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Estupefacientes

Los caminos de la prevención

Estudios del Cebrid ayudan a distinguir mito y realidad en el panorama referente al uso de drogas en Brasil

Los buenos programas de prevención del uso de estupefacientes dependen, en primer lugar, de un diagnóstico preciso de la realidad brasileña. El Centro Brasileño de Informaciones sobre Drogas Psicotrópicas (Cebrid), de São Paulo, produjo en los últimos años una colección de trabajos científicos que consiguió deshacer mitos y mostrar matices insospechados del problema de las drogas en el país. Tomemos el ejemplo más reciente: el Quinto estudio sobre el uso de drogas entre estudiantes de la enseñanza básica y media en 27 capitales brasileñas, dado a conocer al final del mes de mayo. Dicho estudio muestra que la experiencia con sustancias psicoactivas legales o ilegales es cada vez más precoz entre los estudiantes. El promedio de edad del primer contacto con el alcohol y el tabaco fue de 12,5 años y 12,8 años, respectivamente. Entre los que ya probaron la marihuana, el primer uso ocurrió, en promedio, a los 13,9 años y, en el caso de la cocaína, a los 14,4 años. La estadística confirma la impresión de que las drogas pesadas raramente son la primera escala en el trayecto hacia la adicción. “La prevención debería empezar antes de los 10 años y avanzar junto a  los esfuerzos en pro de postergar el primer uso del alcohol y el tabaco”, dice el psiquiatra José Carlos Galduróz, investigador del Cebrid y coordinador del estudio.

Y otra novedad: la investigación desmiente la idea de que los solventes, un vasto espectro de sustancias que van desde la gasolina de los coches hasta el cemento de contacto de los zapateros y el esmalte de uñas, son los preferidos de los chicos que viven en las calles o de chicos pobres. Estos estupefacientes no conocen fronteras de clases sociales y son la droga ilegal que los estudiantes más han usado en sus vidas. Brasil reveló ser el campeón mundial en el uso de solventes, con el 15,4% de jóvenes que los utilizaron al lo menos una vez. En segundo lugar viene Grecia, con el 15%, y luego Estados Unidos, con el 12,4%. “Hay un desafío enorme por vencer, pues el acceso a los solventes es fácil”, afirma Galduróz. El estudio también trae buenas noticias. En comparación con trabajos anteriores, por primera vez se registró una reducción del porcentaje de jóvenes que ya han usado drogas en capitales como Curitiba, Fortaleza, Porto Alegre y Salvador. En otras ciudades la tendencia general fue de estabilidad.

Distorsión
El Cebrid, vinculado al Departamento de Psicobiología de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), antigua escuela Paulista de Medicina, fue creado a mediados de los años 1980 con el objetivo de producir trabajos científicos sobre la adicción a drogas, y propagar sus resultados. Se consolidó gracias a la regularidad con la cual divulga estudios, lo cual permite monitorear los cambios de comportamiento. Uno de sus platos fuertes es la tesis de que los brasileños tienen una imagen distorsionada del problema de las drogas. Los investigadores se convencieron de que la sociedad sobreestima el peligro de sustancias ilegales, como la marihuana y la cocaína, y soslaya la importancia de un problema mayor, que es la adicción a drogas lícitas, como el tabaco y el alcohol. Las cifras del amplio estudio nacional sobre uso de drogas, que en 2001 entrevistó a 8 mil personas en las 107 ciudades brasileñas de más de 200 mil habitantes, muestran esa distorsión. En Estados Unidos, el 34,2% de las personas ya usó marihuana y el 11,2%, cocaína. En tanto, en Brasil los índices son mucho menores, respectivamente, del 6,9% y el 2,3%. Pero el 11,2% de la población es dependiente del alcohol y el 9%, del tabaco. La cuestión del alcohol se mide acorde con otros números. Es el responsable del 80% de los casos de internaciones por adicción química. Un estudio realizado en la ciudad de Salvador demostró que el 37% de los conductores involucrados en accidentes de tránsito informaron estar bajo el efecto de bebidas alcohólicas.

Según los investigadores del Cebrid, la distorsión es el resultado en buena medida de la influencia de la política antidrogas de Estados Unidos, y se refleja en la cobertura que la prensa hace del tema. Estudios coordinados por la investigadora Ana Regina Noto han venido siguiendo lo que los periódicos y revistas de Brasil publican al respeto de drogas. Uno de estos trabajos, que analizó 502 artículos divulgados en 1998, mostró que los psicotrópicos más abordados en los titulares de los diarios fueron el cigarrillo (18,2%), los derivados de la coca (9,2%), la marihuana (9,2%), las bebidas alcohólicas (8,6%) y los anabólicos (7,4%). En tanto, los solventes, que son los estupefacientes ilegales más consumidos en el país, merecieron sólo un artículo. “Los datos indican un descompás entre el enfoque periodístico y el perfil epidemiológico”, dice Ana Noto.

La preocupación con la cobertura de los medios tiene su justificación. Al final de la década de 1970, la prensa del Brasil dio asidero a una supuesta explosión del uso de drogas ilícitas, como la marihuana y cocaína. Los primeros estudios con estudiantes realizados por el Cebrid, a finales de los años 1980, demostraron que la realidad era muy diferente: el consumo de psicotrópicos prohibidos en Brasil era pequeño y estable. Pero, a lo largo de los años 1990, el número de consumidores empezó efectivamente a aumentar, pese a que sigue estando a años luz de los niveles estadounidenses. La cantidad de usuarios de cocaína entre los estudiantes, que era del 0,5% en 1987, pasó al 2,0% en 1997. También se incrementó el contingente de consumidores de marihuana en Brasil, del 2,8% en 1987 al 7,6% en 1997. Es posible que la prensa haya registrado prematuramente un fenómeno que recién más tarde sería captado por las estadísticas. Sin embargo, según dicen los investigadores, también es posible que la exageración de la información, influida por la política estadounidense de combate contra las drogas, haya estimulado el interés en las sustancias.

Si bien se corre un riesgo al reflejarse en otros países, también se plantea el reto de crear estrategias específicas de prevención en diferentes puntos del territorio brasileño. Cada región del país padece el problema de manera peculiar, tal como reveló un gran estudio nacional llevado a cabo en 2001 por el Cebrid. Las zonas norte y nordeste tuvieron las tasas más elevadas del país de adicción al alcohol y al tabaco. Pero en el norte fue baja la utilización de drogas prohibidas, mientras que en el nordeste casi una tercera parte de la población ya ha usado marihuana, cocaína o tranquilizantes, entre otros. La región sur concentró los récords negativos. Reúne el mayor porcentaje del país de adictos al tabaco (12,8%) y los mayores contingentes de individuos que han usado al menos una vez en la vida marihuana (8,4%) y cocaína (3,6%). En el sudeste, el número de dependientes del cigarrillo (8,4%) y la marihuana (0,7%) es proporcionalmente el más bajo de Brasil, pero hay incidencias ponderables de uso de cocaína (2,6%) y de crack (0,4%). En tanto, en la región centro-oeste un destacado corresponde a los analgésicos opiáceos, de los cuales ha hecho uso el 4% de los entrevistados.

El Cebrid halogrado mapear caminos prometedores para la prevención. Un trabajo coordinado por la investigadora Solange Nappo entrevistó a 62 jóvenes habitantes de 12 favelas de la capital paulista – 30 de ellos eran adictos químicos y 32 nunca habían consumido psicotrópicos. El objetivo era comprender qué es lo que lleva a un individuo a evitar las drogas, aun cuando vive en un ambiente donde el acceso a éstas es fácil. La investigación, que resultó en la tesina de maestría de Zila van der Meer Sanchez, consiguió establecer una especie de ranking de los factores de protección. Lo más importante, según el 78% de los no usuarios, fue la influencia de una familia bien estructurada, capaz de imponer reglas de conducta y brindar apoyo en los momentos difíciles. Entre los 30 usuarios de drogas, el dato se repitió: 21 afirmaron que una familia sólida puede evitar el meterse con psicotrópicos. En segundo lugar, con el 75% de las respuestas, surgió la religiosidad, propagada por diferentes iglesias. Mientras que el desempeño de las escuelas  fue descalificado. Sólo el 6,7% consideró útiles los consejos por parte de los educadores. “La información no tiene credibilidad, pues el joven es testigo del consumo de drogas en el patio y ve que al traficante en la puerta del colegio”, dice Solange Nappo.

Los factores de protección constituyen el  objetivo de investigaciones detalladas. En el caso de la religiosidad, está en marcha un estudio con ex adictos para comprender qué los hace cambiar el llamado concreto del estupefaciente por las promesas inmateriales de la fe. En el caso de la familia, hay evidencias de que la buena relación entre padres e hijos cumple un papel en la prevención. “En un estudio con estudiantes, el uso pesado de alcohol y otras drogas estaba asociado a una mala relación de los jóvenes con sus padres, y a la falta de armonía entre los propios padres”, dice el psiquiatra Galduróz.

El padre y la bebida
También es común que conflictos familiares tengan vínculo con el uso de estupefacientes por parte de los padres. Con el apoyo de la FAPESP, el equipo del Cebrid analizó el perfil de los involucrados en casos de violencia en el hogar en 27 ciudades paulistas. Se constató que la mitad de dichos casos  tiene ligazón con el uso de alcohol. En el 52% de las situaciones, el agresor estaba bajo el efecto de la bebida. Las principales víctimas de la violencia son las mujeres, en general casadas con los agresores. No hubo variaciones entre clases sociales. Sucede en la periferia y en los barrios ricos.

“El rol de la familia no se ciñe a ofrecer informaciones”, dice Galduróz. “La prevención empieza con los ejemplos que los padres dan. Lo peor que un padre fumador puede hacer es explicarle al hijo que ‘fuma porque es tonto’. El chico no puede reflejarse en un tonto”, afirma. Según Galduróz, no existe una receta, pero se puede hacer mucho. “Una estrategia es acostumbrar el chico a un estilo de vida saludable, que valore las actividades al aire libre. En caso de que él le asigne una cierta importancia al respirar aire puro, será más fácil alejarlo de la adicción al cigarrillo”, dice. “Un padre que llega en casa y siempre toma su trago está dando un ejemplo que podrá tener efectos en el comportamiento del hijo”. Tampoco sirve negar el placer que las drogas aportan. “Mensajes que sólo abordan los maleficios pierden credibilidad entre los adolescentes”, afirma.

Para los investigadores del Cebrid, es utópico imaginar un mundo libre de estupefacientes. “El hombre recurre a ellos desde siempre, para alterar su estado psíquico y aliviarse de las tensiones”, dice el director y fundador del Cebrid, el médico Elisaldo Carlini, profesor jubilado de la Unifesp. “No hay una solución radical. Pero no se puede permitir que el problema transborde y se vuelva patológico”. Con base en eso, Carlini y su equipo defienden, entre otras estrategias, las llamadas políticas de reducción de daños, como la polémica oferta de jeringas para los adictos a drogas inyectables, para evitar el contagio del Sida. Si los datos generales desautorizan el pánico, los estudios del Cebrid muestran que en algunos estratos de la población la situación es en verdad preocupante. Una investigación sobre el uso de estupefacientes entre niños y adolescentes de la calle, realizada en las 27 capitales brasileñas, mostró datos escalofriantes: el 12,6% ya había intentado suicidarse.

Otro grupo de altísimo riesgo son los usuarios de crack. Incinerado en una pipa, este derivado de cocaína en forma de piedras produce vapores que son absorbidos por los pulmones y alcanzan rápidamente el cerebro. Un estudio del Cebrid entrevistó a mujeres de las ciudades de São Paulo y São José do Río Preto que venden sus cuerpos para comprar la droga. El precio que cobran oscila según la necesidad de usar el crack – en crisis de abstinencia, pueden llegar a cobrar10  reales. Algunas de ellas aceptan tener sexo con los traficantes a cambio de la droga en especie. El uso de preservativos es irregular, lo que las expone a embarazos no deseados y al Sida.

Dinamismo
El Cebrid está empezando ahora a investigar el perfil de los consumidores de crack, diez años después de su entrada en Brasil. Ya se sabe que, pese al carácter disgregador de esta droga, hay usuarios que escaparon de una muerte precoz y encontraron estrategias para fumar sus piedras y seguir vivos, en general por medio de asociaciones con otros estupefacientes. Naturalmente, hay situaciones de alto riesgo en los estratos más altos de la sociedad. El investigador Murilo Baptista, del Cebrid, se prepara para revisitar a los universitarios usuarios de ectasi que entrevistó en el año 2000 para su tesis de maestría. En aquella época, las pastillas de este circulaban restringidamente en ambientes de fiestas.

La confianza en los datos sobre el consumo de drogas depende de la regularidad con que se hacen las investigaciones. Es común que, en cortos lapsos de tiempo, las investigaciones arrojen resultados distintos. De allí la necesidad de tomar como fidedignas a las tendencias históricas, no a los datos aislados. Por razones metodológicas, hay diferencias en los resultados de las investigaciones que el Cebrid efectúa con los estudiantes y el estudio de hogares, realizado en 107 ciudades. Los estudiantes respondieron un cuestionario secreto, mientras que en el estudio domiciliario, los investigadores golpeaban a la puerta de la gente y hacían preguntas. Es posible que parte de estas personas se hayan sentido avergonzadas al responder.

Otra causa de las oscilaciones es el dinamismo del mercado de estupefacientes. La demanda, dicen los expertos, recibe el influjo de las noticias sobre grandes incautaciones y por el surgimiento de drogas de moda. Hay que prestarle atención a  las novedades. Un ejemplo es la triexifenidila, vendida con el nombre de Artane, indicada en el tratamiento del mal de Parkinson. Tiempos atrás, en encuestas con usuarios de marihuana y alcohol, surgieron referencias a estas pastillas. Los investigadores del Cebrid resolvieron entonces investigar. Oyeron a 37 usuarios y ex usuarios, que utilizaron la droga al  menos diez veces en la vida. Se observó que la sustancia era usada en asociación con otras. La triexifenidila provoca alucinaciones ora agradables, ora aterrorizantes. Es barata y relativamente fácil de obtener. Alrededor del 1% de los brasileños ya la probado.

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