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Memoria

Las proezas de un cura volador

Hace 300 años, Bartolomeu de Gusmão probaba que un artefacto más pesado que el aire podía volar

memoria1.tifÓleo sobre tela de Benedito Calixto (1902)/Museu PaulistaEn pocos minutos, la situación en la Sala de las Embajadas del Paço, en Lisboa, pasó de lo asombroso a lo patético. Cuando el pequeño globo de papel pardo grueso subió impulsado por el aire caliente que generaba una pequeña llama dispuesta dentro de una vasija de barro, el rey Don João V, su familia, parte de la corte portuguesa y sus invitados quedaron francamente sorprendidos. Pero cuando el invento alcanzó una altura de 4 metros, dos criados lo derribaron presurosamente, temerosos de que las cortinas se incendiasen. Con todo, ese incidente no logró borrar la gran novedad científica que surgió aquel 5 de agosto de 1709: por primera vez se probó que un artefacto más pesado que el aire podía volar. El autor del experimento, el padre Bartolomeu Lourenço de Gusmão (1685-1724), tenía tan sólo 24 años y obtuvo del rey una carta patente que le cedía el privilegio de explotar “el instrumento para andar por el aire.”

Ése fue el segundo intento de Gusmão para demostrar sus experimentos con aerostatos. El primero fue el día 3 de agosto de 1709, pero el papel se incendió sin que el artefacto se hubiera despegado del suelo. Dos días después sí tuvo éxito. Y hubo incluso una tercera ascensión, al aire libre, al lado de la Casa do Forte -el globo subió a gran altura y cayó al cabo de algún tiempo, cuando la llama se apagó. Los dos primeros experimentos contaron con la presencia del nuncio apostólico apostado en Lisboa, cardenal Michelangelo Conti, futuro papa Inocencio XIII, que informó los sucesos en carta a la Secretaría de Estado del Vaticano.

memoria2.tifÓleo sobre tela de Bernardino de Souza Pereira (1940)/Museu PaulistaPese al reconocimiento por parte del rey y de la Iglesia, Gusmão era a menudo objeto de críticas y sátiras. “Los hermanos franceses Joseph Michel y Jaques Étienne Montgolfier se llevaron la fama de la invención cuando presentaron un globo de 32 metros de circunferencia fabricado con lino, que subió en 1783 valiéndose del mismo principio de Gusmão”, dice Carlos Alberto Filgueiras, coordinador del Programa de Historia de la Ciencia de la Universidad Federal de Río de Janeiro y profesor titular del Instituto de Química de dicha institución.

Bartolomeu Lourenço nació en la en ese entonces villa de Santos, en el litoral paulista. Se añadió el apellido Gusmão para homenajear al jesuita portugués Alexandre de Gusmão, fundador del colegio y seminario Nossa Senhora de Belém, de la villa (actual ciudad) de Cachoeira, en Bahía, adonde se había mudado su familia. Uno de los hermanos de Bartolomeu, diez años menor, recibió el mismo nombre del educador y fue secretario de Don João V. En el seminario, el joven inventor creó un sistema -al que denominó carnero hidráulico- destinado a bombear agua del arroyo al edificio del colegio. “Unió tejas usando argamasa y desarrolló una original cañería. Luego represó el agua del río valiéndose de algunas estaciones y llevó agua 100 metros arriba, hasta el seminario, mediante bombeo”, comenta Laurete Godoy, investigadora de la vida de Gusmão y autora de varios libros infanto-juveniles sobre Santos-Dumont, tales como Santos-Dumont, o sonho que criou asas [Santos-Dumont, el sueño que creó alas]  (editorial Meca).

memoria_passarolaBiblioteca Geral da Universidade de CoimbraGusmão se ordenó sacerdote estando aún en Bahía y luego partió rumbo a Lisboa, entre 1708 y 1709, para nunca más regresar a Brasil. En la Universidad de Coimbra estudió ciencias y dictó clases. Curiosamente, no siguió adelante con sus experimentos con aerostatos, quizá intimidado por las constantes sátiras. Gusmão murió en Toledo, España, a los 39 años, después de huir de Portugal, sin que se sepan hasta hoy exactamente las razones para ello. Antes quemó sus archivos, lo que impidió que se conociera mejor su vida y sus demás trabajos. En 1901, Santos-Dumont concluyó la obra del “cura volador”, tal como se tornó conocido, y de los hermanos Montgolfier, al construir el primer globo dirigible.

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