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Estrategias

¿El Premio Abel puede llegar a ser un Nobel?

En una ceremonia realizada el pasado día 5 de junio en la Universidad de Oslo, Noruega, el rey Harald V entregó en manos a Jean-Pierre Serre, del Collège de France, de París, el primer Premio Abel de Matemática (New Scientist, 17 de junio). Este premio fue instituido para ocupar la laguna dejada por Alfred Nobel, quien ignoró olímpicamente a la matemática al crear su galardón. No es que falten premios importantes.

Canadá, por ejemplo, entrega la disputada Medalla Fields. Pero esto solamente sucede cada cuatro años, la cuantía es mucho menor que el Nobel (alrededor de 11 mil dólares) y está lejos de tener tamaña popularidad. El Abel, por su parte, se entregará anualmente, y en su propio nacimiento contempló a Serre con 816 mil dólares. Pero, no faltan los que cuestionan: ¿la matemática tiene el encanto suficiente como para merecer el Abel? No caben dudas acerca de que Serre es un gran matemático.

Fue el más joven ganador de la Medalla Fields, en 1954; su trabajo tuvo influencia en varias áreas de la matemática –desde la teoría del número a la geometría algebraica– y su teoría fue fundamental para ayudar a Andrew Wiles la desarrollar la prueba del último teorema de Fermat. Pero, desde el punto de vista del público, ¿que peso puede tener todo esto? Quizá ninguno. Por tal motivo, puede ser que cuente el estilo de la presentación, al mejor estilo Nobel, con la presencia de un rey y todo. El nombre, Abel, es un homenaje a Niels Henrik Abel, matemático noruego que vivió en siglo XIX.

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