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Música

Entre dos corazones y dos mundos

Libro analiza la obra del compositor Ernesto Nazareth, autor del tango Brejeiro, que acercó lo erudito y lo popular a comienzos del siglo XX

El discurso político progresista del naciente régimen republicano, que signa las tres primeras décadas, los albores del siglo XX, pregonaba la condena de las costumbres, de los hábitos unidos por la memoria a la sociedad tradicional y a la negación de toda y cualquier forma de cultura popular que pudiera macular la imagen civilizada de la elite, tal como observó el historiador Nicolau Sevcenko. Así se estableció rigurosamente una política de expulsión de los grupos populares del área central de la ciudad, aislada a la fuerza para el gozo de una determinada minoría. Al mismo tiempo, se implementó un cosmopolitismo agresivo, muy identificado con el modo de vida parisino.

En un contexto signado por la efervescencia cultural popular ligada al samba y a diversos estilos de bailes, se consagraría el músico y compositor carioca Ernesto Júlio Nazareth (1863-1934). Su música sería el nexo que dividía a esos dos mundos. Pianista talentoso y de formación erudita, dictaba clases y ejecutaba partituras para clientes interesados en la música clásica. Sin embargo, tenía un pie en la cocina. En 1893 compuso el tango Brejeiro [malevo, arrabalero], cuyos derechos vendió, debido a que afrontaba problemas económicos. Casi 15 años después, como pianista de cine, creó el tango Odeon, su música más famosa. En la década de 1920 se adhirió a los ritmos de moda: foxtrot, sambas y marchas carnavalescas. En 1930 lanzó la polca Apanhei-te, cavaquinho. Poco después, sordo y con problemas mentales, fue hallado muerto por ahogamiento en una represa. A partir de entonces, sus composiciones se volvieron obligatorias en todo lo que se hizo en ritmo de choro [el sonido de la ch corresponde a la y con rehilamiento, o a sh] en Brasil durante los siguientes 70 años.

El Instituto Moreira Salles de São Paulo, al margen de haber adquirido recientemente un representativo archivo del compositor, enviará a las librerías en mayo del año que viene el libro O enigma do homem sério: Ambição e vocação de Ernesto Nazareth, del músico profesional e historiador Cacá Machado. Dicha obra es el resultado de su tesis de doctoral en el área literatura brasileña, defendida en el Departamento de Letras Clásicas y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (USP) en 2004, bajo la dirección del profesor y compositor José Miguel Wisnik. El autor analiza la obra de Nazareth sin desvincularla de su trayectoria de vida, y termina componiendo un rico retrato de la vida musical brasileña del período, con sus rupturas y continuidades históricas.

Sonoridad
Cacá Machado comenta que su interés en el compositor surgió en la infancia. En tal sentido, aclara que, al margen de que su abuela materna era profesora de piano y hacía hincapié en incluir a Nazareth en su repertorio, obligatorio para todo alumno de piano, cuando comenzó sus estudios musicales su madre ponía composiciones del autor de Odeon en el fonógrafo, interpretadas por Arthur Moreira Lima. Y su interés fue en aumento a través de su vida.

Al entrar en contacto con la teoría musical, descubrió que el compositor también tenía una sonoridad más sencilla al ejecutársela en la regionalidad del choro. Surgió también el gusto por Pixinguinha y por la música popular brasileña. Y la guitarra ocupó el lugar del piano. Pero Nazareth había llegado para quedarse. Y así se convirtió en el más adecuado y estimulante tema para desarrollar su tesina de grado sobre el choro, es decir, no solamente porque tenía una riquísima y voluminosa obra.

La investigación
Que comenzó con un proyecto de Iniciación Científica individual con beca de la FAPESP entre 1993 y 1995 empezó a ganar en densidad, y en un determinado momento, Wisnik y él pensaron que el trabajo iba a tener fuerza como para entrar al Doctorado Directo. Durante mucho tiempo el título de la tese fue El enigma del hombre célebre: biografía musical de Ernesto Nazareth. El autor había partido de un foco definido que sería el análisis musical de la obra del compositor.

Sin embargo, para no crear la expectativa de una biografía histórica o periodística, optó por cambiarlo por El enigma del hombre célebre: la ambición y la vocación de Ernesto Nazareth. Mi objetivo siempre fue la obra y su interpretación crítica. Pero, por supuesto, no podemos disociar allí la producción del autor. Los elementos biográficos e históricos pasaron en tal sentido a formar parte de un círculo hermenéutico, donde la parte y el todo se superpusieron en capas de interpretación.

Durante la búsqueda de los datos, ayudó el hecho de que, en 1964, para enmarcar las conmemoraciones de los 30 años del fallecimiento de Nazareth, la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro organizó una exposición sobre el compositor, que resultó en la creación de un archivo con documentos diversos  partituras, fotografías, manuscritos, artículos de periódicos sobre el compositor, que pertenecían a su hija Eulina de Nazareth, y al musicólogo Andrade Muricy, entre otros. Ese material es la base de cualquier investigación sobre el compositor, y está todo concentrado en un solo sitio, cosa que facilita mucho el trabajo.

Cacá Machado también descubrió a Luiz Antônio de Almeida, que se había encantado a comienzos de los años 1980 con la figura de Nazareth, y por eso decidió hacer una biografía. Luiz Antonio entrevistó a la última generación viva que tuvo contacto con el compositor, y obtuvo de manos de su nieta lo que quedaba de los documentos más personales, los que no entraron a la Biblioteca Nacional. Y se convirtió así en el biógrafo oficial de Nazareth. Pero puso a disposición del investigador paulista su colección. El año pasado, por sugerencia suya, ese archivo fue adquirido por el Instituto Moreira Salles.

La tesis de Cacá Machado es sumamente cuidadosa en lo que hace a contextualizar la música popular de comienzos del siglo XX. El texto es fluido y traduce fidedignamente los años que antecedieron a la era del disco. Durante su producción, Machado trabajó en tres frentes o campos de conocimiento: la música, la literatura y la historia. Traté a la partitura musical como fuente primaria, como así también lo hice con la literatura de Machado de Assis y con los cronistas y memorialistas del período.

De la misma manera que para el crítico literario el texto de una poesía o de un cuento constituye una fuente primaria, desde su óptica de historiador de la cultura, Machado explica que la partitura musical también lo es. Así como el crítico literario debe dominar el discurso técnico sobre la teoría literaria, o las figuras de lenguaje, por ejemplo, como músico e historiador también debí abrevar en el discurso técnico-musical. Con todo, y lejos de la musicología tradicional, su interpretación de la fuente primaria, en este caso, la partitura musical, está siempre hilvanada por la historia, hasta donde le sea posible. En realidad, es un proceso muy sutil y frágil.

En el estudio, defiende que existe un estilo musical único en Nazareth, que compuso clásicos del género típicamente popular y, al mismo tempo, singulares. Para Machado, el pianista siempre compuso dentro de un género definido ?los sincopados de comienzos del siglo XX, como el choro, el tango, etc., al igual que otros compositores. Él hacia música de baile, música para bailar, pero, a diferencia de otros compositores, le imprimió un estilo muy suyo. En efecto, en dicho estilo, elementos del lenguaje del repertorio pianístico romántico aparecían sabrosamente sincopados y recontextualizados dentro de una forma género musical ampliamente difundida y recurrente. Por ende, agregaba singularidad al género, sin dejar por ello de ser género.

Aunque el subtítulo del libro relacione música, historia y literatura, el autor afirma que no existió una relación directa entre Nazareth y el mundo de los libros, en el sentido de que, como sucede con otros compositores, la literatura pudiera haber sido un campo de creación artística estimulante o inspiradora para la creación musical. Nazareth estaba muy lejos del interés y del círculo literario. Sucede con él lo contrario. Machado de Assis demostró tener una mirada muy perspicaz sobre la música del período. Captó y comentó como nadie el proceso histórico de formación de los géneros de la música popular urbana bajo el signo de la figura rítmica de la síncopa (en algunas crónicas).

El escritor también se habría referido al tema de la singularidad musical brasileña de transitar por los así llamados espacios de lo erudito y lo popular, al dramatizar la angustia de un compositor popular exitoso, que buscaba el reconocimiento del universo erudito, en el cuento Un hombre célebre. Cacá Machado sostiene que, del mismo modo que Pestana, el personaje de este cuento, Nazareth vivió este dilema en tanto angustia personal y como realización musical en sus tangos. En tal sentido, la literatura dio la clave interpretativa de una cuestión musical e histórica: la formación de los géneros de la música urbana y las cuestiones musicales y estéticas involucradas en eso.

Prejuicio
Otro aspecto importante que se aborda en la tesis es el hecho de que el compositor haya transitado entre lo erudito y lo popular, lo que generó prejuicios de ambos lados, que se mostraron reacios al darle su debido valor ?pese al reconocimiento que tuvo aún en vida, en diferentes momentos. Cacá Machado menciona como ejemplo de ello el episodio ocurrido en 1922, cuando se produjo una protesta, durante un concierto de alumnos del Instituto Nacional de Música, por la inclusión pieza de Nazareth, piezas consideradas de valor menor y popularescas.

Episodios así, biográficos desde una determinada óptica, le permitieron al historiador llegar a un perfil psicológico y a comprender su comportamiento. Nazareth era un melancólico, un hombre que vivió siempre con la angustia del deseo de convertirse en concertista. Quizá como una nostalgia de una experiencia cuasi vivida, toda vez que al comenzar su vida musical se destacó como un talentoso instrumentista, pero su familia no logró juntar los recursos como para que se perfeccionara en Europa. Ése era el camino común de entonces para la formación de los concertistas, en el Brasil imperial.

Tanto es así que, dos años antes de morir, cuando ya mostraba signos de los trastornos neurológicos causados por la sífilis, Nazareth salió en medio a una presentación de la pianista Guiomar Novaes, en el Teatro Municipal de Río de Janeiro, diciendo a quien quisiera oírlo: ¡Por qué yo no fui estudiar en Europa! ¡Yo querría ser como Guiomar Novaes!. Por otra parte, su vocación para componer polcas y tangos hizo de él una de las matrices de la música brasileña, ya sea popular o erudita, cuyo influjo se propagaría desde Villa-Lobos hasta Tom Jobim.

Sin embargo, su vida tuvo un triste final. En una época en que las rápidas transformaciones de la cultura de masas, principalmente con la radio y el disco, no dejaron más lugar para sensibilidades como la de Nazareth. La música urbana estaba llevando a una mudanza de época, con los sambistas y las primeras escuelas, que aportaban un estilo más coloquial y expresivo al quehacer musical, principalmente en canciones. A mitad de la década de 1930, la música de Nazareth ya no era más tan popular, y sonaba antigua en comparación con los sambas de Noel Rosa y Ismael Silva, por ejemplo. Con todo, según dice Cacá Machado, Nazareth siempre suscitó el interés de los compositores de la música erudita nacional, debido a su sofisticada escritura y su originalidad rítmica.

De esta manera, el popular rey del tango de la década de 1910 perdió su reinado en los años 1930. Al mismo tiempo, compositores eruditos de la llamada generación nacionalista tomaron su música como una referencia de originalidad nacional. En definitiva, todo esto, sumado a su deseo de haber sido un concertista, imprimió a Ernesto Nazareth una personalidad melancólica, un tanto ajena a los acontecimientos que surgían a su alrededor y profundamente original. Y el tiempo se obstina en probar que optó por el camino cierto. Y se convirtió así en un hombre célebre.

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