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artes plásticas

¿Es verdadera o falsa?

La Facultad de Bellas Artes de la UFMG desarrolla técnicas científicas capaces de confirmar la autenticidad de una obra

Todo comenzó como una investigación científico-técnica. Actualmente, cuatro profesionales ligados a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) integran el grupo más experimentado de Brasil en un precioso arte: descubrir pinturas, esculturas y objetos de arte falsos. Los falsificadores actúan a la sordina, pero su trabajo, sumamente especializado, es capaz de sacudir mercados, sobrevaluar las obras de ciertos artistas y reproducir centenas de piezas inexistentes en la historia del arte.

Una tarea para el accionar de la policía, que demoraría un buen tiempo para hacerla efectiva. Al margen de que no existe en Brasil una ley nacional capaz de regular las penas por la falsificación de obras y objetos de arte, es difícil – tal cual lo constató la reportera de Pesquisa FAPESP – que marchands y subastadores hablen abiertamente sobre el tema, aunque muchos de éstos sepan quiénes son y dónde actúan las organizaciones falsificadoras.

De los ocho laudos emitidos por el grupo de la Escuela de Bellas Artes de Minas en 2002, siete obras fueron consideradas falsas. Con apenas un documento emitido por estos profesionales, que más allá de las técnicas científicas usan su olfato de detectives, se puede determinar si una obra es verdadera o no. Generalmente se trata de dictámenes de más de 150 carillas, con cerca de 200 fotografías. “El mercado de falsificaciones crece cada vez más, junto con la agudización de la crisis económica”, explica el profesor Luiz Antônio Souza, coordinador de los trabajos.

Nuevas combinaciones
El buen falsificador es aquél que copia ciertas características del artista, mezclándolas en una nueva combinación, jamás existente en una obra original. Sin embargo, muchas veces esa conjunción de retazos está tan mal hecha que no es necesario ahondar mucho para hallar los primeros indicios de una falsificación. Ése fue el caso de un cuadro en acrílico atribuido a Guignard y analizado por el equipo de Souza. La pieza era un contrasentido, toda vez que Guignard falleció en 1962, y el acrílico comenzó a utilizarse en ámbito de la pintura recién en 1969.

Una pieza como ésa es reprobada ya en el análisis de materiales hecho por el coordinador Luiz Souza. Este investigador, que es químico, es capaz de identificar la edad del material utilizado. Este análisis es bastante técnico, y se complementa con el trabajo de Mário Anacleto, un técnico en restauración que define cuál es la edad exacta del cuadro, la escultura o el objeto de arte.

Muchas veces la pieza no es contemporánea; se trata de un objeto atribuido al siglo XVII, por ejemplo, pero se descubre que fue producido en el siglo XVIII, lo que no deja claro para los investigadores si en ese caso es una falsificación o es una obra elaborada en un taller heredero de aquél del siglo XVII. Luego de hacer un análisis técnico, la pieza pasa a manos del historiador Marco Elísio. “Analizo las características formales de la obra, para evaluar si desde el punto de vista estilístico la datación coincide”, explica el profesor, quien ya se ha desempeñado como perito en la Hantington Gallery, de Ostin, Estados Unidos.

Elísio es capaz de identificar si la obra de un pintor corresponde efectivamente a la fase de la década atribuida en el cuadro. “Es necesario estar atento con relación al hecho de que un verdadero artista jamás se copia o se repite. Cuando un elemento formal aparece varias veces en una obra, es un motivo para desconfiar de tal obra”, explica el historiador.Los análisis materiales y estilísticos se complementan con consultas al banco de firmas originales, de artistas como Guignard, Pancetti, Di Cavalcanti y Djanira. El análisis grafodocumentoscópico es responsabilidad de Maurício Brandão Ellis, del Instituto de Criminalística.

Utilizando reglas y transparencias, Ellis es capaz de identificar si una firma es verdadera o falsa, información ésta que se cruza con los restantes análisis para arribar a una conclusión final. “Analizamos obras atribuidas a cualquier artista, con excepción de aquéllos que cuentan con institutos o especialistas dedicados ello, como es el caso de Portinari, a través del Proyecto Portinari”, dice Marco Elísio.

El historiador menciona el ejemplo de una obra atribuida a Pancetti y datada por medio de una información escrita en el reverso del cuadro. Su desconfianza surgió cuando notó que la musa a la que el pintor dedicaba el cuadro en su propio reverso – por cierto, un hábito suyo durante casi toda su carrera – no correspondía a la mujer por quien decía estar enamorado en el mismo período a los que los trazos estilísticos del cuadro aludían. “Aquello me intrigó, pues aunque el falsificador pudiera copiar los rasgos estilísticos, no necesariamente conocía la biografía de Pancetti”, recuerda.

Así las cosas, Elísio pidió entonces el análisis de Brandão Ellis. “Inmediatamente se vio que la firma era falsa. Teníamos la prueba de una desconfianza surgida a partir del análisis del estilo, mezclada con el conocimiento de la biografía del artista”, observa Elísio. Los análisis técnicos del grupo de investigadores de la UFMG se llevan a cabo en los laboratorios del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Muebles (Cecor), un órgano complementario a la Escuela de Bellas Artes. Precisamente allí en el Cecor se inició toda la investigación desarrollada por Souza y grupo. “En el pasado este servicio lo brindaba el propio centro. Hoy en día la Escuela de Bellas Artes se ha hecho cargo de esta responsabilidad, pero continuamos utilizando la infraestructura del centro, y recibimos apoyo de parte de la Fundación de Desarrollo de la Investigación (Fundep)”, dice Luiz Antônio Souza.

El primer análisis hecho por Souza en el Cecor se concretó en 1995, cuando éste y el conservador y restaurador Edson Motta Júnior fueron llamados para hacer el peritaje de 150 obras aprehendidas en Río de Janeiro. Este caso, que cobró notoriedad en la prensa, involucró al galerista italiano Giuseppe Irlandini, que organizaba una muestra de obras de Matisse, Picasso, Miró, Boccioni, Di Cavalcanti, Guignard y otros. La incautación ocurrió luego de que un profesional ligado al Proyecto Portinari identificó un sello en el reverso de un cuadro atribuido a éste que nunca había sido creado por el proyecto. “El Ministerio Público inició una demanda contra Irlandini y más de 150 obras quedaron a disposición de la Justicia”, recuerda Souza.

Globalización
Luego de analizar 28 obras, el perito descubrió que todas éstas tenían una base blanca compuesta de borato de calcio, caolín, blanco de titanio y PVA. “Hasta hoy sigo bromeando, diciendo que si aquellas obras fueran verdaderas, podríamos decir que la globalización comenzó a comienzos del siglo XX, pues parecía que todos los artistas habían comprado el material en el mismo comercio”, explica el investigador. “Ocurre que Boccioni, por ejemplo, murió en 1902, y el PVA recién salió al mercado en la década del 20.”

Las personas que requieren el servicio de estos profesionales provienen de los ámbitos más variados: de coleccionadores a galeristas, pasando por posibles representantes de los propios falsificadores. “Muchos falsificadores fraguan la situación. Arriesgan, en un intento de obtener un laudo verdadero. Por tal motivo es que debemos ser sumamente rígidos. Ningún análisis tarda menos de seis meses”, dice Marco Elísio. “Siempre que aparecen obras a precios más bajos que lo normal, se debe desconfiar, pues puede ser un falsificador queriendo hacer dinero rápido”, asevera Souza.

Marco Elísio describe situaciones en las existe la sospecha de que sea un representante del falsificador, de aquéllos conocidos en Brasil con el argot de “laranjas” [naranjas]. “Puede ser una señora que dice poseer un cuadro de Guignard, una herencia del marido que murió. La señora necesita venderlo, por eso precisa cerciorarse de que es verdadero”, comenta Elísio. “Generalmente, cuando ahondamos en las preguntas, la persona se contradice.”

Hay también gente que cree cándidamente que posee obras de inestimable valor, como en el caso de un habitante de Belo Horizonte que afirmaba tener un Leonardo Da Vinci. “Decía que el dibujo ya había pasado por peritajes en Europa. Cuando efectuamos el examen de rayos X, vimos una anotación debajo del dibujo: ‘Da Vinci’. Podía incluso formar parte de una serie de falsificaciones que incluyera a decenas de artistas consagrados.”

Los investigadores de la UFMG no son los únicos profesionales brasileños que emiten dictámenes de peritaje sobre obras de arte. Pero sus informes suelen ser los más completos, ya que comprenden todos los campos de investigación ligados a esta actividad. “Además de todas las informaciones técnicas, al escribir ponemos el énfasis en el significado simbólico del artista y en la fase a la que la obra pertenece, cuando ésta es verdadera”, dice Marco Elísio.

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