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Carta del editor | 150

Enfermedad de un país en guerra

A primera vista, la tapa de la presente edición puede causar cierto desagrado en nuestros habituales lectores. Como si no bastase la cobertura diaria de muertes, asaltos y secuestros por parte de los medios, ¿también es necesario que Pesquisa FAPESP aborde los mismos temas? Si, es preciso. Especialmente cuando se trata de una amplia investigación sobre el tema, llevada a cabo con criterio científico, que aporta datos valiosos para exigir políticas de seguridad pública más eficaces. Por ejemplo, el abarcador artículo de nuestro editor de ciencias, Ricardo Zorzetto, reveló que una de cada diez personas de la ciudad de São Paulo, víctimas de episodios de violencia durante el último año (asalto, secuestro, agresiones físicas o abuso sexual), presenta síntomas de trastorno por estrés postraumático -lo cual equivale a 1,1 millón de personas. Ése fue el primer relevamiento acerca de la ocurrencia de esta problemática en Brasil, un trabajo realizado por casi 50 investigadores de los estados de São Paulo, Río de Janeiro, Pernambuco y Ceará.

Los pacientes que presentan estrés postraumático no logran continuar su vida habitual. Muchas veces abandonan sus trabajos y alteran la rutina familiar. Cuando se amplía el período analizado a toda la vida, se revela que un 26% de los paulistanos -los habitantes de la ciudad São Paulo, 2,8 millones de personas- presenta síntomas compatibles con ese trastorno emocional ocasionado por la violencia. Como acota uno de los autores del estudio, los números son similares a los de un país en guerra. En el caso de Brasil, esa guerra urbana presenta en el homicidio de hombres jóvenes su fase más violenta, típica de ciudades como São Paulo, Río de Janeiro y Recife, donde las cifras son aterradoras y siguen en aumento. Pero existe también una fase doméstica, cuando la opresión sucede en el hogar con peleas de parejas, violencia contra los niños o abuso sexual perpetrado por conyugue o pariente. El reportaje de Zorzetto indica que los investigadores se hallan abocados tanto a medir la ocurrencia del problema en la población, como a buscar tratamientos más eficaces para los pacientes. Como queda demostrado, es un buen tema para la tapa de la revista (página 20).

Otro buen tema para el debate, esta vez proveniente del ámbito académico, es acerca de los resultados incongruentes entre dos rankings de desempeño académico (página 28). Uno proviene de la base de datos Thomson Scientific y ubica a Brasil en la 15ª posición con un índice del 2,02% del total de la producción científica mundial durante el año 2007 -en 2006 fue del 1,92%. Mientras que la base de datos Scopus, comercializada por la editora Elsevier, sitúa al país en el mismo puesto, aunque con un índice del 1,75% de la producción del planeta. Los universos de estas bases son distintos y no puede afirmarse si la diferencia es accidental o marca una tendencia. Pero hay quienes ven en los números un reflejo de que el incremento exponencial de la producción brasileña en las últimas décadas llegó al límite, aunque no existe consenso entre los expertos. De cualquier modo, el artículo del editor de política, Fabrício Marques, anticipa una cuestión que aún suscitará muchos debates, análisis y artículos durante los próximos años.

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica, contrariamente a los textos citados antes, no provocará ninguna polémica o debate. De cualquier modo, el estudio presentado por la editora asistente de Ciencias, Maria Guimarães, brinda un nuevo abordaje para un antiguo problema. Ella muestra de qué modo la competición por el oxígeno causa la fatiga común en la insuficiencia cardíaca y pulmonar y ocasiona en los practicantes de ejercicios que padecen la enfermedad la sensación de “pies de plomo”. La novedad del trabajo está referida al hecho de tratar, en esta patología específica, la respiración y la circulación como sistemas integrados (página 44).

En la sección de tecnología, la editora asistente Dinorah Ereno se refiere a un proyecto de reciclaje de envases plásticos que atañen a tres procesos innovadores (página 82). Se espera que uno de ellos conduzca a la reutilización de los envases plásticos, los denominados PET (Tereftalato de polietileno), para la obtención de nuevos recipientes que puedan incluso estar en contacto directo con los alimentos. Es un dato alentador para un mundo cada vez más preocupado con la sostenibilidad.

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