A mediados de mayo, las noticias sobre accidentes con escorpiones en Perdizes, un barrio de clase media y alta en la zona oeste de la ciudad de São Paulo pusieron en alerta a sus ciudadanos, poco habituados a toparse con estos arácnidos. Se los puede encontrar con mayor frecuencia en las áreas periféricas y pobres de la ciudad, aunque existen focos en varios de los barrios más céntricos. Pese al susto inicial, hasta ahora no ha habido señales de que la capital paulista se enfrente a una invasión reciente de estos artrópodos, que pueden ingresar a las casas y apartamentos a través de las tuberías de las instalaciones eléctricas o del agua y alcantarillas sin protección. Los datos del panel de accidentes con animales ponzoñosos de la Secretaría de Salud del Estado de São Paulo registraban, hasta junio de 2025, 161 casos de envenenamiento por picaduras de escorpiones en la ciudad, frente a 426 a lo largo de todo el año anterior y 451 en 2023 (véase el gráfico abajo). Sin embargo, un análisis efectuado sobre un período más extenso revela un aumento importante del total de accidentes en la capital, en el interior del estado y en el resto de Brasil durante las últimas décadas.
“En el pasado no se oía hablar de picaduras en el interior de los hogares. Hoy en día, la gente suele encontrarse con ellos y sufre accidentes. Yo misma he encontrado escorpiones dentro de mi casa”, relata la biomédica Manuela Pucca, docente de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), en su campus de la localidad de Araraquara, donde ella reside. Pucca es la autora principal de un artículo publicado en el mes de mayo en la revista Frontiers in Public Health que muestra la evolución de los accidentes en distintas regiones de Brasil entre 2014 y 2023. Durante ese período, el total de casos de envenenamiento en el país por esta causa se incrementó en un 154 %. Según los datos disponibles en el Ministerio de Salud nacional a la fecha en que se redactó el trabajo, esa cifra pasó de 67.000 casos en 2014 a 170.600 en 2023.
Las dos regiones más pobladas de Brasil ‒el sudeste, en donde viven 84,8 millones de personas, y el nordeste, con 54,6 millones‒ también son las que concentran la mayor cantidad de envenenamientos. En 2023 se registraron 84.500 y 57.600 casos, respectivamente, uno por cada mil habitantes aproximadamente. Con 30,2 millones de habitantes, la región sur es, proporcionalmente, la menos afectada, con un accidente cada 4.000 personas. Según sospechan los investigadores, las cifras oficiales serían solamente la porción más visible de una epidemia silenciosa, ya que cuando las picaduras se concretan en adultos, éstos no suelen acudir a los servicios de salud (que están obligados a notificarlas) y se automedican en casa. “El escorpionismo, tal como se las denomina a las intoxicaciones causadas por las picaduras de escorpiones, es un problema descuidado que se incluye entre las enfermedades desatendidas”, dice Pucca.
Con un título ligeramente alarmista, que sugiere que las ciudades brasileñas están padeciendo una infestación de escorpiones, el estudio también esboza una proyección de lo que podría suceder si no se toman medidas tendientes a modificar las condiciones que propician la proliferación de estos arácnidos. El total de accidentes por año continuará en aumento y ascendería a 274.300 casos en 2033 (véase el gráfico abajo). “Aunque las cifras de la serie histórica son conocidas, la proyección expone el problema de manera muy clara”, comenta el biólogo Gabriel Murayama, investigador del Laboratorio de Ecología Sensorial y del Comportamiento de Arácnidos (Lesca) de la Universidad de São Paulo (USP), en donde estudia el control químico y biológico de los escorpiones, quien no participó en el estudio actual.
En el trabajo publicado en mayo, Pucca y los otros cinco colaboradores enumeraron algunas de las razones del aumento de los accidentes con estos arácnidos: el crecimiento rápido y no planificado de las ciudades (particularmente en zonas con escasa infraestructura); el tratamiento y desechado inadecuado de los residuos; la falta de saneamiento básico; la ausencia de medidas regulares de control de estos animales en las ciudades, y el advenimiento de veranos más cálidos y períodos de lluvia alternados con sequías intensas, agravados por los cambios climáticos. “Parte de este aumento de los accidentes también puede atribuirse a la ampliación y la mejora de los sistemas de vigilancia y notificación, especialmente en los municipios que en los últimos años comenzaron a reportar los datos en forma sistemática y regular”, dice la investigadora.
El escorpión amarillo (Tityus serrulatus) y el escorpión amarillo del nordeste (T. stigmurus) estarían propagándose por diversas regiones de Brasil, posiblemente transportados en embalajes de mercaderías. Originarias de regiones con clima cálido y seco, estas especies se han adaptado a la vida en las ciudades, en donde establecen fácilmente nuevas poblaciones, y parecen soportar bien el frío. “En los últimos años se han informado accidentes con éstos incluso en lugares con clima más frío, como Santa Catarina y Rio Grande do Sul”, comenta el zoólogo Rogerio Bertani, experto en arácnidos y autor principal de un artículo publicado en 2018 en la revista Bioinvasions Records, en el que informó de la llegada de T. stigmurus a la ciudad de São Paulo en 2012, probablemente escondidos en cajones de frutas.
Las dos especies de escorpiones mencionadas se consideran invasoras en algunos estados. En la capital paulista, parecen haber sustituido al escorpión marrón o pardo, tal como se la conoce a la especie denominada T. bahiensis, que habita en ambientes más húmedos, cerca de los montes, y era más común en la ciudad hasta la década de 1960. En el Atlas escorpiônico de São Paulo, publicado en 2024, el biólogo Sergio Cominato Ferraz, del Centro de Control de Zoonosis de la capital paulista, y el epidemiólogo Francisco Chiaravallotti Neto, de la Facultad de Salud Pública de la USP, informan que entre 2013 y 2018 el escorpión amarillo había sido hallado en 89 de los 96 distritos administrativos de la capital, el escorpión amarillo del nordeste en 64 y el marrón, solamente en cuatro.

Rafael Simões / Comunicación Instituto ButantanUn compuesto fluorescente de su exoesqueleto hace que los escorpiones brillen cuando se los ilumina con luz negraRafael Simões / Comunicación Instituto Butantan
Los escorpiones se cuentan entre los primeros animales que ocuparon la tierra firme. Según los registros paleontológicos, los primeros ejemplares aparecieron hace unos 435 millones de años, cuando los continentes actuales en parte se encontraban agrupados en el supercontinente Gondwana. De las alrededor de 2.500 especies descritas en todo el mundo, aproximadamente 170 se encuentran en Brasil. Cuatro de ellas se consideran de interés médico, ya que causan accidentes graves: las tres citadas anteriormente y el escorpión negro amazónico (T. obscurus).
Con cuatro pares de patas, un par de pinzas y un aguijón en la punta de la cola a través del cual inoculan el veneno, los escorpiones son más pequeños de lo que muchos imaginan. Los ejemplares de las tres primeras especies citadas llegan a medir, como máximo, 7 centímetros (cm) de largo, mientras que la especie más grande, el escorpión negro amazónico, puede alcanzar unos 12 cm. “Los escorpiones son animales sinantrópicos, es decir, permanecen cerca de los humanos porque se han adaptado bien al ambiente urbano, principalmente porque el mismo les proporciona cuatro elementos esenciales: agua, alimento, refugio y un acceso propicio”, explicó la bióloga Denise Maria Candido, del Bioterio de Artrópodos del Instituto Butantan de São Paulo, a Agência de Notícias do Estado de S.Paulo en febrero de este año. “Si se cumplen estas cuatro condiciones, acaban instalándose, reproduciéndose y proliferando”, comentó.
En Brasil, los accidentes más graves están relacionados con el escorpión amarillo. Con sus patas y su cola de un tono amarillo pálido y el cuerpo más oscuro, se encuentra en casi todos los estados del país. Una característica que facilita la proliferación de esta especie radica en que puede reproducirse en forma asexual, por partenogénesis, un proceso en el que el óvulo puede dar lugar a un ejemplar adulto sin necesidad de espermatozoide: los machos son raros y, en algunos lugares, inexistentes.

Rafael Simões / Comunicación Instituto ButantanExtracción de veneno para la producción del suero antiescorpiónicoRafael Simões / Comunicación Instituto Butantan
Los compuestos tóxicos que inyectan con su picadura suelen causar problemas locales (por lo general, dolor, ardor, hormigueo e inflamación) y sistémicos, tales como cefaleas, náuseas, hipersalivación, somnolencia, taquicardia, descenso o aumento de la temperatura corporal y espasmos musculares. En los casos más graves, puede producirse falta de aire, un descenso importante de la presión arterial, lo que perjudica la circulación de la sangre y la irrigación de los órganos, e incluso la muerte.
De padecerse un accidente, se recomienda buscar atención médica de urgencia lo más pronto posible, pues algunos de los casos requieren internación, aunque la tasa de mortalidad sea baja. En una carta publicada en 2019 en la Revista Brasileira de Medicina Tropical, investigadores de la USP y del Instituto Butantan, entre ellos Bertani, alertan sobre el hecho de que en un 80 % las muertes se producen hasta 48 horas después de las picaduras y la tasa de decesos varía según la edad.
Las principales víctimas fatales son los niños. Entre los menores de 10 años, se producen 32 muertes por cada 10.000 accidentes, un índice más de tres veces superior al registrado entre adolescentes y adultos (9 de cada 10.000).
El tamaño más pequeño sus cuerpos y la frecuencia cardíaca naturalmente más elevada que la de los adultos hacen que las toxinas del escorpión lleguen rápidamente al sistema nervioso central de los niños. “Los síntomas suelen ser más graves en este caso porque la barrera hematoencefálica, una estructura que protege al cerebro y regula el transporte de sustancias entre la sangre y el sistema nervioso central, aún no está madura”, dice la farmacéutica y bioquímica Eliane Candiani Arantes, de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de Ribeirão Preto (FCFRP) de la USP, coautora del trabajo publicado en Frontiers in Public Health. “Por esa razón, las neurotoxinas pueden llegar muy rápidamente al sistema nervioso central y causar un edema cerebral”, explica.

Rogerio Bertani / Instituto ButantanEscorpión marrón (T. bahiensis), de cuerpo castaño oscuro, y escorpión amarillo del nordeste (T. stigmurus), con una mancha oscura en el dorsoRogerio Bertani / Instituto Butantan
Según un estudio publicado en abril en la revista Toxicon, la demora en la búsqueda de atención médica aumenta la necesidad de internación hospitalaria para afrontar los trastornos que se producen en el organismo de los niños. En ese trabajo, el grupo dirigido por el farmacéutico Edmarlon Girotto, de la Universidad Estadual de Londrina (UEL), siguió la evolución de 450 niños menores de 12 años picados por escorpiones y atendidos entre 2017 y 2022 en el Centro de Información y Asistencia Toxicológica (Ciatox) del hospital universitario. Un 11 % de ellos requirió la administración de suero antiescorpiónico y un 8,4 % tuvo que ser hospitalizado. La necesidad de internación aumentó 11 veces cuando los accidentes se produjeron con escorpiones amarillos y 2,5 veces si la búsqueda de tratamiento había tardado más de 3 horas.
La acción de las toxinas, escriben los autores, provoca cambios en la circulación de los iones de sodio, potasio y calcio en las células del sistema nervioso y conduce a lo que los especialistas denominan “tormenta autonómica”. Se produce una estimulación temporal del sistema nervioso parasimpático, que suele ralentizar los latidos cardíacos y causar una caída de la presión arterial, seguida de una activación prolongada del sistema nervioso simpático, responsable de activar las respuestas de lucha o huida y elevar la frecuencia y la intensidad de los latidos del corazón y la presión arterial, así como de facilitar la respiración. “La tormenta autonómica dificulta un tratamiento rápido porque el paciente puede arribar al hospital con hipotensión y, de repente, presentar hipertensión”, dice Candiani Arantes, de la FCFRP-USP.
Los adultos no están a salvo de la acción de las toxinas y pueden presentar reacciones graves, especialmente si se trata de ancianos o personas con problemas de salud preexistentes. “Las personas con problemas cardíacos y pulmonares pueden llegar a morirse porque la principal causa de defunción la constituyen las alteraciones cardíacas y el edema pulmonar [acumulación de líquido en los alvéolos]”, explica Candiani Arantes.
El suero antiescorpiónico se produce en el Instituto Butantan de São Paulo y en la Fundación Ezequiel Dias, en Minas Gerais, y sirve para el tratamiento de los accidentes con las cuatro especies del género Tityus. Solo se lo puede encontrar en algunos centros de atención de urgencias y hospitales de referencia. Para saber dónde encontrar el suero en la ciudad donde vive, consulte la lista de hospitales de referencia para la atención de accidentes con animales ponzoñosos publicada por el Ministerio de Salud.

Prensa Instituto Butantan Envase de suero antiescorpiónico en el Instituto ButantanPrensa Instituto Butantan
Asimismo, el suero solo está recomendado para los casos graves, porque puede provocar reacciones alérgicas, que en general son leves y pueden controlarse con los medicamentos adecuados. Sucede que, para producir el suero, se inyecta el veneno del escorpión en la sangre de caballos. Posteriormente, se les extrae sangre y se filtra el plasma (la parte líquida) para extraer los anticuerpos generados contra las toxinas del escorpión. “Los anticuerpos de los caballos no son iguales a los humanos y, a menudo, nuestro organismo los reconoce como extraños. Al ser inoculados en humanos, pueden causar reacciones alérgicas e incluso un shock anafiláctico”, explica Pucca, quien está tratando de producir suero en laboratorio mediante biotecnología, sin utilizar caballos.
Los escorpiones son animales predadores ‒por lo general, cazan insectos, arañas y otros artrópodos‒ y son más activos por la noche. En su hábitat natural, se ocultan entre las hojas, en la corteza de los árboles, debajo de troncos o ramas caídas o piedras y en las grietas de las rocas o madrigueras. En las ciudades, se los encuentra en terrenos baldíos, alcantarillas, jardines y cementerios. No existen en el mercado productos químicos eficaces para controlar a los escorpiones y es poco lo que se sabe sobre los enemigos naturales de las especies que habitan en Brasil. “Se necesitan estudios urgentes para probar métodos de control”, dice Murayama, de la USP.
La mejor forma de evitar la presencia indeseada de escorpiones es mantener el hogar y el espacio exterior libres de basura y escombros, que pueden servirles de refugio y fuente de alimento, y sellar hendijas, puertas, ventanas, rejillas y tomacorrientes, ya que pueden ingresar por las tuberías o los conductos de la instalación eléctrica (véase el recuadro abajo). Para evitar accidentes, hay que protegerse con guantes y calzado apropiado cuando se realizan tareas rurales o de jardinería. También es aconsejable sacudir la ropa e inspeccionar el interior del calzado antes de ponérselo. Los escorpiones no atacan a los seres humanos. Según los expertos, en caso de amenaza, su instinto los impulsa a huir. Las picaduras se producen cuando las personas los tocan o los pisan. Si se encuentra con un ejemplar, no intente atraparlo, ni siquiera con guantes. Comuníquese con el Centro de Control de Zoonosis de su ciudad (en la capital paulista, marque 156, seguido de la opción 2 y luego la opción 3).
