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EDUCACIÓN SUPERIOR

Las universidades públicas paulistas comparan sus indicadores de inclusión y de género

Un informe deja expuesta la escasa presencia femenina en la cima de la carrera académica

Marina Sader

Según datos del Ministerio de Educación (MEC) de Brasil, las mujeres son mayoría en el ambiente académico del país y el año pasado eran el 55 % de los estudiantes de posgrado brasileños. Sin embargo, una vez que acceden a la carrera docente, muchas encuentran obstáculos para su ascenso: cuanto más cerca de la cima, mayor es la presencia de varones, que siguen acaparando los puestos de prestigio y liderazgo. Un informe publicado recientemente, intitulado “Índice de igualdad de género en las universidades públicas del estado de São Paulo”, presentó un diagnóstico consistente y actualizado sobre las barreras a la inclusión femenina en el ámbito académico. El documento compara datos sobre la participación de hombres y mujeres como investigadores y no docentes de la Universidad de São Paulo (USP), la Universidad de Campinas (Unicamp), la Universidade Estadual Paulista (Unesp) y las universidades federales de São Paulo (Unifesp), São Carlos (UFSCar) y del ABC (UFABC). En el nivel de profesor doctor, al comienzo de la carrera, las mujeres suman el 44,8 % de los docentes de las seis instituciones, pero ese índice cae al 40,6 % en el siguiente grado del escalafón, el de profesor asociado, y a tan solo un 29,4 % en el de profesor titular.

Este cálculo general es un promedio que diluye las disparidades existentes entre las universidades. La Unifesp, que tradicionalmente se destaca en el área de la salud, donde hay más mujeres, es la menos desigual de todas: allí las docentes suman el 51,1 % del total y el 48,2 % de los profesores titulares. En el otro extremo aparece la UFABC, con una mayor concentración de académicos en áreas que, según la tendencia actual, presentan preponderancia masculina, tal como son los casos de las ciencias exactas y de algunas ramas de la ingeniería, en donde el cuerpo docente solo incluye un 32,7 % de mujeres de las que solamente el 18,8 % corresponde a profesoras titulares. Otro dato elocuente del informe es el que combina género y raza. El índice de docentes negros y negras entre los profesores de estas universidades es muy bajo y apenas varía entre géneros: el 1,2 % de los docentes varones son negros y el 4,4 % pardos y entre las mujeres, el 1,1 % son negras y el 3,9 % pardas.

“El informe constituye una carta del género en las universidades paulistas”, como lo define una de las coordinadoras del “Índice”, la socióloga Arminda do Nascimento Arruda, vicerrectora de la USP, quien destaca el valor de este documento para reafirmar el compromiso de las seis instituciones en la promoción de la equidad. La química Maysa Furlan, rectora de la Unesp, considera que se erigirá como una referencia para orientar políticas de inclusión y monitorear sus efectos en el futuro. “Estamos forjando una memoria sobre la participación femenina en las universidades paulistas que nos permite tomar conciencia de los problemas, evaluar las trayectorias docentes y pensar dónde se puede avanzar”, dice.

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

Para la economista Mônica Schröder, vicerrectora de la UFABC, este documento es una herramienta de reflexión para las universidades. “Nos proporciona datos concretos que confirman retos que ya conocíamos y también nos ayudan a identificar aspectos que merecen atención y esfuerzo”. Según ella, los resultados están llevando a la UFABC a refrendar políticas que ya venían implementándose, como la obligatoriedad de la diversidad en los jurados de concursos y ascensos conforme a criterios de género y raza, así como la creación de cargos docentes para los campos de los estudios de género y de las relaciones étnico-raciales en la universidad. El predominio masculino es una herencia de la conformación de los cuadros docentes de la UFABC, creada en 2010. “Desde entonces hemos enfrentado un período de restricciones presupuestarias que ha supuesto todo un desafío, lo que limita nuestras perspectivas de contratación”, sostiene. Pese a ello, Schröder señala que las mujeres ocupan la mitad de las prorrectorías de la institución y muchas técnicas administrativas han obtenido ascensos llegando a ocupar puestos de liderazgo.

El “Índice”, es fruto de un trabajo articulado de investigadoras que en los últimos cuatro años ocuparon los cargos ejecutivos de rectora o vicerrectora en las seis instituciones. “El hecho de que se haya dado esta convergencia de mujeres ocupando altos cargos de dirección de las seis universidades, todas ellas afrontando los impactos de la pandemia en la productividad académica femenina, propició ese acercamiento”, dice Maria de Jesus Dutra dos Reis, vicerrectora de la UFSCar. El punto de partida del trabajo del grupo fue una reunión que se llevó a cabo en la USP en 2022, entre Do Nascimento Arruda, quien acababa de asumir la vicerrectoría de la universidad, la infectóloga Maria Luiza Moretti, coordinadora general de la Unicamp (el segundo puesto jerárquico), y la prorrectora de Posgrado, la politóloga Rachel Meneguello. “Durante la conversación, surgió un debate sobre por qué las mujeres llegan a ser vicerrectoras pero el rectorado casi siempre es ocupado por varones”, relata Do Nascimento Arruda, recordando que, en la USP, la excepción fue el mandato de la rectora Suely Vilela, entre 2005 y 2009. En el encuentro, surgió la idea de crear una red formada por las mujeres en cargos de gestión en las universidades, que acabó transformándose en el Foro Paulista por la Igualdad de Género en las Carreras Científicas y Académicas.

Uno de los primeros retos que encaró este foro fue recopilar datos comparativos y pronto pudo comprobarse que las informaciones disponibles poca interlocución tenían entre sí. “Las universidades estaduales tienen un sistema de progresión profesional diferente al de las universidades federales y la confluencia de los datos implicó un gran desafío”, explica Moretti, de la Unicamp. La etapa siguiente la llevó a cabo un grupo compuesto por 18 técnicos de las instituciones que comenzaron a recopilar datos y producir información complementaria común a todas las instituciones. La formación de este grupo de trabajo fue pactada el 8 de marzo de 2024, en el marco del seminario Mujeres e Instituciones, organizado por el Foro.

Marina Sader

Como era de esperarse, los datos mostraron que hay cierta paridad en la cantidad de varones y mujeres en cargos técnicos y docentes al inicio de la trayectoria profesional, pero la balanza se inclina fuertemente para el lado de los hombres en la cima de la carrera. En el caso de la USP, las mujeres representan el 42 % de los profesores doctores y tan solo el 28,4 % de los profesores titulares. Es cierto que estas proporciones vienen modificándose: de los 196 nuevos profesores titulares que la USP aprobó entre 2022 y 2024, 76 eran mujeres, casi un 40 % de los docentes que ascendieron al nivel más alto de la carrera en el último trienio.

Según sostiene Do Nascimento Arruda, las mujeres logran progresar en sus carreras más tarde que los varones y la maternidad se erige como un punto de inflexión. “Muchas investigadoras se convierten en madres cuando están cursando el doctorado”, dice. Entre 2001 y 2019 fueron 2.180 las alumnas de posgrado de la USP que se acogieron a licencias por maternidad. Pero eso impacta en su productividad académica, ya que momentáneamente dejan de publicar, y esto les pasa factura. “Había algunos programas de posgrado que solían dar de baja a las alumnas e investigadoras con licencia por embarazo, para que sus notas de evaluación en la Capes no se viesen comprometidas por la caída de su producción. Durante la gestión del rector Vahan Agopyan, una resolución prohibió esta práctica”, recuerda la vicerrectora.

Dutra dos Reis, de la UFSCar, destaca un cambio que hizo posible un aumento de la cantidad de profesoras en la cima de la trayectoria en esta universidad, en la que el 45,5 % del personal docente corresponde mujeres, pero entre los profesores titulares la proporción es de un 33,1 %. “Hasta la década de 1990, el Ministerio de Educación adoptaba una férrea política de control de costos imponiendo límites al número de vacantes disponibles en los concursos para profesor titular en las instituciones de educación superior federales. Los concursos eran escasos y los varones solían sacar ventaja”, explica. “Desde la década de 2000, la titularidad pasó a formar parte de la progresión en la carrera. Esto ha permitido que cualquier docente que cumpla con los criterios de rendimiento y producción requeridos pueda presentarse a concurso para profesor titular, lo que ha contribuido a un cambio del perfil institucional, generando una mayor equidad distributiva por género”.

Los datos de la Unesp apuntan un virtual equilibrio de género entre los docentes doctores (hay un 47 % de mujeres y un 53 % de varones), pero la mayor concentración masculina se da en los puestos más altos: ellos representan el 74,4 % de los profesores titulares. “En las universidades estaduales, los docentes se enfrentan a un obstáculo para el ascenso que no existe en las federales: el concurso para libre docente”, dice la rectora Maysa Furlan. Entre las dificultades que enfrentan las mujeres, subraya el reto de tener que conciliar su actividad profesional con el cuidado de la familia. “En la pandemia, tanto varones como mujeres investigadoras tuvieron que trabajar desde casa, pero el impacto en la producción científica se vio más reflejado en ellas, que tuvieron que hacerse cargo de la mayor parte de las responsabilidades domésticas”.

En el caso de la Unicamp, el 43,2 % de los profesores doctores son mujeres y en el caso de los titulares el porcentaje desciende al 26,6 %. Moretti señala que aunque las áreas de ciencias exactas e ingeniería tradicionalmente tenían más varones en sus cuerpos docente y discente, varias de las unidades de esta universidad cuentan con una marcada presencia femenina. Pero comenta que actualmente hay solamente cuatro mujeres ocupando cargos directivos en las 24 unidades que componen la Unicamp y es la única universidad estadual paulista que nunca ha tenido una mujer como rectora. Ella misma se presentó recientemente como postulante al cargo, pero su candidatura quedó en tercer lugar. La fórmula ganadora es masculina y mi sucesor será un varón”. Para ella, las dificultades de reconocimiento de las mujeres tienen que ver con prejuicios. “Lo normal sigue siendo considerar que los hombres están mejor preparados y no votar a las mujeres”, dice.

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

La neumóloga Lia Azeredo Bittencourt, vicerrectora de la Unifesp, dice que la vocación inicial de la universidad por el área de la salud permitió un mayor equilibrio de género. “Asimismo, hace ya bastante tiempo que contamos con un Prorrectorado de Asuntos Estudiantiles y Políticas Afirmativas que se ocupa de las cuestiones relacionadas con la diversidad sexual y la equidad de género”, señala. Es la segunda vez que la universidad tiene una rectora ‒la socióloga Raiane Assumpção‒ y una vicerrectora y en sus puestos de liderazgo predominan las mujeres. “Pero esto es así porque dichos cargos, como el de vicerrector y prorrectores, son designados por la rectora. Cuando se trata de un cargo directivo elegido por la comunidad, los candidatos más votados suelen ser varones”, dice.

Un rasgo común de las seis universidades consiste en que han estado elaborando políticas con miras a aumentar la inclusión de docentes negros y pardos de ambos sexos, entre ellas la reserva de cupos en los concursos. En las universidades federales, una de las medidas ha sido abrir concursos de selección para cubrir un determinado número de plazas en conjunto y sortear las que serán asignadas a candidatos negros. Este año, la Unicamp abrirá un concurso para cubrir 24 vacantes docentes exclusivas para negros y pardos. La USP también ha instituido recientemente una política que recomienda reservar una de cada tres vacantes docentes abiertas para postulantes negros y pardos y, cuando eso no sea posible, estos candidatos obtendrán una bonificación en el puntaje de los concursos. “La política de inclusión solo ahora está empezando a legislarse ampliamente en el posgrado y su implementación puede ser una de las vías fructíferas para ampliar la diversidad entre los docentes de las instituciones de educación superior”, dice Dutra dos Reis, de la UFSCar.

Autoría femenina en la Unicamp
En un estudio publicado en la revista Cogent Education se analizó la representación de género en las publicaciones científicas de la base de datos Scopus de los investigadores de la Universidad de Campinas (Unicamp) entre 2019 y 2023, período en el cual el 58 % de las publicaciones correspondía a autores masculinos y el 42 % femeninos. Las mujeres lideraban los estudios en el área interdisciplinaria (un 53 % del total), en ciencias de la salud y ciencias de la vida (un 51 %) y eran minoría en los campos de las ciencias sociales (un 39 %) y las ciencias físicas (un 33 %). “Aunque en la subárea de la física las mujeres solo acaparan el 27 % de la producción, observamos que el impacto, medido por el número de citas de sus artículos es incluso algo mayor que el de sus colegas masculinos”, dice Marilda Bottesi, asesora de la Prorrectoría de Investigación de la Unicamp, autora principal del artículo. El trabajo también investigó si la tasa de aprobación de proyectos de investigadores e investigadoras de la Unicamp por parte de la FAPESP podría estar reflejando una financiación femenina inferior como causa de la desigualdad de género en la producción académica de esta universidad, y se llegó a la conclusión de que esta hipótesis no se confirmaba.

Este artículo salió publicado con el título “La desigualdad en el espejo” en la edición impresa n° 351 de mayo de 2025.

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