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Carta de la editora | 155

Las sutilezas del olfato

La primera edición de 2009 de la revista Pesquisa FAPESP, tal vez debiera haber sido impregnada con un delicioso aroma de jazmines. O con el olor delicado e inolvidable de los manacáes. O quién sabe, quizá fuera más apropiado impregnar las páginas inaugurales del nuevo año con el aroma de las rosas de aquéllas que todavía conservan un perfume sutil, luego de tantas transformaciones desde las remotas y sencillas rosas originales, las rosas silvestres, introducidas en los cultivos vía mejormaiento genético y otras técnicas transgénicas, aplicadas desde hace mucho tiempo para dotarlas de mayor resistencia, menor cantidad de espinas y espléndida belleza. Es conocido que las actuales tecnologías de impresión permiten impregnar las páginas de una revista con cualquier aroma que se desee. O casi. Con todo, la impresión de la misma sería más costosa y difícilmente existiría consenso acerca de lo adecuado del aroma que escogiéramos en relación con el verdadero espíritu de Pesquisa FAPESP. En este caso, mejor dejar librado a la imaginación y a la libertad de cada lector la elección de los aromas que les traiga su memoria al leer el artículo estampado en la portada de esta edición, que trata acerca de un valioso e inspirador- trabajo de descifrado de una especie de código de los olores, por decirlo de alguna manera.

En términos concretos, la investigación en cuestión condujo a una nueva comprensión de la interacción entre las moléculas de olor y las neuronas ubicadas en la nariz, encargadas de enviar informaciones al cerebro el responsable real de su interpretación y de distinguir, con mayor o menor agudeza, uno entre los miles de aromas que componen el repertorio olfativo humano. Existen quienes afirman que podemos reconocer 10 mil diferentes olores y otros que apuestan que ese número alcanza la estratosférica altura de los 400 mil, nadie conoce la cantidad exacta. Pero no importa, de hecho, la importante conclusión del estudio coordinado por la bioquímica Bettina Malnic, de la USP (Universidad de São Paulo), informado en el reportaje de la editora asistente de ciencia, Maria Guimarães, a partir de la página 16, es que el sistema nervioso reconoce cada molécula de olor, no mediante un receptor, sino por un conjunto de receptores específicos en los que ella se encaja,  en la superficie de las neuronas del fondo de la nariz. Ello constituye un gran paso para descifrar un código intrigante.

Además, por una incitante casualidad, justamente en esta edición que tiene por tema de tapa una investigación sobre los olores, Marcel Proust es el personaje de uno de los reportajes de la sección de humanidades, que detalla la participación brasileña en un estudio internacional respecto del proceso de escritura del famoso francés en En busca del tiempo perdido. Como una asociación indeleble, hoy es imposible relacionar aromas y literatura sin recordar inmediatamente a Proust, en Por el camino de Swann y en las magdalenas [madeleines, en el original francés], un nombre atravesado por un perfume dulce y afectivo que activa el flujo intenso de la memoria del narrador/ personaje. Es el aroma que evoca un clima particular, una parte de la memoria en su integridad, cada vida en su dinámica singular. Resulta curioso que en el artículo del editor Carlos Haag, a partir de la página 98, una cita del narrador de El camino de Guermantes, remite a Brasil e indirectamente a los olores: ?Súbitamente recordé: aquella misma mirada la había notado en los ojos de un médico brasileño que pretendía curar mis crisis de asma con inhalaciones, absurdas, de esencias herbales. Se trataría de un médico cearense, especialista en botánica médica, que trató al joven Proust en París, y vale la pena indagar más detalles en el artículo en cuestión.

Pero volviendo al tema de la ciencia, las neuronas se revelan insistentes y recurrentes en esta edición. Y en nombre del periodismo y de la divulgación científica, siempre es bueno concederles espacio cuando así lo merecen, dada la fascinación que despiertan todas las intrincadas cuestiones relacionadas con el funcionamiento del cerebro -el humano en particular-, y esa misma fascinación es la que construye sólidos puentes para la relación ciencia/sociedad. En este caso, se trata de un bonito hallazgo, relatado a partir de la página 40 por el editor de ciencia, Ricardo Zorzetto, respecto de la interacción de los analgésicos y antiinflamatorios con las neuronas nociceptivas (las que reciben el estímulo en el sistema nervioso central), que inervan prácticamente todo el cuerpo y funcionan como puerta de entrada del dolor. Al constatar que determinados compuestos capaces de combatir directa o indirectamente el dolor pueden recorrer relativamente grandes distancias, sin perder eficacia, en el interior de esas neuronas que en el cuerpo humano pueden sobrepasar el metro de longitud-, el conocido investigador Sérgio Henrique Ferreira y el equipo de Berenice Lorenzetti avanzaron en ciencia básica y además abrieron el camino hacia nuevas terapias para combatir el dolor.

Lidiamos con muchos de los sentidos humanos en la presente edición. Y nos ocupamos de la audición por medio de nuestra editora de tecnología, más precisamente con el artículo elaborado por el periodista Yuri Vasconcelos (página 80), que aborda un proyecto liderado por la empresa Embraer para reducir los ruidos producidos por los aviones. Nuestros oídos, dentro y fuera de los vuelos y, en este caso, especialmente los de quienes residen en los alrededores de los aeropuertos, estarán muy agradecidos por ese esfuerzo. El silencio a veces es pura música.

A todos nuestros lectores, les deseamos un buen 2009, ameno e intensamente creativo.

PD – A partir de esta edición, Pesquisa FAPESP adoptará el nuevo Acuerdo Ortográfico de la Lengua Portuguesa.

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