de Odontología de la USP, el Mucolaser, un láser de baja potencia para el tratamiento de la mucositis, una infección que afecta a pacientes con cáncer que están bajo tratamiento de quimioterapia y radioterapia. Este equipamiento cuesta 7 mil reales. Y en 2003, la empresa lanzó el Bright LEC, que utiliza fibras desarrolladas en sociedad con el CePOF y Gnatus, y conjuga en un solo aparato técnicas de polimerización e clareado dental.

Cuesta 3,8 mil reales, poco más de un cuarto del valor de sus similares importados. La calidad y competitividad del producto conquistaron el mercado externo: un 7% de la facturación de MM Optics provino de las ventas externas.En Campinas, las empresas vinculadas al CePOF también están con la mira puesta en el mercado externo. Padtec, una empresa única en el Hemisferio Sur, que produce sistemas de comunicación con tecnología WDM, que amplia la capacidad de transmisión de las redes de fibra óptica, pretende este año llegar a los 3 millones de dólares en exportaciones.

“Además de en América Latina, estamos empezando a hacer negocios con la India”, dice Jorge Salomão Pereira, director de tecnología. La empresa se desmembró de la Fundación CPqD -brazo de investigación del sistema Telebrás-, su principal accionista, a mediados de 2001. Seis meses después, el Banco Pactual compró un 22,5% de sus acciones. En la actualidad es líder del segmento en el mercado brasileño, es proveedora de las principales operadoras de telecomunicaciones del país y registró una facturación de 5 millones de dólares en 2002.

Un 10% de dicho valor fue a parar a las arcas estaduales, y un 12% a las federales. Y además multiplicó su plantilla de personal de 10 a 60 empleados en dos años. “Nuestro salario promedio es de 900 dólares”, revela Pereira. “Nunca perdemos a nadie por cuestiones de sueldos”, asevera José Ripper, presidente de Asga. La empresa, que tiene 30 empleados, también se origino en el CPqD, y actualmente es socia del CePOF. Asga fue la primera empresa en desarrollar en Brasil un multiplexador óptico -un equipamiento para las operadoras de telecomunicaciones, que transforma señales eléctricas luminosas en las redes de fibra óptica.

Asga cuenta con 299,8 mil reales y 153 mil dólares del PIPE. Tiene filiales en Argentina y en México, y cuenta con representantes en Asia. Registró ingresos por 30 millones de dólares en 2002. Este año, para compensar la retracción de las inversiones del sector, la estrategia de la empresa consiste en ampliar las operaciones externas. “Siempre hicimos ciencia básica, y vamos continuar a haciéndola, pero sin perder de vista nuestro compromiso de producir riqueza para el país”, concluye Bagnato.

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