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Carta de la editora | 169

El mirador de estrellas y los textos iluminados

laurabeatrizEl impacto visual que provoca la inesperada elegancia de la cúpula blanca y brillante sobre el telescopio Soar ante el cielo azul intenso de los Andes, o la aguda percepción de la formidable energía que el planeta activó en un remotísimo pasado para que se irguiese y se plegase una y otra vez la impresionante cordillera, seguramente no fueron menores para el autor del artículo estampado en la portada de esta edición de Pesquisa FAPESP, el editor de ciencia, Ricardo Zorzetto. Pero no por ello lo desviaron de su foco principal en Cerro Pachón –menos mal–, que era detallar el reciente montaje de un enorme y pesado espectrógrafo en el Observatorio Austral de Investigación Astrofísica, que es el nombre entero del Soar, sin soslayar el contexto de la cosa. Algo así como observar detenidamente el árbol sin perder la percepción del bosque, por así decirlo, lo que en este caso es efectivamente una metáfora, ya que tan sólo algún que otro cactus corta de vez en cuando la extremada aridez del paisaje de los Andes.

Pero concentrémonos en el espectrógrafo: tal como informa Zorzetto a partir de la página 16, se trata del más grande y más complejo aparato astronómico fabricado en Brasil, con tres mil piezas y un peso de media tonelada, cuya función consiste en descomponer la luz en los diferentes espectros o colores que la forman, algunos de las cuales, como es el caso del ultravioleta y el infrarrojo, son invisibles para el ojo humano. En el interior de cualquier espectrógrafo, como dice el editor, “la luz de astros cercanos o distantes explota en una sucesión de colores del arco iris, en proporciones que varían según la composición química del objeto observado”. Pero el espectrógrafo instalado en el Soar, después de un viaje de más de tres mil kilómetros desde la localidad de Itajubá, Minas Gerais, no es uno cualquiera, y vale la pena leer el artículo para entender por qué.

Me permito hace un salto, con cierto grado de riesgo, del mirador de estrellas ubicado en una cumbre de los Andes al interior de la subjetividad poética de una aclamada escritora estadounidense: Elizabeth Bishop. Es esa subjetividad la que incuestionablemente está en escena aun cuando ella apunta a fijar su mirada para hablar de Brasil, a pedido de editorial Time-Life, por ejemplo. Ese contrato resultaría en Brazil, libro de 1962 que enseguida la autora iba a rechazar y que recientemente se transformó en el objeto de investigación que aborda el editor de humanidades, Carlos Haag, en un artículo que comienza en la página 82. Además de la visión de las idas y vueltas de la relación de Bishop con este país, relación que entre otras cosas le permitió experimentar el profundo viaje emocional por un amor intenso y duradero, Pesquisa FAPESP le ofrece a los lectores dos pequeños textos inéditos de la escritora sobre el Amazonas. Va un párrafo: “El niño corrió por el muelle y escaló el paredón, arrastrándose, sujetándose en plantas y piedras. Parecía que iba a caerse y que sería tragado a cualquier momento. El capitán apareció sobre nuestras cabezas en la escalera, de pijama blanco, y arrojó en la orilla algo que parecía ser un grueso sobre. Por qué no se lo entregó al niño es un misterio (…)”. ¡Mejor ir directamente a la página 87!

Pero debo dejar ese terreno impregnado de poesía para entrar en el campo más duro y prosaico de la tecnología, en el cual la editora asistente Dinorah Ereno informa, a partir de la página 68, de qué manera dos grupos de investigación brasileños han desarrollado nuevos procesos tendientes a sortear el gran obstáculo existente en la producción del llamado etanol celulósico, que es la conversión química de la celulosa en glucosa, procedimiento también conocido como hidrólisis. En el caso brasileño, esto permitiría aprovechar todo el azúcar contenido en el bagazo y en la paja de la caña para la producción de etanol. Ambos grupos plantean atacar o romper los polisacáridos en donde se encuentra estructurado el azúcar de bagazo y de paja mediante dos tipos de pretratamiento de la biomasa, uno a temperatura ambiente y otro térmico, con vapor. Vale la pena leer el artículo para enterarse de esto en detalles.

Para culminar, una noticia importante para nuestros lectores: la redacción de Pesquisa FAPESP, junto con sus sectores de distribución, circulación y marketing, por razones operativas está dejando la sede de la Fundación, ubicada en la calle Pio XI, en São Paulo, e instalándose en el 10° piso del edificio de número 727 de la calle Joaquim Antunes, en el barrio de Pinheiros.

Los e-mails de todo el personal vinculado a la revista siguen siendo los mismos. En cuanto a los teléfonos, los daremos a conocer en breve en nuestro sitio. 

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