guia do novo coronavirus
Imprimir Republicar

Archivología

In memoriam

Destruido por el fuego, el Archivo Histórico del Museo Nacional de Brasil deberá ser reconstituido con base en registros realizados en el transcurso de su existencia en diferentes medios

Colecciones del Museo Nacional Página de cuaderno de estudio de la emperatriz Leopoldina, con anotaciones en alemán góticoColecciones del Museo Nacional

La memoria (física) del Museo Nacional quedó totalmente extinta con el incendio que arrasó su edificio. Desde que su creación, un conjunto de documentos retrataba el cotidiano de esa institución en sus aspectos políticos, económicos y sociales, y revelaba sus relaciones con espacios similares de Brasil y del mundo. La idea de preservarlos era casi tan antigua como el museo. Eso aparece en su primer reglamento, redactado en 1842, que expresamente determinaba “el registro de las reuniones del consejo, de la correspondencia con los museos extranjeros y del arreglo, la custodia y la preparación del archivo y de la biblioteca”. Retrato único de la historia de una de las primeras instituciones científicas del país, de su funcionamiento y de las alteraciones que dejaron su impronta en ese campo en el ámbito internacional, al ser tan valioso, nada de ese patrimonio podía prestarse o salir de la Sección de Memoria y Archivo (Semear). Con todo, al estar ubicado en el tercer piso del palacio, es poco probable que algún objeto del Archivo Histórico, tal como se denominaba hasta 2002 a esa sección, haya sobrevivido a las llamas.

Aparte de los propios reglamentos del museo, y del decreto de su fundación, firmado por el rey João VI en 1818, estaban guardados allí inventarios de artefactos e instrumentos, diarios de incidentes en las áreas de control y vigilancia, estadísticas de visitantes y archivos fotográficos. A través del Livro de lançamento de objetos entrados no Museo Nacional, más conocido como Libro do porteiro, adoptado entre 1876 y 1892, era posible saber que la sección de zoología recibió una colección de aves y mamíferos del Museo de Historia Natural del Jardín de las Plantas de París, por ejemplo, o que el ingeniero y paisajista francés Auguste Glaziou (1828-1906) envió al museo en 1882 una colección de plantas de Brasil que era réplica de otra existente en el herbario sueco de Upsala.

En total eran alrededor de 500 metros lineales de documentos textuales y aproximadamente 15 mil documentos iconográficos que incluían diversos fondos archivísticos de pioneros tales como el médico Adolfo Lutz (1855-1940), el botánico Alberto José de Sampaio (1881-1946) y el entomólogo Johann Becker (1932-2004). También estaban en la Semear los colecciones de la Comisión Geológica del Imperio, de la Comisión de Censura Cinematográfica, de la Confederación Nacional de Trabajadores de la Agricultura (Contag) y de la Sociedad de Amigos del Museo Nacional.

“Cuando vi las llamaradas, quedé en estado de shock”, comenta Maria das Graças Freitas Souza Filho, magíster en ciencia de la información y jefa de la Semear. “Imaginé toda la documentación quemándose y lloraba por Bertha Lutz [1894-1976]”. La bióloga hija de Adolfo Lutz fue aprobada en un concurso público y se convirtió en docente e investigadora del museo. Defensora del sufragio universal y también abogada, entraría a la historia como una de las principales articuladoras de la inclusión del tema de la igualdad de género en la Carta de las Naciones Unidas, en 1945.

Wikimedia Commons Bertha Lutz y el avión desde el cual en 1927 se arrojaron panfletos a favor del voto femeninoWikimedia Commons

“Además de su producción intelectual, guardábamos sus documentos personales, como la correspondencia que mantuvo con grandes feministas, su máquina de escribir y su grabador de cinta”. Una vez pasado el estremecimiento inicial, Freitas Souza Filho se consolaba al recordar que el Archivo Nacional y el Senado Federal también poseen objetos y documentos de Bertha Lutz, y que su colección está parcialmente registrada en video, gracias al trabajo de Elise Dietrichson y Fatima Sator, estudiosas de la Universidad de Londres que a comienzos de este año estuvieron investigando la vida de la feminista en la institución.

Fue también gracias a la tecnología que la versión digital de 2 de los 31 cuadernos de estudio de la emperatriz Leopoldina (1797-1826), manuscritos en alemán gótico sobre astronomía, botánica y mineralogía, sobrevivió al fuego. “El viernes anterior al incendio decidí excepcionalmente llevar a una reunión en el Archivo Nacional la copia del disco rígido que contenía parte de ese fondo de la emperatriz. Por eso estaba en mi casa el domingo y entonces no se quemó”, recuerda Freitas Souza Filho, quien inmediatamente después del incendio pasó a recibir mensajes y llamada telefónicas de científicos de todo el mundo, como la etnógrafa Elena Soboleva, de la Academia Rusa de Ciencias, preocupados en remitir nuevamente copias digitalizadas de parte de las colecciones, producto de investigaciones realizadas en la institución.

El sistema de información
Para recibir y almacenar ese material, desde mediados de septiembre la Semear cuenta con el apoyo de una fuerza operativa organizada por la dirección de Investigación, Educación y Difusión Científica de la Casa Osvaldo Cruz, a cargo de la dirección electrónica creada exclusivamente con esa finalidad. La Fundación Osvaldo Cruz también integra el grupo de trabajo que, con el Colegio Brasileño de Altos Estudios (CBAE), el sistema de archivos de la Universidad Federal del Río de Janeiro, el Archivo Nacional y el Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología, entre otras instituciones, pretende organizar la reconfiguración del archivo histórico del museo. Se encuentra en debate la creación de lo que puede erigirse como el sistema de información de la investigación de la Semear, denominado “Cosecha”.

Cuatro empleados trabajan en la sección de memoria con Freitas Souza Filho: un archivista, un historiador y dos asistentes administrativos. Insertados en el programa de iniciación a la investigación científica del museo (PIC Jr), siete alumnos del colegio Pedro II desarrollaban investigaciones en las colecciones cuando el edificio quedó destruido. “Había escuchado el nombre de Bertha Lutz en un rap, pero no tenía la menor idea de quién era. Tampoco sabía qué una colección o un fondo”, dice una de esas estudiantes, Joseane Amorim, de 16 años. “En el museo aprendí entre otras cosas que fue Bertha Lutz quien allanó el camino para que yo pudiese votar”, comenta Sofia Pugliese, de 18 años, becaria del programa. Veinte días después de la tragedia, el grupo se reunió por primera vez en una sala cedida por el CBAE para definir la reanudación de las actividades. Al fin y al cabo, parte de la misión oficial de la Semear consiste precisamente en apoyar el desarrollo de investigaciones sobre la historia del museo, del palacio y, fundamentalmente, sobre la institucionalización de las ciencias en Brasil.

Republicar