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CARTA DE LA EDITORA | 217

Fenómenos contemporáneos

La hermosísima y dulcemente melancólica imagen impresa en la tapa de esta edición de Pesquisa FAPESP, una construcción de la mirada y la sensibilidad del fotógrafo alemán Thomas Hoepker (agencia Magnum Photos), es una invitación al lector para una breve inmersión en aguas no tan poéticas, sino científicas: el emprendimiento denominado Green Ocean Amazon, o simplemente GOAmazon. Este programa, que se lanzó oficialmente el pasado 18 de febrero, con el apoyo de la FAPESP, de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Amazonas (Fapeam), del Departamento de Energía y de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) de Estados Unidos, cuenta con un presupuesto de 24 millones de reales y moviliza a un centenar de investigadores brasileños, estadounidenses y alemanes en un esfuerzo por confirmar y describir los mecanismos de formación de las lluvias en los cielos de Brasil y el efecto de la polución de Manaos sobre el clima de la Amazonia. Dicho sea de paso, entre una y otra región del país, e incluso en el interior de cada región, son distintos los modos de acumulación de agua y cristales de hielo en las nubes que culminarán con precipitaciones abundantes. Vale la pena conocer más al respecto a través de las manos seguras de Carlos Fioravanti, nuestro editor especial y autor del reportaje de tapa, a partir de la página 16, cuyo relato se embebe de poesía cuando puede, sin que por ello pierda su carácter de rigurosa información periodística. Las elocuentes fotografías capturadas con motivo del lanzamiento de GOAmazon son obra de Eduardo Cesar.

No puedo resistir a la tentación de contar aquí mismo que el volumen de lluvia que cae sobre la cuenca amazónica se asemeja a un verdadero océano (de ahí el nombre “Green Ocean”). Son 27 billones de toneladas de agua por año. “En términos concretos, si la lluvia se acumulara en lugar de escurrir a través del suelo formaría una lámina de agua con un espesor de 2,3 metros a lo largo de los 6,1 millones de kilómetros cuadrados de la cuenca amazónica, que se extiende por Brasil y por varios países vecinos”, relata Fioravanti. En todo nuestro país, el volumen anual promedio de lluvias suma 14 billones de toneladas de agua, una cifra casi inimaginable por lo formidable para quienes contemplan en imágenes televisivas el descenso de las aguas de la represa de Atibainha más allá del límite mínimo de seguridad durante este comienzo de año tremendamente caluroso y seco en el sudeste. Si se acumulara, semejante volumen de agua “formaría una capa de 1,7 m de altura que cubriría todo el país”, dice Fioravanti, conduciéndome a evocar involuntariamente a la ficticia e inolvidable Buenos Aires inundada de El viaje, la película del cineasta Fernando Solanas.

Entre otros reportajes de gran relevancia de la presente edición, escogeré para comentar en el espacio restante aquél referente a una amplia investigación al respecto del denominado net activismo. Y lo hago teniendo en cuenta el enorme desafío que representan, tanto para nuestra simple comprensión de ciudadanos como para las concepciones más refinadas en el campo de las humanidades, las grandes movilizaciones y manifestaciones callejeras contemporáneas que emergen en varios lugares del mundo, siempre aseguradas por las convocatorias vía redes sociales digitales. El estudio en cuestión, coordinado por el profesor de la Escuela de Comunicación y Artes (ECA-USP) Massimo Di Felice y con la participación de respetados pensadores de la comunicación de otros países, como Michel Maffesoli, por ejemplo, ofrece una interpretación entre otras posibles para el activismo digital, luego de analizarlo en tres momentos distintos, desde los años 1990 hasta el presente, lo cual, por lo tanto, abarca desde el movimiento Cyberpunk, por ejemplo, hasta la Primavera Árabe, el Occupy Wall Street y las jornadas de junio en Brasil, entre muchos otros. El estudio, centrado fundamentalmente en las formas de interacción entre los activistas, las redes digitales y su territorio, y no en las diferentes motivaciones políticas de los movimientos, ofrece dos pistas principales para pensar este fenómeno: el zapatismo como fuente de inspiración formal y el salto de la web 1.0 a la web 2.0 como clave real, y, por así decirlo, infraestructural, del boom de dichos movimientos, tan amplios y diversos. Vale la pena detenerse un poco, a partir de la página 70, en el reportaje de la periodista Juliana Sayuri. ¡Buena lectura!

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