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ECOLOGÍA

Frutos con futuro incierto

La extracción excesiva constituye una amenaza a la supervivencia de los castañares en la región amazónica

EDUARDO CESARUn castaño en campo abierto en el estado de Acre: riesgo de colapso demográficoEDUARDO CESAR

Desde hace décadas, la agricultura, la ganadería y las hidroeléctricas avanzan en el terreno de los castaños, árboles de tronco fino y frondosa copa redonda, que pueden llegar a medir 50 metros de altura. Incluso cuando sobreviven, aislados en medio de cultivos y campos abiertos, los árboles no logran reproducirse y consecuentemente mueren. Y actualmente está cobrando forma otro peligro: la explotación desmesurada, que abarca incluso a las plantas más jóvenes, y amenaza la supervivencia de la especie y la explotación de las castañas de Pará. “La extracción de casi todas las semillas de los castaños reduce la probabilidad de que se desarrollen plantas adultas, que de por sí ya es bastante pequeña”, dice la bióloga Cláudia Baider, una de las autoras de un artículo publicado en diciembre enScience con estas conclusiones. “La situación es bastante grave”, reitera el coordinador del estudio, Carlos Peres, quien abandonó el Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (USP) hace ocho años para instalarse en la Universidad de East Anglia, Inglaterra. “Pero aún estamos a tiempo como para revertir las amenazas, debido a la longevidad reproductiva de los castaños, que pueden vivir más de 500 años.”

Este trabajo, realizado con base en los estudios hechos en tres de tres castañares que Cláudia siguió durante su doctorado, bajo la dirección de Peres, reunió a equipos de Bolivia, Holanda, Estados Unidos y Perú – de Brasil participaron expertos de dos unidades de Embrapa de Acre y Pará, y del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, sigla en portugués), del estado de Amazonas. Luego de comparar 23 poblaciones de castaños (Bertholletia excelsa) de la Amazonia brasileña, boliviana y peruana, los investigadores arribaron a la conclusión de que la extracción – normalmente vista como una actividad económica de poco o ningún impacto ambiental – ha alterado la estructura de edad de los árboles: la recolección de castañas ha sido tan intensa durante el último siglo que el reemplazo de los árboles más antiguos por otros más jóvenes no se da ya al ritmo que sería de esperar, con lo que se dificulta la sucesión de las generaciones de castaños.

Uno de los riesgos señalados en este estudio es el fenómeno conocido como colapso demográfico, que es cuando la mayoría de los individuos de una población (de plantas o de animales) es añosa y no genera más descendientes. Si el número de jóvenes se reduce en forma permanente, la especie tiende a desaparecer poco a poco, al menos en la región que ocupa. La mayoría de los árboles explotados actualmente, recuerda Cláudia, es la misma desde hace muchas décadas. “La mayor parte de los castañares se encamina hacia el colapso”, añade. “Si no hacemos nada y continua la extracción anual de casi todas las castañas, restarán otros cincuenta o cien años de recolección, pero el volumen será cada vez menor, lo que menguará el interés económico de esta actividad”, advierte. Actualmente se recolectan 45 mil toneladas anuales de castañas en la Amazonia brasileña, que generan ingresos por alrededor de 30 millones de dólares.

La viveros y el agutí
De acuerdo con Peres, existen alternativas para revertir esta situación, como la plantación de plantines cultivados en viveros ubicados en los propios castañares, la definición de cotas de semillas que deben cosecharse por área, la interrupción temporal de la cosecha en los castañares o la alternancia entre áreas productivas. Pero, ¿se está haciendo algo actualmente? “Casi nada”, dice Peres. “En la mayoría de los castañares autóctonos no hay manejo y no existen criterios de certificación forestal como para establecer qué es una población explotada de manera sostenible.”

Para asegurar la continuidad de la producción y de la propia especie, también es necesario prestarle más atención al agutí (Dasyprocta spp.), que roe la cáscara dura de los frutos del castaño. Luego de al menos media hora de esfuerzo, el agutí abre el fruto, come algunas semillas y entierra otras, asegurándose así el alimento para el futuro. “El animal se olvida algunas semillas, con lo cual éstas germinan y crecen”, observa Cláudia, que desde agosto de 2003 trabaja en el herbario nacional de Isla Mauricio, en medio del océano Índico. “Pero, como la presión para cosechar las semillas es grande, no sobran muchas como para que los agutíes las entierren.”

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