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ESCRITURA CIENTÍFICA

La escritura científica en salud y en medicina es ahora más directa y llamativa

Se analizaron en un estudio 20 millones de resúmenes de artículos en inglés publicados durante los últimos 70 años

Vitória Bas

El formato y el estilo de redacción de los artículos científicos han experimentado transformaciones en los últimos 70 años, probablemente como respuesta al reto de conseguir que la escritura académica sea más clara y capaz de captar el interés de los lectores, ya sean científicos o legos. Esta conclusión surge de un estudio publicado en junio por investigadores australianos en la revista Scientometrics, en el cual se analizaron casi 21 millones de resúmenes de textos científicos publicados en inglés entre 1950 y 2021, disponibles en la base de datos PubMed. El trabajo reveló que ha aumentado la frecuencia con la que los artículos del área de la medicina y la salud adoptan hoy en día recursos tales como frases breves, verbos que indican movimiento, palabras elocuentes y narraciones en primera persona.

Este cambio se atribuye al empeño de los investigadores para ampliar la visibilidad de sus trabajos en un período en el que la producción científica mundial se ha multiplicado rápidamente. “Los investigadores saben que para que sus trabajos sean citados, deben ser recordados. Y para que se los recuerde, necesitan haber sido comprendidos. Es por esto que han redoblado sus esfuerzos por escribir de forma comprensible y atrayente”, le dijo a Pesquisa FAPESP, vía correo electrónico, el autor principal del estudio, el ecólogo Sean Connell, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Adelaida, en Australia.

“Notamos que los autores son más asertivos al decir que ‘hubo un mayor riesgo de muerte cuando X se expuso a Y’, en lugar de ‘el riesgo de muerte fue diferente cuando X se expuso a Y’. La primera es más informativa y va directo al grano”, explicó Connell. Es verdad que en el estudio también se han observado una serie de cambios, como el uso más frecuente de cifras y expresiones compuestas por tres o más sustantivos, lo que va en la dirección contraria y, según los autores, pudo haber implicado un esfuerzo adicional para la comprensión de los textos.

Otro ítem destacado en el trabajo es la mayor prevalencia del uso de la redacción en primera persona, que genera empatía en los lectores: el lenguaje personal, antes rechazado en las directrices editoriales de las revistas, ganó aceptación y ha venido ganado espacio desde la década de 1950, según el estudio. “Este cambio resulta crucial”, comenta el lingüista Carlos Vogt, investigador y exrector de la Universidad de Campinas (Unicamp). “Como revela el análisis, el estilo de la redacción científica tiende a adoptar una narrativa más personal, que muestra el compromiso y la conexión del investigador con aquello que está expresando”, sostiene. Vogt acota que, desde que se institucionalizó, entre los siglos XVII y XIX, la ciencia ha creado un lenguaje y un código propios que, en cierta forma, excluían al público no especializado. “Para entender, participar y comunicarse en ese ámbito, se hizo necesario estar lo suficientemente capacitado y dominar esa código técnico y especializado”, explica.

En el artículo se señala que la comunicación científica atraviesa un momento crítico, signado por un creciente movimiento en busca de una mayor apertura, compromiso y accesibilidad en la forma en que se comparte el conocimiento, según sostiene Vogt, quien fue presidente del Consejo Superior de la FAPESP entre 2002 y 2007 y en la actualidad preside la fundación Conrado Wessel. “Se aleja del texto canónico tradicional, como si el texto fuese narrado por sí mismo y se inclina hacia una narrativa más personal”, analiza. En el propio artículo de Scientometrics citado anteriormente, los investigadores australianos adoptan el pronombre “nosotros” a la hora de presentar los resultados. “Creemos que estos cambios contribuyen a reducir la carga cognitiva y aumentan la legibilidad de los textos científicos”, escribieron. El concepto de carga cognitiva se refiere a la dimensión del esfuerzo mental que el lector debe realizar para comprender un texto.

A juicio de Gilson Volpato, profesor jubilado de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) y experto en metodología y redacción científica, el uso del lenguaje personal puede tener un efecto importante: le indica al lector que los resultados no son una verdad absoluta y pueden ser revaluados por otros estudios o reinterpretados. “Cuando en un artículo se expresa ‘nuestro grupo de estudio llegó a estas conclusiones’, los autores transmiten la idea de que esos resultados constituye el conocimiento aceptado actualmente en día y que son pasibles de una evaluación diferente a cargo de otras personas que entiendan del tema, pero el cambio debe comprobarse con evidencias”, añade.

Alexandre Affonso/Revista Pesquisa FAPESP

Según su análisis, los textos estarían utilizando una tónica más personal por ese motivo y no porque los autores necesariamente quieran producir textos más atractivos y cautivantes. Volpato ve con escepticismo la idea de que sea posible generar artículos científicos con un lenguaje lo suficientemente abierto como para que puedan ser entendidos por la sociedad en general. Para él, la complejidad de los temas científicos tratados en los estudios en la mayoría de los casos es incompatible con esa ambición.

Los autores del estudio desarrollaron un software para contabilizar la frecuencia, en cada secuencia de 100 palabras de los resúmenes, con la que aparecían diferentes elementos o características textuales, como el uso de términos que denotan incertidumbre o expresiones compuestas por varias palabras, que reducen la fluidez de la lectura. También analizaron los cambios en el tamaño de las oraciones y la forma en que se utilizaban verbos y sustantivos. Algunas de estas características contribuyeron a que los textos fueran más asertivos, como la disminución del uso de términos de morigeración. Son vocablos que denotan incertidumbre (tales como “aparentemente”, “quizá”, “podría”) que, cuando se utilizan en forma incorrecta, pueden llegar a debilitar buenos argumentos. En los artículos redactados en la década de 1950, casi una de cada 100 palabras de los resúmenes era un moderador, una incidencia que se ha reducido casi a la mitad en los textos actuales.

La disminución de la cantidad de palabras por oración ‒de 29 en 1960 a menos de 15 en 2021‒ fue considerada positiva por los autores. Para Sigmar de Mello Rode, expresidente de la Asociación Brasileña de Editores Científicos (Abec-Brasil) y docente de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), en su campus de São José dos Campos, el acortamiento de las frases es una de las buenas noticias del artículo. “Esta ha sido una de las preocupaciones de la Abec, que en las capacitaciones para editores hace hincapié en la importancia de que los textos sean concisos y objetivos para hacerlos más claros”, informa. Sin embargo, matiza, el estudio en Scientometrics se limitó a los textos escritos en inglés. “Si la investigación se hubiera realizado con textos en español o en portugués, el resultado habría sido diferente, quizá opuesto incluso. Los hablantes de portugués tendemos a ser más extensos”.

Otras tendencias que se detectaron en el artículo se consideraron neutras, como el aumento del uso de sustantivos (de 29 a 31 por cada 100 palabras) y de verbos (de 9 a 11, respectivamente) desde la década de 1980, que se acentuaron a partir del decenio de 2000. Para los responsables del estudio, esto indica “un esfuerzo creciente de los autores por generar más compromiso, imágenes mentales y fluidez narrativa en sus textos”, según escribieron en el artículo.

Volpato desliza algunas objeciones al diseño del estudio, como la falta de criterio en la selección de las publicaciones analizadas. “Evaluaron la evolución de la redacción en miles de resúmenes sin distinción. Obviamente, son muchas más las publicaciones con problemas que las de buena calidad. Me gustaría saber cuál es la ciencia que hay dentro de los artículos analizados y evaluar la escritura científica separando los artículos de buena y mala calidad”, dice. El hecho de que el estudio se haya centrado solamente en los resúmenes de los artículos ‒textos breves con un extracto de sus contenidos‒ puede haber limitado el alcance del análisis. “El resumen puede incluso funcionar para promocionar un texto, pero desde el punto de vista de un análisis estadístico, es fundamental observar el texto completo”, subraya Vogt.

Connell, autor del estudio publicado en Scientometrics, señala que aún hay un amplio porcentaje de autores que se ajustan a lo que él denomina el “estilo oficial” de la redacción científica, que se caracteriza por un tono impersonal, técnico y que abunda en el uso de terminología específica. Sin embargo, sostiene que los investigadores que escriben de forma más atractiva y empática pueden sacar partido de ello y aventajar a los demás. En otro artículo, publicado en julio en forma conjunta con un colega de la Universidad de Adelaida en la revista Biological Conservation, el ecólogo analizó las características de la redacción científica en los 500 artículos más citados, según la base de datos Web of Science, en el campo de la conservación de la biodiversidad, y las comparó con las de los 500 artículos menos citados de esa misma disciplina. La conclusión principal fue que los artículos más citados solían tener títulos más abarcadores, utilizaban un lenguaje motivador e incluían explicaciones concisas sobre el contexto y la relevancia de sus investigaciones, características que estaban menos presentes en los artículos con escasa repercusión.

Vitória Bas

Sensacionalismo
De acuerdo con el estudio publicado en Scientometrics, en los últimos 40 años ha aumentado el uso de un lenguaje calificado como “sensacionalista”. El mismo incluye expresiones que no guardan relación con la claridad del texto, pero que suelen utilizarse con el propósito de convencer a los lectores de la importancia del trabajo. La tendencia es más evidente en el uso de términos que resaltan la importancia, la prioridad y la urgencia (tales como “convincente”, “primordial”, y “emergente”). Si bien las investigaciones de carácter innovador justifican el uso de estas expresiones, a menudo sobreestiman el valor de los resultados, lo que hace que su análisis sea impreciso. “Observamos un sensacionalismo en ascenso y que el uso de hipérboles ha crecido exponencialmente. Aunque es una forma de llamar la atención de los lectores, tiene un costo en términos de credibilidad”, analiza Connell. “Si los científicos empiezan a desconfiar de la forma en que sus colegas están describiendo sus datos, el público y los políticos, que ajustan su conducta basándose en esta información, también pueden sentirse menos seguros. Esto pone en riesgo la reputación de la ciencia”, añade.

La psicóloga Mônica Ramos Daltro, de la Escuela Bahiana de Medicina y Salud Pública, en donde dicta una materia de escritura científica, afirma que el artículo de los australianos pone de relieve la forma en que los investigadores han comunicado los resultados de su trabajo y presenta un análisis histórico pertinente. “Proporciona pistas útiles sobre cómo hacerlo y pone el énfasis en la idea de la objetividad y la claridad de la escritura. Me gustó que el artículo insistiera en la importancia de las frases cortas, algo que siempre les estoy marcando a mis alumnos”, asevera.

Sin embargo, Ramos Daltro observa un riesgo al apuntar a un lenguaje que reduzca la carga cognitiva del texto y facilite su comprensión. “Al priorizar la información en detrimento de la reflexión, se corre el riesgo de despojar al texto de toda complejidad y densidad crítica”, advierte. Ella y otros colegas publicaron en octubre de 2024 un artículo en la revista Ensaio: Avaliação e Políticas Públicas em Educação, sobre la autoría en los textos científicos, en donde sostienen que la escritura científica debe plantearse la presentación de temas que están en movimiento e incitar inquietudes, y no solamente exponer datos.

Este artículo salió publicado con el título “El desafío de escribir con claridad” en la edición impresa n° 355 de septiembre de 2025.

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