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Los géneros de la historia

El figurín que vestía al “Brasil del café con leche”

Atuendos antiguos revelan qué se escondía bajo la ropa durante la Primera República

Reprodução do livro O brasil de marc ferrezIllustração Brasileira enseña a vestirse para el teatro, en 1909Reprodução do livro O brasil de marc ferrez

En algún lugar, entre los siglos XIX y XX, a los niños muertos, antes de enterrarlos, muchas veces los vestían como pequeños soldados romanos para que, de acuerdo con las creencias religiosas de la época, llegasen listos para ejercer el rol de ángeles protectores al cielo. Cuando una familia iba a la playa, las mujeres usaban faldas largas y sombrillas; los varones, pantalones, camisa y sombrero. Y al recorrer las calles de la ciudad de São Paulo, que crecía a todo vapor, los vendedores de artículos para el hogar adaptaban la moda de París para un día a día bajo el sol.  Éstos son tan sólo tres recortes de una vasta memoria que Brasil aún no ha sacado por completo del clóset.

La ropa que se vestía en el pasado puede revelar una nueva visión sobre la identidad de un pueblo, con pistas esparcidas por álbumes fotográficos de familias, pinturas de museos, cuadernos de dibujos, textos literarios y revistas antiguas. Las principales fuentes del profesor Fausto Roberto Poço Viana, del Departamento de Artes Escénicas de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA-USP), residen en este tipo de registro. Desde 2007, el profesor se aboca a una minuciosa búsqueda de imágenes y textos que apunta a establecer un puente entre la indumentaria y las costumbres.

El período elegido para la investigación se ubica entre 1889 y 1930, años que marcan en la historia de Brasil el comienzo y el fin de la llamada República Vieja. Las tramas del café con leche es el título de dicho trabajo, en referencia a las ramificaciones de la conocida alternancia de Minas Gerais [polo productor de leche] y São Paulo [polo productor de café] en la Presidencia de la Nación. La intención es extender el proyecto de investigación a épocas anteriores.

La transición de una vida esencialmente agraria a otra que daba sus primeros pasos hacia la fiebre de la urbanización determina algunos de los rasgos de ese retrato. Pero el aprecio por la moda proveniente de Francia y, en el caso de los varones, también por el estilo inglés, propagó por acá más que nada una manera de vestirse parecida a la de los europeos, sobre todo entre las elites.

Para Viana, esta importación de costumbres no significa que Brasil no haya creado una identidad propia. “No creo que el hecho de traer ropa desde Francia implique necesariamente una pérdida de cierta identidad nacional. Al contrario. Si bien hay quien diga que perdimos los colores locales por eso, yo digo: paremos un poco con eso, porque entonces los perdimos hace quinientos años.”

Viana comenta que el vestuario y los modelos de reproducción llegaron a Brasil en buena medida en manos de modistas y sastres extranjeros, o también a través de una elite llena de dinero que hacía compras en París. “Sigo sin terminar de entender hasta ahora cómo aguantaban esas ropas aquí en el trópico”, dice, en referencia a un estilo diseñado básicamente para los inviernos más rigurosos.

Reprodução do livro O brasil de marc ferrezCestero, en Río, en 1875Reprodução do livro O brasil de marc ferrez

De todos modos, los productos de esa importación eran adaptados. En un retrato de 1905 que forma parte de la colección del investigador, en primer plano y con la plaza Largo da Misericórdia de fondo, se ve a dos jóvenes mujeres paseando tomadas del brazo. Una de ellas usa una falda que deja a la muestra los tobillos. “Eso representaba un pequeño escándalo en aquella época”, dice Viana. “Caminan por las calles tomadas del brazo, solas; no hay un hombre junto a ellas, y se ríen. Muestran que la próxima generación aportará novedades”, interpreta.

Con la falda demasiado corta
En esa misma foto, Viana señala un detalle. Se ve el ruedo en la base de la falda de una de ellas. “Cuando crezca, soltará ese ruedo para que la falda no le quede demasiado corta”, explica. Esta práctica, añade, se volvió común en una época en que la ropa era considerada un patrimonio heredado incluso de los abuelos.

Al recuperar este tipo de memoria, dice Kathia Castilho, presidenta de la Asociación Brasileña de Estudios e Investigaciones de la Moda, doctora y magíster en comunicación y semiótica de la PUC-SP, Las tramas del café con leche llena algunas de las innumerables lagunas sobre el tema. “La moda y la indumentaria en Brasil siguen siendo temas desconocidos: falta investigación, sobre todo sobre las épocas más distantes.”

El paso a paso delineado en la realización del estudio, recuerda Castilho, suministrará también referencias para proyectos futuros. “Revela lugares, museos, bibliotecas y publicaciones que pueden movilizar a aquéllos que se interesan en este tipo de conocimientos más adelante”, apunta.

Entre las principales fuentes de Viana se encuentran el Museo Paulista de la USP, el Museo de Itu, la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, el Centro de Documentación del Ejército, con sede en Río de Janeiro (para la investigación de uniformes militares) y el archivo de la Curia Metropolitana de São Paulo (para la investigación de atavíos religiosos). Las fotos son siempre aliadas valiosas, y allí se destacan los trabajos de Marc Ferrez (1843-1923), Militão de Azevedo (1837-1905) y Guilherme Gaensly (1843-1928). Y las pinturas también suministran información, tal como en el caso del cuadro Caipira picando fumo (1893) [Campesino picando tabaco], de Almeida Júnior (1850-1899), que actualmente pertenece a la colección de la Pinacoteca del Estado de São Paulo.

Fuera del medio académico, el estudio también puede dejar un legado, al aportar material al mercado de confecciones. “La moda es siempre cíclica. Siempre resignifica un determinado valor, actualizando valores históricos. El conocimiento de esta historia es efectivamente enriquecedor”, concluye la investigadora.

Así y todo, Viana reitera que no es precisamente la moda lo que estudia. “Estudio la indumentaria. La moda es todo lo que surge a partir de los procesos de comercialización a escala industrial. Tiene que ver con un modelo de producción. Y lo que a mí me interesa es lo viste la gente, no necesariamente la moda”, explica.

Reprodução do livro O brasil de marc ferrezDos canillitas cariocas, en 1899Reprodução do livro O brasil de marc ferrez

En otras palabras, a Viana le interesan, además de los manuales de corte y confección de la época, el estilo irreverente de un trabajador rural, que usa los pantalones levantados para evitar los abrojos, como muestra una foto de 1911 publicada en el libro Lembranças de São Paulo, de Carlos Cornejo y João Emilio Gerodetti (Studio Flash Produções Gráficas, 1999).

En la colección que reunió, los pobres están casi siempre descalzos. Y cuando usan zapatos, en muchas ocasiones es posible notar que aquellos mismos calzados pueden aparecer en otra foto, en los pies de otra persona retratada, lo que da margen para establecer una conclusión: algunos artículos eran prestados, sólo para que el sujeto saliese en el retrato. Lo propio sucedía con las carteras y las sombrillas.

Para recuperar imágenes de negros, la investigación sigue otras pistas. Desde el siglo XIX, algunos fotógrafos que se radicaban en el país terminaban especializándose en fotografiar a los esclavos, no necesariamente para documentar la realidad. “Vendían ciertos retratos de aquello que era considerado exótico  afuera. En algunas fotografías se ve nítidamente a los esclavos en un tremendo estado de depresión… Ellos entendían lo que les sucedía.”

Existen también registros de negros vestidos como aristócratas. Los atuendos, en esos casos, también se los prestaban sus amos únicamente para el retrato. Pero hay casos de familias que lograron prosperar luego de la Ley Áurea (1888) [la ley de Abolición de la Esclavitud] y que aparecen vestidas posteriormente en ropas de vestir.

La investigación de Viana surgió del interés por un tema vecino. Ya había realizado una amplia investigación de maestría sobre trajes de escena, sobre todo ligada a figurines de teatro; un estudio que, al igual que  Las tramas del café con leche, contó con el apoyo de una beca de la FAPESP.

El estudio intitulado El figurín que surge a través del trabajo del actor – Un abordaje práctico, y otros proyectos relacionados con el tema, terminaron transformándose incluso en un asunto específico en el marco de la actual investigación para la Las tramas del café con leche, que se subdivide en los siguientes puntos: indumentaria teatral, regional, de jolgorios, de actividades sociales, de actividades laborales y ropa interior.

Reprodução do livro lembranças de são pauloCampesino enciende su pipa (1911)Reprodução do livro lembranças de são paulo

La clasificación se rige por principios de trabajo del Instituto Portugués de Museos, consultado por Viana en 2010, durante su doctorado en museología, realizado en la Universidad Lusófona de Humanidades y Tecnología. El último apartado de la clasificación (sobre ropa interior), dice Fausto, le ha causado dificultades extras, fundamentalmente porque, por una cuestión de hábito, las prendas íntimas o eran usadas hasta su completo desgaste o terminaban en la basura.

Sin embargo, existe una fuente inagotable para la recuperación de las memorias más íntimas: las tarjetas postales eróticas, que en la época eran comercializadas principalmente en los burdeles. “Por suerte para mí, en aquella época este tipo de material nunca presentaba a la mujer totalmente desnuda”, dice Viana. “La mujer era siempre fotografiada en ropa interior”, añade.

Las postales se vendían en el muelle del puerto y atestiguan una fama: “La idea de que somos el país de las delicias, de que Brasil es un país de libertinos, adonde uno iba para tener una vida sexual abundante, es mucho más antigua de lo que suponemos. El propio Pero Vaz de Caminha [el escribano de la escuadra de Pedro Álvares Cabral] se mostró encantado al encontrar aquí mujeres desnudas”, considera Viana.

Los atavíos eclesiásticos también ganan espacio, con atención especial para los atuendos previstos en los códigos de la Iglesia Católica, aunque entran en la investigación también referencias a los más diversos tipos de religiones; por ejemplo, el candomblé. Viana comenta que los atuendos de la iglesia se establecieron en los años 1100 y no han cambiado hasta los días actuales, con poquísimas excepciones. En Brasil, por ejemplo, el atuendo color rosa no es usado en la Pascua, como sucede en Portugal.

Existen patrones de confecciones que suministran pistas sobre el origen de cada prenda. Algunas ropas con relieve, por ejemplo, indican el uso de una técnica desarrollada en Francia. Los dibujos se cortaban en tela, se aplicaban sobre la ropa y, para el acabado, se bordaba sobre ellos, lo que resultaba en texturas.

La foto de una capa pluvial muestra exactamente este tipo de técnica. Revela también, debido a un género colgado en la parte posterior de la pieza, que los sacerdotes salían a las calles bajo la lluvia para bendecir a sus fieles. Ese paño funcionaba como una cobertura para la cabeza, pero con el correr del tiempo terminó perdiendo su función y adquirió un uso decorativo.

Reprodução do livro Imagens do teatro paulistaEscena de la obra Rússia e Japão, en 1900Reprodução do livro Imagens do teatro paulista

Tiempos de luto
Otra foto de la colección de Viana muestra a la familia de la propietaria de tierras Veridiana da Silva Prado (1825-1910). Un hijo que murió está representado por una fotografía colocada en un portarretrato, junto a la familia. Y doña Veridiana, en primer plano, usa un pesado vestido negro. “Cuando moría un hijo, la mujer seguía de luto por el resto de su vida. Eso recién se flexibilizó después de la década de 1930, cuando el tiempo de luto se fue reduciendo”, comenta Viana.

Este tipo de retrato no revela con fidelidad qué prendas se usaban en el día a día, pues esto estaba condicionado a una serie de preparativos. Es decir, se vestía de aquel modo especialmente para hacer el retrato. Las fotos in situ, como la de un grupo que pasa de visita por una estación de trenes en construcción, tienen más valor para Viana. “En ese retrato [y apunta hacia unos hombres parados delante de la obra] logramos leer la ropa del cotidiano. Pero, por supuesto, no hay ningún pobrecito ahí”, ironiza Viana, en referencia a la abundancia de opciones protagonizadas por las clases más pudientes.

En el período retratado se registra también un hecho histórico que determina una serie de cambios. Con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, los viajes al exterior pasan a ser poco frecuentes. Escasean también las importaciones de géneros, que llegaban sobre todo provenientes de Inglaterra y Francia. Como consecuencia de ello, comienza a disminuir en Brasil el tamaño de las prendas, que van adquiriendo contornos más ligeros. En la década de 1920, algunas mujeres pasean por las calles mostrando los brazos y parte de las piernas, por ejemplo.

Para la conclusión de la investigación, Viana pretende organizar una exposición con réplicas de trajes históricos partiendo de material aproximado. Se trata de un formato ya probado en Trajes en escena, que resultó en una muestra de figurines realizada en el Teatro Municipal de São Paulo en 2004, con reconstituciones de prendas históricas del siglo XX.

Durante la investigación del proyecto Las tramas del café con leche, en el museo Nacional de Río de Janeiro, Viana se deparó también con los registros realizados por una investigadora llamada Maria Sofia Jobim Magno de Carvalho (1904-1968), una serie de encuadernaciones que reúnen abundante material sobre indumentaria. Maria Sofia pertenecía a una familia de aristócratas, se graduó de maestra y fundó en Río de Janeiro el Liceo Imperio, una escuela de artes femeninas de la cual fue directora durante 20 años. Con el nombre artístico de Sophia Jobim, se abocó a una investigación que articuló temas de arte, pedagogía, prendas y costumbres.

Sophia estudió en el Carnavelet de París, en el Metropolitan Museum de Nueva York y en el museo Benaki de Atenas. Investigó arte bizantino en el museo Bizantino de Atenas y Grecia. Trabajó también como diseñadora de ropas para el cine, tales como las de Sinhá moça (1953), de la compañía Vera Cruz de São Paulo. En los diversos viajes que realizó por Europa, Medio Oriente, Asia y América reunió prendas antiguas, joyas y enseres de uso personal, como así también indumentarias típicas y regionales. “Era una eximia dibujante, muy cuidadosa y minuciosa en sus registros”, dice Viana.

Los dibujos y textos, que reunió en ficheros, le suministran ahora a Viana el material para nuevas investigaciones. Algunas rarezas escapan tanto de la época retratada en Las tramas del café con leche como de las restricciones existentes a la hora de hablar de indumentaria en Brasil. Y también debido al volumen y a la riqueza de material, redundaron en un proyecto aparte: Los cuadernos de Shophia, en el que Viana plantea una revisión de dicha colección.

El Proyecto
Las tramas del café con leche (nº 2006/57161-2); Modalidad Ayuda Regular a Proyecto de Investigación; Co­or­di­na­dor Fausto Viana – USP; Inversión R$ 95.636,00 (FAPESP)

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